UN DIARIO POLÍTICAMENTE INCORRECTO DE MIS PERIPLOS POR EL SUDESTE ASIÁTICO
24.7.17
Mendigos en avión
9.2.14
Me voy a Tailandia (retrato de un fanboy)
Es más que probable que la mayoría de lectores desconozca este neologismo nacido en el foro Rumbo Tailandia, de la imaginación de un avispado forero que observó que en los últimos años se ha venido desarrollando un extraño fenómeno social en Tailandia: el FANBOY.
[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="Angelina Jolie, la madre de los fanboys"]
Vamos a intentar en estas líneas desencriptar qué se cuece en la mente de esta nueva especie, en particular, vamos a centrarnos en su variante hispana, que es la que tenemos más a mano.
Los individuos de este género, más hombres que mujeres, tienen en común una admiración desmesurada e irracional por Tailandia, una obcecación que les impide contemplar la realidad que les rodea. Sin embargo, esta fascinación no se focaliza en los aspectos culturales, como podrían ser la historia, la geografía y mucho menos el idioma del país objeto de adoración.
[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="Así acaban muchos fanboys"]
El origen de este desmesurado interés proviene de algo más mundano, diría casi que vulgar: el sexo.
Desde su primer viaje, el individuo desarrolla una patología que roza con el trastorno mental.
Resulta llamativo que una parte importante de los fanboys resida en zonas “poco tailandesas” como pueden ser Pattaya, Phuket o alguna isla carente de población autóctona. Es como si un admirador de España desarrolla su interés por el país por sus frecuentes visitas a Benidorm, La Costa Brava o Magalluf.
[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="Algunos fanboys llegan a mimetizarse totalmente"]
El Fanboy en la distancia (el que reside en España), es como el aficionado a la caza que tiene que contentarse con leer Jara y Sedal una vez al año en lugar de salir cada fin de semana al campo a practicar su hobby, este subgénero de fanboy tiende a ser bastante radical al tener idealizado su objeto de deseo.
El fanboy es de extracción humilde, carece de estudios superiores y su interés por el país llega como mucho a Muay Thai, como máxima expresión de la cultura tailandesa. Si se le pregunta por Rama V, tal vez responda que él no vive cerca de allí, y que Rama IX (actual Monarca) es la calle que lleva al aeropuerto de Suvarnbhumi. El alfabeto thai es para éste espécimen una serie de llamativos dibujos que dan como resultado unos llamativos tatuajes. En cuanto a los problemas políticos actuales, los resume en “una lucha de los pobres contra los ricos”, mucho rico me parece a mí que hay en Tailandia …
[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="Cuidado con lo que te tatúas"]
El fanboy ha descubierto que desde que viaja a Tailandia, es la estrella de su pueblo. Es el que viaja, el que sabe de mundo cuando antes era un chaval más del pueblo, tal vez el loco que iba haciendo kung-fu por las esquinas. Siente que ha encontrado el lugar ideal para ocultar sus carencias, principalmente intelectuales y rehuye el contacto con compatriotas que podrían ubicarle en la escala social y desestabilizar su nueva vida.
Descubre en Tailandia la espiritualidad. Se hace budista. Se cuelga amuletos y se hace tatuajes mágicos. Obviamente no sigue ninguno de los preceptos básicos de dicha filosofía, eso le chafaría el leitmotiv de su presencia en el Reino: la chica. No hay fanboy sin chica thai, como no hay día sin noche. Las “nongs” (nombre cariñoso para denominar a la fémina tailandesa) son el origen y el fin de todo, sin ellas Tailandia no tendría sentido.
[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="La nueva espiritualidad descubierta en Tailandia"]
Se caracteriza por comer en la calle para sentirse más integrado aunque a su metabolismo, la comida preparada para los thais no le siente bien, y en el fondo preferiría un bocata de jamón, un deseo que no puede confesar a riesgo de perder “tailandidad”.
Los más pudientes caen en el clásico error que se comenta en la entrada “Me monto algo en Tailandia”, aconsejados por la “nong” de turno abren un negocio, poco importa de qué se trate. Es la solución perfecta: yo puedo residir legalmente sin problemas, gano dinero sin tener que traerlo de España y, dado el caso, ella deja su antiguo trabajo. Pero allí es cuando en muchos casos empiezan las conversiones, cuando el fanboy se da de morros con la cruda realidad siamesa. Las maravillas de esta nación no son tantas como parecía cuando paseaba arriba y abajo con la botella de Heineken en la mano y echaba esas partidas de billar mientras la nong le miraba como el náufrago que ve un salvavidas en la lontananza.
[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="En su casa no lo haría (foto: Bangkok Post)"]
El fanboy reniega de su país. No importa del tema del que se hable, en España está muy mal y en Tailandia está muy bien, lo que sea. El fanboy echa pestes de la situación laboral en España pero busca desesperadamente un trabajo que le dé 400 euros al mes sin ningún tipo de seguro ni derecho social alguno.
Si le hacemos el paralelismo de su situación si estuviera en España, entra en la fase de negación. Su guapa novia, proveniente de una lejana provincia de nombre evocador con tez morena, vendría a ser María José la de Bollullos de Abajo que se fue a la capital a hacer de puta. Pero aquí es una frágil campesina que forzada por la extrema pobreza de su familia tuvo que tomar la decisión más dura de su vida: dejar atrás a su familia (incluído el hijo de aquel novio que la maltrataba) y enfrentarse a la dura vida de la capital o cualquier zona donde tiene que soportar a los malvados turistas. Y María José habla un idioma tan musical que incluso cuando le llama “tonto del culo”, suena bien y el fanboy le sonríe. La capacidad de racionalización desaparece una vez que el sujeto ha puesto un pie en Tailandia. Cualquier historia, por inverosímil que parezca, que le cuenta su nong para que vaya presto a hacer una transferencia, o mejor aún a Western Union, es cierta porque lo dice ella, desde el búfalo enfermo hasta el accidente de moto del hermano pasando por el urgente ingreso en el hospital de la madre. Todo vale, y lo que en España podría parecer una opereta, en Tailandia toma un cariz de seriedad insospechada.
