<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-18876237</id><updated>2011-12-15T09:38:30.629+07:00</updated><category term='koh Samet koh Samed playa &quot;the Beach&quot; full moon party Bang Phe'/><category term='comisaría'/><category term='camboya'/><category term='visado'/><category term='Poipet'/><category term='tailandia  putas pattaya bangkok phuket  herr peter herrpeter'/><category term='mafia'/><category term='BKK'/><category term='delincuencia'/><category term='policía'/><category term='inmigración'/><category term='delincuentes'/><category term='Tailandia'/><category term='drogas'/><category term='tailandia travestis putas robos iphone pattaya bangkok phuket chiang mai herr peter herrpeter'/><category term='bangkok'/><title type='text'>VICISITUDES DE UN HIDALGO LLAMADO HERR PETER POR EL  ASIA ENTRE LOS AÑOS 2005-2011 P.D.</title><subtitle type='html'>UN DIARIO POLÍTICAMENTE INCORRECTO DE MIS PERIPLOS POR EL SUDESTE ASIÁTICO</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Herr Peter</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_TOlMhgJwUhQ/SMBZgi7JsmI/AAAAAAAAAAM/G5n3ZEMk5MY/S220/petronasavatar.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>33</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18876237.post-1042769026365389314</id><published>2011-10-29T09:23:00.000+07:00</published><updated>2011-10-29T09:24:11.222+07:00</updated><title type='text'>Un día en comisaría 4</title><content type='html'>Meto un par de sandwiches en un táper y unas cuantas physalis en otro. Me marcho a la comisaría, y prefiero llevarme la comida de casa, desde aquella noche en que por decir que sí a todo, me encontré en &lt;strong&gt;&lt;em&gt;"la cena del silencio atronador"&lt;/em&gt;.&lt;/strong&gt; Fue el año pasado cuando un agente, simpático el hombre, pero gangoso a su pesar, me dijo si quería cenar con ellos. &lt;strong&gt;Al no entender muy bien lo que me decía, pues asentí con la cabeza.&lt;/strong&gt; Suponía que no acababa de regalarle mi casa y mi coche por sólo decir que sí. Al cabo de una hora, emitiendo los sonidos que tanto le caracterizaban, me indicaba con las manos que la comida había llegado y que fuera a comer a la habitación de descanso que hay en la comisaría. Como nunca había estado en ese cuarto, pues &lt;strong&gt;me perdí por las dependencias policiales &lt;/strong&gt;y regresé a mi mesa. A los pocos segundos, volvía a hacer acto de presencia "mi amigo" insistiéndome para que fuera a comer. Me levanté e hice un amago de seguirle, para ver si de este modo me indicaba el lugar exacto. Lo obvio habría sido preguntar, pero ni yo le entendía, ni sé si él me entendía a mí. La cuestión es que tras unos minutos de titubeo, &lt;strong&gt;alcancé a dar con la habitación &lt;em&gt;del miedo.&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Viendo la vida pasar"&lt;img title="Viendo la vida pasar" src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/Dia_comisaria_4/261220101568(1).jpg" alt="Traductores" width="480" height="360" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Allí estaban los cuatro hombres de marrón. Encima de la mesa, varias bolsas de plástico con comida, algunos platos y unos pocos cubiertos. Silencio sepulcral. Saludo y me siento. Ellos siguen charlando. Echo un vistazo rápido, y no veo nada apetecible. Para ir descartando, pregunto qué hay que sea picante. De acuerdo, me quedo sólo con un 50% de la oferta. Intento entablar conversación, pero no se me ocurre ningún tema. Voy asintiendo con la cabeza, como si entendiera lo que están diciendo. Lo cierto es que entiendo palabras sueltas, pero mi cara es la de uno que lo entiende todo. Hay unas salchichas que parecen apetecibles. Primer bocado. &lt;strong&gt;"¿Pero esto qué es?"&lt;/strong&gt; pienso al instante. &lt;strong&gt;¿Alguien ha visto alguna vez salchichas dulces?&lt;/strong&gt; ¡Dios! Me meto una cucharada de arroz rápidamente para tragar este... llamémosle regaliz. Con unas verduras salteadas, un poco de arroz y caldo de una sopa que por ahí anda, me salgo del paso. &lt;em&gt;"Bueno, me vuelvo a la oficina que ya estoy lleno. Es que antes ya había comido"&lt;/em&gt; les digo mientras me levanto. Se quedan algo sorprendidos porque no permanezco disfrutando de semejantes ambrosías. &lt;strong&gt;Desde ese día no he vuelto a comer en la comisaría&lt;/strong&gt;, por lo menos la comida que a ellos les traen. Bueno, cuando traen pizzas, me presto voluntario para la degustación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; "Celebración del cumpleaños del Rey en comisaría"&lt;img title="cumple Rey" src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/Dia_comisaria_4/040120111465(1).jpg" alt="Celebración del cumpleaños del Rey en comisaría" width="480" height="360" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La desfachatez de la gente no tiene límites.&lt;/strong&gt; A principios del pasado mes de febrero, apareció por la comisaría un ciudadano africano con signos de estar malherido. Para más inri nos hacía saber que no tenía dinero, y dado que ésta es una historia que ya nos aburre por lo común que es, el hombre se lanzó a relatarnos una historia rocambolesca en la que &lt;strong&gt;el protagonista era un tigre que se paseaba por el barrio&lt;/strong&gt; de On Nut (barrio céntrico de Bangkok) de un lado a otro. Después de los curas, tengo la impresión de que los que más escuchamos historias pacientemente, somos los que pasamos horas en las comisarías. &lt;strong&gt;El fin último de su visita a las dependencias policiales era obtener algo de dinero&lt;/strong&gt;, un hecho harto frecuente. Después de prestar atención a los tigres y leones, le invitamos a que tomara el aire, literalmente. Se le acompañó hasta el exterior del edificio y se le dijo que esperara sentado, que &lt;strong&gt;cuando viera una cebra nos avisara&lt;/strong&gt;, no optamos por un elefante porque &lt;strong&gt;por Bangkok sí circulan paquidermos&lt;/strong&gt;, aunque ya menos últimamente. Ante la ausencia de fieras, al cabo de un tiempo, se levantó y no volvimos a saber nada de él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Un cajero automático en la comisaría siempre viene bien"&lt;img title="cajero" src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/Dia_comisaria_4/21032011399(1).jpg" alt="Un cajero automático en la comisaría siempre viene bien" width="269" height="480" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasados los años, he llegado a la conclusión de que &lt;strong&gt;las situaciones más surrealistas las encontramos en las dependencias policiales.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El 9 de febrero, alrededor de las 21 horas, se presentó &lt;strong&gt;un estadounidense, algo sudado, con aspecto cansado y algo desaliñado.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando se da una situación como ésta, &lt;strong&gt;la escena es siempre la misma&lt;/strong&gt;: una víctima entra en la oficina hablando desaforadamente a los tres o cuatro oficiales, que están enfrascados en sus quehaceres frente a sus respectivos ordenadores portátiles. Los uniformados ponen cara de póker, y de pronto, &lt;strong&gt;todas las miradas se dirigen hacia mí&lt;/strong&gt;. El extranjero porque ha visto a uno de su tribu, y los oficiales porque ven al que va a cargar con el muerto, mientras &lt;strong&gt;ellos pueden seguir investigando "crímenes cibernéticos"&lt;/strong&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Te están robando la cartera en el ascensor, muchacho."&lt;img title="robo cartera" src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/Dia_comisaria_4/robo%20al%20descuido(1).jpg" alt="Te están robando la cartera en el ascensor, muchacho." width="454" height="360" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siguiendo el ritual, invito a la persona a sentarse. En pocos segundos, &lt;strong&gt;no es difícil evaluar el estado mental de la persona que tenemos delante&lt;/strong&gt;. No me duelen prendas en reconocer que cuando mi interlocutor empieza a repetirse, yo empiezo a hacer la lista de la compra mientras asiento. A veces hay que esperar a que se desahoguen para poder intervenir y comenzar las preguntas. En otras ocasiones, parece que se llevan baterías de ion-litio de ocho celdas, y hay que recordarles que, a diferencia de ellos, nosotros tenemos un horario. Según se desprendía de sus palabras, &lt;strong&gt;su compañero de piso le había robado. &lt;/strong&gt;El hombre venía desde Samut Sakorn, una localidad situada a 30 kilómetros de Bangkok. La historia de se complicaba cuando aseveraba que la policía de la localidad no le hacía el menor, algo bastante significativo. Por si esto no fuera poco, había sido objeto de robo, por segunda vez, en el hotel donde se alojaba la noche anterior, y por si no fueran suficientes sus desgracias, &lt;strong&gt;había recorrido los 30 kilómetros a pie durante cinco días&lt;/strong&gt;, cosa nada agradable dado el clima tropical del país. Su primer destino en la capital, fue la embajada de EEUU, un auténtico búnker que se caracteriza por anular la señal de los teléfonos móviles en cuanto te aproximas&lt;strong&gt;. La indignación del yanqui era supina.&lt;/strong&gt; En la legación diplomática habían hecho suya la celtibérica frase: &lt;em&gt;"vuelva usted mañana".&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"El superintendente, se llama así..."&lt;img title="superintendente" src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/Dia_comisaria_4/040120111466(1).jpg" alt="El superintendente, se llama así..." width="480" height="360" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez más, nuestra labor no pasa de ser la de pañuelo de lágrimas, y una fuente de ánimos y buenos propósitos. &lt;em&gt;"Mire, nosotros no podemos hacer nada, pero para cualquier cosa que necesite, aquí estamos"&lt;/em&gt;, la frase que más utilizo. No quiere decir nada en el fondo, pero queda muy bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A uno no le gusta tener prejuicios, y más cuando se trata de nacionalidades o culturas, pero se dan situaciones en que los tópicos, dejan de ser tópicos para convertirse en señas de identidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Vista desde mi mesa"&lt;img title="desde mesa" src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/Dia_comisaria_4/IMG0122A(1).jpg" alt="Vista desde mi mesa" width="480" height="360" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rondaba también el mes de febrero cuando &lt;strong&gt;un ciudadano israelí&lt;/strong&gt;, judío por ende, acudió en busca de ayuda. Estaba algo magullado. &lt;strong&gt;Había sufrido un atropello, no por ningún miembro de Hamas,&lt;/strong&gt; sino por un vehículo que iba al modo tailandés. Su estado denotaba una necesaria intervención médica, si bien su vida no estaba en peligro. &lt;em&gt;"¿Quiere un médico?", "¿Necesita que llamemos a su familia o algún amigo?", "¿Desea denunciar al conductor?", "¿Se encuentra usted bien?". "No, no, no". &lt;/em&gt;No obteníamos otra respuesta. &lt;em&gt;"¿Qué podemos hacer por usted entonces?"&lt;/em&gt; me atreví a preguntar para salir de dudas de una vez. &lt;em&gt;"Me hace falta un documento para que el seguro me pague las gafas que se me han roto"&lt;/em&gt;. Bien, de acuerdo. En estos casos, se respira antes de proceder con los trámites burocráticos habituales, y por educación, uno no dice lo que piensa. &lt;strong&gt;¡Está a punto de perder la vida y se preocupa por el seguro de sus gafas!&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Que no se pierda la práctica"&lt;img title="practicas" src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/Dia_comisaria_4/050220111778(1).jpg" alt="Que no se pierda la práctica" width="480" height="360" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el papel en las manos, y pensando que el seguro le va a reembolsar, ya se puede ir tranquilo al hospital a ver si tiene una hemorragia interna que puede acabar con su vida en cuestión de minutos. &lt;strong&gt;¡Que venga Yahvé y lo vea!&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Las comisarías thais tienen algo mágico&lt;/strong&gt;, pero no en el sentido romántico de la acepción; las cosas aparecen y desaparecen por arte de birlibirloque. Una tarde del mes de febrero, &lt;strong&gt;se presentó por aquí un señor malí&lt;/strong&gt;. La noche anterior había sido arrestado. &lt;strong&gt;Su intención era recuperar su moto&lt;/strong&gt;, que por lo visto, había tenido que dejar en las dependencias policiales. La parte trasera del edificio es como &lt;strong&gt;un garaje de Mad Max&lt;/strong&gt;, hay de todo, no me extrañaría que un día se encontrasen restos humanos. Lo agentes tailandeses tienen vehículos oficiales, pero por lo  visto, no da para todos, cada uno quiere el suyo. ¿Solución? &lt;strong&gt;Moto requisada, moto utilizada&lt;/strong&gt;. Nuestro amigo de piel morena, se tiene que volver a casa como si fuera a San Fernando, un ratito a pie y otro caminando, como diría Manolo García en sus tiempos. &lt;strong&gt;No es la primera vez que me encuentro con el caso de motos "desaparecidas".&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Por si a alguno se le olvida el detalle"&lt;img title="drogas" src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/Dia_comisaria_4/Campanya_09(1).jpg" alt="Por si a alguno se le olvida el detalle" width="338" height="480" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el tiempo, me he percatado de que &lt;strong&gt;el ser humano pierde la vergüenza en forma directamente proporcional a los kilómetros que distan de su punto de origen.&lt;/strong&gt; Más de una vez he oído decir: &lt;em&gt;"Yo es que no soy así, pero es que aquí ..."&lt;/em&gt; . A la misma hora y el mismo día en que Tejero entraba en el Congreso de los Diputados, pasados 30 años, &lt;strong&gt;irrumpía en la comisaría un suizo&lt;/strong&gt;. &lt;em&gt;"Hola, buenas. No tengo dinero. ¿Me puedo quedar a dormir aquí?" "No".&lt;/em&gt; Siguiente. ¿Habría hecho lo mismo en Zürich? Lo dudo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Las series televisivas son muy entretenidas&lt;/strong&gt; y nos hacen pasar muy buenos ratos, &lt;strong&gt;pero por lo visto también tienen efectos algo perniciosos&lt;/strong&gt;, sobre todo entre la gente que tiene dificultad para discernir entre realidad y ficción. Los mayores productores son los norteamericanos, y por ello son probablemente los más afectados y perjudicados por los efectos colaterales. &lt;em&gt;"Quiero que vengan a tomar las huellas"&lt;/em&gt; decía una y otra vez la yanqui ese caluroso día del mes de febrero. Se le explica que la obtención de huellas dactilares no es un hecho baladí y que requiere un proceso. &lt;em&gt;"Sí, pero ¿cuándo van a  tomar las huellas?"&lt;/em&gt;. Llegados a este punto, hay dos posibilidades&lt;strong&gt;: el cabreo o el despeje. &lt;/strong&gt;Se opta por lo segundo. &lt;em&gt;"Mire, para eso tendrá que acudir usted al Cuartel General de la Policía Real Tailandesa".&lt;/em&gt; Así, con un nombre con más empaque que la comisaría de distrito, parece dársele más importancia al caso. Y de paso se manda la pelota al centro del campo mientras el árbitro pita el final del partido, &lt;strong&gt;y el ciudadano indignado se vuelve por donde ha venido.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Lista de fianzas a pagar según delito, disponible cerca del cajero."&lt;img title="fianzas" src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/Dia_comisaria_4/06032011296(1).jpg" alt="Lista de fianzas a pagar según delito, disponible cerca del cajero." width="269" height="480" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empezamos el mes de marzo con alegría. &lt;strong&gt;Llega detenido un ciudadano británico&lt;/strong&gt; arrestado por los agentes ante su negativa a mostrar su documentación, y mostrarse excesivamente agresivo. La dotación policial, había acudido al hotel en el que se alojaba porque &lt;strong&gt;"sencillamente" había arrancado de cuajo el aire acondicionado&lt;/strong&gt; de su habitación, y, por si no se había quedado a gusto, &lt;strong&gt;había prendido fuego a su cuarto&lt;/strong&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez puesto a buen recaudo, es decir en la celda, se procede a lo debería ser un interrogatorio y/o declaración por parte del encausado. Se intenta una aproximación a la bestia para ver cómo reacciona. Empieza a hablar o más bien a pronunciar palabras, en el mejor de los casos. Le da rienda suelta a su imaginación y sólo acierta a relatar historias rocambolescas sin pies ni cabeza. &lt;strong&gt;De repente comienza a emitir sonidos guturales.&lt;/strong&gt; Damos el caso por perdido, pero consta en acta que se ha intentado hacer lo mejor posible. Si lo que le viene en gana es pasar una temporada en el &lt;strong&gt;"Bangkok Hilton"&lt;/strong&gt;, eso ya es cosa suya. &lt;strong&gt;Mal país ha escogido para hacerse el loco&lt;/strong&gt; y quedar eximido de responsabilidad aduciendo enajenación mental, tanto transitoria como permanente. Si ha sido capaz de comprar un billete de avión, viajar y entrar en el país, muy loco no creo que esté, por lo menos hasta el punto de no poder explicar nada congruente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente, viene por estas oficinas un ciudadano germano a denunciar la pérdida de su pasaporte por parte del establecimiento que le ha alquilado una moto. Lo que a mí me parece es que &lt;strong&gt;la moto se la han vendido&lt;/strong&gt;, en sentido figurado, obviamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;El pasaporte es el ÚNICO documento válido para permanecer en territorio tailandés.&lt;/strong&gt; Cualquier DNI, permiso de conducir o identificación que se quiera, tiene la misma validez que el carnet de socio del Getafe. Los policías tailandeses, al igual que los españoles o los del país que se quiera, no conocen, ni tienen por qué, cómo son los documentos nacionales de identidad de todo el mundo. Si a ello le añadimos el detalle de que en este país, &lt;strong&gt;por unos pocos euros, se pueden hacer permisos de conducir, carnets de prensa, &lt;/strong&gt;etc. pues más lógico es considerar el hecho de que &lt;strong&gt;el pasaporte no se suelta ni con aguarrás hirviendo&lt;/strong&gt;. Si no nos quieren alquilar la moto o lo que sea, pues se va a otro lugar, pero el pasaporte hay que llevarlo siempre consigo, o bien tenerlo a buen recaudo. &lt;strong&gt;Nadie se imagina los perjuicios que se pueden sufrir por usurpación de personalidad.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca hay que perderle el respeto a nadie, y menos a un venerable anciano, pero hay ocasiones en las que uno se lo plantea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa mañana del mes de marzo, se presentó en comisaría un amable hombrecillo norteamericano de 66 años, por un pequeño percance acaecido la noche anterior. El día de autos, &lt;strong&gt;nuestro amigo conoció a una mujer que casualmente era masajista&lt;/strong&gt;. Ni corto ni perezoso, invitó a la dama a sus aposentos para que ejerciera. Su objetivo no era otro que el de gozar de un buen masaje terapéutico. Descontenta con su remuneración, que consideraba insuficiente, &lt;strong&gt;la dama le ofreció todos sus encantos&lt;/strong&gt; para animar al caballero a aumentar sus emolumentos. Éste, conocedor de la ilegalidad e inmoralidad de los hechos, se negó en rotundo. La dama, lo consideró una afrenta, y como venganza, &lt;strong&gt;desposeyó al caballero de todos sus bienes.&lt;/strong&gt; Ya nadie respeta a los caballeros que no quieren mancillar el honor de las damiselas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mismo día que el yanqui fue objeto de robo, un alemán acudió presuroso a la policía para denunciar que una estatuilla de Buda que había comprado en la calle Soi Convent era falsa&lt;strong&gt;. ¡Oh Dios mío! ¡Una falsificación en Tailandia! ¡No es posible! ¡Llamen a interpol, la CIA, el FBI, a las fuerzas especiales!&lt;/strong&gt; Hay ocasiones en las que encerraría a algunas víctimas por tontas, para que reflexionaran un rato. Además, teóricamente, &lt;strong&gt;está prohibido sacar figuras de Buda del país&lt;/strong&gt;, aunque hay quien dice que sólo si son antigüedades, pero todo es relativo en esta tierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Los japoneses son muy peculiares&lt;/strong&gt;. Pusieron tanto empeño en desarrollar la tecnología y en ser un país puntero, que &lt;strong&gt;a la hora de aprender idiomas, ya no tenían ganas de nada&lt;/strong&gt;. Por ello, a no ser que contemos en ese momento con un intérprete de japonés, nuestra labor es algo ardua. Sin embargo, en el caso que se nos presentó ese día todo estaba bastante claro. Al señor Yoshimura (nombre inventado, pero que me hace gracia), le habían robado la cartera, con tan mala fortuna que en apenas media hora &lt;strong&gt;le habían desaparecido de su cuenta 600.000 yenes (unos 5.200 euros).&lt;/strong&gt; Afirmaba que saliendo de un Mac Donalds situado en Sukhumvit, se había percatado de que le faltaba la cartera. Seguimos el procedimiento estándar. Se le insta a que llame a su banco para cancelar las tarjetas, y de paso nos facilite los datos del lugar en el que se han hecho los cargos a su cuenta. Nos da un nombre. Introducimos la información en la base de datos (entiéndase Google, que aquí no hay para más), y &lt;strong&gt;nos sale un karaoke&lt;/strong&gt; no muy alejado del lugar de la sustracción. Algunas cosas no me cuadraban. &lt;strong&gt;Si el hombre venía del Mac Donalds ¿por qué olía a whisky? ¿Existe la Mac Chivas?