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23.2.14

Full Moon Party, si lo sé no vengo.




Si lo sé no,vengo era el título de un mítico concurso televisivo de mediados de los 80, pero también es lo que pensé en mi visita a las islas de la provincia de Surat Thani. Otrosí pensé subtitular mi escrito "¿Pa' qué has venío? Alma de cántaro", ya entenderán el motivo más adelante.

[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="Herr Peter, su seguro servidor."]Herr Peter a bordo[/caption]

Viajar hasta Tailandia supone un desplazamiento que alcanza, en el mejor de los casos 15 horas, entre una cosa y otra, eso si no hay escalas de por medio. El gasto es también considerable, un mínimo de 600 euros para el billete de avión, más todos los gastos que vienen después. La experiencia tiene que compensar tanto esfuerzo, de lo contrario, entraríamos en el terreno de lo absurdo. Pero veremos que hay gente dispuesta a cruzar la línea y meterse de lleno en lo que puede calificarse como de supina majadería.

[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="Para esto, sí."]haad yaow 2[/caption]

Hace algo más de un mes, emprendí una excursión aprovechando las fiestas de fin de año. Coincidiendo con la publicación en el diario El Mundo de un artículo de su corresponsal en Asia, David Jiménez, sobre lo que él denominaba la Gomorra tailandesa, decidí desplazarme hasta la provincia de Surat Thani, dónde se ubican tres de las islas más conocidas por los turistas españoles: Samui, Phangan y Tao. Quería ver, en primera persona, qué se cocía en estas reputadas islas, que por desgracia conozco más por temas policiales que turísticos.

[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="Incluso la prensa se hace eco de los desmanes. El MUNDO 29 de diciembre"]Un día en Gomorra[/caption]

Tras pasar la Nochevieja en Surat, la capital de la provincia, un lugar muy recomendable por la práctica ausencia de turistas, me desplacé en barco hasta la primera de las islas.
Con cierto reparo subí a bordo del ferry que me conducía a una de las islas más preciadas por el turismo internacional, Samui. Los más que frecuentes accidentes marítimos sucedidos en un plazo muy breve de tiempo en aguas tailandesas, conducen sin duda a la reflexión. Las reglamentaciones internacionales respecto al transporte de pasajeros se siguen al pie de la letra (en principio) en el sector aéreo tailandés, pero me temo que para el resto de medios de transporte, lo único que se puede hacer es encomendarse a nuestro ángel de la guarda. Recuerdo que en el trayecto entre koh Samui y koh Phangan me quedé mirando, algo inquieto, el armario donde estaban cerrados bajo llave los chalecos salvavidas y sin tener la certeza de que hubiera suficientes para todos, ni de que el guardián de la llave estuviera a bordo.

[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="Turistas a bordo. Listos para el asalto."]Barco Phangan[/caption]

Durante años, me habían vendido la isla de Samui como un destino de lujo, sin embargo, lo que allí vi, distaba mucho de lo que se pueda considerar lujo, entraría tal vez en la categoría de “cutrelux”, un apariencia lujosa para gente de escasos recursos que quiere codearse con supuestos millonarios de pacotilla.
Lo primero que me llama la atención es que no veo la diferencia entre la playa de Chaweng (Samui) y Magalluf (Mallorca). Tengo la impresión de que para lo que hacen allí los turistas, les sale más a cuenta ir a Mallorca, Ibiza o la costa búlgara que desplazarse hasta un territorio que le han dicho que es Tailandia, porque geográficamente, así es.

[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="¡Venga, chinitas!"]chinitas full moon party[/caption]

Partamos de la base que estas islas no tenían indígenas antes de ser “colonizadas” por los primeros touroperadores, no hay una población autóctona con su historia y cultura, si vamos allí veremos cocoteros y playas, nada de arquitectura centenaria y pueblos de peculiares tradiciones y ritos ancestrales.