[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="Fanboy en etapa avanzada. "Yo amo Tailandia""]
Obviamente, la divisa del fanboy, escrita en el frontispicio de su casa es: LA MÍA ES DIFERENTE. ¿Y quién iba a ponerlo en duda? Por supuesto que es diferente, aquí no se llama María José ni es de Bollullos de Abajo y si te dijera “tonto del culo” en español te agarrarías un buen mosqueo.
El tema del idioma requiere de un apartado especial. Como se comentaba más arriba, el nivel cognitivo del fanboy no suele ser muy alto, por lo que nos encontramos en muchos casos que no domina el idioma propio, cosa que hace harto difícil emprender la aventura de conocer un nuevo, y él es consciente de ello, por ello se inventa excusas de lo más peregrino para autoconvencerse de la nula necesidad de siquiera chapurrear uno de los pilares fundamentales de la nación que tanto admira. El fanboy es capaz de indignarse que un alemán que lleva viviendo 30 años en Mallorca no sepa una palabra de castellano o mallorquín, pero ve lógica su propia actitud.
[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="Algunos se implican en política, y acaban en la cárcel."]
Uno de los mitos que gusta difundir al fanboy es la seguridad en Tailandia, porque según sus propios criterios, España es mucho más peligrosa. Pero se le escapa un detalle. En Tailandia ni escucha las noticias, ni lee un periódico tailandés y mucho menos escucha una emisora de radio nacional, medios en los que se habla y comenta el nivel de delincuencia del país, donde los muertos por arma de fuego multiplican por cien los que se producen en España. Podemos hablar también de la inseguridad jurídica permanente en la que se vive. Puedes ser detenido por cualquier motivo y encerrado sin que nadie de tu entorno sepa nada, como le sucedió a una joven francesa que fue detenida por un pequeño robo mientras su madre hacía llamadas de socorro por todos los medios de que disponía porque su hija había desaparecido en Tailandia. Al cabo de una semana, cuando quedó en libertad, se supo que simplemente había pasado esa semana en un calabozo sin la posibilidad de comunicarse con nadie.
Esos son los detalles que se le escapan al fanboy que pasea alegremente por Bangla en Patong con una Heineken en una mano y su nong en la otra. Respecto a la corrupción policial, incluso le hace gracia que el MiB (Men in Brown) de turno le pare para multarle y se salga del entuerto con un pago de 500 bahts. Dada la misma situación en España con un Guardia Civil, montaría en cólera y lo denunciaría a los cuatro vientos, pero en Tailandia es divertido, es una anécdota más para contar a los amigos.
[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="No importa el trabajo, la cuestión es estar en Tailandia."]
Desconoce su propia cultura y admira una que cree conocer. Se queda embobado mirando un templo budista, y seguramente no ha entrado nunca en la iglesia de su pueblo a ver los retablos o figuras centenarias.
Hay casos en los que el fanboy es un activo combatiente antifascista, pero en España. Aquí poco le importa que ser militante de izquierdas esté perseguido por sus ideas o que existan numerosos presos políticos. El fanboy viene a lo que viene, y de lo demás no se entera o no se quiere enterar.
[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="Y ellos también nos quieren ... por algo muy concreto."]
Y hay una verdad que les digo siempre a los tailandeses: “Me encanta vuestro país, pero no quisiera que el mío fuera igual”.
19.12.13
"Me monto algo en Tailandia"
Después de "La mía es diferente", la frase más oída entre los que dicen y creen tener ya cierta experiencia en Tailandia es: "Voy a montar algo". En el foro de lo españoles en Tailandia, Rumbo Tailandia, llevamos ya unos años recibiendo mensajes de este tipo, con ligeras variaciones unos de otros pero que se resumen en la consabida frase.
[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="El sueño español: el chiringuito"]
Generalmente se trata de jóvenes que acaban de pasar las mejores vacaciones de su vida en un lugar de ensueño, y por lo general, también han encontrado el amor. Por supuesto, no tienen ni idea de negocios, y como buen español que no tiene ni idea de nada, pues opta por montar un bar formando el binomio de fama internacional español/bar. Los más jóvenes ya se ven en su chiringuito de la playa con tejado de paja y rodeado de bellas jóvenes en bikini. El más viejo piensa más en un restaurante que le dé cierto prestigio en la zona. Recordemos que uno es reponedor de Carrefour y el otro mecánico de Norauto, pero eso no importa porque han decidido que "van a montar algo en Tailandia".
En muchas ocasiones, el visionario tiene ya un proyecto revolucionario que a nadie se le había ocurrido antes, es decir que ninguno de los 21 millones de turistas que vinieron en 2013 pensó en ello antes. Por lo general no son proyectos nada innovadores, simplemente no están en la playa donde el protoempresario toma el sol con su "nong" (dícese de novieta tailandesa a tiempo parcial o completo que colabora en los gastos del compañero).