&lt;/strong&gt; El hombre se mostraba ciertamente preocupado, pero lo que los ingleses llaman el &lt;em&gt;"timing"&lt;/em&gt; (la correlación de los hechos en el tiempo), no se ajustaba demasiado. ¿Por qué esperó dos horas y media hasta denunciar lo sucedido? ¿No habría estado esas horas pimplando el whisky él y sus amigos junto a las acompañantes que se ofrecen en los karaokes de estos lares? Tengo la impresión de que una vez más, &lt;strong&gt;la ira de una esposa enfurecida podía con el hombre&lt;/strong&gt;, y una denuncia policial podía mitigar el asunto. No era la primera ni será la última vez que se cursan &lt;strong&gt;denuncias para justificarse ante la pareja&lt;/strong&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a name="id.102118743c30"&gt;&lt;/a&gt;Los neozelandeses son bastante asiduos de la comisaría. Se caracterizan por tener un acento que se hace algo duro para el oído. El hombre, que nos ocupa ahora, llegó a la oficina como si estuviera perdiendo el último autobús de la noche. &lt;strong&gt;Atropelladamente se dirige a un oficial relatándole todo lo que le acababa de sucederle&lt;/strong&gt;. Se vuelve a producir ese cruce de miradas que significan: &lt;strong&gt;&lt;em&gt;"Este, pa'ti"&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;. &lt;em&gt;"Venga usted aquí y acomódese. ¿Tiene usted su pasaporte?"&lt;/em&gt; Lo del pasaporte es superfluo e innecesario de entrada, pero queda bien y me gusta curiosear en la vida de la gente, saber si llevan bien los años, por dónde se han paseado, echar unas risas con la foto, etc etc. &lt;strong&gt;El hombre acababa de llegar de Pattaya en autobús.&lt;/strong&gt; En la estación de On Nut había tomado un taxi para dirigirse a su hotel, sito en el soi 6 de Sukhumvit. Para no desvelar su lugar de residencia (sic) le había pedido al taxista que se parara unos metros antes de llegar a la entrada del soi (callejón). &lt;strong&gt;El hombre baja del vehículo, y éste arranca con todo el equipaje dentro,&lt;/strong&gt; dejando al neozelandés compuesto y sin ninguna de sus pertenencias, entre las que se encontraba un anillo valorado en 160.000 bahts (unos 4000 euros) que le iba a entregar a su novia para pedirla en matrimonio. Mal comienzo para el matrimonio. &lt;strong&gt;Le hago repetir un par de veces la historia porque no la entiendo&lt;/strong&gt;. No entiendo la paranoia respecto al hecho de que el taxista sepa donde se aloja, no entiendo cómo puede marcharse un taxi a toda velocidad por una calle que a esa hora está colapsada por el tráfico, no entiendo muchas cosas, pero sí entiendo que el efecto sorpresa y la estupefacción puede dejar sin reacción a las personas. La víctima esperaba como el último hilo de esperanza, que el taxi hubiera tenido que marcharse empujado por el tráfico, pero que volvería ...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Curiosamente, la misma mañana había leído en el Bangkok Post que estaban proliferando &lt;strong&gt;taxistas falsos que se dedicaban a atracar a la gente&lt;/strong&gt;, que no se asuste el lector, no es práctica habitual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;No puedo reprimir el sentir algo de pena por este hombre&lt;/strong&gt; porque, en los ratos muertos, mientras la denuncia pasa de una mesa a otra, las víctimas suelen contarme su vida, y hay casos en los que uno llega a pensar si sobre ciertas personas se cierne una conjura de la vida para amargarles la existencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Nos debemos a este escudo, cuando estamos en Tailandia"&lt;img title="police logo" src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/Dia_comisaria_4/230px-Royal_Thai_Police_logo(1).jpg" alt="Nos debemos a este escudo, cuando estamos en Tailandia" width="230" height="236" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Similar suerte fue con la que se topó &lt;strong&gt;un canadiense amante de la juerga y de las mujeres&lt;/strong&gt; en especial. El hombre venía a denunciar a dos filipinas que le habían drogado y robado en Times Square (el de Bangkok, no el de Nueva York).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vamos a ver. Creo que ya es hora de que los hombres pongan los pies en tierra, se miren a un espejo, y disciernan lo posible de lo imposible, que vean dónde está &lt;strong&gt;la línea que separa el mundo real con el de la fantasía.&lt;/strong&gt; Por mucho que se aleje uno de su paíss de origen, el ser humano sigue siendo igual. Los kilómetros no hacen buenas a las personas, y entre las características que diferencian unas razas de otras, no está la bondad de una frente a la maldad de las otras. &lt;strong&gt;¿De verdad podía creerse el "homo canadiensis" que su hermosura era tal que dos hembras se habían sentido irremediablemente atraídas por él? &lt;/strong&gt;&lt;em&gt;"Torre llamando a Canadian Airways, torre llamando a Canadian Aiways. ¡Aterrice YA!"&lt;/em&gt; pensaba yo mientras le escuchaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He llegado a una conclusión. Los que quieren sufrir mal de amores, vienen a Tailandia atraídos por los cantos de sirena, si no, no me explico por qué me encuentro con tanta gente que sufre por alguien que en su país ni miraría a la cara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy ha venido un ruso a contarnos sus penas. Ayer por la noche, &lt;strong&gt;el amor de su vida (una chica de bar) le abandonó.&lt;/strong&gt; El hombre está desesperado y ha venido a contárnoslo. Lo cierto es que no sé muy bien que puede hacer la policía ante el caso de una mujer despechada que decide abandonar a un hombre sin incurrir en delito alguno. &lt;strong&gt;Lo único que está a nuestro alcance, es cumplir la función de señorita Francis&lt;/strong&gt; mientras no haya nada más importante que hacer. Y parece que la función de pañuelo de lágrimas de los que estamos en una comisaría va pasando de unos a otros, porque al día siguiente, es un británico el que viene a pedir nuestra intercesión para solucionar un problema con su esposa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Los delitos, por desgracia, para muchos, no dejan de ser más que una estadística.&lt;/strong&gt; De ésta se puede hacer un &lt;em&gt;ranking&lt;/em&gt; de tipos de delito, tipos de delincuente, y todo lo que queramos ver reflejado en una hoja de Excel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La enhorabuena del día se la lleva un ciudadano kuwaití&lt;/strong&gt; que ha conseguido juntar en el mismo delito a dos &lt;em&gt;"TOP number 1"&lt;/em&gt;, &lt;strong&gt;dos clásicos : los Iphone y los travestis&lt;/strong&gt;. Los primeros son los más robados, y los segundos, los que más roban, por lo menos en Tailandia. Porque cuidado, no quiero que ahora me interpongan una querella los travestis españoles o me monten &lt;strong&gt;una acampada de "travelos indignados"&lt;/strong&gt; frente a mi vivienda en España.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasar horas y horas en una comisaría ayuda, sin duda, a conocer mejor a los seres humanos. Y desde luego, lejos de ser aburrido, sabes a ciencia cierta, que si el caso de hoy te sorprendió, el de mañana te sorprenderá más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18876237-1042769026365389314?l=herrpeter200506.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/feeds/1042769026365389314/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=18876237&amp;postID=1042769026365389314' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/1042769026365389314'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/1042769026365389314'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/2011/10/un-dia-en-comisaria-4.html' title='Un día en comisaría 4'/><author><name>Herr Peter</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_TOlMhgJwUhQ/SMBZgi7JsmI/AAAAAAAAAAM/G5n3ZEMk5MY/S220/petronasavatar.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18876237.post-2538899513054503113</id><published>2011-03-26T22:08:00.004+07:00</published><updated>2011-03-26T22:43:36.776+07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='drogas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='koh Samet koh Samed playa &quot;the Beach&quot; full moon party Bang Phe'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='tailandia  putas pattaya bangkok phuket  herr peter herrpeter'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='BKK'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='mafia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='bangkok'/><title type='text'>La isla del capitán Peter</title><content type='html'>&lt;div class="mceTemp mceIEcenter" style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;¿Os acordáis de Righeira? Sí, era ese grupo de los 80 que cantaba aquello de &lt;em&gt;Vamos a la playa, wo uo uo uo&lt;/em&gt;. Pues eso, les he hecho caso y me he ido unos días de playa. Por si alguien lo desconoce, Bangkok tiene una gran oferta lúdica, pero carece de costa, y el río que la divide en dos, no invita precisamente al baño.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;Pero el problema no es grave. A un par de horas en autobús uno puede empezar a &lt;strong&gt;gozar de las aguas del golfo de Siam&lt;/strong&gt;. Para esta escapada he elegido Koh Samet, un islote de menos de 20 kilómetros en su parte más ancha, pero que dispone de más de una docena de playas de fina arena blanca, con su respectiva oferta complementaria.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;Se trata de un parque natural protegido que, por lógica, no podría acoger ninguna construcción y mucho menos alojamientos y negocios turísticos, pero estamos hablando de Tailandia y todo lo que ello conlleva.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img title="Entrada Koh Samet" src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/isla%20tesoro/DSC08689%282%29.JPG" alt="Entrada al parque natural de Koh Samet" height="338" width="450" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;Este tipo de viajes tiene un pequeño inconveniente: hay que madrugar. El madrugón va en contra de mis principios, pero hay ocasiones en las que debo doblegarme ante las circunstancias. Con el sol asomando entre los edificios de la ciudad, el taxi me lleva hasta la estación de autobuses. No hay prisas, sale uno cada hora. Pago unos 300 y pico bahts (8 euros) por un billete de ida y vuelta a Bang Phe, el puerto del que salen los barcos que transportan a los turistas hasta la isla.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img title="Puerto" src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/isla%20tesoro/DSC08670%282%29.JPG" alt="Bonito sí, cómodo no." height="338" width="450" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;No sé si porque es jueves o es que es demasiado pronto, pero el autobús no tiene aforo completo, y el 80 por ciento son extranjeros, sobresaliendo las suecas, en número y en volumen. &lt;strong&gt;Me pregunto si quedan suecos en Suecia&lt;/strong&gt;, me los encuentro por todos lados, y no son una población precisamente abundante.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;span style=";font-family:Times New Roman;font-size:small;"  &gt;El trayecto hasta el puerto lo paso dormitando mientras echan por el televisor del autobús la película &lt;em&gt;Ong Bak 3&lt;/em&gt;, un bodrio impresionante, heredero de la algo más aceptable &lt;em&gt;Ong Bak&lt;/em&gt;. No hay quien aguante casi dos horas de artes marciales, y los diálogos se escribieron seguramente en la servilleta de papel de algún chiringo de los que tanto abundan por estos lares. Cada vez que abro los ojos sólo veo a un tipo que hace mucho que no pasa por la ducha y se esfuerza en hacer ejercicios propios del siempre &lt;strong&gt;añorado &lt;em&gt;ballet ZOOM&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="" lang="EN-US"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img title="Recaudador" src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/isla%20tesoro/DSC08730%282%29.JPG" alt="Para disfrutar, hay que pagar" height="338" width="450" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;Nos detenemos justo frente al embarcadero. Me preparo para lo peor. En Tailandia son amantes de los olores fuertes (menos el del queso), y una de sus aficiones es poner a secar el pescado al sol. Como puede suponer el lector, al margen del espectáculo de los peces momificados, hay que contar con un olor que bien podría ser calificado de arma química. Pero no, para mi sorpresa sólo me encuentro con el viejo y destartalado embarcadero que dejé atrás hace 15 años, la última vez que estuve por aquí.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;Por lo que veo en la “sala de embarque” (unos tablones de madera), aquí se lleva &lt;strong&gt;bastante el “rollo bollo”&lt;/strong&gt;, cosa que confirmaré más adelante una vez llegado a la ínsula. &lt;strong&gt;¿Estoy en la isla de Lesbos versión thai?&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img title="barco Samet" src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/isla%20tesoro/DSC08961%282%29.JPG" alt="¡Ay! ¡Que me mareo!" height="338" width="450" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;Un grito ininteligible de un thai nos indica que &lt;strong&gt;es hora de subir a bordo&lt;/strong&gt;. Nada de sofisticaciones, un par de &lt;strong&gt;tablones con cuatro clavos oxidados&lt;/strong&gt; se emplean a modo de pasarela. La precariedad de la plataforma y los vaivenes del mar hacen presagiar la &lt;strong&gt;tragedia en cualquier momento&lt;/strong&gt;, sobre todo por lo que se refiere a mi persona. No soy especialmente torpe, pero esto es más propio del &lt;strong&gt;&lt;em&gt;“Gran Prix”&lt;/em&gt; de Ramón García&lt;/strong&gt; que de un lugar visitado por miles de turistas al año. Tal vez quieran mantener el encanto, o simplemente se resisten a reinvertir un baht, me inclino por lo segundo. Aquí, el asunto de los minusválidos, no lo llevan muy bien, o mejor dicho, no lo llevan. El que tenga alguna discapacidad física, se tiene que buscar la vida, no sólo para subir a bordo sino para moverse por cualquier centímetro cuadrado del país.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;Toque de sirena y zarpamos rumbo a la aventura. Desde niño he sido muy sensible a los balanceos en el medio marino. Me agarro a la tabla que me sirve de asiento y miro a la lejanía oteando el horizonte como un viejo lobo de mar, espero mantener la pose el máximo de tiempo posible, y no hacer el ridículo frente a las vikingas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;Pasada media hora, ya se divisan siluetas humanas por los aledaños de la “estación marítima”, ya ha pasado lo peor, el donut y el té se han quedado en su sitio.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img title="playa" src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/isla%20tesoro/PICT0456%282%29.JPG" alt="No es un decorado" height="338" width="450" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;¿Como parque natural, el pago de entrada es obligatorio. 40 bahts (1€) para los thais, 200 (5€) para los demás, una vez más hacen gala de su sentido de la equidad y quintuplican nuestro valor. Gracias. El sistema de cobro es algo rudimentario, un tipo uniformado &lt;strong&gt;como los guardias que perseguían al oso Yogi por Yellowstone&lt;/strong&gt;, con un fajo de billetes en la mano, va vendiendo las entradas a todos los que no tienen el aspecto de ser thais. Llego con el “pick-up” y el conductor me señala donde se encuentra mi hotel. Empiezo a caminar &lt;strong&gt;como &lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="apple-style-span"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style=";font-family:'Times New Roman','serif';font-size:12pt;color:black;" lang="ES"   &gt;&lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ingvar_Kamprad"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 255);"&gt;Ingvar Kamprad&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style=";font-family:'Times New Roman','serif';font-size:12pt;" lang="ES"  &gt; por IKEA&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;span style=";font-family:'Times New Roman','serif';font-size:12pt;" lang="ES"  &gt; y no sé por qué suerte de lotería mi paso por el pórtico que delimita la zona de pago no resulta perceptible al uniformado. Le digo a la persona que me acompaña: “Vista al frente y paso ligero, &lt;em&gt;ma non troppo&lt;/em&gt;”. La providencia quiere que me ahorre 240 bahts, será que algo me tiene reservado.&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:'Angsana New','serif';font-size:14pt;" lang="ES"  &gt; &lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:'Times New Roman','serif';font-size:12pt;" lang="ES"  &gt;En dos minutos llegamos al hotel. Tenemos el primer contacto en recepción con &lt;strong&gt;una gente que no es consciente de que vive del turismo&lt;/strong&gt;, parece que &lt;strong&gt;nuestra presencia les molesta&lt;/strong&gt;, y así lo hago constar en la reputada &lt;a href="http://www.tripadvisor.com/Hotel_Review-g641720-d1309194-Reviews-Saikaew_Villa-Koh_Samet.html"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 255);"&gt;página de crítica hotelera Tripadvisor&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;. Supongo que se estarán acordando de parte de mi familia. Pero nuestros desencuentros no hacían más que empezar. A la mañana siguiente de nuestra llegada, harto de los ruidos de la habitación. Me presento en recepción y explico el “problemilla”. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img title="Yes Sir" src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/isla%20tesoro/PICT0377%282%29.JPG" alt="Señor. ¡Sí Señor!" height="338" width="450" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=";font-family:'Times New Roman','serif';font-size:12pt;" lang="ES"  &gt;&lt;em&gt;“Tiene ustedes allí arriba, junto a mi ventana, un aparato que parece ser una bomba de un depósito de agua que no para de conectarse y desconectarse toda la noche”&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:'Times New Roman','serif';font-size:12pt;" lang="ES"  &gt; le explicamos al tipo de recepción. Sin apenas desviar la mirada de la pantalla del ordenador, el hombre me da la razón: &lt;em&gt;“Sí, allí hay un depósito de agua”&lt;/em&gt;. &lt;strong&gt;Y sigue tan pancho trabajando&lt;/strong&gt; o haciendo lo que hiciera en ese momento. Mi acompañante, me repite lo mismo que ha dicho el pavo: &lt;em&gt;“Es lo que te decía, es un depósito con motor”&lt;/em&gt;. Y tan pancha toma el camino de la playa. &lt;em&gt;“¡Quieto todo el mundo! ¿Cómo que ya está? Estoy pagando 45 euros por noche y tengo una habitación con una ventana que no se puede abrir y un ruido insoportable. &lt;strong&gt;Quiero una solución ¡YA!&lt;/strong&gt;”&lt;/em&gt; En Tailandia, cuando ven a un extranjero que empieza a ponerse nervioso, suelen reaccionar. Dejan su actitud Zen y se ponen un poco las pilas. Medio susurrando, se oye una voz desde detrás del mostrador: &lt;em&gt;“Si quieren les podemos cambiar de habitación...”.&lt;/em&gt; &lt;strong&gt;¡Hostias!&lt;/strong&gt; No podía haber empezado por ahí.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img title="china al sol" src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/isla%20tesoro/DSC08607%282%29.JPG" alt="Los lunes al sol" height="338" width="450" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;Más vale que me vaya a la playa a disfrutar del día porque si no, acabaremos mal. &lt;strong&gt;¡Habrase visto tanto mentecato junto!&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style=";font-family:'Times New Roman','serif';font-size:14pt;" lang="ES"  &gt;Me apalanco en una tumbona junto a la orilla, no lejos del hotel de los bobos. A los pocos segundos aparece &lt;strong&gt;&lt;em&gt;“el encargao”&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;“Son 50 bahts” suelta el hombre. “Hola, buenos días. &lt;em&gt;¿Tiene miedo de que salga corriendo con mis bolsas, las sillas, la sombrilla, la mesa y un poco de arena en los pies o qué?&lt;/em&gt; Le digo, con el humor que traigo después de discutir con el &lt;strong&gt;&lt;em&gt;“atontao”&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; de recepción.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img title="kids under sun" src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/isla%20tesoro/DSC08712%282%29.JPG" alt="Esto es una buena protección solar" height="338" width="450" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style=";font-family:'Times New Roman','serif';font-size:12pt;" lang="ES"  &gt;El hombre se ríe por ver a un occidental hablar de esa manera, pero ahí sigue clavado en espera de los cuatro reales que le tengo que dar. Algo me queda claro. Ante tanta premura en el cobro de este bien intangible como es el uso del mobiliario, me abstendré de efectuar cualquier consumo en su negocio. ¡Vaya con el avaricioso presuroso! &lt;strong style=""&gt;¡Que le den! &lt;/strong&gt;He amanecido bien. Me relajo y contemplo como van desfilando los rusos, uno detrás del otro delante de mí. Me duele la espalda sólo de pensar cómo tendrán la espalda esta noche. &lt;strong style=""&gt;Su piel lechosa hace que yo parezca mozambiqueño.