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21.12.19

El Gran Thermae

Tailandia se caracteriza por ser un país en el que oscurece muy pronto, Sobre las 19:00 suelos regresar a casa a poner un poco de orden y cenar algo mientras espero que a las 21:00 emitan las noticias de Antena 3 a las 15:00 horas. Una vez puesto al día, me acicalo para salir a inspeccionar la noche bangkokiana. Chuf, chuf, un poco de Armani y ya estoy listo para bajar y tomar el primer taxi que pase por casa. Paro al primero que veo, le indico mi destino Soi Cowboy, a unos veinte minutos de casa, si no hay tráfico (cosa poco frecuente), aprovecho para charlar sobre temas diversos como puede ser la situación política del país, algo de fútbol porque suelen tener alguna emisora que retransmite partidos de la liga española momento n que oigo y adivino cómo denominan a los jugadores españoles, también se animan a hablar de la Monarquía (tema tabú) porque al ser yo extranjero, se pueden fiar de mi discreción. La conversaciones sobre fútbol se tornan breves por mis respuestas monosilábicas que evidencian mi desconocimiento del mundo balompédico. No tardamos mucho en llegar a destino. Le pago los 50 bahts de la carrera y me adentro en la calle de los neones.
Soy un animal de costumbres fijas por lo que me dirijo directamente al Playskool, haciendo caso omiso de las llamadas de las damiselas en paños menores que me llaman para que entre en su local. En el Playskool me siento en mi lugar habitual que ya me tienen reservado junto al ventilador. No me molesto en entrar porque ya sé lo que voy a ver, mujeres desnuda o en bikini bailando alrededor de una barra metálica, y en el rincón perverso algún cliente siendo succionado por alguna señorita, el local es conocido por sus felaciones. Caen los primeros Johnny Black mientras charlo con el encargado (que nunca he visto encargarse de nada) que me muestra su nuevo teléfono que tiene algunos problemas y que me voy a ver encargado de arreglar borrando archivos y reseteando mil veces. Una vez terminada mi labor técnica considero que es hora de cambiar de paisaje. Ahora comienza la segunda etapa de Bangkok La Nuit. Salgo de Soi Cowboy por Asoke. Me dirijo a Sukhumvit, cerca de mi antigua oficina, espacio desaparecido por arte y gracia del nuevo gobierno que ha acabado con todos los puestos de venta ambulante del centro más visible de la ciudad. Antes podías seguir tomando copas cómodamente sentado hasta las tantas de la madrugada. Pasado el tiempo, regreso a un local que frecuenté durante años, entre finales de los 90 y principios de siglo, se trata del famoso Thermae ubicado en los bajos del hotel Ruamchit entre el soi 13 y el 15 de Sukhumvit.
En mis tiempos era lugar de paso obligatorio para los trasnochadores de Bangkok, antes de los cambios impuestos por los militares cerraban a las seis de la mañana, ahora desalojan la sala entre la una y media y las dos. Me reciben como si hubiera estado allí toda la vida, en parte por el gasto que hago que se puede considerar ciertamente elevado. El negocio ha cambiado un par de ocasiones de ubicación pero conserva su esencia. Concentra cada noche un par de centenares de señoritas “free lance” con las que te puedes sentar a conversar sin obligación alguna por tu parte. Muchas provienen de gogo bars que ya han cerrado u otros bares de los entornos que van a buscar su última presa de la noche.
Los travelos tienen prohibida la entrada, aquí no hay leyes LGTBI que puedan inducir a engaño. Los amantes de este tipo de producto pueden encontrarlo a las puertas del local, lugar donde se sitúan para encandilar a pobres incautos o desviados que saben lo que hay, en especial coreanos muy seguidores del movimiento LGTBI (perseguido en su país de origen.
El procedimiento en el Thermae es muy sencillo. Cuando entras, un miembro del personal te dirige directamente a la barra donde se piden las bebidas para asegurarse que nadie viene sólo a pasear para ver el material. Mi caso se sale de la norma porque saben que nunca me voy sin haberme tomado cinco whiskies. Al verme entrar ya preparan la bebida “Black Soda”, lo mismo hacen cuando levanto la mano. Durante muchos años partían de ahí las acompañantes que me iba a llevar al hotel de turno. Hoy en día todo ha cambiado mucho. Las mozuelas son mucho más jóvenes y la clientela que buscan es nipona, coreana o china. Los occidentales hemos pasado a ser una rareza. Sin embargo sigue siendo divertido, especialmente si dominas el idioma local. Es costumbre toparse con las chicas “mayores” que suelen ser las que organizan todo el cotarro, al margen de los dueños del local que sólo se ocupan de la seguridad y la venta de espirituosos. Por su distribución, el local obliga a estar en una permanente procesión que gira alrededor de una barra central ocupada por señoritas que reposan en taburetes y forman sus corrillos o charlan con algún cliente. Si uno encuentra sitio, puede apearse de la procesión y sentarse a ver algún partido de fútbol que ofrecen por el único televisor del lugar. Además se puede aprovechar el rato para conversar con cualquier señorita dispuesta a ello. Por lo general siguen la corriente por ver a un blanco hablar tailandés porque resulta divertido, por lo visto.
Les suelo decir “me han dado cupones Rabbit de descuento en el metro” (son cupones de descuento que te dan cuando compras billetes de metro y sirven para restaurantes, heladerías, panaderías, etc.) “¿tú aceptas cupones de descuento?”. Obviamente se me quedan mirando con cara de “¿este loco de dónde sale?”. No se lo toman a mal y me invitan a seguir la procesión hasta que me las vuelvo a encontrar en este carrusel infinito. El año pasado me hice una amiga que resultó muy peculiar. Algunas veces resultaba agobiante y yo tenía que coger las de Villadiego usando una salida que se encuentra junto a los cuartos de baño. La mujer vivía pendiente del reloj para que fuera la una y conminarme a irnos a un hotelillo de soi Cowboy. ¡Cowboy, Cowboy! Le decía yo cuando llegaba, mostrándole su fijación por el lugar. Intentaba disimular un poco su premura tomándose una copa, que pagaba yo. Su interés por mí, lógicamente, se limitaba a los 2000 bahts que le daba cada noche. Recuerdo la ocasión en que me fui a pasear por el Thermae a investigar el producto interior bruto, y cuando regresé a donde estábamos sentados, no la vi y pregunté a sus amigas, “se ha ido con uno” fue la respuesta que obtuve. Al día siguiente opté por poner cara de cabreo, pero no lo logré, me reía con todo lo que pasaba. Le pregunté por el cliente asiático que había escogido, pero sólo obtuve vagas respuestas que no demostraban entusiasmo alguno. Claro, yo era mejor. Sin causar molestias yo soltaba el dinero como un cajero. Porque al margen de su tarifa estaba la de la habitación, 1000 bahts, con toallas y jabones incluidos. Pasado el tiempo, estando yo en España, a través de LINE me pidió dinero, sin más, por la cara, así por las buenas,”es que no tengo para el alquiler de mi habitación” decía ella. La costumbre de pedir dinero por sistema es muy tailandés, parten de la base de que al ser occidentales, tenemos una imprenta en casa para fabricar dinero.
La chica hacía bien su trabajo, pero una vez le hice una prueba que no superó, darme un beso en la mejilla en el Thermae. Mostrar cierto tipo de afecto frente a sus amigas era superior a cualquier situación. Ya tenía su punto débil. Lo aproveché para incomodarla en diversas ocasiones.

