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9.2.14

Me voy a Tailandia (retrato de un fanboy)

 

Es más que probable que la mayoría de lectores desconozca este neologismo nacido en el foro Rumbo Tailandia, de la imaginación de un avispado forero que observó que en los últimos años se ha venido desarrollando un extraño fenómeno social en Tailandia: el FANBOY.

[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="Angelina Jolie, la madre de los fanboys"]Angelina Jolie Tatuaje[/caption]

Vamos a intentar en estas líneas desencriptar qué se cuece en la mente de esta nueva especie, en particular, vamos a centrarnos en su variante hispana, que es la que tenemos más a mano.
Los individuos de este género, más hombres que mujeres, tienen en común una admiración desmesurada e irracional por Tailandia, una obcecación que les impide contemplar la realidad que les rodea. Sin embargo, esta fascinación no se focaliza en los aspectos culturales, como podrían ser la historia, la geografía y mucho menos el idioma del país objeto de adoración.

[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="Así acaban muchos fanboys"]El fanboy del Barca[/caption]

El origen de este desmesurado interés proviene de algo más mundano, diría casi que vulgar: el sexo.
Desde su primer viaje, el individuo desarrolla una patología que roza con el trastorno mental.
Resulta llamativo que una parte importante de los fanboys resida en zonas “poco tailandesas” como pueden ser Pattaya, Phuket o alguna isla carente de población autóctona. Es como si un admirador de España desarrolla su interés por el país por sus frecuentes visitas a Benidorm, La Costa Brava o Magalluf.

[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="Algunos fanboys llegan a mimetizarse totalmente"]Mototaxi farang[/caption]

El Fanboy en la distancia (el que reside en España), es como el aficionado a la caza que tiene que contentarse con leer Jara y Sedal una vez al año en lugar de salir cada fin de semana al campo a practicar su hobby, este subgénero de fanboy tiende a ser bastante radical al tener idealizado su objeto de deseo.





El fanboy es de extracción humilde, carece de estudios superiores y su interés por el país llega como mucho a Muay Thai, como máxima expresión de la cultura tailandesa. Si se le pregunta por Rama V, tal vez responda que él no vive cerca de allí, y que Rama IX (actual Monarca) es la calle que lleva al aeropuerto de Suvarnbhumi. El alfabeto thai es para éste espécimen una serie de llamativos dibujos que dan como resultado unos llamativos tatuajes. En cuanto a los problemas políticos actuales, los resume en “una lucha de los pobres contra los ricos”, mucho rico me parece a mí que hay en Tailandia …

[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="Cuidado con lo que te tatúas"]tatuajes thai y español[/caption]

 

El fanboy ha descubierto que desde que viaja a Tailandia, es la estrella de su pueblo. Es el que viaja, el que sabe de mundo cuando antes era un chaval más del pueblo, tal vez el loco que iba haciendo kung-fu por las esquinas. Siente que ha encontrado el lugar ideal para ocultar sus carencias, principalmente intelectuales y rehuye el contacto con compatriotas que podrían ubicarle en la escala social y desestabilizar su nueva vida.




Descubre en Tailandia la espiritualidad. Se hace budista. Se cuelga amuletos y se hace tatuajes mágicos. Obviamente no sigue ninguno de los preceptos básicos de dicha filosofía, eso le chafaría el leitmotiv de su presencia en el Reino: la chica. No hay fanboy sin chica thai, como no hay día sin noche. Las “nongs” (nombre cariñoso para denominar a la fémina tailandesa) son el origen y el fin de todo, sin ellas Tailandia no tendría sentido.

[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="La nueva espiritualidad descubierta en Tailandia"]farang amuletos[/caption]

Se caracteriza por comer en la calle para sentirse más integrado aunque a su metabolismo, la comida preparada para los thais no le siente bien, y en el fondo preferiría un bocata de jamón, un deseo que no puede confesar a riesgo de perder “tailandidad”.





Los más pudientes caen en el clásico error que se comenta en la entrada “Me monto algo en Tailandia”, aconsejados por la “nong” de turno abren un negocio, poco importa de qué se trate. Es la solución perfecta: yo puedo residir legalmente sin problemas, gano dinero sin tener que traerlo de España y, dado el caso, ella deja su antiguo trabajo. Pero allí es cuando en muchos casos empiezan las conversiones, cuando el fanboy se da de morros con la cruda realidad siamesa. Las maravillas de esta nación no son tantas como parecía cuando paseaba arriba y abajo con la botella de Heineken en la mano y echaba esas partidas de billar mientras la nong le miraba como el náufrago que ve un salvavidas en la lontananza.

[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="En su casa no lo haría (foto: Bangkok Post)"]farang gueytiaw[/caption]

El fanboy reniega de su país. No importa del tema del que se hable, en España está muy mal y en Tailandia está muy bien, lo que sea. El fanboy echa pestes de la situación laboral en España pero busca desesperadamente un trabajo que le dé 400 euros al mes sin ningún tipo de seguro ni derecho social alguno.