&lt;/strong&gt; ¡Madre del amor hermoso! ¿Dónde va esta gente sin una simple camiseta? Si de todas formas, morenos no se van a poner nunca.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img title="chino al sol" src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/isla%20tesoro/DSC08847%282%29.JPG" alt="... y luego, así te quedas" height="338" width="450" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;La relativa tranquilidad de una playa sobreexplotada se ve &lt;strong&gt;interrumpida por una estampida infantil&lt;/strong&gt;. Un batallón de tiernos infantes toma al asalto el litoral. Una escuela thai ha decidido pasar el día haciéndoles compañía a inocentes turistas como yo. Es fácil adivinar su origen porque no dejan un centímetro de piel a la vista, no tanto por el miedo a que la melanina se ponga a cien revoluciones, sino por el paradójico pudor imperante en &lt;strong&gt;el país conocido por el “ping-pong show”.&lt;/strong&gt; Lo que me preocupa al ver a la chiquillería tan abrigada, es una cuestión de seguridad. Tanta ropa empapada sólo pude llevarlos a las profundidades marinas, como Leonardo De Caprio en &lt;em&gt;Titanic&lt;/em&gt;, igualito que un cuerpo plúmbeo e inerte. Algunas niñas llevan sujetador, camiseta para que no se vea el sujetador (que se ve), y bañador estilo buceador del ártico. &lt;em&gt;“¿Para qué tanto lastre, criaturas? Si por mucho que os tapéis, acabaréis pasando por donde pasamos todos: LA PIEDRA.”&lt;/em&gt;. Y no me refiero a los hermanos La Piedra ni a la señora de Estrada (la del señor Pipi).&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img title="Peter on the sea" src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/isla%20tesoro/DSC08619%282%29.JPG" alt="¡Que voyyyyy!" height="338" width="450" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;Bien embadurnado para que los rayos UVA, UVB y los del plutonio empobrecido de &lt;strong&gt;las radiaciones de un ataque nuclear de Corea de Norte&lt;/strong&gt; no me causen el menor sarpullido, me sumerjo en las cálidas aguas del Pacífico, una calidez del agua algo sospechosa al estar rodeado de tanto niño.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;Tras varios revolcones en la orilla y con las fosas nasales bien despejadas por toda el agua marina que ha pasado involuntariamente por ellas, regreso a mi hamaca a ver las mozuelas pasar. Mientras hago, para mí mismo, análisis pormenorizados de todo ser viviente del sexo opuesto en edad de merecer que pasa por delante de mí, detecto unos &lt;strong&gt;movimientos extraños en la orilla&lt;/strong&gt; a unos 30 metros. Una moto acuática parece haber tomado vida propia y se ha rebelado contra sus captores que la obligan a pasear turistas en su lomo. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;span style=";font-family:Times New Roman;font-size:small;"  &gt;Si en los países civilizados, estas armas cargadas por el diablo, han creado cierta polémica relativa a su empleo, imagine el lector como anda Tailandia respecto a legislación relativa al uso de estos vehículos. &lt;strong&gt;Un cuadernillo Rubio tiene más contenido&lt;/strong&gt; que el compendio &lt;strong&gt;legislativo&lt;/strong&gt; thai en materia de actividades lúdico-marítimas. Por otro lado, no hace mucho, saltó la polémica en relación a las estafas que sufren los turistas de manos de las mafias que se ocupan del alquiler de dichos artefactos. A diferencia de otras, en esta ocasión, &lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=zsPuoaktoAw"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 255);font-family:Times New Roman;font-size:small;"  &gt;la fechoría quedó grabada&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt; para la posteridad, y para &lt;strong&gt;el disfrute de todos a través de YouTube&lt;/strong&gt;. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img title="tumbona&amp;amp;Peter" src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/isla%20tesoro/280120111743%282%29.jpg" alt="A vivir que son dos días" height="338" width="450" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;Con el humor negro que me caracteriza, le digo a mi acompañante: &lt;em&gt;“Mira, mira. Había un niño jugando en la orilla, y ya no está, jeje”.&lt;/em&gt; Pensando que es uno más de mis delirios, no me hace mucho caso y sigue tomando el sol&lt;em&gt;. “Oye, oye. Que había un niño jugando con sus amigos, ha aparecido una moto y creo que &lt;strong style=""&gt;el niño está debajo&lt;/strong&gt;, jeje”,&lt;/em&gt; le insisto. Me sigue haciendo el caso habitual. Pero yo sigo disfrutando del espectáculo. Uno de los responsables de los vehículos malditos se precipita y mete sus manos debajo de la moto, que está prácticamente sobre la costa. Es decir que el muchacho no está simplemente bajo la moto, sino entre la moto y la arena. Pasan los segundos y de allí no sale nadie. Mi enfermiza mente me hace disfrutar del momento, tal vez porque, en el fondo, sé que no sucederá nada grave. Sin embargo, se debe reconocer que es impresionante ver cómo de pronto el angelito está y por arte de &lt;strong style=""&gt;David Copperfield&lt;/strong&gt;, bueno, de &lt;strong style=""&gt;Yamaha&lt;/strong&gt;, el protagonista involuntario desaparece súbitamente. Pasados los primeros momentos de desconcierto, surge, cómo de la nada, el chaval con el aspecto de haber estado toda la noche de copas, jajaja. &lt;strong style=""&gt;No sabe dónde está la izquierda ni la derecha, como Zapatero&lt;/strong&gt;. Sale del agua dando tumbos y riendo, no sé si por los nervios o porque ha disfrutado de la peculiar experiencia. No todo el mundo puede decir que ha sido atropellado por una moto acuática.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;El que más aliviado se queda es &lt;em style=""&gt;“el encargao”&lt;/em&gt; que ve cómo se libra de una buena. Mi acompañante se cae de la parra y me pregunta: &lt;em style=""&gt;“¿Qué ha pasado?”&lt;/em&gt;. &lt;em style=""&gt;“Nada, nada, que casi se queda una plaza libre en el hotel”&lt;/em&gt;, le respondo mientras observo cómo atan con diversos cabos la pobre moto para que no se vuelva a rebelar.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img title="ahaan" src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/isla%20tesoro/DSC08782%282%29.JPG" alt="De fino paladar" height="338" width="450" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;Pasado el mediodía, después de sufrir las inclemencias del sol tropical, se impone disfrutar de un pequeño retiro en la habitación, la nueva habitación. &lt;em&gt;“Me voy a echar 20 minutos”&lt;/em&gt; le digo a mi sufrida acompañante. &lt;strong&gt;Los 20 minutos se tornan en 150.&lt;/strong&gt; Está claro que el sol tiene efectos soporíferos, pero en mi caso la cosa toma tintes exasperantes para quien me acompaña. Cuando me quiero dar cuenta, el sol ya se ha puesto. Es hora de echarle algo al buche. Por lo que he visto durante las horas de luz, la playa cuenta con numerosos establecimientos de restauración que en su mayoría presenta como mayor reclamo el marisco. &lt;strong&gt;¿Marisco del Pacífico a alguien que se ha criado en España?&lt;/strong&gt; Mal asunto. Tampoco es cuestión de pedir carne de caza. Pero el marisco no va a ser el centro del menú. El problema básico del marisco en Tailandia, reside en que no les gusta el sabor a mar que pueda tener el animal. Por lo tanto, &lt;strong style=""&gt;limpian el bicho cinco veces hasta que pierde cualquier atisbo de origen marino&lt;/strong&gt;, una gamba se convierte en..., en..., en un trozo de caucho alargado que parece..., no sé algo muy raro, alargado y de caucho. &lt;strong&gt;&lt;em&gt;“Para eso están las salsas”&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;, me dicen los thais para justificar su sacrilegio culinario. Claro, luego resulta que la renombrada cocina thai se limita a cuatro sabores, sin importar si en el plato tenemos pollo, ternera, pescado, cerdo, gambas o fideos. &lt;strong style=""&gt;Todo sabe a la salsa que le hayan querido echar.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img title="Samet@night" src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/isla%20tesoro/DSC08942%282%29.JPG" alt="El show del gasoil" height="338" width="450" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;Los restaurantes de la isla se distinguen también por algo “muy guay”, hay que comer por el suelo. Debemos situarnos sobre unas alfombras puestas sobre la arena, estirados o en la posición que queramos, aunque genuflexos resultaría algo extraño. La cuestión es que es no hay sillas y las mesas son bajas, o sea que cada uno es libre de situarse como más le plazca, pero las opciones son pocas. Al cabo de unos minutos &lt;strong&gt;se te duerme un brazo, luego el otro, luego una pierna, luego la otra,&lt;/strong&gt; acaba que no sabes muy bien cómo colocarte y terminas en &lt;strong&gt;posición fetal&lt;/strong&gt; con medio &lt;strong&gt;cuerpo debajo de la mesa.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style=";font-family:Times New Roman;font-size:small;"  &gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;Hace ya un par de noches que acudimos al mismo restaurante, está bien situado, los precios no son abusivos, y el ambiente es agradable. La única pega es que está situado junto al restaurante/bar/discoteca más popular de la isla que cada noche cuenta con espectáculos diversos, entre ellos el de &lt;strong&gt;los malabaristas del fuego&lt;/strong&gt;. Personalmente &lt;strong&gt;no les veo ninguna gracia&lt;/strong&gt;, y el olor a gasoil desnaturalizado que van dejando por donde pasan, los hace algo repelentes, &lt;strong&gt;prefiero sin duda el olor a keroseno&lt;/strong&gt;, tal vez por los años que trabajé en aviación.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;En el restorán, sin embargo, el que se está ganando mi odio con creces, es el pretendido humorista que “actúa” cada noche. Ya lo tengo calado, &lt;strong&gt;cada noche cuenta&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;los mismos chistes&lt;/strong&gt; y sin molestarse en cambiarlos de orden, además lo hace con una desgana que &lt;strong&gt;invita a darle una colleja&lt;/strong&gt; mientras se le dice: “&lt;em&gt;Si no te gusta tu trabajo, pues cambias, pero no nos amargues la noche que estamos de vacaciones”.&lt;/em&gt; Al provenir de una zona turística, entiendo el sistema que consiste en no cambiar nada porque el que cambia es el público, pero todo tiene unos límites; el que viene hoy es probable que venga mañana y más si es sábado. Realmente consigue su objetivo, de lo malo que es...&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img title="ahaan 2" src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/isla%20tesoro/280120111749%282%29.jpg" alt="Que no falte de na" height="338" width="450" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;Me &lt;strong&gt;voy a echar un pis&lt;/strong&gt;, para matar el tiempo, más que nada. En una playa siempre estás ante el dilema: &lt;strong&gt;¿tierra adentro o directamente a la orilla?&lt;/strong&gt; Supongo que en España no llegaría apenas a plantearse la duda, pero &lt;strong&gt;en Tailandia siempre conviene guardar las formas.&lt;/strong&gt; Me voy hacia lo que parece la cocina del bar. Veo una señora muy atareada que parece desbordada por &lt;strong&gt;su trabajo&lt;/strong&gt;, que &lt;strong&gt;es contar billetes&lt;/strong&gt;... sí, es un negocio con mucho beneficio. De repente, mi mirada se distrae y deja los fajos de billetes a un lado. &lt;strong&gt;Ha llegado “La Raja”&lt;/strong&gt;, un monstruo peludo que asusta hasta a los más valientes. Sí, delante de mí hay un turista tambaleante que parece buscar lo mismo que yo, pero el hombre tiene un pequeño problema del que no es consciente, o sí. Su &lt;strong&gt;pantalón de deporte de satén bien brillante&lt;/strong&gt;, propio de principios de los ochenta, va cayendo un milímetro por cada paso que da, y los pasos que da son muchos y no precisamente al frente. &lt;strong&gt;“La Raja” está ahí&lt;/strong&gt;, amenazante, &lt;strong&gt;avanza sin rumbo determinado&lt;/strong&gt; y acaba perdiéndose en el trastero haciendo caso omiso de los avisos del personal. Mientras &lt;strong&gt;me dirijo al excusado&lt;/strong&gt; (bonita palabra) me pregunto cómo se puede llegar a estar en esas condiciones, cosa a la que me respondo casi de inmediato con sólo hacer memoria de mi propio pasado.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;Una vez terminadas las labores propias del lugar, me apresto a volver a mi mesa. De un pasillo que viene y va hacia no sé dónde, &lt;strong&gt;hace su aparición nuestra estrella invitada. &lt;/strong&gt;El olfato o el instinto han hecho que, de momento, haya llegado a buen puerto. Lógicamente, no voy a perderme el espectáculo hasta el final. Hago tiempo hasta que el hombre regresa a su asiento, o más bien &lt;strong&gt;desparrama sus posaderas&lt;/strong&gt; sobre la pobre silla, dándole oxígeno a: &lt;strong&gt;¡”La Raja”!&lt;/strong&gt; No sé cómo, pero &lt;strong&gt;logra alcanzar su mesa&lt;/strong&gt; sin que se le queden los “shorts” por las rodillas. &lt;strong&gt;Me río yo de los chavales modernos que llevan “los pantalones cagaos” &lt;/strong&gt;para ser modernos, esos son &lt;strong&gt;unos aficionados al lado de “La Raja”.&lt;/strong&gt; Todavía es un misterio la técnica utilizada para mantener unos pantalones de deporte enseñando medio culo, pero sin que llegue&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;a ceder la goma en ningún momento, y deje libre a la bestia.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;El hombre se acomoda, algo sofocado por la excursión, y pide el siguiente litro de cerveza.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;Cuando regreso a mi mesa, le digo a mi acompañante: “No te vas a creer lo que acabo de ver, era espeluznante, es probable que esta noche tenga pesadillas”. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img title="disco Samet" src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/isla%20tesoro/DSC08800%282%29.JPG" alt="Samet Night Fever" height="338" width="450" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;En la mesa de al lado, &lt;strong&gt;un amplio grupo de chinos celebra un cumpleaños.&lt;/strong&gt; No saben lo dichoso que me hacen. Es la &lt;strong&gt;primera vez que oigo el “Cumpleaños Feliz” versión china&lt;/strong&gt;, no me pregunten si mandarín o cantonés, hasta ahí no llego.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;La mesa de los chinos ha sido motivo de discordia con mi sufrida “partenaire”. El ocio excesivo lleva a entablar discusiones y entrar en disquisiciones de lo más absurdo. La cuestión es que los chinos en cuestión han reservado las mesas con antelación. Llevamos más de media hora sentados cuando los hijos de Mao empiezan a hacer acto de presencia, y hay algo que no entiendo: &lt;strong&gt;¿Por qué los camareros han puesto las coca colas y otras bebidas sobre la mesa, si van a estar a temperatura ambiente (tropical) durante más de una hora? &lt;/strong&gt;&lt;em&gt;“Es normal, en Asia es así. Para eso está el hielo”&lt;/em&gt;: me replica con un tono que interpreto como burlón y con ánimo de contradicción gratuita. &lt;em&gt;“¿Que qué? ¿Que en Asia calentáis los refrescos al aire libre para luego enfriarlos con hielo que agua las bebidas? ¡Vamos hombre!”&lt;/em&gt; Le digo con cara de mosqueo porque interpreto que me quiere tomar el pelo. &lt;em&gt;“Que sí, que las botellas de litro se ponen sobre las mesas y luego se trae el hielo”&lt;/em&gt;, insiste. &lt;em&gt;“!Venga ya! O sea que las bebidas pequeñas van en nevera y las grandes al aire libre. ¡Anda y que te den! Que en España tenemos nuestras cosas pero tontos no somos.”&lt;/em&gt; Le digo algo airado mientras me doy la vuelta y, tumbado sobre la arena, miro a los “artistas” del fuego &lt;strong&gt;con la esperanza de que algo malo suceda&lt;/strong&gt;, si no, &lt;strong&gt;¿dónde está la emoción?&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;Me acabo riendo de la absurda “discusión”, pero todavía a día de hoy, no sé si me hablaba seriamente, más que nada porque &lt;strong&gt;en Asia, costumbres más raras he visto&lt;/strong&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style=";font-family:Times New Roman;font-size:small;"  &gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;Amanece un bonito día, pero aquí &lt;strong&gt;“bonito día” es sinónimo de sol abrasador&lt;/strong&gt;. Hoy es día de excursión. &lt;strong&gt;En cinco horas&lt;/strong&gt; nos hemos propuesto recorrer &lt;strong&gt;cinco playas&lt;/strong&gt;, algo aparentemente no muy arduo dados los &lt;strong&gt;15 kilómetros de largo con que cuenta la isla&lt;/strong&gt;, pero que en vista de estado de la carretera, en singular, no va a resultar un paseo. Algún tramo está peor que si el &lt;strong&gt;vietcong y los americanos hubieran montado una “rave”&lt;/strong&gt; durante tres días consecutivos. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;Mi acompañante está a los mandos de la moto. &lt;strong&gt;Yo no sé llevar moto.&lt;/strong&gt; A la edad en que los jóvenes empiezan a llevar moto, yo vivía en Madrid, y los que vivíamos en Madrid no íbamos en moto, íbamos en metro y en autobús.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;Para compensar &lt;strong&gt;lo infernal de la carretera&lt;/strong&gt;, &lt;strong&gt;las playas son&lt;/strong&gt; verdaderamente &lt;strong&gt;paradisiacas.&lt;/strong&gt; El sol castiga sin piedad, sin embargo mi crema con &lt;strong&gt;factor de protección 90&lt;/strong&gt; no permite que mi epidermis padezca las malas consecuencias (ni las buenas) de &lt;strong&gt;exponerse al astro rey&lt;/strong&gt;, claro que cuando vuelvo a casa, nadie se cree que haya pasado cuatro días &lt;strong&gt;en una isla del Pacífico.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img title="sunset" src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/isla%20tesoro/DSC08753%282%29.JPG" alt="Hoar de ir retirándose ..." height="338" width="450" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;Llegados a Ao Phrao &lt;strong&gt;estamos ya arrugados de permanecer tanto en remojo.&lt;/strong&gt; Nado junto a unas adolescentes francesas. Como me han oído hablar en thai, no sospechan que pueda entender su idioma. ¡Santo Dios! ¡Qué conversación&lt;strong style=""&gt;! Haría enrojecer al mismo Nacho Vidal. &lt;/strong&gt;Antes de que salga el periscopio, me alejo y voy a cotillear con mi pareja para ponerla al día de cómo se las gastan las niñas occidentales. No se impresiona. Por lo visto, la globalización también ha llegado en este aspecto.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;Nuestra primera intención era ver la puesta de sol, bueno, es intención de mi pareja, pero el cansancio y la sugerencia de que volviendo pronto al hotel podríamos ir a un &lt;strong&gt;masaje de pies&lt;/strong&gt;, hacen que termine por renunciar a la vista de un paisaje romántico por &lt;strong&gt;una práctica más hedonista.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style=";font-family:Times New Roman;font-size:small;"  &gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;Han pasado casi cuatro días. &lt;strong&gt;Es hora de desplegar velas para regresar&lt;/strong&gt; a la gran urbe.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;Estoy algo inquieto porque desde niño le he tenido pánico al mareo. Creo que me mareo de pensar en el mareo. Se trata probablemente un trauma de infancia que habría que buscar en esos &lt;strong&gt;buques de Trasmediterránea que iban de Barcelona a Mahón&lt;/strong&gt;, y que no eran ni ferrys ni nada que se les pareciera, pero eso, ya &lt;strong&gt;es otra historia.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt; &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18876237-2538899513054503113?l=herrpeter200506.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/feeds/2538899513054503113/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=18876237&amp;postID=2538899513054503113' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/2538899513054503113'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/2538899513054503113'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/2011/03/la-isla-del-capitan-peter.html' title='La isla del capitán Peter'/><author><name>Herr Peter</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_TOlMhgJwUhQ/SMBZgi7JsmI/AAAAAAAAAAM/G5n3ZEMk5MY/S220/petronasavatar.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18876237.post-1091980668620629661</id><published>2011-02-11T17:11:00.004+07:00</published><updated>2011-02-11T17:23:15.188+07:00</updated><title type='text'>Pasaporte al calabozo</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;&lt;em style=""&gt;&lt;span style="" lang="EN-US"&gt;“Amazing Thailand”&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;span style="" lang="EN-US"&gt; (Asombrosa Tailandia), &lt;em style=""&gt;“The land of smiles”&lt;/em&gt; (el país de las sonrisas), &lt;em style=""&gt;“Once in a lifetime”&lt;/em&gt; (una vez en la vida). &lt;/span&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Los esfuerzos de las autoridades tailandesas por &lt;strong style=""&gt;recuperar el turismo perdido&lt;/strong&gt; durante estos años de incerteza política, son denodados. Sin embargo, los responsables turísticos no cuentan con todos los aliados que deberían.