23.2.14

Full Moon Party, si lo sé no vengo.




Si lo sé no,vengo era el título de un mítico concurso televisivo de mediados de los 80, pero también es lo que pensé en mi visita a las islas de la provincia de Surat Thani. Otrosí pensé subtitular mi escrito "¿Pa' qué has venío? Alma de cántaro", ya entenderán el motivo más adelante.

[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="Herr Peter, su seguro servidor."]Herr Peter a bordo[/caption]

Viajar hasta Tailandia supone un desplazamiento que alcanza, en el mejor de los casos 15 horas, entre una cosa y otra, eso si no hay escalas de por medio. El gasto es también considerable, un mínimo de 600 euros para el billete de avión, más todos los gastos que vienen después. La experiencia tiene que compensar tanto esfuerzo, de lo contrario, entraríamos en el terreno de lo absurdo. Pero veremos que hay gente dispuesta a cruzar la línea y meterse de lleno en lo que puede calificarse como de supina majadería.

[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="Para esto, sí."]haad yaow 2[/caption]

Hace algo más de un mes, emprendí una excursión aprovechando las fiestas de fin de año. Coincidiendo con la publicación en el diario El Mundo de un artículo de su corresponsal en Asia, David Jiménez, sobre lo que él denominaba la Gomorra tailandesa, decidí desplazarme hasta la provincia de Surat Thani, dónde se ubican tres de las islas más conocidas por los turistas españoles: Samui, Phangan y Tao. Quería ver, en primera persona, qué se cocía en estas reputadas islas, que por desgracia conozco más por temas policiales que turísticos.

[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="Incluso la prensa se hace eco de los desmanes. El MUNDO 29 de diciembre"]Un día en Gomorra[/caption]

Tras pasar la Nochevieja en Surat, la capital de la provincia, un lugar muy recomendable por la práctica ausencia de turistas, me desplacé en barco hasta la primera de las islas.
Con cierto reparo subí a bordo del ferry que me conducía a una de las islas más preciadas por el turismo internacional, Samui. Los más que frecuentes accidentes marítimos sucedidos en un plazo muy breve de tiempo en aguas tailandesas, conducen sin duda a la reflexión. Las reglamentaciones internacionales respecto al transporte de pasajeros se siguen al pie de la letra (en principio) en el sector aéreo tailandés, pero me temo que para el resto de medios de transporte, lo único que se puede hacer es encomendarse a nuestro ángel de la guarda. Recuerdo que en el trayecto entre koh Samui y koh Phangan me quedé mirando, algo inquieto, el armario donde estaban cerrados bajo llave los chalecos salvavidas y sin tener la certeza de que hubiera suficientes para todos, ni de que el guardián de la llave estuviera a bordo.

