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31.10.09

Cosas de Asia y una excentricidad, si me lo permiten...

El sudeste asiático ofrece multitud de posibilidades. Una de éstas es salir de un campo de tiro embadurnado en aceite y oliendo a pólvora. Bendita Camboya. Un país con todo un futuro por delante muy prometedor. Ya van quedando atrás las reminiscencias a país de pedófilos irreductibles. Que tenga cuidado Tailandia, porque los turistas están inclinándose cada vez más por un país que no les causa tantos problemas a la hora de gastarse sus euros, y SOBRE TODO no es tan tiquis miquis a la hora de permitir vivir pacíficamente en su territorio. ¿Una paradoja? SÍ. Pregunten si quieren saber más. Los thais sólo quieren nuestro dinero y no se preocupan de nuestro bienestar. Ahí queda dicho.



Este vídeo no es más que una puesta en escena. Pero les aseguro que los tiros de AK-47 , M-16, M-9, etc. fueron reales. Este es uno más de los entretenimientos que ofrece Camboya.

28.10.09

Historia de un visado nonato

Llegadas estas fechas, el clima y mi reloj biológico interno me señalan que es hora de buscar climas más cálidos.

Tras la fantochada infantiles, impropias de un país que desea ser algo en este planeta, que dejó en tierra a miles de pasajeros el pasado año por estas fechas, y los tumultos callejeros del mes de abril 2009, el “sabio” gobiernos tailandés tomó la “sabia” decisión de ofrecer los visados de turista gratuitos. Bien. Nunca (excepto una vez hace algunos lustros) había pensado en meterme en los vericuetos de la pesada y cara burocracia. Sin embargo, incentivado por esta generosa promoción destinada a fomentar el turismo en el país siamés, me lancé.


El pasaporte de la discordia

El primer paso consistió en contactar con el Consulado de la Real Embajada de Tailandia en Madrid . En un primer momento me atendió una amable señorita, supongo que tailandesa por su acento, que me indicó que no había ningún problema. Solamente debía enviar mi pasaporte, dos fotografías y un impreso convenientemente cumplimentado. Todo era amabilidad y simpatía, como corresponde al autodenominado “país de las sonrisas”. La única pega era que había que enviar la documentación requerida por mensajero, es decir, había que gastarse alrededor de 20 euros, sólo por enviarlo.
Haciendo cálculos, obviamente la oferta resultaba ventajosa dado que me evitaba tener que salir del país cada 30 días hasta un máximo de 90 días, o sea que me evitaba pagarme billete de avión y estancia en alguno de los países limítrofes.
En principio, dado que el cónsul debía irse de viaje, los trámites pertinentes podían demorarse algo más de lo habitual, que suelen ser 48 horas. Pasadas algo más de dos semanas, y con la mosca tras la oreja, me decidí a contactar personalmente con el consulado. Tras marcar una veintena, o más veces. Me atendió una señorita ¿la misma? con voz de agobio. “Hola, soy el señor X. Hace más de dos semanas que envié mi pasaporte y no he sabido nada”. Oí como se alejaba del teléfono por sus pasos. “Faltan algunas cosas” me dijo. ¿Cómo que faltaban algunas cosas? Yo había enviado todo lo que se me había solicitado. “¿Pero qué cosas?” le pregunté. Siempre titubeando y poco segura de sus palabras me dice: “Pueeesss … una carta de invitación … un billete de avión … y además TIENE USTED MUCHOS SELLOS DE TAILANDIA EN SU PASAPORTE”. Dado que el cabreo en una embajada es tontería, me contuve, pero le expliqué amablemente que efectivamente tenía muchos sellos porque hace 22 años que visito su bonito país, tengo vivienda propia en su bonito país, tengo cuenta corriente en su bonito país, teléfono móvil de contrato en su bonito país, al margen de novia y familia, todo en un tono sosegado, como corresponde, pero con cierta indignación. “Es que nos hemos vuelto más estrictos” añadió la empleada de la legación. “¿Tienen miedo a que me quede a vivir allí, verdad?” le repliqué. “Buenooo … hehe”. Sí claro, me voy a ir al otro lado del mundo a ganar 800 euros, con suerte, cuando eso es lo que gasto en una semana. Algo contrariado, le dije que enviaría al mensajero a recoger mi pasaporte dado lo absurdo de la situación.
Pasado el enfado, llamé a Tailandia para ver si desde allí podían desbloquear la situación. Ya que había enviado el pasaporte, podía intentarlo de nuevo. A los dos días, mi contacto me dice que ha hablado con el consulado de Madrid y que no hay ningún problema. Bien. No entiendo muy bien cómo funcionan estas cosas, peor armado de valor, me pongo a marcar innumerables veces el número que ya me sabía de memoria 91 563 29 03. “Hola soy el señor X, y ayer el señor Y habló con alguien de ustedes y me dijo que no había problema alguno para expedirme el visado”. “Un momento” me dice. “Usted dijo que vendrían a recoger el pasaporte” me espeta sin más. “Sí, pero …” y me pongo a explicar todo el proceso que estoy ya sufriendo. “Pues aquí no ha llamado nadie, y además debería enviarnos también su contrato de trabajo”. Si claro, y la próxima vez me pedirán el número de mi tarjeta de Carrefour. Absurdo, ridículo, esperpéntico. O sea que puedo viajar a los Estados Unidos de América y quedarme 90 días, y para ir a un país en vías de desarrollo con un visado de turista, me veo en la obligación de enviar un dossier completo sobre mi persona. Le digo que no entiendo nada de nada, pero que sí, que muy bien, que su país es muy bonito, pero que no entiendo que puedo ir 30 días sin visado, pero ellos no me pueden poner un sello para ir 60 días. ¡O me dejan entrar o no me dejan! Pero no ha lugar a este sinsentido.
Deduzco que tanta pega se debe básicamente al hecho de que deben expedir el visado gratuitamente, cosa que no les hace gracia al quedarse sin su bocado, algo muy comprensible al tratarse de un organismo tailandés.
Cuelgo el teléfono. Lo descuelgo seguidamente y llamo a la agencia de mensajería para que vayan a recoger mi pasaporte. A los dos días recibo un reembolso de 37 euros. Un total de 58 euros para nada, sólo para reafirmarme en las contradicciones e incongruencias en la que vive inmerso este bonito país, y que lo tiene ahí varado sin evolucionar.
Sobra decir que no aconsejo a nadie que se acerque al consulado tailandés de Madrid para cualquier trámite, a no ser que esté ocioso y quiera hablar con alguna tailandesa igualmente ociosa. Y que no se olvide nadie de decirle que tiene un país muy bonito.