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;&lt;strong style=""&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;El relato&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt; que viene a continuación &lt;strong style=""&gt;es sólo un aviso&lt;/strong&gt; a los que quieran visitar este maravilloso y acogedor país, y debe de ser entendido como un simple consejo. No caben, por ende, las dobles interpretaciones. &lt;strong style=""&gt;Dicho queda&lt;/strong&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;img class="aligncenter" title="munyeco policia" src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/pasaporte_calabozo/DSC08660%281%29.JPG" alt="" height="480" width="360" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;span style=";font-family:Times New Roman;font-size:small;"  &gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;span style=";font-family:Times New Roman;font-size:small;"  &gt;El pasado jueves día tres de febrero, nos reunimos un nutrido grupo de amigos del foro de la página web &lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.destinotailandia.com/"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 255);font-family:Times New Roman;font-size:small;"  &gt;Destinotailandia.com&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt; en un conocido restaurante de Bangkok. &lt;strong style=""&gt;Fue, sin duda, una velada memorable&lt;/strong&gt;, para unos más que para otros y tal vez por motivos distintos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;Alrededor de la medianoche, tras barajarse diversas opciones, optamos por trasladarnos a &lt;strong style=""&gt;la zona de Lardprao&lt;/strong&gt;, un barrio predominantemente thai en el que se ven pocos occidentales. Mi amigo Juan opinaba que era una buena idea mostrarles a los recién llegados un &lt;strong style=""&gt;bar típico thai (mucho ruido, poca luz y alcohol a raudales&lt;/strong&gt;), cosa que todos secundamos. Organizamos la caravana en varios vehículos. Dos grupos salimos en taxi hacia Ladprao por un camino distinto al de los demás. Vamos charlando sobre nuestras vivencias en este apasionante país, hasta que apercibo en la lejanía unas luces de colores que me resultan más que familiares. En medio de no sé qué calle &lt;strong style=""&gt;hay instalado un despliegue policial&lt;/strong&gt; que nos obliga a pasar por el embudo. No las tengo todas conmigo. El hecho de ser occidental puede ser tan negativo como positivo frente a un agente de policía thai, todo depende de las ganas de charla que tenga el hombre.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;Esbozo media sonrisa mientras &lt;strong style=""&gt;el agente me deslumbra inquisitorialmente&lt;/strong&gt; con su linterna. Tiene hambre. Oigo cómo le indica al taxista que aparque el vehículo un poco más adelante. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: center;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;&lt;img class="aligncenter" title="gorra policia" src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/pasaporte_calabozo/IMG0060A%281%29.jpg" alt="" height="338" width="450" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;El engranaje de mi cerebro empieza a aumentar vertiginosamente las revoluciones, analizo en segundos las posibles preguntas y respuestas. &lt;strong style=""&gt;Intento auto-engañarme pensando que no va a pasar nada&lt;/strong&gt;, pero paso muchas horas a la semana con los hombres de marrón y sé cómo se las gastan.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;Una vez detenido el coche, vuelve a apuntarme con la linterna en la cara después de haber hecho un barrido a mis compañeros ubicados en el asiento de atrás. El conductor baja mi ventanilla. &lt;em style=""&gt;“Buenas noches”&lt;/em&gt; le digo al uniformado mientras intento sonreir amablemente&lt;strong style=""&gt;. La única respuesta que obtengo es: &lt;em style=""&gt;“PASAPORTE”&lt;/em&gt;.&lt;/strong&gt; Mi sonrisa se torna en risita nerviosa. Empiezo mi discurso justificativo: “Mire, es que venimos de una cena y somos un grupo muy grande y vamos al soi 83 de Ladprao y ... ” Mientras doy mi explicación veo que detienen a otro taxi, allí van otros cuatro integrantes del grupo. El hombre me interrumpe para preguntarme si son amigos míos. &lt;strong style=""&gt;&lt;em style=""&gt;“Sí, sí, somos un grupo grande de españoles”&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;. Por lo visto, no le impresiona ni “grande” ni “españoles”, él lo que quiere es mi pasaporte, o más bien lo que le va a reportar el hecho de que no tenga el pasaporte conmigo. &lt;strong style=""&gt;&lt;em style=""&gt;“Pues habrá que ir a comisaría”&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; dice. Los negros nubarrones se cierran sobre el cielo de Bangkok. Esto está tomando un cariz que no me gusta y va más allá de lo esperado. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/pasaporte_calabozo/IMG0126A%281%29.jpg" alt="calabozos" height="338" width="450" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;span style=";font-family:Times New Roman;font-size:small;"  &gt;Retomo el discurso desde la perspectiva del colega. &lt;em style=""&gt;“Mira, yo trabajo en la comisaría de Lumpini y sé que es obligatorio tener el pasaporte encima, pero teníamos miedo de perderlo ...” &lt;/em&gt;Me interrumpe: &lt;strong style=""&gt;&lt;em style=""&gt;“Pues por trabajar en comisaría deberías saberlo mejor que nadie”&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;. Me quedo un poco parado, pero reacciono siguiendo la misma línea. &lt;em style=""&gt;“Mira, es que estoy cansado de recoger denuncias de turistas que pierden o les roban el pasaporte, y sé los problemas que acarrea todo eso”&lt;/em&gt;. Oídos sordos. &lt;em style=""&gt;“Baja del coche y vete a hablar con tu amigo”&lt;/em&gt; me indica mientras apunta al otro taxi.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;font-size:14pt;"  lang="ES" &gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;Cuando me bajo, le hago señas para que me siga hasta la parte posterior del taxi, &lt;strong style=""&gt;como si fuéramos a hablar de negocios&lt;/strong&gt;, que en el fondo es lo que él quería realmente. Rendido ante la evidencia, suelto: &lt;em style=""&gt;“Entonces la multa la podemos pagar aquí ¿No?”&lt;/em&gt;. En esas estamos cuando Juan, &lt;strong style=""&gt;uno de los rehenes del otro vehículo&lt;/strong&gt;, se acerca para comentar la jugada. La verdad es que &lt;strong style=""&gt;no sabemos muy bien qué decir&lt;/strong&gt;, más que nada porque los dos sabemos muy bien cómo funciona este maravilloso y acogedor país, y sobran las palabras.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;Antes de recurrir a las vías diplomáticas y saltar a la primera plana de los periódicos nacionales &lt;strong style=""&gt;(“Ocho españoles detenidos en una comisaría de Bangkok” vende)&lt;/strong&gt;, intento recurrir a influencias locales. Es algo tarde, pero es posible que mi jefe del equipo de traductores de la comisaría esté despierto. Llamo. Como ya suponía nadie responde, sólo responden cuando marcas el número por equivocación. &lt;strong style=""&gt;Me siento bastante frustrado.&lt;/strong&gt; &lt;em style=""&gt;“¿Para esto trabajo en una comisaría thai? ¿Para que me tengan aquí como si fuera un delincuente?” &lt;/em&gt;voy pensando mientras sigo eleborando un nuevo guión que nos saque de este entuerto. Mientras intento comunicar con alguien, me acerco al agente y le pregunto en qué distrito estamos. Mi dice un nombre muy extraño que no acierto a entender. &lt;em style=""&gt;“¿En dónde estamos?”&lt;/em&gt; le repito, insinuando claramente que &lt;strong style=""&gt;estamos en el culo del mundo&lt;/strong&gt; y por ende, él está trabajando en el culo del mundo. Me giro y me alejo con el teléfono pegado a la oreja, simulando, en cierto modo, que &lt;strong style=""&gt;voy a pedir ayuda para un rescate a la Patrulla X&lt;/strong&gt; y debo indicarles las coordenadas exactas para la operación.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;span style=";font-family:Times New Roman;font-size:small;"  &gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;Mientras caminamos, cerca de las barreras y las luces de feria que allí han montado, &lt;strong style=""&gt;se me acerca un hombrecillo regordete&lt;/strong&gt; que, ya sólo por la apariencia física, deduzco que es un jefecillo. Con algo más de calma le expongo mi posición respecto al hecho de que se le pida la documentación a la gente que visita el país. Me escucha, pero… &lt;strong style=""&gt;&lt;em style=""&gt;“sí, pero no llevar el pasaporte es ilegal”&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;, es la única conclusión a la que llega el chaparro.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;&lt;strong style=""&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Reitero que en 23 años jamás me había sucedido algo similar&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;, insisto en que a ningún occidental se le pide por las buenas la documentación en zonas como Silom, Sukhumvit, por no hablar de Pattaya o Phuket. Da igual, todo da igual. Les hago notar que resido cerca y puedo ir en un momento a buscar mi tan ansiado pasaporte. &lt;em style=""&gt;“No, que luego no vuelves”&lt;/em&gt;, sabio razonamiento sabiendo que dejo atrás a siete personas. &lt;em style=""&gt;“Os dejo mi móvil, mi reloj, lo que queráis”&lt;/em&gt; insisto ya con media sonrisa ante lo surrealista del caso. &lt;em style=""&gt;“No, no, no”&lt;/em&gt; me dicen mientras &lt;strong style=""&gt;se ríen por mi desesperación&lt;/strong&gt; ante tanta estulticia.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;&lt;strong style=""&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Repentinamente&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;, como a cámara lenta, veo aproximarse por el carril contrario a nuestra dirección &lt;strong style=""&gt;un coche policial&lt;/strong&gt;. Pero no se trata de un coche cualquiera. No es un coche patrulla pintado de blanco y negro, en un afán de imitación de la policía norteamericana. Es un vehículo plateado, de los que &lt;strong style=""&gt;se reservan a los oficiales de alta graduación.&lt;/strong&gt; A medida que se acerca al puesto de control parece como si de repente los uniformados allí presentes sintieran cómo un palo de fregona se les &lt;strong style=""&gt;introduce rápidamente por vía anal&lt;/strong&gt;. Todos erguidos y mirando al infinito. &lt;strong style=""&gt;¡Fiiiirmés!&lt;/strong&gt; Incluso el que escuchaba mis razonamientos parece que pierde el oremus, y con el palo de fregona en el ojete se va corriendo hasta el punto &lt;strong style=""&gt;donde se detiene el superintendente.&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;Dada la oscuridad y mi preocupación por nuestro devenir no alcanzo a ver el breve &lt;strong style=""&gt;encuentro entre gerifaltes&lt;/strong&gt;. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt; text-align: center;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;&lt;img class="aligncenter" title="Herrpeter_comisaria" src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/pasaporte_calabozo/261220101568%281%29.jpg" alt="" height="338" width="450" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;Sin prisa, pero sin pausa, el menudo regordete se dirige a mí en tono paternalista: &lt;em style=""&gt;“Mañana tenéis que llevar el pasaporte”&lt;/em&gt;. &lt;em style=""&gt;“Sí señor, y …”&lt;/em&gt; le respondo ante el tono conciliador y paternalista de sus palabras. &lt;strong style=""&gt;&lt;em style=""&gt;“Pues nada, marchaos”&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; me dice con cierta resignación. Junto las manos a la altura del entrecejo, le doy las gracias en repetidas ocasiones. Le digo a Juan: &lt;strong style=""&gt;&lt;em style=""&gt;“Vamos que nos vamos”&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;. Cada uno a su vehículo. Junto al mío &lt;strong style=""&gt;se encuentra todavía el iniciador de la conjura&lt;/strong&gt;. Al ser policía raso, con casco y linterna, pero raso, no le queda más remedio contemplar cómo su presa se escapa de entre sus garras, sin un rasguño. Con toda la educación del mundo, antes de entrar en el taxi, me giro y también &lt;strong style=""&gt;le doy las gracias, pero mirándole bien y riendo&lt;/strong&gt; a la vez. &lt;em style=""&gt;“Lo siento muchacho, no creo que vuelvas a verme por estos parajes”&lt;/em&gt;, pienso en mis adentros.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;Con &lt;strong style=""&gt;el corazón a mil y la boca como si fuera un estropajo&lt;/strong&gt; dejado al sol durante una semana, me siento, tomo aire y respondo a las preguntas de mis compañeros. Se &lt;strong style=""&gt;asombran de que no haya tenido que pagar&lt;/strong&gt; y me felicitan por mi mediación, una felicitación que habría estado encantado de que no hubiera tenido razón de ser.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;Despotrico durante unos instantes contra la policía con el taxista que me da toda la razón, y ciertamente me mira con envidia, porque lo habitual por estas tierras, es salirse de estos desaguisados previo pago.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin: 0cm 0cm 0pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;span style=";font-family:Times New Roman;font-size:small;"  &gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;span style="font-size:small;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;"&gt;A los pocos minutos recibo una llamada de &lt;strong style=""&gt;&lt;a href="http://www.destinotailandia.com/"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 255);"&gt;Juan Destinotailandia&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/strong&gt; (lo tengo así en el móvil&lt;strong style=""&gt;&lt;em style=""&gt;). “¿Dónde estáis? Que llevamos media hora esperando”.&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18876237-1091980668620629661?l=herrpeter200506.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/feeds/1091980668620629661/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=18876237&amp;postID=1091980668620629661' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/1091980668620629661'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/1091980668620629661'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/2011/02/pasaporte-al-calabozo.html' title='Pasaporte al calabozo'/><author><name>Herr Peter</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_TOlMhgJwUhQ/SMBZgi7JsmI/AAAAAAAAAAM/G5n3ZEMk5MY/S220/petronasavatar.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18876237.post-7675727113435344916</id><published>2011-02-01T14:56:00.000+07:00</published><updated>2011-02-01T14:56:17.890+07:00</updated><title type='text'>Bangkok by night</title><content type='html'>&lt;iframe width="425" height="344" src="http://www.youtube.com/embed/2XH7ycHXoA8?fs=1" frameborder="0" allowFullScreen=""&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18876237-7675727113435344916?l=herrpeter200506.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/feeds/7675727113435344916/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=18876237&amp;postID=7675727113435344916' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/7675727113435344916'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/7675727113435344916'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/2011/02/bangkok-by-night.html' title='Bangkok by night'/><author><name>Herr Peter</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_TOlMhgJwUhQ/SMBZgi7JsmI/AAAAAAAAAAM/G5n3ZEMk5MY/S220/petronasavatar.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://img.youtube.com/vi/2XH7ycHXoA8/default.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18876237.post-1405111392705424258</id><published>2011-01-26T15:17:00.004+07:00</published><updated>2011-01-26T17:30:11.864+07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='inmigración'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Tailandia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='visado'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poipet'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='mafia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='policía'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='camboya'/><title type='text'>Dos días en Poipet</title><content type='html'>&lt;p style="TEXT-ALIGN: left"&gt;Después de tomarle declaración a un japo en comisaría, y pasearme por Silom con todas las pollas del mundo dándome en la cara (por las carátulas de los DVDs que me ofrecen en la calle), me apresto a emprender mi periplo hasta la, en ocasiones, convulsa frontera con Camboya, más en concreto al puesto fronterizo de Aranyaprhathet, también conocido por su vertiente camboyana: Poipet.&lt;br /&gt;Esta ciudad fue tristemente famosa en los años en los que el comunismo radical del dictador Pol Pot, en Camboya, arrasó con la mitad de la población de su país. En esas fechas, el fluir de masas de camboyanos que huían del genocidio era interminable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como dice la Wikitravel:&lt;em&gt; Poipet is a typical border town where shocking development disparities exist between two nations, not unlike Tijuana or Ciudad del Este.&lt;/em&gt;Parece un lugar interesante. Lo sabré en pocas horas. Por lo que he visto por internet, las actividades socio-culturales y/o lúdicas se reducen a la mínima expresión. Será cuestión de ir provisto del material necesario para pasar un par de días sin ser presa del aburrimiento. Es una estancia obligatoria de difícil y costosa alternativa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;center&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/Poipet/DSC09912(1).JPG" alt="puerta poipet" height="338" width="450" /&gt;&lt;/center&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me puedo dormir. Para estar dando vueltas en la cama, más vale estar por la calle, porque en Bangkok, sea la hora que sea, &lt;strong&gt;siempre hay algo que ver en la RÚE&lt;/strong&gt;, ya sean borrachos dando tumbos, o meretrices en busca de la última oportunidad.&lt;br /&gt;El transporte previsto llega a su hora. Salimos mucho antes del amanecer para no toparnos con el agobiante tráfico de Bangkok. Pongo en mi móvil “La parroquia del Monaguillo” en Ondacero vía GPRS para hacer más ameno el viaje. Pasadas un par de horas, los primeros rayos solares impactan como dardos en mis ojos, el día y yo no somos compatibles. No tardamos en llegar a la frontera. Pasamos con relatividad rapidez todos los trámites burocráticos. Mientras espero en la fila de inmigración, me llama la atención un joven vestido de monje, y que probablemente lo sea. Anda algo despistado de un lado para otro. A lo tonto a lo tonto, como el que no quiere la cosa, se va acercando a los mostradores de control de pasaportes y rebasa uno de ellos. La oficial de turno se levanta y le llama la atención, echándolo para atrás. Una cosa es que en este país se respete y venere a los monjes, y otra distinta que se crean que el resto de la humanidad es tonto; con el orgullo que tienen los empleados de inmigración, menuda ocurrencia la del monje. La cuestión es que me giro para ver si el religioso est’a en otra fila esperando su turno, pero no, se ha volatilizado, como dicen que algunos monjes budistas logran levitar gracias a la meditación... no sé, es posible que el tipo optara por una vía alternativa.&lt;br /&gt;Con el sello en el pasaporte, pasamos a tierra de nadie, un concepto difícil de entender para los que habitualmente viajamos en avión. Ahora no estoy ni en un país ni en otro. ¿Si le robara la cartera a alguien, quién me arrestará?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;center&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/Poipet/DSC09903(1).JPG" alt="inmugracion" height="338" width="450" /&gt;&lt;/center&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera impresión que se percibe de un lugar resulta determinante a la hora de establecer un criterio definitorio.&lt;strong&gt; ¡PESTE! PERO CON MAYÚSCULAS&lt;/strong&gt;. No huele un poquito mal, no. El olor a pescado podrido es tan insoportable como inexplicable dada la usencia de peces en las inmediaciones, claro que hay muchas mujeres de higiene dudosa... bueno, no seamos misóginos. Los efluvios nauseabundos rozan lo insoportable, y obviamente, es aconsejable no haber desayunado antes de cruzar el confín. Intento contener la respiración hasta que mi rostro adquiere un tono azulado. Pasados unos cuantos metros, y superada la prueba olfativa, nos recoge un taxi que nos transporta hasta el hotel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;center&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/Poipet/DSC09889(1).JPG" alt="retrato rey" height="338" width="450" /&gt;&lt;/center&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal y como me avisaron, en su momento, los que me gestionan el papeleo, este establecimiento es el típico hotel casino de ciudad fronteriza, es decir, pocas diversiones o ninguna que no estén relacionadas con el juego, mal asunto para alguien como yo que no sabe ni jugar al tute. Nada de piscinas, buenos bares, discotecas o cines. La conexión a internet cuesta 100 bahts la hora y avisan de que la velocidad es de 153 kbps, no sé si se trata de un error o una broma de mal gusto, y me da igual porque me conecto con más velocidad con mi teléfono, que por cierto carece de la cobertura adecuada en mi habitación. Afortunadamente he sido previsor y&lt;strong&gt; me he traído mi mini-equipo multimedia: 500 GB de series y películas&lt;/strong&gt;, una bocanada de aire fresco en la tierra del muermo.