[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="Fiesta y mujeres en Tailandia: fracaso garantizado"]
No destacan por la ambición. En sus discursos intetan minimizarlo todo cómo si eso hiciera el proyecto más complicado. "Algo sencillo", "No es para hacerme rico, es para ir tirando que en España está todo muy mal", "Un carrito desmontable", "Un sitio pequeño con un par de mesas", etc. Nadie dice: "Voy a ir a montar algo que lo voy a petar y la peña va a alucinar en colores" NO. Son siempre cositas humildes. PERO LOS THAIS NO QUIEREN QUE SEAMOS HUMILDES, QUIEREN GENTE CON MUCHA PASTA. Ya lo he dicho muchas veces y no me cansaré de repetirlo, en Tailandia hay dos cosas que no les gustan: la gente sin pasta, y peor, la gente que viene a sacar pasta en su país. Una actitud encomiable que deberíamos haber aplicado en Europa hace unos lustros.
[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="El único pasaporte tailandés al éxito"]
Vamos a ir a lo práctico. ¿Por qué se dan de morros el 99% de los que quieren "montar algo" en Tailandia? Básicamente porque no son gente de negocios, ni en Tailandia ni en Torrelodones. En segundo lugar porque buscan asesoramiento entre gente interesada que ve en el proyecto un buena salida a sus quebrantos económicos.
Aconsejo vivamente huir de los "expertos en Tailandia" que se saben todos los trucos para burlar la Ley. Le explicarán al incauto que tras la constitución de la empresa se hace firmar a los socios de paja una renuncia expresa a sus derechos en favor tuyo. Eso se llama fraude de Ley. Puede renunciar a lo que quieras, pero la Ley te seguirá exigiendo que el 51% de la empresa esté a nombre de un tailandés. Y de algo puede estar seguro el lector, que ningún juez le va a dar la razón a un extranjero querellado con un tailandés.
Vayamos a los impedimentos más inmediatos:
- Cualquier empresa que se constituya en el país tiene que contar con un socio tailandés que sea propietario del 51% . Es decir, si pones 40.000 euros para la constitución de la SL, en el momento de la firma, ya sólo te quedan 18.000 porque acabas de darle 22.000 a un tailandés.
- Hay una lista muy extensa de trabajos que un extranjero no puede llevar a cabo legalmente de la que hablamos en el post referido a la posibilidad de encontrar trabajo en Tailandia.
- Por supuesto, el único idioma que se usa en la vida común es el tailandés. En caso de mucha suerte, algún empleado puede medio entender inglés, pero no inglés con acento extremeño.
- Según el tipo de establecimiento, hay unos impuestos no descritos por la Ley que se pagan cada mes en sobre cerrado y que se recogen a domicilio.
[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="Así funciona todo en Tailandia"]
Hace un par de años, cuando vivía en el soi 10 de Ratchadaphisek fui testigo de varios naufragios que vi venir ya desde lejos y que anuncié a mi entonces pareja para que hubiera testigos de mis dotes de "adivinación" en lo que respecta a los farangs en Tailandia.
Todos los casos tienen un denominador común: "LA NONG" (novia tailandesa que va a colocar a toda SU familia en TU negocio). Recuerdo a un joven que dejó todos lo ahorros de su vida en un local que hacía esquina, muy bien situado en el soi. Se equipó de la mejor maquinaria, los mejores productos y la mejor voluntad. Vendía pizzas, pasta, desayunos varios, helados de yoghourt, y lo mejor de todo es que habría las 24 horas del día. Estuvo 48 horas abierto. Intenté averiguar los motivos del repentino cierre, en vano. Respuestas vagas era lo único que obtenía del poco personal que quedaba malvendiendo las existencias. No creo que tuvieran nada que ver los 7/11 y Family Mart de la zona que también abren 24 horas o el restaurante de enfrente que tiene abierto casi las 24 horas, sería muy mal pensado.
En el segundo caso, se trata de una parejita mixta muy mona que se hizo cargo a medias (tú pones la pasta y yo pongo el nombre) de una cosa que sale como resultado de la frase "voy a montar algo". Esa cosa que ni es bar ni es restaurante sino todo lo contrario tuvo la vida que le vaticiné: 2 meses, el tiempo de que se acaben los ahorros. Estaban en mi mismo edificio y cada día los veía llenos de amor pero sin un cliente. Chaparrón, palmaron todos los ahorros (de él) y a otra cosa.
[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="No acabes así, cuida tus ahorros en Tailandia"]
También tenemos los casos de los grandes expertos (expertos en su pueblo) que lo van a petar porque llevan toda la vida en hostelería, pero que no hablan dos palabras de inglés y ni se les ocurre remotamente aprender tres palabras de thai, pero van a petar, van a arrasar. Cada vez que oyes hablar de ellos, están a punto de abrir "esa cosa".
No quiero con mis palabras desanimar a nadie, pero no hay que engañarse. La pólvora se inventó hace tiempo y no va a llegar ahora un español a enseñarles cómo se lleva un bar. Si la intención no es más que pasar el tiempo y se tienen ahorros o ingresos suplementarios suficientes para ir campeando el temporal para tener un lugar donde tomarse unas cervezas con los amigos y poder decir en España: "Tengo negocios en Tailandia", pues adelante. Si es para huir de la crisis que ha azotado Europa estos años, pues mejor que no, porque aquí, cuando te quedas sin nada, significa SIN NADA de verdad, ni asistencia social, ni Cáritas, ni asistencia médica gratuita, ni asistencia para la repatriación.
Haciendo un breve resumen bastante esclarecedor, se podría decir que: si te va mal, les da igual, si te va regular, te miran pero se callan, y si te va bien, te crujen hasta que sueltas la presa y se la cedes a ellos. Habrá algún listo que me dirá: “A mí no”. Muy bien, enhorabuena, pero hablo en general. Desde el pobre que se creyó que cogiendo el traspaso de un “bierbar” en Pattaya iba a ser el rey de la noche hasta los grandes como Pepsi que menciono más abajo.