Afortunadamente, cuento con la compañía de una amiga que me habla un poco más de la isla y sus parajes maravillosos, que curiosamente son maravillosos por la escasa presencia de turistas. Junto a ella visito algún rincón de ensueño que contribuye a disipar algo la imagen de pueblo infernal que me llevo de Chaweng, lleno de turistas alcoholizados, niños pedigüeños camboyanos y bandas de atracadores que conducen taxis. Veo también a un grupo de españoles inhalando globos de óxido nitroso, el gas de la risa, que no hace más que producirme pena. Tantos kilómetros para esto …

[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="Repostando rudimentariamente con todo el pasaje a bordo"]Repostaje con pasaje a bordo[/caption]

Tras el esperpento de Samui, rumbo a Panghan. Bajo un sol de justicia, me dirijo al embarcadero de fortuna montado para que las embarcaciones transporten gentes y mercancías de una ínsula a otra. En el “puerto” de Samui, mientras espero la salida de mi nave, observo a los pasajeros procedentes de Phangan.Tengo la impresión de estar viendo un documental sobre la guerra de Vietnam. Con aspecto demacrado, todos parecen soldados yankis regresando de un enfrentamiento con el Vietcong, magullados, descalzos, con muletas, quemados, etc. Un espectáculo dantesco digno de Oliver Stone. Y ahí está la mafia del transporte esperándolos para darles el hachazo final.

[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="Igualito que en Mallorca"]borracho playa[/caption]

Sin lugar a dudas, en ese archipiélago no montaría una tienda de zapatos, pero sí una parafarmacia con vendas y tiritas. La imagen de los excombatientes regresando de Indochina no se me borrará fácilmente de la retina, realmente parecía estar ante una realista superproducción hollywoodiense sobre el conflicto vietnamita. Visto lo visto, tampoco montaría una tienda de ropa porque tengo la impresión de que la venta de camisetas tampoco es un punto fuerte en ese paraje.



Tras un trayecto de menos de una hora, llegamos a uno de los muelles de Phangan (nótese que no digo “la isla de Koh Panghan” por ser una redundancia al significar “isla” la palabra KOH en tailandés). Cual ganado ovino camino del matadero, nos clasifican por grupos según el destino en la isla. Nada de “buenos días” o “bienvenidos”, “tú p’acá, tú p’allá” y “son doscientos bahts”, son las únicas frases por parte del comité de recepción de la isla. Vamos a ver qué nos ofrece esta isla conocida en el mundo entero por su famosa “full moon party”, la fiesta de la luna nueva.

[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="Para eso ..."]full moon party phangan[/caption]

En un entorno idílico doy mi primer paseo por la costa de este enclave tan mágico para algunos, pero no tardo en toparme con algo mucho más prosaico: tiendas con estanterías repletas de botellas de alcohol de origen incierto, un líquido que te arranca las anginas, junto a cubiletes de plástico que se funden con el agua de fuego al elaborar cócteles propios de Zugarramurdi. Una música atronadora sale de uno de los chiringuitos montados ad hoc que jalonan la playa. Rusos, israelíes, alemanes, todos tienen su espacio para disfrutar de la noche en ¿Tailandia?

[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="Hola, cariño ..."]full moon party koh phangan [/caption]

A pesar de ser consciente de que los puestecillos plantados en la playa no son el lugar más adecuado para darse un masaje, y ante la falta de actividades al haber eliminado el componente alcohólico en este viaje, me animo a que me “amasen” (así es como se dice en tailandés masajear) un rato, más que nada para que las señoras venidas de Isarn (noreste de Tailandia) me cuenten un poco lo que se cuece en la isla. A los pocos minutos de haber comenzado la sesión de relajo, a escasos metros, un grupo de indocumentados comienza a lanzar cohetes, aquello parece la mascletá, todo tipo de artefactos pirotécnicos perturban mi descanso. La misma escena se produce estando ya de madrugada en mi bungalow, parece ser una de las diversiones predilectas de los visitantes de la isla.

[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="¿Tailandia?"]borrachos koh phangan[/caption]

 

Los descerebrados gozan perturbando la quietud de un lugar que sin su presencia podría ser calificado de paraíso. La misma pregunta que me ha traído hasta este espacio privilegiado me ronda la cabeza ¿para qué se desplazan miles de kilómetros estos energúmenos? Ni tan siquiera gozan de una de las joyas de la Corona: las nongs. Raro es el que no viene con pareja o se la busca allí, pero de su mismo pueblo, no autóctona, más que nada porque no hay o son muy escasas.




Las fiestas nocturnas conllevan cierto peligro. No me gusta ser alarmista, pero prefiero poner sobre aviso a quien quiera experimentar la noche de Phangan. El alcohol y las mujeres pueden ser una buena combinación en cierta medida, pero si le añadimos el componente drogas, la noche se nos puede torcer. Recuerdo un episodio de la serie Big Trouble in Thailand donde una chica es arrestada por posesión de drogas, lo pasa mal, muy mal. No olvidemos que las full moon parties son un hervidero de turistas, pero entre ellos hay un ejército de policías de paisano dispuestos a hacer justicia (y hacerse un sobresueldo). Cuántas veces he oído que el mismo que te la vende es el que te arresta. Algunos dirán que es ilegal provocar un delito y luego arrestar, pero es ilegal en Hollywood y en otros países, pero aquí no. Avisados quedáis, no me vengáis luego llorando.