&lt;br /&gt;Apenas llegado al hotel, me invitan a pasar al comedor para el desayuno. Bien, no tengo mucho apetito, pero antes de echar el segundo sueñecillo, no está mal tener algo en el estómago. Supongo que la calidad de los alimentos estará a la altura de las apariencias del establecimiento.&lt;strong&gt; Mi gozo en un pozo&lt;/strong&gt;. Las frutas tropicales son una sandía y una piña troceadas. No hay té, bueno, hay pero es chino y tiene una pinta rara y sabe a rayos, el bacon parece la cubierta de caucho de una rueda de tractor, los huevos fritos son perfectamente redondos y están perfectamente fríos, supongo que por los chorros de aire acondicionado. No hay rastro de leche por ningún lado, sólo hay una cosa parecida, se trata de leche caliente de soja, les cedo el placer a los demás. ¿Qué pasa, que a los jugadores compulsivos se les deteriora el sentido del gusto? ¿Hablamos del zumo de naranja? Creo que no hace falta. Con media sandía y un par de “pancakes” con miel en el cuerpo me voy a mi habitación a echar una cabezadita. La cabezadita dura 5 horas. De todas formas no sé muy bien qué hacer en el país de&lt;em&gt; “Rien ne vas plus”.&lt;/em&gt; Aunque vaya provisto de mi batería habitual de comprimidos inductores del sueño, opto por no forzar la máquina, y me levanto pendiente de horas de sueño para retomarlo entrada la noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;center&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/Poipet/DSC09911(1).JPG" alt="familia real kamen" height="338" width="450" /&gt;&lt;/center&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salgo a dar una vuelta para ver qué me ofrece el lugar. No tardo en darme cuenta de que mis presagios más pesimistas se cumplen. No hay nada que hacer, sólo pasear y observar el ir y venir de la gente, la gente más pobre que he visto en tiempo. Opto por entrar en el Gran Diamond Casino a echar un vistazo y tomar algo. El guardia de turno me obliga a pasar por uno de esos arcos de seguridad con cierta insistencia. ¿Para qué? En el fondo es como en los arcos de seguridad del metro de Bangkok, por mucho que piten, siempre te dejan pasar. Son ganas de molestar al personal. Me siento en una suerte de cafetería y pido un té, un té normal de los de toda la vida. No hay, al igual que pasa en mi hotel. ¿Hay algún complot en contra del té británico?&lt;br /&gt;Ojeo la prensa thai y me encuentro con lo de siempre. Me hacen especialmente gracia &lt;strong&gt;las noticias relativas a monjes&lt;/strong&gt;, en particular cuando aparecen&lt;strong&gt; en la sección de sucesos&lt;/strong&gt;. En menos de una semana han detenido a un monje por ir de putas y a otro por camello, y no al por menor, tenía 15.000 pastillas de &lt;strong&gt;Yaa Baa (metanfetaminas)&lt;/strong&gt; y una cantidad considerable de dinero en metálico, claro, era el abad del monasterio y las cosas las hacía a lo grande. Me viene también a la memoria el caso de unos monjes que por las noches se ponían pelucas y se ponían al volante de los Mercedes y BMW del monasterio para ir a emborracharse a los karaokes en compañía de bellas damiselas. Siempre que leo este tipo de noticias, me acuerdo de los que ponen al budismo como ejemplo de filosofía y &lt;strong&gt;se tiran el rollo tipo Richard Gere y van de místicos por la vida.&lt;/strong&gt; El budismo cuenta con las mismas miserias que el catolicismo o cualquier otra religión.&lt;strong&gt; ¡Válgame Dios!&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;center&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/Poipet/DSC00086(1).JPG" alt="gran diamonf" height="338" width="450" /&gt;&lt;/center&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De vuelta al hotel, decido ir a ver en qué se deja el dinero la gente. Lo que más me llama la atención es que nadie tiene cara de estar pasándolo bomba. Los que van de profesionales, con sus libretitas llenas de datos, fracasan del mismo modo que los advenedizos. Hay un juego que me sorprende por desconocido, lo llamo el juego de los Lacasitos. El funcionamiento es sencillo, hay una fuente llena de... Lacasitos blancos. La croupier pone un vaso encima del montón y a continuación cuenta los que han quedado dentro. Lo único que no entiendo es la apuesta a realizar, ya que sobre la mesa de apuestas hay una cuadrícula donde se efectúan las apuestas con números que van del 1 al 4. ¿Qué hay que adivinar? Sabe Dios. En las mesas de Black Jack están las chicas en posición Zen con las manos hacia arriba sobre la mesa, así una detrás de otra,&lt;strong&gt; sólo me falta oír el OOOMMM&lt;/strong&gt;. Supongo que debe de tratarse de alguna medida de seguridad porque si no no se explica posición tan absurda. El aspecto que tienen es el de muñeco de cera o en mi retorcida mente, de muñeca hinchable.&lt;br /&gt;El juego que más absorto me tiene es el más infantil de todos. &lt;strong&gt;Las carreras de caballos en una vieja máquina de SEGA&lt;/strong&gt;. Ahí están todos los thais echando monedas y viendo como los caballitos de Famobil dan vueltas a un hipódromo de juguete. Es triste y divertido a la vez. Los hay que gritan y jalean a sus caballos, como si la máquina funcionase a base de gritos. Alguna vez me he visto hablando con mi ordenador, pero nunca he llegado al punto de animarle para que cargara el sistema operativo más rápidamente.&lt;br /&gt;Tras pasar un día en tierra de nadie, decido dar el salto y pasar a territorio camboyano. En el "checkpoint", me asaltan varios motoristas que se ofrecen para darme una vuelta por Poipet. Afortunadamente, el salvoconducto que llevo me evita hacer la cola de inmigración. Al otro lado está ya el motorista que quiere ofrecerme sus servicios. La negociación es dura, pero llegamos al acuerdo de 100 bahts (2,5 euros) por el transporte por toda la villa. Lo cierto es que no sé ni a donde quiero ir. Me habían hablado los motoristas de un supermercado, pues allá vamos. Las distancias son cortas, en cuestión de minutos llegamos a destino. “¿Y el supermercado?” le pregunto. “Es esto” me replica sin ruborizarse. El tan cacareado "supermarket" se convierte en un mercado súper (en tamaño) con productos rechazados en los suburbios de Johannesburgo. Los productores de &lt;strong&gt;"Cuéntame"&lt;/strong&gt; podrían encontrar todo el attrezzo necesario para la serie. La única forma de ver un televisor de pantalla plana, es ir allí con una apisonadora. Por mucho que busco, no encuentro nada que comprar. En las cercanías, detecto una farmacia. Más por vicio que por otra cosa, me informo sobre los precios de algunos productos, pero dado que últimamente hago una vida relativamente sana, no me llevo nada, creo que es la primera vez en mi vida que no salgo aprovisionado de toda suerte de sustancias de una apoteca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;center&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/Poipet/DSC09951(1).JPG" alt="" height="338" width="450" /&gt;&lt;/center&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora entiendo que los thais se sientan los reyes del mambo, teniendo en cuenta los vecinos que tienen, &lt;strong&gt;es como si uno aparca una caravana al lado de una chabola&lt;/strong&gt;.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;En vista de que mis despensas van a ser más bien escasas o nulas, mi breve visita va a tomar un carácter algo cultural. "Llévame a un templo" le digo al chaval. Por lo menos podré contemplar algo de la arquitectura autóctona. Entreveo por los tejados de las edificaciones circundantes unos reflejos dorados que se distinguen del marrón reinante. Llegados al lugar, &lt;strong&gt;soy el blanco (nunca mejor dicho)&lt;/strong&gt; de todas las miradas. Sin avergonzarme un ápice, me meto por todos los lugares que veo. Algún monje de edad avanzada me mira con cara de "¿Y éste qué coño hace aquí?". Sobran las palabras, la verdad es que me da la impresión de haber interrumpido alguna ceremonia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;center&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/Poipet/DSC09980(1).JPG" alt="ceremonia" height="338" width="450" /&gt;&lt;/center&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me voy hasta otro edificio donde se ofician dos rituales paralelos, uno parece una boda sin invitados, y el otro un exorcismo. Uno de los ayudantes del templo me invita a pasar, los monjes me ignoran por completo. Me limito a pasear sigilosamente mientras tomo instantáneas del momento. Me parece que el día que hicieron el templo, el interiorista se tomó vacaciones. No hay nada. Algunos frescos en las paredes y techos, y poco más, además alguna de estas obras de arte se ve arruinada por la instalación de un ventilador en todo el medio. ¿Alguien se imagina el fresco de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina con un ventilador donde se unen las manos de Dios y Adán?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;center&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/Poipet/DSC09974(1).JPG" alt="fresco ventilador" height="338" width="450"/&gt;&lt;/center&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por los alrededores del templo circulan varios infantes. Curiosos ante la presencia del extranjero, no dudan en acercarse. Lo que más les llama la atención es mi reloj-teléfono con pantalla táctil. Uno de ellos descubre la maravilla y llama a los demás que no se demoran en acercarse para tocar este ingenio de la tecnología china. Junto al recinto sagrado se encuentra una escuela de primaria. Debe de ser la hora del recreo porque gran parte de ellos está por ahí brincando por el campo de tierra desolada que tienen como lugar de esparcimiento. Ya tengo una nueva ocasión para acercarme a esos lugares que los turistas no pisan, no por falta de ganas sino por desconocimiento. ¡Qué alegría ver cómo estas criaturas de Dios se divierten con la presencia de un ser extraño! La inocencia en su estado más puro, o no. Pasados escasos minutos empieza a pedirme dinero en inglés y tailandés. ¿Pero qué les enseñan a estos bichos en la escuela? Desde luego, me da la impresión de que de allí van a salir auténticos licenciados en "mendigología", y las niñas... Sigo mi camino como si la cosa no fuera conmigo, hago fotos a diestro y siniestro. De repente la marabunta se abalanza sobre mí. Mantengo el dedo sobre el disparador de la cámara mientras voy diciendo:&lt;strong&gt;&lt;em&gt; "¡Quita bicho, quita bicho!"&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;, todo ello sin perder la sonrisa, y asegurándome de no perder la cartera ni el móvil. No tienen aspecto desnutrido ni de pordioseros, se ve que lo de mendigar lo traen aprendido de casa. Las que controlan a las fieras son la maestra, a la que llamo&lt;strong&gt; "La tía La Vara",&lt;/strong&gt; y su ayudante junior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;center&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/Poipet/DSC00030(1).JPG" alt="vara 1" height="338" width="450"height="338" width="450"/&gt;&lt;/center&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La primera se apresta a esconder su herramienta contundente en cuanto percibe que estoy tomando fotografías, por lo visto no quiere aparecer en el "National Geographic" arreando a los demonios como si de cabras se tratara. La tía la Vara junior no se amedrenta por mi presencia y maneja el instrumento con soltura y efectividad.&lt;br /&gt;Doy concluida mi visita al territorio camboyano. Regreso a tierra de nadie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;center&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/Poipet/DSC00053(1).JPG" alt="vara 2" /&gt;&lt;/center&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día anterior he visto un Spa donde dan masajes tradicionales, uno de mis vicios confesables. &lt;strong&gt;Vuelvo a echar mano del salvoconducto&lt;/strong&gt; para saltarme las formalidades aduaneras, y le indico al motorista que me lleve hasta el Jiwa Spa.&lt;br /&gt;Una bella damisela me recibe y me muestra la carta con los servicios que se ofrecen, hasta ahí todo normal. Por experiencia, sé que como en Tailandia no dan los masajes en ninguna parte, a pesar de ello y del precio (500 bahts, unos 12 euros), me arriesgo a ponerme en manos de una desconocida durante un par de horas. Me hacen subir al primer piso. Allí, en un espacioso salón bien decorado, me reciben dos señoritas muy amables que vuelven a preguntarme qué deseo. Me acompañan a un cuarto para masajes individuales, cosa que me pone ya la mosca detrás de la oreja, pero llegados a ese punto, no me voy a echar para atrás. Se me indica donde está la ducha, y se me hace entrega de la indumentaria a utilizar. Espero cinco minutos y aparece la masajista. En apenas tres minutos, me percato que el título de terapeuta se lo ha sacado con CCC. Me sabe mal decirle que me deje en paz y que vuelva al campo de arroz. Me dejo "amasar" durante algo más que una hora, hasta que llega el momento que estaba esperando pero que no quería que llegara. Mis peores presagios se cumplen de nuevo.&lt;strong&gt;&lt;em&gt; "¿Algo especial?"&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; me suelta con una sonrisa de oreja a oreja. Sonrío a mi vez mientras disiento con la cabeza. Insiste, por si no me ha quedado claro:&lt;strong&gt;&lt;em&gt; "¿Una pajita?".&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; Sin perder la sonrisa, le contesto con un rotundo "NO". Opta ahora por la mímica más que explícita. "Noooo" le repito con más contundencia y subiendo algo el tono. Pero no se deja amedrentar.&lt;strong&gt;&lt;em&gt; "Ah, tú lo quieres es follar"&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; me da a entender entre palabras y gestos. Algo exasperado, asiento resignadamente, mientras pienso hacia mis adentros: "follar sí, pero no contigo, desde luego, a ver si ahora me voy a dedicar a la gerontofilia". Además, las guarradas ya me las organizo yo en Bangkok sin la ayuda de nadie, y por otro lado, las pajas me las sé hacer yo mismo desde hace más de 30 años. Y si quiero follar será con alguien que no me supere en edad, que a pesar de lo tenue que está la luz, se le ven las arrugas, y eso en Asia denota una edad algo avanzada. ¡Hostia! Que no pueda ir uno a los sitios con tranquilidad. Maldita sea, ya me pasó lo mismo en Bangkok, pero esa vez caí y me supo bastante mal porque no lo había disfrutado. A pesar de no haber cumplido con la misión que se había propuesto, no se corta a la hora de pedirme propina.&lt;strong&gt;&lt;em&gt; "Sí, sí, luego te la doy".&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; Una vez en recepción, le entrego 100 bahts, como a todas las masajistas, y sin embargo se queda con una cara algo compungida. Será posible, panda de desagradecidos. Si vuelvo por esos lares, ya sé a dónde no voy a ir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;center&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/Poipet/DSC00063(1).JPG" alt="yo moto" height="338" width="450" /&gt;&lt;/center&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para resarcirme moralmente de la afrenta sufrida, me voy a comprar chocolate, la solución de toda la vida, pero chocolate del que trajo Colón de América, no del que trae mi vecino de Marruecos.&lt;br /&gt;Siempre me he preguntado por qué los "Duty Free" son más caros que cualquier tienda normal. Se supone que al estar exentas de impuestos, sus productos deberían ser mucho más baratos, pues no. Aprovisionado de Cardburry’s con "Hokey Pokey", otra tableta rellena de gelatina de cereza con trozos de galleta de chocolate y unos Fazer finlandeses rellenos de vodka, vuelvo al hotel para darme el festín.&lt;br /&gt;Estos hoteles con casino incorporado tienen la peculiaridad de que te sientes vigilado constantemente. Te gires hacia donde te gires, siempre hay alguien observándote. No en vano, recuerdo un dicho que oí en Las Vegas que decía: “El lugar más seguro en el que te puede dar un ataque al corazón es un casino.” Estés donde estés, en dos segundos ya estás atendido, porque siempre hay alguien escrutando el más mínimo de tus movimientos. Por otro lado, es mal sitio para los paranoicos con manía persecutoria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ha sido una noche algo pesada. No sé a qué distancia del hotel, hay instalado un sistema de megafonía atronador. Al anochecer pensé que se trataba de&lt;strong&gt; los típicos cantos budistas&lt;/strong&gt; que tanto se dan en la zona. Al amanecer, la cosa tomó tintes musulmanes. Daba la impresión de estar en pleno Ramadán. Entrada la mañana, sonaba como si tuviera en mi cuarto al vendedor de fruta de mi barrio con su altavoz &lt;em&gt;“made in China”&lt;/em&gt; a toda potencia y en mono, pero mono porque suena como un mono enjaulado. En un principio, el soniquete de fondo adquiere tintes románticos, puede llegar a darte la impresión de estar de&lt;strong&gt; corresponsal de guerra en Oriente Medio&lt;/strong&gt;, pero cuando llevas varias horas con la misma cantinela,&lt;strong&gt; te acuerdas de Mahoma y de todos sus correligionarios&lt;/strong&gt;. No pido que se hagan leyes sobre horarios y decibelios, más que nada porque los de Alqaeda disentirían un poco, y cuando ‘estos disienten, más vale ponerse a cubierto. Y por supuesto, el Dolby Surround 5.1, son historias de las que no han oído hablar, me temo que los de Bang&amp;amp;Olufsen no tienen un futuro prometedor por estas tierras.&lt;br /&gt;Faltan pocas horas para volver a Bangkok. No veo el momento de volver a mis quehaceres habituales, sin duda más lúdicos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18876237-1405111392705424258?l=herrpeter200506.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/feeds/1405111392705424258/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=18876237&amp;postID=1405111392705424258' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/1405111392705424258'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/1405111392705424258'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/2011/01/dos-dias-en-poipet.html' title='Dos días en Poipet'/><author><name>Herr Peter</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_TOlMhgJwUhQ/SMBZgi7JsmI/AAAAAAAAAAM/G5n3ZEMk5MY/S220/petronasavatar.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18876237.post-2757235217626388690</id><published>2010-12-18T06:11:00.000+07:00</published><updated>2010-12-18T06:13:11.359+07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='tailandia travestis putas robos iphone pattaya bangkok phuket chiang mai herr peter herrpeter'/><title type='text'>Por un ojete de la cara</title><content type='html'>La capacidad de asombro del ser humano no tiene límites, y en Tailandia más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tailandia es un país proclive a las historias raras, más que raras, surrealistas. Los acaecimientos aquí tienen un carácter particular, en la mayoría de casos, propio de novela de bajos fondos. Vivir en este país le brinda a uno la oportunidad de ser el receptor, cuando no el protagonista, de relatos que bien podrían pasar a engordar la biblioteca de las leyendas urbanas, si no fuera porque uno las obtiene de primera mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/Por%20un%20ojete/salonHadYai.JPG" alt="salon_hadyai" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace cosa de un par de semanas, recibía en mi domicilio a horas intempestivas, sobre las ocho de la mañana, una llamada de un joven español muy alterado. Uno, a esas horas no es persona, y yo menos. Por una extraña casualidad coincidió con ese día al año que me olvido de desconectar el aparato telefónico.&lt;br /&gt;De repente, en escasos segundos, pasaron por mi martillo, yunque y estribo, las palabras: atraco, travesti, Iphone, habitación, sexo, enfermedades, policía, etc. Todavía no había acertado a abrir los ojos cuando mi cerebro se veía obligado a procesar todo ese monto de información. El joven tenía bastante premura en que diera respuesta a sus inquietudes del momento que no le dejaban conciliar el sueño e impedían que el mío prosiguiera en quietud. Sólo recuerdo de aquellos terribles momentos (terribles porque estar despierto a esas horas es terrible para mí, no por otra cosa) haber pronunciado las palabras: sí, pon la denuncia. Y a dormir toca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero vayamos al principio de la historia para tener un mejor entendimiento de estos sucesos de tinte novelesco.