[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="Turistas a bordo. Listos para el asalto."]Barco Phangan[/caption]

Durante años, me habían vendido la isla de Samui como un destino de lujo, sin embargo, lo que allí vi, distaba mucho de lo que se pueda considerar lujo, entraría tal vez en la categoría de “cutrelux”, un apariencia lujosa para gente de escasos recursos que quiere codearse con supuestos millonarios de pacotilla.
Lo primero que me llama la atención es que no veo la diferencia entre la playa de Chaweng (Samui) y Magalluf (Mallorca). Tengo la impresión de que para lo que hacen allí los turistas, les sale más a cuenta ir a Mallorca, Ibiza o la costa búlgara que desplazarse hasta un territorio que le han dicho que es Tailandia, porque geográficamente, así es.

[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="¡Venga, chinitas!"]chinitas full moon party[/caption]

Partamos de la base que estas islas no tenían indígenas antes de ser “colonizadas” por los primeros touroperadores, no hay una población autóctona con su historia y cultura, si vamos allí veremos cocoteros y playas, nada de arquitectura centenaria y pueblos de peculiares tradiciones y ritos ancestrales.



Afortunadamente, cuento con la compañía de una amiga que me habla un poco más de la isla y sus parajes maravillosos, que curiosamente son maravillosos por la escasa presencia de turistas. Junto a ella visito algún rincón de ensueño que contribuye a disipar algo la imagen de pueblo infernal que me llevo de Chaweng, lleno de turistas alcoholizados, niños pedigüeños camboyanos y bandas de atracadores que conducen taxis. Veo también a un grupo de españoles inhalando globos de óxido nitroso, el gas de la risa, que no hace más que producirme pena. Tantos kilómetros para esto …

[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="Repostando rudimentariamente con todo el pasaje a bordo"]Repostaje con pasaje a bordo[/caption]

Tras el esperpento de Samui, rumbo a Panghan. Bajo un sol de justicia, me dirijo al embarcadero de fortuna montado para que las embarcaciones transporten gentes y mercancías de una ínsula a otra. En el “puerto” de Samui, mientras espero la salida de mi nave, observo a los pasajeros procedentes de Phangan.Tengo la impresión de estar viendo un documental sobre la guerra de Vietnam. Con aspecto demacrado, todos parecen soldados yankis regresando de un enfrentamiento con el Vietcong, magullados, descalzos, con muletas, quemados, etc. Un espectáculo dantesco digno de Oliver Stone. Y ahí está la mafia del transporte esperándolos para darles el hachazo final.

[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="Igualito que en Mallorca"]borracho playa[/caption]

Sin lugar a dudas, en ese archipiélago no montaría una tienda de zapatos, pero sí una parafarmacia con vendas y tiritas. La imagen de los excombatientes regresando de Indochina no se me borrará fácilmente de la retina, realmente parecía estar ante una realista superproducción hollywoodiense sobre el conflicto vietnamita. Visto lo visto, tampoco montaría una tienda de ropa porque tengo la impresión de que la venta de camisetas tampoco es un punto fuerte en ese paraje.



Tras un trayecto de menos de una hora, llegamos a uno de los muelles de Phangan (nótese que no digo “la isla de Koh Panghan” por ser una redundancia al significar “isla” la palabra KOH en tailandés). Cual ganado ovino camino del matadero, nos clasifican por grupos según el destino en la isla. Nada de “buenos días” o “bienvenidos”, “tú p’acá, tú p’allá” y “son doscientos bahts”, son las únicas frases por parte del comité de recepción de la isla. Vamos a ver qué nos ofrece esta isla conocida en el mundo entero por su famosa “full moon party”, la fiesta de la luna nueva.

[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="Para eso ..."]full moon party phangan[/caption]

En un entorno idílico doy mi primer paseo por la costa de este enclave tan mágico para algunos, pero no tardo en toparme con algo mucho más prosaico: tiendas con estanterías repletas de botellas de alcohol de origen incierto, un líquido que te arranca las anginas, junto a cubiletes de plástico que se funden con el agua de fuego al elaborar cócteles propios de Zugarramurdi. Una música atronadora sale de uno de los chiringuitos montados ad hoc que jalonan la playa. Rusos, israelíes, alemanes, todos tienen su espacio para disfrutar de la noche en ¿Tailandia?

[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="Hola, cariño ..."]full moon party koh phangan [/caption]

A pesar de ser consciente de que los puestecillos plantados en la playa no son el lugar más adecuado para darse un masaje, y ante la falta de actividades al haber eliminado el componente alcohólico en este viaje, me animo a que me “amasen” (así es como se dice en tailandés masajear) un rato, más que nada para que las señoras venidas de Isarn (noreste de Tailandia) me cuenten un poco lo que se cuece en la isla. A los pocos minutos de haber comenzado la sesión de relajo, a escasos metros, un grupo de indocumentados comienza a lanzar cohetes, aquello parece la mascletá, todo tipo de artefactos pirotécnicos perturban mi descanso. La misma escena se produce estando ya de madrugada en mi bungalow, parece ser una de las diversiones predilectas de los visitantes de la isla.

[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="¿Tailandia?"]borrachos koh phangan[/caption]

 

Los descerebrados gozan perturbando la quietud de un lugar que sin su presencia podría ser calificado de paraíso. La misma pregunta que me ha traído hasta este espacio privilegiado me ronda la cabeza ¿para qué se desplazan miles de kilómetros estos energúmenos? Ni tan siquiera gozan de una de las joyas de la Corona: las nongs. Raro es el que no viene con pareja o se la busca allí, pero de su mismo pueblo, no autóctona, más que nada porque no hay o son muy escasas.