¿Que en “Españoles por el Mundo” sale gente que les ha ido muy bien? Pues estupendo, pero ninguno era mecánico ni reponedor ni empezò con 10.000 euros como bagaje para la aventura. Y también me gustaría que se hiciera un seguimiento pasados un par de años, a ver dónde por dónde andan, al margen de que es obvio que no van a hacer un programa sobre gente que se ha dado el castañazo, aunque estaría bien “Castañazos hispanos por el Mundo”, y que nos contara la peña en qué se han equivocado, resultaría muy instructivo.
[caption id="" align="aligncenter" width="500" caption="La imagen que transmite "Españoles por el Mundo""]
No vamos a decir que es imposible ganar dinero en Tailandia, sería absurdo. Uno de los terrenos bastante bien abonados hasta el momento y en el que no han puesto cortapisas para que los extranjeros participemos es el sector inmobiliario. Pero cuidado, sólo hablamos de pisos, no de construcciones que cuenten con una planta baja que es territorio tailandés. Obviamente, para hacer empezar a funcionar un negocio de estas características, aconsejo un capital mínimo de 500.000 euros, por lo que el reponedor y el mecánico vuelven a quedarse fuera de la fase clasificatoria de candidatos a trabajar y vivir en Tailandia.
En Tailandia también se atreven con los grandes.
Carrefour dejó las llaves debajo de la puerta hace un par de años. Sanyo plegó velas tras las inundaciones de 2011 y dijo “Ahí os quedáis”.
Lo de Pepsi y Pizza Hut ha sido algo más amargo por la forma de actuar de sus socios tailandeses. La primera compañía estuvo trabajando durante 40 años con unos fabricantes tailandeses. Hace un par de años, rescindieron el contrato, pero se quedaron con el “savoir faire” de los americanos. Se inventaron un producto nuevo “EST Cola” con los mismo colores en el logo, y aprovechando las mismas fábricas y toda la infraestructura logística acapararon el mercado de la noche a la mañana, relegando a la marca Pepsi a un lugar testimonial que ha ido intentando recuperar en estos meses. El nacionalismo exacerbado de los tailandeses les lleva a consumir marcas locales, bien por ellos y el país. Aunque quede en tela de juicio su ética de cara a las empresas extranjeras. Algo similar sucedió con Pizza Hut. La parte tailandesa y la norteamericana no llegaron a un acuerdo en la renovación de acuerdos, y los tailandeses se sacaron de la manga “The Pizza Company”. Todos los locales franquiciados, que eran la inmensa mayoría, cambiaron de denominación, y la firma americana tuvo que conformarse que los locales que poseía en gestión directa, dando un enfoque distinto al negocio ya que no podían competir con sus antiguos socios al disponer éstos de una red más amplia de distribución. Dejaron de ser unos repartidores de pizzas para convertirse en restaurantes más convencionales.
A la operadora de telefonía móvil DTAC, propiedad de Telenor (compañía noruega) también intentaron hacerle la cama el año pasado acusándolos de poseer más del 49% que les corresponde por Ley. El tema sigue en los juzgados donde quieren demostrar que no es así.
[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="Tailandia en venta"]
Pero la tradición de darle la espalda y luego la puñalada al que te ha enseñado todo viene de antaño. La compañía aérea de bandera THAI Airways International fue fundada por la compañía escandinava SAS que le dio apoyo en todos los campos para su proyección internacional aportando capital humano y recursos de los que carecía el país. Con el tiempo, se fueron deshaciendo de todos los extranjeros que trabajaban en la compañía, y en 1987 el gobierno de la nación compró el 15% que faltaba para que la compañía fuera totalmente tailandesa, momento que coincide con el comienzo del declive.
[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="A la aventura, pero mejor como Tintín"]
Amigos de la aventura, si os sobran unos ahorrillos, venid a pasar un rato divertido montando algo en Tailandia, pero si sólo tenéis el finiquito de la empresa y una mano delante y otra detrás, yo me quedaría en España.
22.7.13
Los díscolos monjes tailandeses
En los últimos tiempos, la Sangha, la curia budista tailandesa, anda algo revuelta. El mito sobre las bondades del budismo frente a las religiones occidentales, se está cayendo a pedazos. Los escándalos sobre monjes que hacen ostentación de bienes que no deberían poseer, el consumo y tráfico de estupefacientes, la pederastia, el blanqueo de dinero, etc están minando lo que hasta hace poco era intocable. La proliferación de casos tenebrosos en los que estos hombres de túnica se han visto envueltos ha hecho saltar la alarma.
Ciertamente, el fenómeno de los monjes perversos no data de ayer, sin embargo, la proliferación de medios de comunicación, en especial, los que escapan a la censura tailandesa, ha hecho que salga a la luz pública y tome un rango mundial.
Nuestra conclusión es que el budismo tiene tantos elementos positivos como el cristianismo, mientras no se pervierta su esencia. En cuanto interviene el ser humano, no hay que buscar la bondad en ninguna religión.
Hace un par de décadas, mi inocencia, casi pueril, me hizo creer que los hombres de azafrán eran seres casi impolutos. La “maldad” del hombre occidental no les había afectado un ápice. A principios de los 90, me metí un día por las selvas de Chiang Mai en busca de ese “hombre sabio” occidental que había encontrado la paz espiritual entre la naturaleza de Oriente. Recuerdo cómo escuchaba sus palabras, las grababa para reproducirlas en algún medio escrito (no existía internet), y me sentía lleno de gozo por tener un pie más cerca de la iluminación. Veía y pensaba cosas que no cuadraban, pero pensaba que eran fruto de una educación judeo cristiana.