&lt;br /&gt;El mismo día en que llegué a Tailandia, procedente de España, cuando todavía no había llegado a mi dulce hogar, estando en el taxi que me traía del aeropuerto, recibí una llamada de un advenedizo español que acababa prácticamente de tomar contacto con la noche bangkokiana. Por la hora, sus atropelladas palabras, y su desmesurada excitación, no me costó mucho llegar a la conclusión de que la tasa de alcohol en sangre era más que notable. La frase: “Llevo dos días aquí y todavía noche follado”, fue determinante para que pusiera fin a la conversación, convocando a mi interlocutor a una próxima reunión dado que un caso como este requiere de un estudio llevado a cabo con más calma y sin la premura del momento.&lt;br /&gt;Pasados un par de días, uno de los jóvenes españoles se volvió a poner en contacto conmigo. Quedamos en vernos en mi oficina nocturna, la que abro de las 21 a las 01 horas. No fue difícil entablar conversación. Generalmente, el que viaja suele ser bastante abierto, y es receptivo ante cualquier sugerencia. Les lleve a efectuar el tour exprés por Soi Cowboy, una visita para efectuar una primera toma de contacto con la noche siamesa de bombillas rojas. Con una ascensión por la calle Sukhumvit con las debidas explicaciones detalladas sobre la fauna autóctona y sus costumbres, así como las actitudes a evitar iban jalonando nuestro o periplo nocturno. Unos jóvenes sanos y divertidos, dispuestos a conocer más a fondo la idiosincrasia tailandesa, alguno más que otro. La parada final, y lugar para las últimas reflexiones, es el soi 13. Desde las incomodas sillas de plástico y las siempre inestables mesas de camping observamos cómo se transforma el hombre de noche en latitudes tropicales, y lanzamos al aire una pregunta que será recurrente en el futuro, y determinante en todo este rocambolesco vodevil: ¿Cómo puede irse un hombre con un travesti aduciendo el desconocimiento del sexo real del individuo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/Por%20un%20ojete/kathoey.jpg" alt="kathaoey" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La fama de los travestidos y transexuales tailandeses les precede. La feminidad más pronunciada y predominante en los individuos de raza asiática, da como resultado unos individuos que en determinada circunstancias son difíciles de ubicar en el amplio panorama de la sexualidad moderna.&lt;br /&gt;Pero volvamos con nuestros aventureros de la noche oriental. Al día siguiente de nuestro encuentro se marchaban a gozar de las playas de fina y blanca arena de las playas del sur del país. Me despedí de ellos y confié en que tuvieran en consideración los consejos que les había dado. Lejos de mí está el ánimo de ser ningún gurú, pero mis años y continuos tropezones por estas tierras, me han dado algo de autoridad a la hora de pronunciarme sobre diversos aspectos de estas tierras y sus pobladores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A los pocos días recibía la llamada que encabeza este relato, una llamada que, según mi interlocutor, iba a tener continuidad. Sin embargo, pasaron las horas, los días, y todo iba a quedar como un recuerdo más, si no hubiera sido por una de esas casualidades de la vida que quiso que de forma totalmente fortuita me encontrara en el Skytrain con uno de los jóvenes protagonistas indirectos de estas páginas. Quedamos para la noche, quiero saberlo todo, esto es Salvame de Luxe versión thai, me interesan sobremanera los detalles más escabrosos, soy el Jorge Javier de las noches bangkokianas. Espero a la hora convenida para que al calor de un Black Label, me sean explicadas las historias más desternillantes y/o estremecedoras oídas por hombre alguno.&lt;br /&gt;Llegado el momento, la primera frase es demoledora, un perfecto gancho para que el telespectador se quede pegado a la pantalla: “La culpa de todo la tiene el Barca.” Necesito un trago largo. ¿Que pinta el Barca en toda esta historia de travestis y ladrones? &lt;br /&gt;Recordemos que por esas fechas, el Real Madrid sufrió una derrota humillante ante el equipo barcelonés. Nuestro protagonista involuntario es culé hasta la médula, y todo lo que no hizo en 10 días, quería hacerlo en una noche para celebrar la sonada victoria de su equipo del alma, dejando al margen su fidelidad amorosa proclamada a los cuatro vientos y su repulsa por el mundo de la prostitución. Esos son los efectos secundarios del futbol, consigue que el hombre reniegue de sus principios más elementales, aunque todo tiene un límite, o debería tenerlo, a mi entender.&lt;br /&gt;¿Podríamos hablar de un culé “enculé”? No nos precipitemos. Según palabras del hincha, su alegría era tan grande en esa noche que tenía que ir a celebrarlo como fuera, y afirmaba que iba a petar el pueblo turístico, aunque nos tememos que lo que petó fue otra cosa, pero no adelantemos acontecimientos.&lt;br /&gt;Avanzada la noche, el alcohol fluía como el Ebro por Zaragoza. ¡Cuántas mujeres, cuánto jolgorio! Menuda dicha la suya. Esa noche la iba a recordar por siempre jamás, pero no de color rosa ni azulgrana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su relato, recogido por dos personas distantes en tiempo y espacio, su acompañante y el que esto escribe, adolece de grandes lagunas temporales que impiden determinar la sucesión exacta de los acontecimientos, y establecer la certitud total de las afirmaciones. Siguiendo las palabras de la “víctima”, pasamos repentinamente de un decorado de luces de neón a la oscuridad de una lúgubre habitación de hotel en la que se encuentran un seguidor azulgrana y una mujer con una extensión natural entre las piernas. El sujeto, llamémosle hombre, llamémosle mujer, para el caso es el mismo, tiene entre sus manos el Iphone del joven catalán. Según dice, lo devolvería a cambio de un rescate de 10.000 bahts. Suponemos que el aparato (el Iphone quiero decir) no tenía instalada la aplicación para evitar ser secuestrado. Al no contar con esa cantidad en metálico, el travesti conmina a su víctima a acudir al cajero más próximo y retirar dicha cantidad. Desconcertado, el joven coge su tarjeta y sigue las ‘ordenes del trípode. Regresa a la habitación y le hace entrega de la cantidad exigida, marchándose a continuación, sin más.&lt;br /&gt;Es entonces cuando recibo la llamada en la que, más que alterado, me pregunta si debía denunciar el caso o no, dado que la noche en que estuvo en Bangkok, le señalé que nadie podía denunciar a una prostituta por el simple hecho de que se estaría auto inculpando de un delito de incitación a la prostitución. Sin embargo, lo reconforto señalándole que a la policía le interesa más atrapar a este tipo de delincuente que echarse sobre un pobre turista ebrio que no sabe qué tiene entre manos, aunque ‘este es probable que supiera lo había tenido entre sus manos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/Por%20un%20ojete/khwai_paolo_apple.jpg" alt="Ikhwaai" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otro aspecto que intriga a los que hemos vivido la historia de cerca, es la preocupación del desbarrado por saber si los travestis de este país transmitían enfermedades. Por lo que he podido saber durante los años que llevo por estos lares, las probabilidades de contraer algún tipo de enfermedad con un travesti de la calle son bastante superiores a las que habría con una chica que trabaja en un gogo bar, aunque no lo expuse tan claramente, lo dejé entrever. Supongo que inconscientemente, con sus palabras se delató de alguna forma y vimos que su relato cojeaba, y allí había sucedido algo que no estaba dispuesto a contar. ¿Por qué se preocupa uno por las enfermedades de un travesti si afirma no haber tenido contacto carnal con ‘este? Allí la cosa olía a cuerno quemado (¿el de la novia catalana?). Los interrogantes se sucedían. ¿Si alguien está sometido a un chantaje y puede salir de la habitación, no sería más lógico acudir a la comisaría más cercana o avisar al personal del hotel? ¿Era la vergüenza superior al deseo de justicia? ¿Cómo puede un hombre que despotrica contra las prostitutas durante días acabar con un ser con una del 22 largo entre las piernas? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/Por%20un%20ojete/vibra.jpg" alt="vibra" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recordábamos, su compañero de viaje y yo, la conversación sobre el tema que habíamos tenido noches anteriores. Algo no cuadraba, y sigue sin cuadrar, porque el individuo en cuestión cogió las de Villadiego, sin dar la menor explicación. En un arrebato de ira hizo las maletas y regresó a España, tal vez para ir al Nou Camp o sus alrededores y olvidar el secuestro que había sufrido su Iphone y la humillación de la que había sido objeto, una humillación comparable a la que había sufrido el Real Madrid en la noche de marras. La cuestión es que para emprender la huída tuvo que abonar 100 € par el cambio de billete, o sea que podemos afirmar que su aventura siamesa le costó un ojete… de la cara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/Por%20un%20ojete/thai.jpg" alt="thai" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me cansaré de repetir a todos los que quieran venir a Tailandia de picos pardos, que no hay que llevar bajo ningún concepto a nadie a la habitación de uno mismo, y dado el caso, por la circunstancia que sea, exigir a los miembros de seguridad del hotel que tomen los datos de quien los acompaña. Es algo sencillo que puede ahorrar más de un disgusto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En este relato se han obviado fechas, lugares y nombres. La intención no es hacer leña del árbol caído, sino extraer una enseñanza de todo ello. Bueno... y echar unas risas ¿no?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Compañero, que la fuerza te acompañe.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18876237-2757235217626388690?l=herrpeter200506.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/feeds/2757235217626388690/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=18876237&amp;postID=2757235217626388690' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/2757235217626388690'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/2757235217626388690'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/2010/12/por-un-ojete-de-la-cara.html' title='Por un ojete de la cara'/><author><name>Herr Peter</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_TOlMhgJwUhQ/SMBZgi7JsmI/AAAAAAAAAAM/G5n3ZEMk5MY/S220/petronasavatar.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18876237.post-8994674528565193649</id><published>2010-11-14T02:30:00.000+07:00</published><updated>2010-11-14T02:31:37.526+07:00</updated><title type='text'>Respuestas a un Cliente X</title><content type='html'>Con cierta frecuencia recibo consultas sobre distintos aspectos de la vida en Tailandia. Hace un tiempo, un Cliente X (así se autodenominaba) me hizo una batería de preguntas que venían a resumir las curiosidades de muchos lectores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img alt="" src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/BlogCliente%20X/mascarilla.jpg" title="Herr Peter con mascarilla" class="aligncenter" width="400" height="300" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Por una parte comentas que es la prostitución es ILEGAL. ¿Qué penas existen, qué dice el CP? ¿Se castiga al cliente? ¿La policía hace mucho la vista gorda, está metida en el ajo, llega a "acuerdos" con las chicas?&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Efectivamente, la prostitución es ilegal en Tailandia. Desconozco lo que dice el código penal al respecto, pero si sé que en la práctica, las prostitutas suelen salirse tras el pago de una multa y tal vez pasar un par de días en los calabozos. Generalmente no se detiene a nadie por prostituirse, más que nada por lo difícil de demostrar el hecho, sino por hechos asociados como hurtos y/o posesión de narcóticos.&lt;br /&gt;En ningún caso se castiga al cliente, más que nada porque si no existe delito, no hay delincuente.&lt;br /&gt;La policía hace la vista gorda hasta que no recibe órdenes en otro sentido. La tolerancia con los travestís es menor por el impacto visual que causan en la calle.&lt;br /&gt;No conozco ningún caso en el que las chicas lleguen a acuerdos con los policías, más que nada porque no veo utilidad en tener acuerdos. Tal vez los dueños de lugares en los que se podría ejercer la prostitución tengan algo hablado con las altas instancias. Pero volvemos a lo mismo, ¿cómo se demuestra que hay prostitución en un bar donde las chicas sólo bailan o en un local en los que se hacen masajes en cuartos privados? ¿Hasta qué punto los propietarios saben lo que sucede en sus locales? El sentido común nos dice una cosa pero la Ley no en consonancia con el sentido común.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img alt="" src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/BlogCliente%20X/pinklady.jpg" title="Pink Lady Had yai" class="aligncenter" width="400" height="300" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;¿Es posible desenvolverse bien hablando inglés a nivel intermediate?&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí, realmente es aconsejable usarlo a nivel intermedio o incluso bajo. Si hablas muy bien inglés, es probable que no te entiendan. De hecho, les cuesta más entender a los nativos anglófonos que a los que provenimos de otros países. Aunque el idioma universal es el de la vil moneda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img alt="" src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/BlogCliente%20X/1000baht.jpg" title="1000 bahts" class="aligncenter" width="400" height="184" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;¿Si le notan a uno que es de fuera le tratan de tomar mucho el pelo?&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como en todos los sitios, en España no somos excepción. Sin embargo en Tailandia, en ocasiones se pasan de listos. Pero eso sí, nunca les falta la sonrisa. Te timan, pero con amabilidad. Una vez más hay que imponer el sentido común, y tener en cuenta las diferencias culturales que pueden hacer percibir las cosas de diferente forma. pero también en tu propio país te pueden timar sin que te des cuenta ...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img alt="" src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/BlogCliente%20X/moratinos.jpg" title="Moratinos" class="aligncenter" width="400" height="300" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;¿Qué precauciones mínimas debería tomar un turista?&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los índices de delincuencia son más bajos que en España, en especial lo que se refiere a turistas. Nadie está exento de ser víctima de un robo, pero suele ser “al descuido” y no con violencia. La precaución más importante es el sentido común.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;¿Es cierto eso de que se regatea en todo?&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se regatea en todo, hasta con las putas. En los centros comerciales y tiendas grandes, los precios son fijos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;¿Son muy importantes allí las mafias? ¿Actúan como aquí, amparándose en los cuerpos policiales o incluso formando parte de los mismos?&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las mafias son importantes por definición. En Tailandia hay básicamente una mafia y suele ir uniformada. Mafias extranjeras, como la rusa u otras africanas más cutres, han intentado instalarse sin demasiado éxito. Existen y actúan en zonas que les han sido asignadas y pagan un tributo, supongo.&lt;br /&gt;Recuerdo hace unos años que en el soi 3 de Sukhumvit había un montón de meretrices rusas. Y los thais son muy suyos hasta para estas cosas. Una noche apareció la policía con un autobús y empezó a subir  bordo todas y cada una de ellas. La dirección que tomó el vehículo no fue la comisaría ni el departamento de extranjería. Vía directa al aeropuerto con destino a Moscú. De la noche a la mañana habían desparecido y hasta el día de hoy no ha vuelto a haber putas rusas por las calles de Bangkok.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;¿Alguna vez has detectado algún caso de prostitución forzosa, es decir, de esclavitud sexual?&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Bangkok no. En provincias fronterizas como Chiang Rai, me he visto en lugares en los que, si bien no me atrevería a afirmar que había coacciones, tampoco me atrevería a afirmar que todas las muchachas estaban por propia voluntad  o muy convencidas de lo que estaban haciendo. Lo que si tenía bastante claro, era que estos extraños lugares estaban destinados más al consumo interno que al mercado de los extranjeros, cosa que explicaría el hecho d que no les importara mucho las condiciones en las que estuvieran las mozuelas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img alt="" src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/BlogCliente%20X/sextourist.jpg" title="Sex tourist not welcome" class="aligncenter" width="400" height="300" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;¿Qué sistema político tiene Tailandia? ¿Quién gobierna? ¿Qué partidos existen? &lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sistema político en Tailandia es el mismo que en España, una monarquía parlamentaria. Las funciones de los respectivos reyes son, sobre el papel, las mismas. Sin embargo, lo cierto, es que el poder moral del rey tailandés va más allá de lo concebible para un occidental. El culto a la persona llega a límites insospechados en una democracia.&lt;br /&gt;Podríamos decir que gobierna … el gobierno. Pero realmente, las fuerzas vivas del país (militares, policías, nobleza, etc.) tienen siempre algo que decir, no en vano, Tailandia detenta indiscutiblemente un poco envidiado récord, el de golpes de estado. De hecho, el gobierno actual todavía no ha convocado elecciones y se puede afirmar que es fruto d un golpe de estado que en su momento derrocó al primer ministro Thaksin Shinawatra, elegido democráticamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;¿Qué requisitos, especialmente académicos, existen para entrar a la policía de turistas? ¿Tienen asuntos internos o no? ¿Ha habido detenciones de policías por asuntos de corrupción?&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al no ser tailandés, la verdad es que nunca me he preocupado en saber los requisitos que deben cumplir los policías turísticos para acceder al puesto. Por lo que sé, por lo que veo y oigo en comisaría, la policía turística es vista desde la policía “normal” como bastante “light”, hecha de cara al turista por una cuestión de imagen. Y la verdad es cumplen su cometido muy bien, todos son altos y guapos, tanto ellas como ellos. Pero lo cierto, es que a la hora de denunciar delitos e investigar casos, la policía turística se inhibe y deja paso a los policías no tan guapos y más bajitos.&lt;br /&gt;Existen asuntos internos, aunque realmente desconozco su grado de efectividad.&lt;br /&gt;Hay detenciones de vez en cuando, en especial tras un golpe de estado o un cambio político importante. La acusación suele ser de corrupción, más que nada por lo generalizada que está en la vida del país.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object id="vp1eliT4" width="400" height="224" classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000"&gt;&lt;param name="movie" value="http://static.animoto.com/swf/w.swf?w=swf/vp1&amp;e=1289167926&amp;f=eliT4Byo67VkgKcMNSKtqw&amp;d=272&amp;m=a&amp;r=f&amp;i=w&amp;options="&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed id="vp1eliT4" src="http://static.animoto.com/swf/w.swf?w=swf/vp1&amp;e=1289167926&amp;f=eliT4Byo67VkgKcMNSKtqw&amp;d=272&amp;m=a&amp;r=f&amp;i=w&amp;options=" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="400" height="224"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Las ETS y especialmente el VIH se halla muy esparcido. ¿Qué me puedes decir al respecto? ¿Es fácil follar sin condón? ¿Qué servicios suelen ofertar las chicas?&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siempre se ha dicho que Tailandia era un país con una tasa alta de infección por VIH. Lo cierto es que no sé cómo pueden saber cuántas personas personas con SIDA hay, si no saben cuántos habitantes tiene Bangkok.&lt;br /&gt;Para mí es mucho más fácil follar sin condón, es un engorro ponérselo. Bromas a parte, y suponiendo que te refieres al hecho de encontrar personas dispuestas al ayuntamiento carnal sin protección de látex, puedo decirte que, para mi sorpresa, es más frecuente de lo deseable. En el fragor de la noche uno se ve engullido por torrentes de pasión que acaban en la consulta del médico con una jeringuilla en el culo y una caja de antibióticos, más que nada porque no todo es SIDA en el mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img alt="" src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/BlogCliente%20X/royal.jpg" title="Recepción Real" class="aligncenter" width="400" height="533" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;¿Para cuándo una guía de putis?&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mundo del putiferio es muy cambiante en Tailandia. Basta con que se recomiende un bar para que de un día a otro cambien el personal, y lo que era el paraíso sea torne un puro infierno. Lo mismo que para los bares puede valer para las zonas. Hace unos años,  por ejemplo, Patpong era un lugar agradable con unos precios razonables, hoy en día no es más que una trampa para turistas, si bien hay que reconocer que de vez en cuando es agradable darse una vuelta y tomarse una copa en los bares menos frecuentados por turistas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18876237-8994674528565193649?l=herrpeter200506.