Las fiestas nocturnas conllevan cierto peligro. No me gusta ser alarmista, pero prefiero poner sobre aviso a quien quiera experimentar la noche de Phangan. El alcohol y las mujeres pueden ser una buena combinación en cierta medida, pero si le añadimos el componente drogas, la noche se nos puede torcer. Recuerdo un episodio de la serie Big Trouble in Thailand donde una chica es arrestada por posesión de drogas, lo pasa mal, muy mal. No olvidemos que las full moon parties son un hervidero de turistas, pero entre ellos hay un ejército de policías de paisano dispuestos a hacer justicia (y hacerse un sobresueldo). Cuántas veces he oído que el mismo que te la vende es el que te arresta. Algunos dirán que es ilegal provocar un delito y luego arrestar, pero es ilegal en Hollywood y en otros países, pero aquí no. Avisados quedáis, no me vengáis luego llorando.

[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="¡Qué bonito es el amor!"]amor en la playa[/caption]

Pasados un par de días, doy mi misión por cumplida, ya he visto lo que quería ver, que es lo que me suponía que iba a ver: Mallorca con clima tropical y ausencia de autoridades que pongan orden.
Preparo mis escasas pertenencias para iniciar el viaje de regreso. Me transportan hasta otro embarcadero de la isla, diferente al de mi llegada. Sin embargo, el espectáculo es el mismo. Un rebaño de turistas que parecen gambas por el sol tomado estos días, se encuentran desperdigados a diestro y siniestro. No hay donde sentarse y una pequeña carpa da cobijo a los más afortunados. Se mezclan turistas mochileros con turistas de maleta, pero en el aspecto no se diferencian. En la fila de espera para embarcar, entablo conversación con una pareja de alemanes que me han oído hablar con los vendedores de comida y bebida que se asientan en las inmediaciones. Dan por supuesto algo que no es cierto, mi conocimiento del lugar. Están preocupados porque los horarios reflejados en los billetes parecen no cumplirse, algo inconcebible para los teutones. Les tranquilizo diciéndoles que las conexiones están todas bien calculadas.

[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="El ganado, listo para embarcar."]puerto phangan 2[/caption]

Pasadas unas horas, ya en la puerta de embarque del aeropuerto, la misma pareja me aborda toda asustada. En el trayecto de autobús entre el puerto y el aeropuerto, les han abierto la maleta, todo un record, si tenemos en cuenta que ellos mismos depositaron la maleta en el portaequipajes del vehículo, y éste no se ha detenido en ningún momento. Excepto en un semáforo, poco antes de llegar al campo de aviación. Momento en que he podido observar que el conductor bajaba para controlar algo. ¿Una puerta de la bodega mal cerrada? El caso es que durante el viaje, alguien les ha abierto la maleta y registrado sus pertenencias, sin llegar a robar nada porque habían tenido la precaución de llevar consigo todos los objetos de valor. Su angustia reside en el hecho de que exista la posibilidad de que les hayan introducido algo en el equipaje.

[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="C'est la crème de la crème!"]todos a bordo[/caption]

 

Les tranquilizo explicándoles que “eso de meter cosas en las maletas ajenas”, es una leyenda urbana nacida de las malas excusas de los camellos poco avezados. Como ya he dicho en alguna ocasión, ninguna mafia tiene por afición introducir drogas, que valen un buen dinero, en maletas que no saben a dónde irán a parar. Tampoco me consta que haya particulares que compren drogas y luego las introduzcan en maletas de gente desconocida con un fin desconocido. Sí ha habido casos de “novietes estivales” que les han pedido a sus nuevas conquistas que metieran tal o cual cosa en su equipaje porque a ellos “no les quedaba sitio” en la suya.

[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="Turismo de alto "standing" en el aeropuerto de Surat Thani"]surat thani airport turista con sueño en el suelo[/caption]

Los casos de robos en equipajes depositados en las bodegas de los autobuses son harto frecuentes, por desgracia. En particular en los autobuses con salida en Khao San y en trayectos más largos con alguna parada. Saben que los turistas están de paso y no se van a parar a poner una denuncia en un pueblo perdido de Tailandia. Recomendamos por ello hacer como la pareja alemana, es decir, dejar en la mochila sólo los objetos sin valor, todo lo demás (documentos, teléfonos, tabletas, cámaras fotográficas, etc.) SIEMPRE llevarlo consigo y al alcance de la mano, no en la parte superior donde pueden ser susceptibles de ser robados durante la noche.
Me alegra sobremanera haber tenido la oportunidad de conocer de primera mano esa parte de Tailandia de la que había oído hablar desde hace lustros, pero que nunca me había lanzado a investigar. No me importa haberme reencontrado con esos muchachos borrachuelos y esas mozas nórdicas gelatinosas, a los que creía haber dejado atrás en mi isla de origen.

[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="Plácido atardecer en Haad Yaow"]Puesta de sol en haad yaow[/caption]

La conclusión a la que llego es algo desconcertante y desoladora:
¡Cuánto cateto anda suelto por el mundo!

 

12.1.14

Me fui a Camboya y me comieron la (p)olla

 

Esa misma tarde había comprado una caja de Cialis, bueno ... de su pariente pobre camboyano.