Con el transcurrir de los años, no me quedó más remedio que darme de morros con la realidad. ¡Oh, triste realidad! Hace tanto daño … Sin embargo, al cabo de un tiempo, reconforta. Ese monje que vivía en una cabaña en la selva, me había mandado a paseo porque estaba durmiendo, pero en mi pueril mente, estaba meditando. Al acabo de dos horas, me recibió de mala gana y respondió con el mismo entusiasmo que Rajoy habla de Bárcenas.
La proliferación de medios de comunicación y redes sociales ha hecho de altavoz a un fenómeno que ya existía pero que quedaba solapado por la fe de algunos seguidores ciegos que prefieren tapar los defectos de su objeto de adoración al escarnio público y la vergüenza por su estulticia manifiesta.
La ley thai ya tiene previsto, desde hace mucho tiempo, el protocolo por el que un monje puede ser detenido y presentado ante la justicia, y si se estipula dicho protocolo es porque no resulta novedoso que los bonzos puedan cometer delitos. El proceso es sencillo. La autoridad contacta con el superior religioso, y éste determina si se procede a la detención o no del sujeto. Antes de ser esposado debe desprenderse de sus ropajes sacros, si se niega, puede ser forzado por orden de su superior. En cualquier caso, no puede darse la imagen de un monje con grilletes, resulta improcedente y, hasta ofensivo, para los thais.
Vayamos ahora con casos concretos. Para no ir más lejos, veamos a estos dos monjes disfrutando de su "tourneé" por Europa a bordo de un jet privado. Gafas de marca, bolso Louis Putón, los últimos gadgets de Steve Jobs, eso es lo que se puede ver en el vídeo, imaginemos lo que no ha quedado retratado. Cuando los superiores han intentado arreglarlo, aduciendo que el jet era una donación, han acabado de fastidiarlo. Suponemos que las petroleras europeas no donan queroseno. Para más inri, se ha descubierto que uno de los monjes es propietario de un Jaguar entre una colección de vehículos de lujo, fruto de donaciones, claro. Cuando una buena budista fue a reclamar los terrenos que le había cedido al monje para que se contruyera un templo, años ha, fue amenazada de muerte.
Casi en los mismos días, un monje era reclamado por la justicia por consumir metanfetaminas, dijo que no sabía que fuera ilegal, que él lo hacía para mantener la línea., un monje coqueto, sin duda.
Hace un par de meses, la policía llamaba a la puerta de la cabaña de un anciano monje. Cámara en mano, los agentes le interrogaban sobre la presencia de una jovencita en paños menores que no estaba allí precisamente pidiendo apoyo espiritual. Era el monje el que se apoyaba en ella para hacer flexiones, todo por un módica cantidad, 400 bahts (10€). Recuérdalo cuando hagas una donación.
Ser monje y bailar a lo coyote bar debería ser incompatible, pero el joven que hace algunos meses protagonizó las portadas de algunos periódicos thais no lo entendió así. Se organizaron algunas manifestaciones, unas en contra y otras de fans que disfrutaban viendo al hombre de la túnica azafrán contorneándose y moviendo la cadera al son de la música.
En junio de 2013, el abad de un monasterio del norte de Tailandia era detenido junto a un par de colaboradores por abusos sobre menores. Los compinches le proporcionaban al superior religioso jovencitos para desfogarse y lograr la levitación sin necesidad de píldoras azules.
Ejemplos como los anteriormente citados, podemos encontrarlos cada semana en la prensa tailandesa. Imaginamos que lo que sale a la luz no es más que una fracción de lo que sucede cada día en estos lugares sacros y sus alrededores.
Ciertamente, Youtube le ha hecho daño a al monacato budista, más que Bárcenas a Rajoy. Los vídeos de monjes budistas tailandeses en situaciones comprometidas se cuentan ya por millares, y las visitas por millones.
La próxima vez que vayan de vacaciones a Tailandia, piensen a dónde van a ir sus donaciones, al jet privado o a las chicas que reconfortan a estos dechados de santidad.
18.12.10
Por un ojete de la cara
Tailandia es un país proclive a las historias raras, más que raras, surrealistas. Los acaecimientos aquí tienen un carácter particular, en la mayoría de casos, propio de novela de bajos fondos. Vivir en este país le brinda a uno la oportunidad de ser el receptor, cuando no el protagonista, de relatos que bien podrían pasar a engordar la biblioteca de las leyendas urbanas, si no fuera porque uno las obtiene de primera mano.
Hace cosa de un par de semanas, recibía en mi domicilio a horas intempestivas, sobre las ocho de la mañana, una llamada de un joven español muy alterado. Uno, a esas horas no es persona, y yo menos. Por una extraña casualidad coincidió con ese día al año que me olvido de desconectar el aparato telefónico.
De repente, en escasos segundos, pasaron por mi martillo, yunque y estribo, las palabras: atraco, travesti, Iphone, habitación, sexo, enfermedades, policía, etc. Todavía no había acertado a abrir los ojos cuando mi cerebro se veía obligado a procesar todo ese monto de información. El joven tenía bastante premura en que diera respuesta a sus inquietudes del momento que no le dejaban conciliar el sueño e impedían que el mío prosiguiera en quietud. Sólo recuerdo de aquellos terribles momentos (terribles porque estar despierto a esas horas es terrible para mí, no por otra cosa) haber pronunciado las palabras: sí, pon la denuncia. Y a dormir toca.