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/feeds/8994674528565193649/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=18876237&amp;postID=8994674528565193649' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/8994674528565193649'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/8994674528565193649'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/2010/11/respuestas-un-cliente-x.html' title='Respuestas a un Cliente X'/><author><name>Herr Peter</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_TOlMhgJwUhQ/SMBZgi7JsmI/AAAAAAAAAAM/G5n3ZEMk5MY/S220/petronasavatar.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18876237.post-1523721600273326153</id><published>2010-08-10T02:38:00.003+07:00</published><updated>2010-08-10T02:59:44.853+07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='inmigración'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='drogas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='comisaría'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Tailandia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='visado'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='BKK'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='mafia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='delincuencia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='policía'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='bangkok'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='delincuentes'/><title type='text'>Un día en comisaría 1</title><content type='html'>Hace ya un tiempo que la vida me brindó la posibilidad de &lt;strong&gt;trabajar en una comisaría en Bangkok&lt;/strong&gt;. Ni corto ni perezoso, ahí me presenté. Tras una extensa explicación por parte del responsable, me dispuse a tomar posesión de mi puesto. Ahí empezó la diversión. No era un trabajo nuevo, puesto que en España, mi jefe en última instancia, se llama Rubalcaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;center&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/Dia_comisaria/fiesta_lumpini.jpg" HEIGHT="300" WIDTH="400" BORDER="0"&gt;&lt;/center&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejando al margen lo que pueden ser los aspectos negativos de trabajar en una comisaría de cualquier parte del mundo (atender y consolar a víctimas, consolar a personas en momentos difíciles, etc.), prefiero comentar las anécdotas más llamativas y/o graciosas que me han sucedido en los últimos tiempos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal y como es de esperar en &lt;strong&gt;uno de los distritos con más prostitución &lt;/strong&gt;enfocada al turismo, la mayoría de casos llamativos, tienen relación con el instinto más básico del ser humano. Claro que como se suele decir: la realidad supera en muchas ocasiones a la ficción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;center&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/Dia_comisaria/nai_luang.jpg" HEIGHT="534" WIDTH="400" BORDER="0"&gt;&lt;/center&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin ir más lejos, uno de los casos más recientes que registramos en el archivo, es el de un hombre occidental que vino a denunciar el &lt;strong&gt;robo de sus objetos personales por parte de unos “katoeys” (travestis)&lt;/strong&gt; en un hotel de Bangkok. El caso no habría llamado la atención, y habría pasado a sumar un número más en el archivo, si no hubiera sido porque el hombre en cuestión &lt;strong&gt;vino acompañado de su mujer&lt;/strong&gt;. ¡¿Quién va a una comisaría a denunciar que ha sido objeto de robo en un hotel por parte de dos travestís acompañado por su mujer?! ¿Le podía más la vergüenza de no hablar el idioma que asumir que se había ido con unos travestís de parranda dejando a su mujer en casa? ¿Espero la mujer a que se pusiera la denuncia para darle la paliza al marido? Y luego me pregunta la gente por qué les hacemos repetir las cosas en comisaría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;center&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/Dia_comisaria/thamruat.jpg" HEIGHT="300" WIDTH="400" BORDER="0"&gt;&lt;/center&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siguiendo en la misma línea, apareció el otro día en comisaría, un sujeto italiano que no podía acercarse a una llama por el peligro que suponía que la combustión empezara en cualquier momento, dado el alcohol que desprendía por todos sus poros. Por su estado, sólo era capaz de repetir una frase. &lt;strong&gt;“Que detengan a la puta que me lo ha robado todo”. &lt;/strong&gt;No había forma de sacarle dato alguno. Sólo quería que detuviéramos a la puta. Y claro, en una ciudad de 14 millones de habitantes, encontrar a 1 puta que le ha robado, sin más datos, resulta algo harto imposible. El asunto se resolvió con 100 bahts (2 euros) y un taxi que le llevó de vuelta a su hotel para que durmiera la mona. No volvió a aparecer. Supongo que por vergüenza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;center&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/Dia_comisaria/shooting1.jpg" HEIGHT="300" WIDTH="400" BORDER="0"&gt;&lt;/center&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me llama sobremanera la atención la cantidad de casos de extranjeros objeto de robo por parte de profesionales del sexo. No por el hecho de que estas aves nocturnas busquen a su presa más fácil, sino por lo tonto que puede llegar a ser un hombre cuando huele a “chumino” (o lo que se supone que debería ser “chumino”).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las denuncias por asuntos comerciales ocupan, a no mucha distancia, el segundo lugar en denuncias por parte de extranjeros (dejando de lado las sustracciones y robos con violencia, que no comento por no tener un ápice de gracia). Recuerdo a una nipona que acudió alarmada a las dependencias policiales porque &lt;strong&gt;había sido agredida con una calculadora &lt;/strong&gt;en un comercio durante un regateo. Realmente, creo que en muchas ocasiones, los idiomas son un invento del diablo, excepto para los que vivimos de ellos. Más que nada por los desentendidos que se producen, y que pueden llevar a situaciones desagradables como el de la nipona agredida por una Casio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No hace mucho vino una pareja de individuos muy alterados. Uno era un turista italiano, y el otro el vendedor de un puesto del mercado de Suan Lum. La cuestión es que el comerciante le reclamaba al visitante el importe de una bolsa supuestamente de cuero, y éste se negaba en rotundo, algo lógico si vemos lo chamuscado que estaba el complemento objeto de la disputa. Para entender la génesis de todo el asunto, hay que explicar que es práctica común por parte de los vendedores hacer delante del cliente “la prueba del mechero”, consistente en pasar un mechero por todo el bolso, en este caso, para que el potencial comprador vea por sus propios ojos de que se trata de auténtico cuero, y no de una falsificación. El problema residía en que la prueba no salió como era de esperar, y el &lt;strong&gt;bolso se tornó en antorcha&lt;/strong&gt;. A pesar de todo el hombre quería su dinero. En el informe se señaló como dato importante que el mechero era del propio comerciante, no se fuera a pensar nadie que el turista llevaba consigo un mechero “trucado” con la facultad de quemar cuero auténtico. El italiano no pasó por el aro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;center&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/Dia_comisaria/navy1.jpg" HEIGHT="300" WIDTH="400" BORDER="0"&gt;&lt;/center&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Está visto que los italianos tienen cierta tendencia a pasar por comisaría. En este caso, una pareja vino acompañada de los responsables de seguridad de unos grandes almacenes acusados de robar un secador de pelo. Es bastante común encontrarse con gente que fuera de su país hace cosas que no acostumbra a hacer en el suyo, y este parece ser el caso. La cuestión es que la pareja no entendía a qué venía tanto follón. Según ellos habían pagado todo lo que se llevaban, pero según los vendedores del establecimiento, entre los objetos que se llevaban al hotel, había &lt;strong&gt;un secador de pelo que no había pasado por caja&lt;/strong&gt;. Ellos, muy indignados, pagaron el objeto en cuestión, y se atribuyó todo a un problema idiomático. ¡Viva la diplomacia!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caso que más me ha sorprendido este mes, es el de un hindú que vino muy alarmado a la comisaría para denunciar que &lt;strong&gt;le habían hipnotizado, y posteriormente robado&lt;/strong&gt;, claro. Curiosamente hacía dos días que había visionado un episodio de CSI Las Vegas en el que se trataba un caso similar. El hindú no podía haber visto el mismo episodio porque el mío estaba bajado de internet. De todas formas me llamó la atención la sincronicidad de los hechos. Estas cosas pensaba que sólo pasaban en las películas, pero observo día a día que es bien cierto que la realidad supera a la ficción con creces.&lt;br /&gt;Lo cierto es que ya sabemos en la comisaría que la gente se inventa los disparates más grandes con tal de esconder un hecho vergonzoso, engañar a un seguro, buscar una coartada ante la pareja, etc.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;center&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/Dia_comisaria/shooting2.jpg" HEIGHT="534" WIDTH="400" BORDER="0"&gt;&lt;/center&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He observado con el tiempo &lt;strong&gt;la influencia negativa que tienen numerosas series de televisión &lt;/strong&gt; sobre la población en general, y los jóvenes en particular. Me explico. Hace menos de 48 horas, vino un grupito de jóvenes chinos pijos (sí, hasta los pijos han podido con el país de la Gran Muralla) a denunciar la pérdida de una cartera que contenía una tarjeta visa y poco más de 1000 bahts (unos 20 euros). Gracias a un guardia de seguridad del recinto habían logrado averiguar que un taxista había recogido la mencionada cartera y se la había llevado. Dicho guardia había logrado apuntar cuatro números de la licencia (que en Tailandia está en números grandes pegados en el cristal posterior del vehículo, algo prohibido en Europa). El grupo de jóvenes, influidos por Hollywood, nos pedían que con esos cuatro números localizáramos al taxista en cuestión. De poco servían mis explicaciones respecto al hecho de que en Bangkok hay alrededor de 100.000 taxis, y sin dos letras adicionales del alfabeto thai, que tiene 44 consonantes, era imposible localizar a nadie. Dada la insistencia de los chinos, y mi paciencia que es inversamente proporcional a los años que cumplo, no me quedó más remedio que decirles del mejor modo posible, aunque algo airado, que: “la localización de vehículos instantánea y &lt;strong&gt;las pruebas de ADN en 5 minutos siguen siendo patrimonio de los CSI&lt;/strong&gt;, y que al mundo real todavía no han llegado”. Una vez sacado el genio latino, los asiáticos agradecieron la colaboración que amablemente prestamos durante casi una hora para cancelar la tarjeta VISA, dieron media vuelta y emprendieron el regreso al hotel. Sin embargo, la principal damnificada todavía tuvo fuerzas para dirigirse de nuevo a mí y decirme algo llorosa: “Es que era Christian Dior …”. “Lo siento, pero Christian Dior todavía no incorpora GPS en sus carteras” tuve que decir respirando profundamente para no levantarme y sacarla a gorrazos de la comisaría. Para &lt;strong&gt;trabajar en una comisaría&lt;/strong&gt;, se impone &lt;strong&gt;mucha paciencia &lt;/strong&gt;antes que mucha valentía.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18876237-1523721600273326153?l=herrpeter200506.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/feeds/1523721600273326153/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=18876237&amp;postID=1523721600273326153' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/1523721600273326153'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/1523721600273326153'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/2010/08/hace-ya-un-tiempo-que-la-vida-me-brindo.html' title='Un día en comisaría 1'/><author><name>Herr Peter</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_TOlMhgJwUhQ/SMBZgi7JsmI/AAAAAAAAAAM/G5n3ZEMk5MY/S220/petronasavatar.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18876237.post-6233352044445320453</id><published>2010-07-29T01:57:00.002+07:00</published><updated>2010-07-29T02:32:54.583+07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='inmigración'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='drogas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='comisaría'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Tailandia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='visado'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='BKK'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='mafia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='delincuencia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='policía'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='bangkok'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='delincuentes'/><title type='text'>Un día en comisaría 2</title><content type='html'>La vida en &lt;strong&gt;una comisaría es un constante suceder de claroscuros &lt;/strong&gt;que nunca dejan indiferente a todo el que deba vivir determinadas situaciones, aunque sí debo admitir que con el paso de los años, uno se vacuna involuntariamente, y no se deja trastocar por hechos que al común de los mortales le supondría un peso duro de soportar. No se trata de ser “un hombre duro”, sino que la reiteración de determinadas situaciones hace que la gente que trabaja en comisaría pueda parecer indiferente frente a los casos que se le plantean, cosa que no es así, aunque lo pueda parecer en muchas ocasiones. Esta &lt;strong&gt;aparente frialdad&lt;/strong&gt; o carencia de emociones es lo que ayuda en muchas ocasiones a llevar los casos como se debe. Si los afectados nos contagiaran en cada ocasión sus emociones, saldríamos cada día del recinto policial con pistola en mano y disparando a todo lo que se moviera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;CENTER&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/Dia_comisaria_2/cartel_lumpini.jpg" HEIGHT="300" WIDTH="400" BORDER="0"&gt;&lt;/CENTER&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero aquí no nos vamos a ocupar de lo que nos irrita o entristece. Nos merecemos algo mejor. Y por esto, he rebuscado en los archivos para dar con los casos más sorprendentes y llamativos que creo pueden interesar al lector.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace pocos días se presentó en comisaría &lt;strong&gt;un ciudadano de Mali&lt;/strong&gt;, bastante angustiado. Acababan de robarle un bolso con 14.600 dólares USA. Todo ocurrió mientras &lt;strong&gt;estaba en plena oración&lt;/strong&gt;. Yo empezaría a plantearme la existencia de Dios, en el caso que nos ocupa, &lt;strong&gt;la existencia de Alá&lt;/strong&gt;. Y peor lo tienen los musulmanes con sus cinco rezos diarios. No tenemos pruebas de momento, pero nos da la impresión de que el autor del robo debe de ser un correligionario, más que nada por el lugar en que ocurrió, una zona frecuentada mayoritariamente por seguidores del Islam.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;CENTER&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/Dia_comisaria_2/no_strangers.jpg" HEIGHT="534" WIDTH="400" BORDER="0"&gt;&lt;/CENTER&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegada la noche, sobre las 21:15, aparece &lt;strong&gt;un inglés borracho como una cuba&lt;/strong&gt;. Dice que no sabe dónde vive. De momento, la policía está dotada de armas pero no de poderes paranormales que les permitan adivinar la procedencia de la gente con sólo tocarla. &lt;br /&gt;Con la lógica y coherencia que caracteriza a las personas en estado ebrio, el británico sale de comisaría tal y como ha venido. Lo peculiar del caso es que al rato regresa tras haber ido a comer a un restaurante, y se queda a dormir en las dependencias policiales. Como no molesta y por lo visto es una práctica habitual entre los borrachos extranjeros (los thais huyen de las comisarías como los gatos escaldados huyen del agua fría), &lt;strong&gt;se le deja que duerma la mona&lt;/strong&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La generosidad no conoce límites. Hace unas semanas apareció un ciudadano estadounidense con &lt;strong&gt;dos chalecos anti-balas&lt;/strong&gt;. Se trataba de un ex – oficial de policía que quería donar las prendas a los agentes tailandeses. Dado que es prácticamente &lt;strong&gt;imposible que un policía tailandés rechace un regalo&lt;/strong&gt;, ahí se quedaron los chalecos. ¿Tan necesitada vio el hombre a la fuerza de orden siamesa? Porque lo cierto es que estos chalecos pesan lo suyo y ocupan bastante espacio en las maletas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Paseando por las dependencias policiales, veo en un trastero un gran paquete con un montón de cartoncillos negros. &lt;strong&gt;“Es un millón de dólares”&lt;/strong&gt; me dicen. ¡Extraño lugar para dejar semejante suma de dinero! Realmente se trata del “botín” incautado a un grupo de &lt;strong&gt;africanos dedicados a las estafas&lt;/strong&gt;. Estos individuos centraban su actividad en el timo de los billetes tintados, un engaño tan antiguo como el de la estampita, y que no conoce fronteras. Para el que no lo conozca, lo resumiré brevemente. Se presentan uno o dos africanos con aspecto impecable de hombres de negocios, y entablan conversación con su potencial víctima en un lugar como puede ser el lobby de un hotel o un restaurante. Tras ganarse su confianza con el paso del tiempo, que pueden ser meses, le proponen un estupendo negocio que hace perder la razón a cualquier avaricioso. Por cuestiones político-económicas de su país, se han visto obligados a sacar de su país una suma importante de dólares. Para hacerlo de forma ¿disimulada? Los han impregnado en una tinta negra especial que los hace indetectables en los escáneres de los aeropuertos. Para su limpieza se emplean líquidos también especiales y caros. Para acabar de convencer al primo de turno, lo llevan hasta su habitación, y ante sus ojos, efectúan la prueba definitiva. Cogen uno de los billetes tintados y lo limpian, convirtiéndose el cartoncillo en&lt;strong&gt; un flamante billete de 100 dólares&lt;/strong&gt;. Como prueba de buena voluntad, y con el fin de que no existan dudas sobre la autenticidad de la moneda, se la entregan y le invitan a que vaya a un banco a cambiarlo. Dicho y hecho. Si el banco acepta el billete, no cabe duda de que los africanos tienen en su habitación una fortuna. El avaricioso está ya convencido. Pero los truhanes tienen un pequeño problema, se les ha acabado el líquido especial para limpiar billetes. Éste cuesta unos miles de dólares. Ni cortos ni perezosos, le piden el montante al primo con la promesa de compartir el dinero una vez limpiado. Reciben la suma, y como prueba de buena fe, le dejan al ingenuo el paquete con el millón de dólares. Como es de esperar, los africanos no vuelven a dar señales de vida, y el primo se queda con un montón de cartulinas negras, y una mala hostia que no le cabe en el cuerpo, supongo.&lt;br /&gt;Parece increíble, pero sucede a lo largo y ancho de nuestro planeta. Todos queremos dinero rápido y fácil, pero parece inverosímil que haya gente tan ingenua, gente que no parece tonta en absoluto pero a la que la avaricia le anula el raciocinio.&lt;br /&gt;Lo bueno del asunto, es que muchos se atreven a denunciar el hecho. Y claro, en comisaría, se les ve incrustado en el capirote un enorme neón multicolor parpadeante que reza: &lt;strong&gt;“Soy un tonto del culo”.&lt;/strong&gt; Vivir para ver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;CENTER&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/Dia_comisaria_2/drugs%20(2).jpg" img/&gt;&lt;/CENTER&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Allá por donde vaya me encuentro con muchos suecos, y Bangkok no es una excepción. A veces me pregunto si en Suecia queda algún sueco. Al margen de beber cantidades considerables de alcohol, los suecos no son excepción y son amantes de la amplia &lt;strong&gt;oferta sexual de la noche bangkokiana&lt;/strong&gt;. Claro que cuando uno mezcla alcohol y putas, el resultado no siempre es el esperado, y eso lo sabe bien la policía tailandesa.&lt;br /&gt;Hace un par de días se presentó un sueco a formular una denuncia por haber sido objeto de un robo por parte de dos hetairas que había tenido a bien invitar a sus aposentos. Craso error, nunca hay que llevar putas a la habitación del hotel. La cuestión es que &lt;strong&gt;el denunciante afirmó haber sido drogado&lt;/strong&gt; mediante alguna droga que le mezclaron en la bebida. Todo un clásico. Supongo que el litro de vodka que se metió entre pecho y espalda no tuvo nada que ver. Yo lo entiendo, de alguna manera hay que justificar la enorme cogorza y sus consecuencias. El pobre hombre, además de no haber consumado, se quedó sin dos móviles, dos cadenas de oro, el anillo de CASADO y un reloj. Para hacer el trance más llevadero, el escandinavo venía acompañado de un amigo que era el que se ocupaba de relatar el percance. Por lo visto, además de los objetos de valor, &lt;strong&gt;le habían quitado el habla&lt;/strong&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los borrachos, descerebrados y demás gente de vida extraña, son aficionados a visitar las comisarías. Tal vez en éstas encuentren refugio de la dura vida callejera. La cuestión es que por aquí pasa todo tipo de elemento.