Hacía apenas un par de horas que el avión había tomado tierra en el aeropuerto de Pochentong, donde por cierto, ya había tenido mis primeras escaramuzas con algunos malditos hijos de Pol Pot. El cabecilla de este grupo de khmeres organizaba la fila de taxis del aeropuerto de tal modo que en cada taxi metía el máximo número de pasajeros pero a cada uno le cobraba la carrera individualmente, es decir que pagabas por ir como un señor y acababas como una sardina en lata. de forma imprudente me rebelé ante el asunto y sabiendo que ley y la razón estaban de mi parte, me dijo: "pues va a tener que esperar por lo menos 15 minutos". Pues muy bien, ese tiempo lo aproveché para ir explicando en voz alta los tejemanejes y estafas que estaba cometiendo el organizador de la mafia taxista. Como suele ser habitual en estos casos, la gente me da toda la razón, pero luego siguen los dictámenes del que tiene un walkie talkie en la mano. Harto de la situación, y aprovechando que hoy en día el aeropuerto camboyano está prácticamente en plena ciudad, caminé unas decenas de metros y me planté un medio de una concurrida calle, en menos de tres segundos tenía varios tuk tuks que por la mitad me iban a llevar al mismo destino, y lo queme había ahorrado iba ir destinado a la pastilla que convierte la volátil arena en hormigón armado.




[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="Nos vamos a Camboya"]cambodian angkor airway[/caption]

La última vez que estuve en el Reino Khmer pasé dos noches muy agradables en compañía de un forero de Rumbo Tailandia que actualmente reside en la capital camboyana, pero que por circunstancias varias estaba cumpliendo sus deberes navideños con sus familiares en España. ¡No problem! Phnom Penh ha cambiado mucho, pero los viejos perros siempre sabemos dónde están nuestras guaridas predilectas. El Martinis es un clásico de la noche, es el Café Gijón de los puteros más venerables, el que no lo conoce es como un informático que pone cara de póker al nombrarle Amstrad.




[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="La única forma de moverse por Phnom Penh tranquilamente"]Tuktuk camboyano[/caption]

Los preliminares en un cortejo clásico pasan por una cena romántica, el de un putero que se precie pas por una buena siesta. Una combinación perfecta de aire acondicionado, National Geographic y un buen edredón me dan el descanso suficiente para afrontar la noche del guerrero. Sobre las 10 de la noche me desperezo, saco una mano por la ventana y noto que hace algo más de fresco que lo habitual. ¡No problem! llevo conmigo mi chaleco de investigador de lo paranormal con bolsillos hasta dentro de los bolsillos. Voy equipado con un importante equipo de supervivencia: profilácticos, alcohol desinfectante, diazepam, alprazolam, Cialis, paracetamol, gel lubricante, un mini router wifi con 3G y una lima para hacerme las uñas en un rato de asueto. Si no triunfo esta noche, no lo haré jamás.


En poco menos de 10 minutos me deja el tuk tuk en la puerta del extraño lugar, una especie de patio de colegio descubierto con una pantalla gigante, donde se ven partidos de fútbol, películas con subtítulos en chino, etc, varios puestos de comida y un modesta discoteca. En la puerta sigue "micro man", un hombrecillo que lleva ahí desde que los franceses todavía no habían colonizado el país, es graciosillo, creo que no camina y aunque se pusiera de pie, no creo que alcanzara los 50 centímetros de altura, además tiene voz de dibujo animado, y lo más positivo es que no juega  la pena, está siempre de buen humor.




[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="Entrada del mítico Martini en la capital camboyana"]Entrada Martini Pub[/caption]

Como ave rapaz en busca de presa, me dirijo hacia la barra moviendo la cabeza de izquierda  derecha y viceversa a modo de radar. Las mozuelas ya no son las de hace 15 años. No me refiero a que no son las mismas personas, algo obvio, sino que las de ahora son más tipo "putón verbenero" con sus tintes estrambóticos, modelitos de furcia barata,, móviles de última generación (china) y unos aires que no se daban en otros tiempos. Yo tiro más hacia lo rural, en eso sí abogo por lo orgánico, lo natural, lo integral, las furcias camboyanas tienen que ser más de campo que los cardos borriqueros.





El primer susto me lo doy tras pegar un trago a mi Johnny y darme la vuelta. Así, de sopetón, a traición, sigilosamente y sin prevenir me encuentro cara a cara, a escasos centímetros con una, llamémosle mujer, que había observado minutos a atrás por lo llamativo de su maquillaje que era como el de un artista del "Cirque du Soleil" pero fallido. Por educación, no le digo aquello de "quita bicho", pero opto por la táctica de la ignorancia, táctica que ella ignora a su vez. Mientras me masajea sólo un brazo, cosa que me incomoda sobremanera, me va diciendo lo mucho que le gusto, lo guapo que soy y una larga serie de elogios que realmente no sé quién podría legar a creerse. Paso a la táctica de los celos, porque aunque putero soy un caballero y no mando a freir espárrago a las profesionales del sexo. Lanzo miradas lascivas (eso es lo que yo me creo) a otra meretriz que ronda los parajes y que ya ha detectado el bulto que tengo entre las piernas, el del fajo de billete de un dólar. La socia de Lancôme me tiene el brazo ya como una masa de pan lista para hornear. Como último recurso me queda ser ofensivo, pero intento que sea con delicadeza: "A ti, esto del maquillaje te gusta mucho ¿no?", primer torpedo a la línea de flotación, tras el desconcierto inicial, lanzo el segundo: "¿Tardas mucho en maquillarte cada día?". La réplica no tarda en llegar: "¿Me vas a llevar contigo esta noche o no?" directa, sin medias tinta. "Mira, es que es muy pronto. Ya si eso, más tarde te aviso". Coge las de Villadiego y deja de martirizar mi brazo que ya ha tomado un aspecto amorfo.