Pero vayamos al principio de la historia para tener un mejor entendimiento de estos sucesos de tinte novelesco.
El mismo día en que llegué a Tailandia, procedente de España, cuando todavía no había llegado a mi dulce hogar, estando en el taxi que me traía del aeropuerto, recibí una llamada de un advenedizo español que acababa prácticamente de tomar contacto con la noche bangkokiana. Por la hora, sus atropelladas palabras, y su desmesurada excitación, no me costó mucho llegar a la conclusión de que la tasa de alcohol en sangre era más que notable. La frase: “Llevo dos días aquí y todavía noche follado”, fue determinante para que pusiera fin a la conversación, convocando a mi interlocutor a una próxima reunión dado que un caso como este requiere de un estudio llevado a cabo con más calma y sin la premura del momento.
Pasados un par de días, uno de los jóvenes españoles se volvió a poner en contacto conmigo. Quedamos en vernos en mi oficina nocturna, la que abro de las 21 a las 01 horas. No fue difícil entablar conversación. Generalmente, el que viaja suele ser bastante abierto, y es receptivo ante cualquier sugerencia. Les lleve a efectuar el tour exprés por Soi Cowboy, una visita para efectuar una primera toma de contacto con la noche siamesa de bombillas rojas. Con una ascensión por la calle Sukhumvit con las debidas explicaciones detalladas sobre la fauna autóctona y sus costumbres, así como las actitudes a evitar iban jalonando nuestro o periplo nocturno. Unos jóvenes sanos y divertidos, dispuestos a conocer más a fondo la idiosincrasia tailandesa, alguno más que otro. La parada final, y lugar para las últimas reflexiones, es el soi 13. Desde las incomodas sillas de plástico y las siempre inestables mesas de camping observamos cómo se transforma el hombre de noche en latitudes tropicales, y lanzamos al aire una pregunta que será recurrente en el futuro, y determinante en todo este rocambolesco vodevil: ¿Cómo puede irse un hombre con un travesti aduciendo el desconocimiento del sexo real del individuo?
La fama de los travestidos y transexuales tailandeses les precede. La feminidad más pronunciada y predominante en los individuos de raza asiática, da como resultado unos individuos que en determinada circunstancias son difíciles de ubicar en el amplio panorama de la sexualidad moderna.
Pero volvamos con nuestros aventureros de la noche oriental. Al día siguiente de nuestro encuentro se marchaban a gozar de las playas de fina y blanca arena de las playas del sur del país. Me despedí de ellos y confié en que tuvieran en consideración los consejos que les había dado. Lejos de mí está el ánimo de ser ningún gurú, pero mis años y continuos tropezones por estas tierras, me han dado algo de autoridad a la hora de pronunciarme sobre diversos aspectos de estas tierras y sus pobladores.
A los pocos días recibía la llamada que encabeza este relato, una llamada que, según mi interlocutor, iba a tener continuidad. Sin embargo, pasaron las horas, los días, y todo iba a quedar como un recuerdo más, si no hubiera sido por una de esas casualidades de la vida que quiso que de forma totalmente fortuita me encontrara en el Skytrain con uno de los jóvenes protagonistas indirectos de estas páginas. Quedamos para la noche, quiero saberlo todo, esto es Salvame de Luxe versión thai, me interesan sobremanera los detalles más escabrosos, soy el Jorge Javier de las noches bangkokianas. Espero a la hora convenida para que al calor de un Black Label, me sean explicadas las historias más desternillantes y/o estremecedoras oídas por hombre alguno.
Llegado el momento, la primera frase es demoledora, un perfecto gancho para que el telespectador se quede pegado a la pantalla: “La culpa de todo la tiene el Barca.” Necesito un trago largo. ¿Que pinta el Barca en toda esta historia de travestis y ladrones?
Recordemos que por esas fechas, el Real Madrid sufrió una derrota humillante ante el equipo barcelonés. Nuestro protagonista involuntario es culé hasta la médula, y todo lo que no hizo en 10 días, quería hacerlo en una noche para celebrar la sonada victoria de su equipo del alma, dejando al margen su fidelidad amorosa proclamada a los cuatro vientos y su repulsa por el mundo de la prostitución. Esos son los efectos secundarios del futbol, consigue que el hombre reniegue de sus principios más elementales, aunque todo tiene un límite, o debería tenerlo, a mi entender.
¿Podríamos hablar de un culé “enculé”? No nos precipitemos. Según palabras del hincha, su alegría era tan grande en esa noche que tenía que ir a celebrarlo como fuera, y afirmaba que iba a petar el pueblo turístico, aunque nos tememos que lo que petó fue otra cosa, pero no adelantemos acontecimientos.
Avanzada la noche, el alcohol fluía como el Ebro por Zaragoza. ¡Cuántas mujeres, cuánto jolgorio! Menuda dicha la suya. Esa noche la iba a recordar por siempre jamás, pero no de color rosa ni azulgrana.
Su relato, recogido por dos personas distantes en tiempo y espacio, su acompañante y el que esto escribe, adolece de grandes lagunas temporales que impiden determinar la sucesión exacta de los acontecimientos, y establecer la certitud total de las afirmaciones. Siguiendo las palabras de la “víctima”, pasamos repentinamente de un decorado de luces de neón a la oscuridad de una lúgubre habitación de hotel en la que se encuentran un seguidor azulgrana y una mujer con una extensión natural entre las piernas. El sujeto, llamémosle hombre, llamémosle mujer, para el caso es el mismo, tiene entre sus manos el Iphone del joven catalán. Según dice, lo devolvería a cambio de un rescate de 10.000 bahts. Suponemos que el aparato (el Iphone quiero decir) no tenía instalada la aplicación para evitar ser secuestrado. Al no contar con esa cantidad en metálico, el travesti conmina a su víctima a acudir al cajero más próximo y retirar dicha cantidad. Desconcertado, el joven coge su tarjeta y sigue las ‘ordenes del trípode. Regresa a la habitación y le hace entrega de la cantidad exigida, marchándose a continuación, sin más.