[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="¡Qué bonito es el amor!"]amor en la playa[/caption]

Pasados un par de días, doy mi misión por cumplida, ya he visto lo que quería ver, que es lo que me suponía que iba a ver: Mallorca con clima tropical y ausencia de autoridades que pongan orden.
Preparo mis escasas pertenencias para iniciar el viaje de regreso. Me transportan hasta otro embarcadero de la isla, diferente al de mi llegada. Sin embargo, el espectáculo es el mismo. Un rebaño de turistas que parecen gambas por el sol tomado estos días, se encuentran desperdigados a diestro y siniestro. No hay donde sentarse y una pequeña carpa da cobijo a los más afortunados. Se mezclan turistas mochileros con turistas de maleta, pero en el aspecto no se diferencian. En la fila de espera para embarcar, entablo conversación con una pareja de alemanes que me han oído hablar con los vendedores de comida y bebida que se asientan en las inmediaciones. Dan por supuesto algo que no es cierto, mi conocimiento del lugar. Están preocupados porque los horarios reflejados en los billetes parecen no cumplirse, algo inconcebible para los teutones. Les tranquilizo diciéndoles que las conexiones están todas bien calculadas.

[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="El ganado, listo para embarcar."]puerto phangan 2[/caption]

Pasadas unas horas, ya en la puerta de embarque del aeropuerto, la misma pareja me aborda toda asustada. En el trayecto de autobús entre el puerto y el aeropuerto, les han abierto la maleta, todo un record, si tenemos en cuenta que ellos mismos depositaron la maleta en el portaequipajes del vehículo, y éste no se ha detenido en ningún momento. Excepto en un semáforo, poco antes de llegar al campo de aviación. Momento en que he podido observar que el conductor bajaba para controlar algo. ¿Una puerta de la bodega mal cerrada? El caso es que durante el viaje, alguien les ha abierto la maleta y registrado sus pertenencias, sin llegar a robar nada porque habían tenido la precaución de llevar consigo todos los objetos de valor. Su angustia reside en el hecho de que exista la posibilidad de que les hayan introducido algo en el equipaje.

[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="C'est la crème de la crème!"]todos a bordo[/caption]

 

Les tranquilizo explicándoles que “eso de meter cosas en las maletas ajenas”, es una leyenda urbana nacida de las malas excusas de los camellos poco avezados. Como ya he dicho en alguna ocasión, ninguna mafia tiene por afición introducir drogas, que valen un buen dinero, en maletas que no saben a dónde irán a parar. Tampoco me consta que haya particulares que compren drogas y luego las introduzcan en maletas de gente desconocida con un fin desconocido. Sí ha habido casos de “novietes estivales” que les han pedido a sus nuevas conquistas que metieran tal o cual cosa en su equipaje porque a ellos “no les quedaba sitio” en la suya.

[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="Turismo de alto "standing" en el aeropuerto de Surat Thani"]surat thani airport turista con sueño en el suelo[/caption]

Los casos de robos en equipajes depositados en las bodegas de los autobuses son harto frecuentes, por desgracia. En particular en los autobuses con salida en Khao San y en trayectos más largos con alguna parada. Saben que los turistas están de paso y no se van a parar a poner una denuncia en un pueblo perdido de Tailandia. Recomendamos por ello hacer como la pareja alemana, es decir, dejar en la mochila sólo los objetos sin valor, todo lo demás (documentos, teléfonos, tabletas, cámaras fotográficas, etc.) SIEMPRE llevarlo consigo y al alcance de la mano, no en la parte superior donde pueden ser susceptibles de ser robados durante la noche.
Me alegra sobremanera haber tenido la oportunidad de conocer de primera mano esa parte de Tailandia de la que había oído hablar desde hace lustros, pero que nunca me había lanzado a investigar. No me importa haberme reencontrado con esos muchachos borrachuelos y esas mozas nórdicas gelatinosas, a los que creía haber dejado atrás en mi isla de origen.

[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="Plácido atardecer en Haad Yaow"]Puesta de sol en haad yaow[/caption]

La conclusión a la que llego es algo desconcertante y desoladora:
¡Cuánto cateto anda suelto por el mundo!