[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="Las mozuelas del Martini (Fuente: cambodiangirls.info)"]Cambodian girls at Martini[/caption]

No tardan en aparecer en escena las actrices del segundo acto, una con el culoprieto como sus ojos de china, y otra de caderas más generosas. La segunda es al que ya había empezado el juego de la seducción, si se puede hablar de seducción en estas meras transacciones comerciales. Los primeros contactos son los mismo aquí que en Valdemorillos (no voy a decir igual que en la Cochinchina porque estoy en la Cochinchina). A todo ello hay que señalar que el nivel de inglés es algo menos que básico, vamos, como el de una española corriente. Sobre cuestiones banales como su provincia de origen, cosa que me da igual al desconocer la geografía camboyana, paso a temas más fundamentales cómo las características de su vello púbico y el de su amiga para centrarme luego en la generosidad o no de sus glándulas mamarias. Todo ello es mucho más ameno que su orfandad o la situación precaria en la que vive el resto de sus hermanos en el pueblo, algo que por ser yo un ser despreciable y ajeno al sufrimiento del prójimo, me la trae al pairo.





A medida que la conversación se hacía más distendida, parecía que empezaba a haber cierta complicidad, sin llegar a la ingenuidad del jovenzuelo que se cree que ha ligado por su cara bonita. Les propongo que cambiemos mi duro taburete en la barra por una mesa con sillas de resina mucho más cómodas, donde va usted a comparar. La cuestión es que debo abordar el tema crematístico, y eso hay que hacerlo en la intimidad, como Aznar con el catalán. Sin apenas percatarme, las copas de whisky van cayendo una detrás de otra, con ello sube mi autoestima y pierdo la capacidad de discernimiento entre cantidad aceptable, cantidad recomendable, cantidad inapropiada y cantidad totalmente desaconsejada, todo ello referido al instinto más básico.



Descarto el rehuso a la química moderna porque me siento de capaz de eso y más, momento eufórico del alochol, aunque siempre manteniendo la compostura. "¿El tema por cuánto sale?" espeto. En el fondo estamos en un bar de putas, no en el lobby del Ritz. "¿Las dos?" me responde interrogando. Breve momento de ligera duda. "Sí, sí, claro, las dos" momento cumbre de auotoestima. "Sesenta" me dice. "¿Dieciseis has dicho?" (este intercambio de palabras tiene su sentido en inglés) le respondo en tono jocoso. Se inicia una estrategia puramente comercial, ataco por el lado de la calidad del producto. "Antes me has dicho que la chupas y follas muy bien, igual que tu amiga. ¿Y eso quién te lo ha dicho?" Ante la aparente vergüenza que implica la respuesta (sería: "Es que soy muy puta") que le quita el encanto a la jovencilla que lleva pocos meses en la capital ganándose la vida para mantener a su familia, opta por una carcajada y una sonrisa. "Como me habéis caído bien las dos, os doy 10 a cada una". Cara de indignación, pero manteniendo las formas para no perder la venta. Para autoestimularme les pregunto inocentemente que qué harían conmigo, que yo no sé qué hacer con dos mujeres a la vez. "Lo mismo que con una pero dos veces", responde. Anda que se complica la vida la muchacha. Acostumbrado a Ebay, voy subiendo la puja un dólar por persona cada vez, hemos empezado a 10 per cápita y ya he cedido hasta los 15 cuando mi límite real lo he fijado en 20. Aprovecho entre puja y contrapuja para que me cuente historias de otros clientes, me divierte conocer las aficiones del prójimo. Se confirma lo que ya conocía hace tiempo, y es que los japoneses, tras su vida ceremoniosa ocultan un mundo de perversión. Me habla de un hombre que se llevó a 10 chicas pero que obviamente no cató ni la mitad, pero le divertía verlas circular desnudas por su habitación, sin duda una experiencia envidiable, a condición de que se hayan largado todas a la hora de dormir.




[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="La habitación del pecado"]Habitacion hotel camboya Phnom Penh[/caption]