Es entonces cuando recibo la llamada en la que, más que alterado, me pregunta si debía denunciar el caso o no, dado que la noche en que estuvo en Bangkok, le señalé que nadie podía denunciar a una prostituta por el simple hecho de que se estaría auto inculpando de un delito de incitación a la prostitución. Sin embargo, lo reconforto señalándole que a la policía le interesa más atrapar a este tipo de delincuente que echarse sobre un pobre turista ebrio que no sabe qué tiene entre manos, aunque ‘este es probable que supiera lo había tenido entre sus manos.
Otro aspecto que intriga a los que hemos vivido la historia de cerca, es la preocupación del desbarrado por saber si los travestis de este país transmitían enfermedades. Por lo que he podido saber durante los años que llevo por estos lares, las probabilidades de contraer algún tipo de enfermedad con un travesti de la calle son bastante superiores a las que habría con una chica que trabaja en un gogo bar, aunque no lo expuse tan claramente, lo dejé entrever. Supongo que inconscientemente, con sus palabras se delató de alguna forma y vimos que su relato cojeaba, y allí había sucedido algo que no estaba dispuesto a contar. ¿Por qué se preocupa uno por las enfermedades de un travesti si afirma no haber tenido contacto carnal con ‘este? Allí la cosa olía a cuerno quemado (¿el de la novia catalana?). Los interrogantes se sucedían. ¿Si alguien está sometido a un chantaje y puede salir de la habitación, no sería más lógico acudir a la comisaría más cercana o avisar al personal del hotel? ¿Era la vergüenza superior al deseo de justicia? ¿Cómo puede un hombre que despotrica contra las prostitutas durante días acabar con un ser con una del 22 largo entre las piernas?
Recordábamos, su compañero de viaje y yo, la conversación sobre el tema que habíamos tenido noches anteriores. Algo no cuadraba, y sigue sin cuadrar, porque el individuo en cuestión cogió las de Villadiego, sin dar la menor explicación. En un arrebato de ira hizo las maletas y regresó a España, tal vez para ir al Nou Camp o sus alrededores y olvidar el secuestro que había sufrido su Iphone y la humillación de la que había sido objeto, una humillación comparable a la que había sufrido el Real Madrid en la noche de marras. La cuestión es que para emprender la huída tuvo que abonar 100 € par el cambio de billete, o sea que podemos afirmar que su aventura siamesa le costó un ojete… de la cara.
No me cansaré de repetir a todos los que quieran venir a Tailandia de picos pardos, que no hay que llevar bajo ningún concepto a nadie a la habitación de uno mismo, y dado el caso, por la circunstancia que sea, exigir a los miembros de seguridad del hotel que tomen los datos de quien los acompaña. Es algo sencillo que puede ahorrar más de un disgusto.
En este relato se han obviado fechas, lugares y nombres. La intención no es hacer leña del árbol caído, sino extraer una enseñanza de todo ello. Bueno... y echar unas risas ¿no?
Compañero, que la fuerza te acompañe.
8.11.10
Respuestas a un Cliente X
Por una parte comentas que es la prostitución es ILEGAL. ¿Qué penas existen, qué dice el CP? ¿Se castiga al cliente? ¿La policía hace mucho la vista gorda, está metida en el ajo, llega a "acuerdos" con las chicas?
Efectivamente, la prostitución es ilegal en Tailandia. Desconozco lo que dice el código penal al respecto, pero si sé que en la práctica, las prostitutas suelen salirse tras el pago de una multa y tal vez pasar un par de días en los calabozos. Generalmente no se detiene a nadie por prostituirse, más que nada por lo difícil de demostrar el hecho, sino por hechos asociados como hurtos y/o posesión de narcóticos.
En ningún caso se castiga al cliente, más que nada porque si no existe delito, no hay delincuente.
La policía hace la vista gorda hasta que no recibe órdenes en otro sentido. La tolerancia con los travestís es menor por el impacto visual que causan en la calle.
No conozco ningún caso en el que las chicas lleguen a acuerdos con los policías, más que nada porque no veo utilidad en tener acuerdos. Tal vez los dueños de lugares en los que se podría ejercer la prostitución tengan algo hablado con las altas instancias. Pero volvemos a lo mismo, ¿cómo se demuestra que hay prostitución en un bar donde las chicas sólo bailan o en un local en los que se hacen masajes en cuartos privados? ¿Hasta qué punto los propietarios saben lo que sucede en sus locales? El sentido común nos dice una cosa pero la Ley no en consonancia con el sentido común.
¿Es posible desenvolverse bien hablando inglés a nivel intermediate?
Sí, realmente es aconsejable usarlo a nivel intermedio o incluso bajo. Si hablas muy bien inglés, es probable que no te entiendan. De hecho, les cuesta más entender a los nativos anglófonos que a los que provenimos de otros países. Aunque el idioma universal es el de la vil moneda.
¿Si le notan a uno que es de fuera le tratan de tomar mucho el pelo?