Si le hacemos el paralelismo de su situación si estuviera en España, entra en la fase de negación. Su guapa novia, proveniente de una lejana provincia de nombre evocador con tez morena, vendría a ser María José la de Bollullos de Abajo que se fue a la capital a hacer de puta. Pero aquí es una frágil campesina que forzada por la extrema pobreza de su familia tuvo que tomar la decisión más dura de su vida: dejar atrás a su familia (incluído el hijo de aquel novio que la maltrataba) y enfrentarse a la dura vida de la capital o cualquier zona donde tiene que soportar a los malvados turistas. Y María José habla un idioma tan musical que incluso cuando le llama “tonto del culo”, suena bien y el fanboy le sonríe. La capacidad de racionalización desaparece una vez que el sujeto ha puesto un pie en Tailandia. Cualquier historia, por inverosímil que parezca, que le cuenta su nong para que vaya presto a hacer una transferencia, o mejor aún a Western Union, es cierta porque lo dice ella, desde el búfalo enfermo hasta el accidente de moto del hermano pasando por el urgente ingreso en el hospital de la madre. Todo vale, y lo que en España podría parecer una opereta, en Tailandia toma un cariz de seriedad insospechada.

[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="Fanboy en etapa avanzada. "Yo amo Tailandia""]Tauaje yo amo Tailandia[/caption]

 

Obviamente, la divisa del fanboy, escrita en el frontispicio de su casa es: LA MÍA ES DIFERENTE. ¿Y quién iba a ponerlo en duda? Por supuesto que es diferente, aquí no se llama María José ni es de Bollullos de Abajo y si te dijera “tonto del culo” en español te agarrarías un buen mosqueo.





El tema del idioma requiere de un apartado especial. Como se comentaba más arriba, el nivel cognitivo del fanboy no suele ser muy alto, por lo que nos encontramos en muchos casos que no domina el idioma propio, cosa que hace harto difícil emprender la aventura de conocer un nuevo, y él es consciente de ello, por ello se inventa excusas de lo más peregrino para autoconvencerse de la nula necesidad de siquiera chapurrear uno de los pilares fundamentales de la nación que tanto admira. El fanboy es capaz de indignarse que un alemán que lleva viviendo 30 años en Mallorca no sepa una palabra de castellano o mallorquín, pero ve lógica su propia actitud.

[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="Algunos se implican en política, y acaban en la cárcel."]farang camisa roja[/caption]

Uno de los mitos que gusta difundir al fanboy es la seguridad en Tailandia, porque según sus propios criterios, España es mucho más peligrosa. Pero se le escapa un detalle. En Tailandia ni escucha las noticias, ni lee un periódico tailandés y mucho menos escucha una emisora de radio nacional, medios en los que se habla y comenta el nivel de delincuencia del país, donde los muertos por arma de fuego multiplican por cien los que se producen en España. Podemos hablar también de la inseguridad jurídica permanente en la que se vive. Puedes ser detenido por cualquier motivo y encerrado sin que nadie de tu entorno sepa nada, como le sucedió a una joven francesa que fue detenida por un pequeño robo mientras su madre hacía llamadas de socorro por todos los medios de que disponía porque su hija había desaparecido en Tailandia. Al cabo de una semana, cuando quedó en libertad, se supo que simplemente había pasado esa semana en un calabozo sin la posibilidad de comunicarse con nadie.




Esos son los detalles que se le escapan al fanboy que pasea alegremente por Bangla en Patong con una Heineken en una mano y su nong en la otra. Respecto a la corrupción policial, incluso le hace gracia que el MiB (Men in Brown) de turno le pare para multarle y se salga del entuerto con un pago de 500 bahts. Dada la misma situación en España con un Guardia Civil, montaría en cólera y lo denunciaría a los cuatro vientos, pero en Tailandia es divertido, es una anécdota más para contar a los amigos.

[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="No importa el trabajo, la cuestión es estar en Tailandia."]farang fideos calle[/caption]

Desconoce su propia cultura y admira una que cree conocer. Se queda embobado mirando un templo budista, y seguramente no ha entrado nunca en la iglesia de su pueblo a ver los retablos o figuras centenarias.

Hay casos en los que el fanboy es un activo combatiente antifascista, pero en España. Aquí poco le importa que ser militante de izquierdas esté perseguido por sus ideas o que existan numerosos presos políticos. El fanboy viene a lo que viene, y de lo demás no se entera o no se quiere enterar.

[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="Y ellos también nos quieren ... por algo muy concreto."]tuk tuk we love farang[/caption]

Y hay una verdad que les digo siempre a los tailandeses: “Me encanta vuestro país, pero no quisiera que el mío fuera igual”.