La amiga está un poco de convidada de piedra por sus escasos conocimientos de inglés. No importa. La uso para meterle mano por sus entretelas mientras hablo con la que tiene la sartén por el mango. La negociación está ya en el límite. He llegado a 20 dólares, y además pago el hotel que son 5 dólares porque ni mi hotel acepta visitas ni quiero que las haya. En un último esfuerzo, subo a 21 $, y ya me sabe mal, no es un número redondo y no quiero que se malacostumbren con tarifas altas que están los japos y coreanos pagando por ahí, ya fastidiaron el mercado en Tailandia y ahora lo harán en Camboya. Les comunico mi intención de ir al baño. Sé que es un momento clave en el que las jóvenzuelas discutirán más a sus anchas, aunque yo no entienda camboyano, la situación actual del mercado. No en vano he alargado la negociación mientras observaba que los mercados extranjeros cerraban y daban por concluida la jornada. O era yo o nada. Vuelvo feliz del baño, doy el último sorbo a mi aguado whisky y les comunico que ya me retiro, que he llegado hoy y ando algo cansado. "Que sí, que vale" me dice una. "¿Que vale qué? ¿21 por cabeza?". Asienten. Lógico, nos hemos quedado casi solos y lo que queda no les resulta muy apetecible o ya lo han catado. "Camarero, otro whisky", craso error. Mientras me tomo mi última y fatídica copa seguimos charlando de banalidades que giran en torno al mismo tema: el sexo. Lo cierto es que no las tenía todas conmigo, jugaba pensando que no aceptarían. Es como cuando estás en una subasta y vas subiendo por subir, sin un interés real, y al final te encuentras con algo que no te desagrada pero de lo que habrías podido prescindir perfectamente.





Llegado el momento, me agarro los machos (metafóricamente), y les propongo que nos vayamos. Nos desplazamos en tuk tuk un par de centenares de metros hasta la pensión donde iba a cometer actos obscenos, o esa era mi intención. Pago los cinco dólares de la habitación, igual que un experto en la materia, que si pregunto la tarifa, ya me ven pardillo y me cobran el doble, lo digo por haber sido pardillo en estas lides durante mis primeros años en la Premier de los puteros de la liga camboyana.




[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="Una pecadora en el hotel del amor"]chica camboyana hotel del amor[/caption]

Como un equipo de Top Chef que se enfrenta a una prueba de equipo, cada uno en la habitación se reparte las tareas. Una comprueba el buen funcionamiento del aire y de la tele, otra verifica que el juego de toallas esté completo y los jabones que o acompañan también, yo me limito a supervisar tan magna operación. "¿Tienes dos condones?" oigo desde el baño. "Sí, sí, claro" ¿Qué iba a decir? Lo cierto es que mis esperanzas de cópula han ido bajando con los años, y llevar dos condones es tontería, llevo uno y es como amuleto de la suerte. Últimamente me he encontrado con cierta frecuencia tirando a la basura preservativos caducados, una auténtica humillación autoinfligida. Llevo uno y me lo regalaron, ni siquiera es comprado.





Hago una especie de simulacro de búsqueda para acabar confesando lacónicamente: "Sólo tengo uno". "Pues hacen falta dos porque cuando has terminado con una, tienes que cambiarte para empezar con la otra" me dice la chiquilla mientras pienso yo en mis adentros: "Espera a que termine con una ...". Como parece que la parte "hardcore" no va a ser tan "hard" por falta de material, vamos a hacer un poco de porno soft. Veo que la más jovenzuela está en la ducha, pues ni corto ni perezoso me ofrezco voluntario para echarle una mano, en el sentido más literal de la expresión. Me veo en la obligación de ayudarla a pasar la pastillita de jabón hasta por los recovecos más recónditos, cosa que parece no desagradarle demasiado a pesar de los saltitos que da de vez en cuando. Le pido que por reciprocidad me eche ella ahora una mano, pero a mí me basta con que le saque brillo al manubrio. ¡Venga! ¡Al tema! Los tres recién duchaditos nos encontramos en la misma cama. Espero unos segundos. ¡No hay guión, no hay guión! Las que se autopromocionaban como buenas folladoras en la modalidad de triathlón no saben por dónde empezar. Me improviso como director. "A ver, tú. ¿Tienes hambre? Pues a comer". Tras unos planos algo decepcionantes para que la película promete, pero ... empiezo a acordarme de la pastilla que no he querido tomar porque soy un "macho ibérico", y de las que me he tomado para pasar una noche relajada, tal vez demasiado relajada. "Parece que para llegar a V1 vamos a necesitar más metros de pista, capitán" son palabras que  resuenan en mi cabeza. (* V1 es la velocidad que debe alcanzar un avión para levantar el morro). Mientras una pone su empeño en que la travesía empiece bien la otra comienza a soltar risitas, momento que aprovecho para iniciar un magreo que la enmudezca un rato. Al mismo tiempo, eso me hace decidir que se va a llevar el lote de crema hidratante para la cara que siempre llevo conmigo.




[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="Viagra camboyana. Dicen que funciona ... por diez veces menos su precio"]Viagra camboyana rumbo tailandia[/caption]

Me incorporo. La nave nodriza se prepara se prepara para recibir al módulo de exploración. Pero estamos a punto de revivir "Gravity" de Sandra Bullock y George Clooney. La cosa empieza a chirriar, parece que el acople va a tener dificultades añadidas con los comentarios de la que me está tocando los testículos, en sentido figurado y literal, una auténtica proeza. Por otra parte, falta lubricación y el tema se tensa por momentos. "Deja el asunto en mis manos", le digo, también en sentido figurado y literal. Voy a recurrir a "la muerte súbita". Le digo: "Tú mírame y no muevas la cabeza". Se teme lo que pronto va a suceder. Mira a su amiga en busca de auxilio, pero ésta sigue a lo suyo. Es una paranoica del SIDA. "Me estás tocando y a lo mejor tienes una herida en un dedo y me contagias" me dice tan pancha, como si fuera yo el que tiene más probabilidades de haber contraído la enfermedad. "Mírame, tú mírame y no te preocupes de otra cosa". Primer tiro, sus ojos rasgados de china se ponen redondos. Empieza a cundir el pánico. Fuego a discreción. Tiene los movimientos limitados por mi peso. Pide auxilio, cosa que recrudece el ataque hasta que el polvorín se queda sin munición alguna. Tengo la impresión de que la muchacha está parafraseando a Linda Blair en "El exorcista" diciéndole a su amiga, mientras coge la primera toalla que encuentra a mano: "Mira lo que ha hecho el guarro de este tío". Mi carcajada no calma la situación. La otra feliz por haberse ganado 20 pavos por hacerme un tacto testicular durante un rato y obviamente haber sido el centro de mis chanzas toda la noche. Realmente, en estos casos, se pagan más las risas echadas y que una eyaculación atropellada.