Como en todos los sitios, en España no somos excepción. Sin embargo en Tailandia, en ocasiones se pasan de listos. Pero eso sí, nunca les falta la sonrisa. Te timan, pero con amabilidad. Una vez más hay que imponer el sentido común, y tener en cuenta las diferencias culturales que pueden hacer percibir las cosas de diferente forma. pero también en tu propio país te pueden timar sin que te des cuenta ...
¿Qué precauciones mínimas debería tomar un turista?
Los índices de delincuencia son más bajos que en España, en especial lo que se refiere a turistas. Nadie está exento de ser víctima de un robo, pero suele ser “al descuido” y no con violencia. La precaución más importante es el sentido común.
¿Es cierto eso de que se regatea en todo?
Se regatea en todo, hasta con las putas. En los centros comerciales y tiendas grandes, los precios son fijos.
¿Son muy importantes allí las mafias? ¿Actúan como aquí, amparándose en los cuerpos policiales o incluso formando parte de los mismos?
Las mafias son importantes por definición. En Tailandia hay básicamente una mafia y suele ir uniformada. Mafias extranjeras, como la rusa u otras africanas más cutres, han intentado instalarse sin demasiado éxito. Existen y actúan en zonas que les han sido asignadas y pagan un tributo, supongo.
Recuerdo hace unos años que en el soi 3 de Sukhumvit había un montón de meretrices rusas. Y los thais son muy suyos hasta para estas cosas. Una noche apareció la policía con un autobús y empezó a subir bordo todas y cada una de ellas. La dirección que tomó el vehículo no fue la comisaría ni el departamento de extranjería. Vía directa al aeropuerto con destino a Moscú. De la noche a la mañana habían desparecido y hasta el día de hoy no ha vuelto a haber putas rusas por las calles de Bangkok.
¿Alguna vez has detectado algún caso de prostitución forzosa, es decir, de esclavitud sexual?
En Bangkok no. En provincias fronterizas como Chiang Rai, me he visto en lugares en los que, si bien no me atrevería a afirmar que había coacciones, tampoco me atrevería a afirmar que todas las muchachas estaban por propia voluntad o muy convencidas de lo que estaban haciendo. Lo que si tenía bastante claro, era que estos extraños lugares estaban destinados más al consumo interno que al mercado de los extranjeros, cosa que explicaría el hecho d que no les importara mucho las condiciones en las que estuvieran las mozuelas.
¿Qué sistema político tiene Tailandia? ¿Quién gobierna? ¿Qué partidos existen?
El sistema político en Tailandia es el mismo que en España, una monarquía parlamentaria. Las funciones de los respectivos reyes son, sobre el papel, las mismas. Sin embargo, lo cierto, es que el poder moral del rey tailandés va más allá de lo concebible para un occidental. El culto a la persona llega a límites insospechados en una democracia.
Podríamos decir que gobierna … el gobierno. Pero realmente, las fuerzas vivas del país (militares, policías, nobleza, etc.) tienen siempre algo que decir, no en vano, Tailandia detenta indiscutiblemente un poco envidiado récord, el de golpes de estado. De hecho, el gobierno actual todavía no ha convocado elecciones y se puede afirmar que es fruto d un golpe de estado que en su momento derrocó al primer ministro Thaksin Shinawatra, elegido democráticamente.
¿Qué requisitos, especialmente académicos, existen para entrar a la policía de turistas? ¿Tienen asuntos internos o no? ¿Ha habido detenciones de policías por asuntos de corrupción?
Al no ser tailandés, la verdad es que nunca me he preocupado en saber los requisitos que deben cumplir los policías turísticos para acceder al puesto. Por lo que sé, por lo que veo y oigo en comisaría, la policía turística es vista desde la policía “normal” como bastante “light”, hecha de cara al turista por una cuestión de imagen. Y la verdad es cumplen su cometido muy bien, todos son altos y guapos, tanto ellas como ellos. Pero lo cierto, es que a la hora de denunciar delitos e investigar casos, la policía turística se inhibe y deja paso a los policías no tan guapos y más bajitos.
Existen asuntos internos, aunque realmente desconozco su grado de efectividad.
Hay detenciones de vez en cuando, en especial tras un golpe de estado o un cambio político importante. La acusación suele ser de corrupción, más que nada por lo generalizada que está en la vida del país.
Las ETS y especialmente el VIH se halla muy esparcido. ¿Qué me puedes decir al respecto? ¿Es fácil follar sin condón? ¿Qué servicios suelen ofertar las chicas?
Siempre se ha dicho que Tailandia era un país con una tasa alta de infección por VIH. Lo cierto es que no sé cómo pueden saber cuántas personas personas con SIDA hay, si no saben cuántos habitantes tiene Bangkok.
Para mí es mucho más fácil follar sin condón, es un engorro ponérselo. Bromas a parte, y suponiendo que te refieres al hecho de encontrar personas dispuestas al ayuntamiento carnal sin protección de látex, puedo decirte que, para mi sorpresa, es más frecuente de lo deseable. En el fragor de la noche uno se ve engullido por torrentes de pasión que acaban en la consulta del médico con una jeringuilla en el culo y una caja de antibióticos, más que nada porque no todo es SIDA en el mundo.
¿Para cuándo una guía de putis?
El mundo del putiferio es muy cambiante en Tailandia. Basta con que se recomiende un bar para que de un día a otro cambien el personal, y lo que era el paraíso sea torne un puro infierno. Lo mismo que para los bares puede valer para las zonas. Hace unos años, por ejemplo, Patpong era un lugar agradable con unos precios razonables, hoy en día no es más que una trampa para turistas, si bien hay que reconocer que de vez en cuando es agradable darse una vuelta y tomarse una copa en los bares menos frecuentados por turistas.