[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="Camboya, un país de rima agradecida"]Herr Peter en camboya[/caption]

Me quedaba un día. La noche anterior en el "download" había habido muchos cortes, no había sido todo lo satisfactorio que requería la ocasión. Hoy iba a ser la noche. Hoy iba a probar una de estas pastillas tan estupendas de las que sólo oigo maravillas. Repetí el procedimiento de la noche anterior, pensé que tal vez me volvería a encontrar con el dúo de la noche anterior para poder reestablecer mi honor algo magullado por la triste actuación. Pero no, no había rastro de su presencia en le Martini, un problema de orden menor en este lugar. Una solitaria muchacha estaba sentada frente a mí en la barra del bar. Me miraba por momentos. Este tipo de locales cuentan con la ventaja de que no ha lugar a equívocos. Todos vamos a lo que vamos. Unas a cobrar y otros a pagar. La única duda, relativa, es el montante total. Con la cabeza, me pregunta si quiero que se acerque, de mismo modo le respondo. No puedo decir que iniciamos una larga conversación porque su inglés está al nivel de la media española, pero tampoco estoy allí para debatir la idoneidad de la presencia del ejército americano en Afganistán. La invito a sentarse cómodamente en una de las mesas del patio. Hay que tratar temas económicos y no quiero testigos de mi racanería. Entre sorbos de whisky y risas acordamos una tarifa justa: 22 dólares. Antes de que se me olvide, me tomo media pastilla de Cialis porque esta noche va a arder Phnom Penh, saltarán chispas, saldrá la banda municipal a festejar mi hazaña. Dejo pasar el tiempo para que la sustancia milagrosa llegue hasta mi sistema circulatorio, nada puede fallar.




[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="La Cialis camboyana ¿Pastilla milagro?"]La Cialis camboyana rumbo tailandia[/caption]

No noto nada pero el tiempo pasa. Los chistes mímicos ya se me han acabado. No se me ocurre más que decir: “¿Nos vamos?”. Me parece percibir un suspiro de alivio. Nos dirigimos al mismo hotel de la velada anterior. Parece que todo el protocolo habitual en estos casos sigue su curso. La emoción me embarga … tal vez demasiado … Nos encontramos juntos en el catre dispuestos a pasar una noche memorable, por lo menos para mí. Y sin duda, va a ser memorable. Le digo que cante con el micrófono que le tiendo, pero una balada, nada de rock duro. Va bien, la cosa se anima. La mozuela coge ritmo. Nos ponemos capuchón que llegan chubascos. Parece que el Tadalafil (el ingrediente activo del Cialis) está surtiendo efecto … Un momento … Houston, tenemos un problema. Parece que uno de los motores empieza a fallar. La mezcla de alprazolam, diazepam, tadalafil, whisky y algo más que anda por ahí ha resultado fatal para la misión. Regresamos a la base. Un repentino sopor me invade. Me quedo tumbado en la cama junto a la camboyana que no acaba de entender muy bien la situación. Retiramos las medidas de seguridad porque parece que han contribuido en el fracaso de la operación, y por otra parte, parece que no va a haber otra tentativa. Pero esto no puede quedar así. Estoy como una aeronave cargada de combustible, no puedo regresar sin haber descargado antes los depósitos. Nos ponemos manos a la obra. Hay desánimo en el equipo pero creo que lo conseguiremos, creemos en la remontada, nunca mejor dicho. Tras un esfuerzo considerable, se abre la escotilla. ¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor! Me ducho, me visto y cojo el primer tuktuk hacia mi hotel. La próxima vez tomaré la pastilla entera.




[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="La capital desde el río"]Phnom Penh rio rumbo tailandia[/caption]

No vamos a decir que salí de Camboya a hombros entre vítores y aplausos, eso sería engañar al lector, me atrevería a decir que se escucharon algunos pitos y algún abucheo. Pero no pasa nada, si esta temporada no he cortado orejas, la que viene será mejor.




[caption id="" align="aligncenter" width="450" caption="Tomando el aire por el río antes de regresar a casa"]Jovenes camboyanos por le río rumbo tailandia[/caption]



P.S.: Y que no suenen las alarmas y cunda el pánico porque hay gente que por ciertas informaciones periodísticas mal transmitidas o peor percibidas, se cree que en Camboya sóĺo hay menores prostituyéndose que cuando cumplen 18 el marcador se les vuelve a poner a cero y nunca llegan a la mayoría de edad.