&lt;br /&gt;El último en “agraciarnos” con su visita fue &lt;strong&gt;un inglés que en estado totalmente ebrio &lt;/strong&gt;y adicto a diversas drogas, apareció de pronto en la oficina afirmando que no sabía quién era ni dónde vivía, además no portaba ni teléfono, ni pasaporte, ni nada que pudiera identificarle. Interrogado, confundía las fechas y no sabía ni dónde estaba, pero había llegado al puesto policial por gracia de …… (rellene el lector lo que le venga en mente). Por lo menos sabía que era inglés, un buen punto de partida para contactar con la embajada. Realizadas varias gestiones, se nos aseguró que la madre iba a llegar en dos horas y media.&lt;strong&gt; Eso es puntualidad británica&lt;/strong&gt;, y lo demás son tonterías.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Extrañas situaciones se viven en todas las comisarías del mundo. Sin embargo, lo que más me ha llamado la atención desde que estoy en &lt;strong&gt;una comisaría thai es la carencia de medios materiales&lt;/strong&gt;. Me parece asombroso que se sigan realizando las denuncias y demás trámites a mano, como los antiguos escribanos de la edad media. No es que no haya ordenadores, que los hay, pero la tradición se impone hasta ese punto. No me extraña que a la hora de tomar una denuncia, los agentes pongan cara de: “ya me toca otra vez escribir algo que no va a servir para nada”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;CENTER&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/Dia_comisaria_2/Denuncia_lumpini_publicacion.jpg" img/&gt;&lt;/CENTER&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Así son las hojas de denuncias, a mano.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ayer vi a &lt;strong&gt;un individuo esposado&lt;/strong&gt;, con la camiseta manchada de sangre, y con aspecto de haber pasado una noche en el hotel gratuito que tengo al lado de la oficina. La explicación la pueden encontrar más abajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;CENTER&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/Dia_comisaria_2/shooting_cartoon2.jpg" HEIGHT="300" WIDTH="400" BORDER="0"&gt;&lt;/CENTER&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se encuentran un marroquí, un tunecino y un árabe. El primero le dice a los otros dos que ha sido timado por un argelino, el segundo hace lo mismo y así el tercero. Deciden buscar al argelino. &lt;strong&gt;Lo encuentran y le dan una paliza &lt;/strong&gt;que casi lo matan. No es un chiste. Pasó ayer.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18876237-6233352044445320453?l=herrpeter200506.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/feeds/6233352044445320453/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=18876237&amp;postID=6233352044445320453' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/6233352044445320453'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/6233352044445320453'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/2010/07/un-dia-en-comisaria-2.html' title='Un día en comisaría 2'/><author><name>Herr Peter</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_TOlMhgJwUhQ/SMBZgi7JsmI/AAAAAAAAAAM/G5n3ZEMk5MY/S220/petronasavatar.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18876237.post-2820544603907469445</id><published>2010-07-21T20:21:00.001+07:00</published><updated>2010-07-21T20:22:42.404+07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='inmigración'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='drogas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='comisaría'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Tailandia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='visado'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='BKK'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='mafia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='delincuencia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='policía'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='bangkok'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='delincuentes'/><title type='text'>Un día en comisaría 3</title><content type='html'>Hace unos días recibí una llamada. Procedía de la &lt;strong&gt;comisaría de Bangkok &lt;/strong&gt;en la que habitualmente desarrollo mi labor. No me pilló de sorpresa. Recientemente había leído en la prensa thai que un grupo organizado colombiano había sido detenido tras un atraco a una entidad bancaria. A raíz de tal suceso se empezaba a estudiar la posibilidad de crear una división especial dedicada a la&lt;strong&gt; investigación de grupos sudamericanos en territorio tailandés&lt;/strong&gt;, dada la afluencia de oriundos de dichos países que se dedican a actividades “poco claras”.&lt;br /&gt;La llamada en cuestión me hizo recordar que contaba todavía con un cuaderno de apuntes sobre las horas pasadas en las dependencias policiales. He aquí algunos de los extractos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/Dia_comisaria_3/tukata_TR.jpg" alt="Police_doll" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día del mes de febrero se presenta en comisaría un individuo danés con el objeto de presentar una &lt;strong&gt;denuncia contra su mujer&lt;/strong&gt;, dado que ha vuelto a ser objeto de malos tratos. Y digo “ha vuelto” porque no es la primera vez que aparece por aquí. En vista de la reiteración de los hechos se le aconseja que acuda a un abogado. El hombre no es un “Gran Danés” (chiste malo) y se tiene que ir con el rabo entre las piernas. Aquí &lt;strong&gt;no existen leyes sobre violencia de género&lt;/strong&gt;. En España, teóricamente, se habría procedido a la inmediata detención de la mujer, aunque con lo de la discriminación positiva, no me atrevería a afirmarlo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerdo el día en que una pareja de neozelandeses acudió a denunciar el robo del que había sido víctimas en el ya conocido soi 4 de Sukhumvit. Todo se desarrolla con la normalidad propia en este tipo de procesos, hasta el momento de rubricar el documento con la firma de los afectados.&lt;strong&gt; Éstos se niegan a estampar su firma por estar la denuncia redactada en tailandés&lt;/strong&gt;. Nadie entiende nada. Nadie sabe cuál es el problema. Dado lo peculiar del hecho se llama al subteniente para que a través de un intérprete se les haga entender que como en cualquier otro país del mundo, los documentos oficiales se redactan en el idioma oficial; algo de cajón que los “Kiwis” se resisten a entender. Con paciencia (creo que demasiada) se les dan unas explicaciones que yo personalmente me habría ahorrado mandándolos a una calle cercana donde &lt;strong&gt;el rey es el “Anal Intruder”. &lt;/strong&gt;Acceden los muy gilipollas, pero a regañadientes. ¿Qué creían? ¿Qué firmaban una autorización para ser sodomizados por cualquier funcionario thai?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/Dia_comisaria_3/say_NO.jpg" alt="say_NO" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es corriente que en las comisarías exista &lt;strong&gt;“el otro cuarto”, “el cuarto oscuro”, “el sitio”, “la habitación sin nombre”, &lt;/strong&gt;ese lugar que nadie quiere conocer, donde los segundos parecen horas y el silencio es atronador. En Bangkok, los ciudadanos originarios de Oriente Medio, &lt;strong&gt;en especial de Irán&lt;/strong&gt;, suelen ser “estrellas invitadas” frecuentes de tan lúgubres y reveladores lugares. El narcotráfico es su actividad predilecta, y existe una auténtica mafia organizada que se mueve por los alrededores de los sois 3 y 5 de Sukhumvit. Muchos de ellos hacen sus “negocios” en los bajos del hotel Grace del soi 3. Y no son pocas las ocasiones en que son detenidos por ajustes de cuentas entre ellos.&lt;br /&gt;En este día de enero, un iraní se presenta en comisaría en busca de un compatriota suyo que había sido detenido días antes por estar en territorio tailandés con el visado caducado (sí, en Siam se cumplen las leyes sobre inmigración). &lt;strong&gt;Nadie sabe nada sobre el paradero del individuo&lt;/strong&gt;. Ha desaparecido. En un país “normal” no pasaría nada, pero en algunas naciones el hecho de “desaparecer” puede llegar a ser algo más que preocupante. En vista de que no hay rastro del “Jomeini” le invitamos a que se acerque a las oficinas de la policía de inmigración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/Dia_comisaria_3/baccaratBKKpost.jpg" alt="baccara_TR" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Foto: &lt;a href="http://www.bangkokpost.com"&gt;Bangkok Post&lt;/a&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay ocasiones en que los &lt;strong&gt;desaparecidos&lt;/strong&gt; no lo son. Como muestra el caso de un francés que un buen día apareció por la comisaría a denunciar su  “no desaparición”. Unos días antes, un primo suyo se había presentando alarmado por la ausencia de su familiar y se había cursado el pertinente parte. Muchos son los que “desaparecen” en Tailandia. Es frecuente ver, sobre todo en la zona de Khao San, carteles fotocopiados pegados por familiares o amigos de alguno de estos desaparecidos, que &lt;strong&gt;acaban apareciendo en alguna isla “fumaos” y acompañados de alguna putilla&lt;/strong&gt;. Las desapariciones voluntarias son harto frecuentes en un país en el que los placeres te hacen perder los sentidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para algunos, &lt;strong&gt;una comisaría es un espacio multiusos donde pasar la tarde&lt;/strong&gt;, refrescarse, charlar un rato, desahogarse, visitar al “psicólogo” gratis, etc. Para otros, se trata de un lugar donde creen que van a encontrar la panacea, el lugar donde todo se puede solucionar, desde los problemas más nimios hasta cuestiones más graves que requieren largas investigaciones. Otros creen literalmente que acuden a centros de beneficencia. Sin embargo, &lt;strong&gt;la realidad es bien distinta&lt;/strong&gt;. En Bangkok, como en España o cualquier otro lugar del mundo, BÁSICAMENTE, una comisaría no deja de ser una dependencia administrativa en el que se transcriben y “oficializan” declaraciones efectuadas por individuos. Obviamente, de tanto en cuanto, se arregla algún que otro entuerto&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como ejemplo del &lt;strong&gt;uso terapéutico de una comisaría&lt;/strong&gt;, tenemos el caso de un ciudadano noruego de 69 años que acudió todo enfurecido en busca de ayuda, a finales de enero. Según relataba, paseando por la calle Silom (zona de tenderetes para turistas), un vendedor de la calle le dijo: “Fuck you”. Además de insultarle, le iba siguiendo por la calle. El hombre estaba realmente indignado y pretendía que la policía limpiara las aceras de vendedores. Tras escucharle, disimulando las carcajadas con amplias sonrisas o bostezos, se le aconseja que acuda a la Policía Turística que es la que debe ocuparse de estos menesteres. Una vez desahogado el hombre, parece más relajado y contento, simplemente por haber tenido una audiencia de media docena de personas. Ya tendrá algo más que contarles a sus nietos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/Dia_comisaria_3/nypd.jpg" alt="NYPD" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los que se creen que &lt;strong&gt;la policía es una sucursal de Cáritas &lt;/strong&gt;son los borrachos occidentales. Acuden simulando haber sido atracados y piden dinero. Son despachados sin más contemplaciones, aunque con la sonrisa que caracteriza a los thais.&lt;br /&gt;Algo más curioso es el caso de un británico que a principios de marzo se presentó en comisaría declarando que lo había perdido todo y que no se acordaba de nada. Con tan pocos datos y en vista de que se estaba convirtiendo en un bucle que no llevaba a ninguna parte, se contacta con la Embajada del Reino Unido para que se haga cargo del súbdito de su Graciosa Majestad. Aunque supongo, simples elucubraciones mías, que graciosa era la que se llevó anoche al hotel y &lt;strong&gt;se pasó echándole la droga en la bebida&lt;/strong&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una comisaría también puede hacer &lt;strong&gt;las veces de consultorio matrimonial&lt;/strong&gt;.  Muchas parejas thai/farang (las parejas thais no se molestan) vienen a dirimir sus disputas ante los agentes de la Ley. En esta ocasión, una chica thai acude para reclamar a su ex novio alemán la cantidad de 100 Euros. Obviamente, ante situaciones como ésta, que rozan el surrealismo, poco pueden hacer las Fuerzas del Orden, hay que limitarse a escuchar y a asentir con la esperanza de que las aguas vuelvan a su cauce de “motu proprio”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El surrealismo parece ser algo que va aparejado a la comisaría indefectiblemente. A mediados de enero, un ciudadano birmano (el país se llama ahora Myanmar, pero no sé el gentilicio y seguro que suena raro) de 32 años viene a presentar &lt;strong&gt;denuncia contra una prostituta (sic)&lt;/strong&gt; se ha quedado con sus 2300 bahts. El hombre no habla, ni inglés, ni chino, ni ningún idioma de los hablamos los allí presentes. Se intenta buscar un intérprete, pero no hay forma. A pesar de que en Tailandia hay multitud de birmanos aunque casi todos son inmigrantes ilegales que pocas ganas tienen de ver gente uniformada. El hombre se hace entender y se deduce que pagó pero no pudo meter el churro en el horno, o sea que su cabreo es monumental. A un hombre le cabrea que le roben, pero que le cierren las puertas del paraíso en sus narices, le saca de quicio. El hombre insiste en que se le devuelva el dinero. El oficial de turno empieza a estar cansado e intenta “derivarlo” a otra comisaría para que dé la tabarra allí. Pero el hombre erre que erre. Para que le quede más claro el asunto y nos deje en paz a todos, se le explica que &lt;strong&gt;la prostitución es ILEGAL en Tailandia&lt;/strong&gt;, por lo que si denuncia el hecho, se está autoinculpando de un delito. Fin de la discusión. ¿Alguien ha visto nadie denunciar a su camello por la mala calidad de la droga suministrada? Pues el mismo principio es aplicable al caso del birmano birlado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Curioso fue también el caso de una pareja de japoneses que venían desde el país nipón a denunciar a unos compatriotas suyos empleados de Panasonic porque la casa que les vendieron en Japón tiene defectos. Como es lógico, el oficial al mando no ve indicios suficientes como para cursar una denuncia, más que nada porque ni la casa está en Tailandia, ni la policía sabe de defectos de construcción. De todas formas, y para contentarlos, se redacta un escrito en el que se detalla lo expuesto por los súbditos del Emperador, y se les hace entrega. &lt;strong&gt;Tal vez les sirva el documento para tapar una grieta.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Hay  gente que no escarmienta, y si no me creen vean el caso de Leroy T.H. un ciudadano estadounidense que se aloja en Raja Mansion, sugerente nombre para un hotel  ubicado en una calle llena de prostitutas. Este ciudadano de color negro &lt;strong&gt;(nunca me ha gustado lo de “un hombre de color” ¿será violeta?) &lt;/strong&gt;denuncia que fulanito le ha robado su móvil. No pasaría de ser una sustracción más si no fuera porque el mismo hombre denunció a la misma persona por el mismo hecho hace un tiempo. Si ya te han robado una vez, estate al loro y más si sabes que el que te ha robado anda por los alrededores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/fotos_blogs_PL/Dia_comisaria_3/Lumpini_yo.jpg" alt="Lumpini_HP" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En resumidas cuentas, &lt;strong&gt;las historias de comisaría no tienen fin&lt;/strong&gt;. Si no fuera por el trasfondo trágico que tienen estos lugares, se podría decir que un establecimiento policial es un auténtico cabaret.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18876237-2820544603907469445?l=herrpeter200506.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/feeds/2820544603907469445/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=18876237&amp;postID=2820544603907469445' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/2820544603907469445'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/2820544603907469445'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/2010/07/un-dia-en-comisaria-3.html' title='Un día en comisaría 3'/><author><name>Herr Peter</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_TOlMhgJwUhQ/SMBZgi7JsmI/AAAAAAAAAAM/G5n3ZEMk5MY/S220/petronasavatar.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18876237.post-3349579045174477856</id><published>2010-04-30T19:54:00.000+07:00</published><updated>2010-04-30T19:54:43.247+07:00</updated><title type='text'>THAILAND 2553</title><content type='html'>&lt;a href="http://animoto.com/play/OtoK0L6L08h3Oa0NvNgI2g"&gt;THAILAND 2553&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18876237-3349579045174477856?l=herrpeter200506.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='related' href='http://animoto.com/play/OtoK0L6L08h3Oa0NvNgI2g' title='THAILAND 2553'/><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/feeds/3349579045174477856/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=18876237&amp;postID=3349579045174477856' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/3349579045174477856'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/3349579045174477856'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/2010/04/thailand-2553.html' title='THAILAND 2553'/><author><name>Herr Peter</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_TOlMhgJwUhQ/SMBZgi7JsmI/AAAAAAAAAAM/G5n3ZEMk5MY/S220/petronasavatar.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18876237.post-7780796598211926637</id><published>2009-11-26T17:46:00.001+07:00</published><updated>2009-11-26T17:50:35.921+07:00</updated><title type='text'>Tengo una corazonada</title><content type='html'>No sé cómo lo hago, pero siempre lo consigo. En cada viaje, especialmente en los que tienen como destino el lejano oriente, me propongo no alcanzar nunca al exceso de equipaje, pero en cada intento fracaso estrepitosamente, y por ende, mi mente empieza a dar vueltas al momento en que deberé enfrentarme a ese individuo que se sienta donde hace ya unos años me sentaba yo: el mostrador de facturación. Llego casi a tener casi pesadillas la noche anterior. Saco todas las tarjetas que tengo, me imagino todo tipo de frases que suenen bien y que sirvan para aplacar las ansias recaudatorias de las compañías, si bien sé por experiencia de que poco sirven. Creo, por momentos, que el destino quiere vengarse de mí, por aquellos pobres pasajeros a los que hice pagar por el exceso de equipaje, aunque bien visto, algunos eran unos cabrones y se lo merecían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cuestión es que hoy me encuentro de nuevo en la misma tesitura. ¿Cómo lo consigo? ¡Lo mío tiene delito! ¡Si en mi casa de Bangkok tengo de todo, desde trajes hasta cortauñas, pasando por gayumbos y cargadores de móviles! ¿Por qué diantres pesa mi equipaje 40 kilos? La verdad es que me he vuelto un experto, había acertado mi previsión con un margen de error de +- 1. Vamos a ver. Dos trozos de jamón de un kilo para fulanito, un queso para mí y otro para mi cuñado, salchichón y chorizo para menganito, unos apliques que quiero cambiar en mi apartamento, masa para hacer pizzas a los amigos thais que nunca han probado una pizza en condiciones, delicatesen varias para mi pareja del momento, van saliendo sí, van saliendo los 40 kilos. La única ropa que llevo son unos calzoncillos, una camiseta y un chaleco, y realmente no sé por qué los llevo. Mis maletas parecen más las de un representante de comercio español en busca de nuevos mercados en el sudeste asiático.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/_vbQ8x3k5TE&amp;hl=en_US&amp;fs=1&amp;"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/_vbQ8x3k5TE&amp;hl=en_US&amp;fs=1&amp;" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otro hecho curioso, que ya he comentado en alguna ocasión, que sucede en mis viajes, es el de la confusión de papeles. Generalmente viajo vestido de traje oscuro, que casualmente resulta ser el uniforme que empleaba durante mi época en aviación, pero que bien podría ser el de un dependiente de la planta de caballeros del Corte Inglés, pero obviamente,  el estar rodeado de aviones hace que el perceptor de la imagen la interprete a su modo. Por ejemplo, el día mismo del vuelo, tenía asignado un asiento de ventanilla. Tras guardar mi equipaje en el compartimento oportuno, me dispongo a ubicarme en mi lugar correspondiente. Sin mencionar palabra les indico a los dos pasajeros que se encontraban en los asientos contiguos al mío mi intención de tomar asiento. Me miran y ni se inmutan. “Oiga, que me tengo que sentar ahí” les digo. “Ay, perdón, pensábamos que era el azafato” (palabra que pensaba que estaba ya en desuso). Casos como este me suceden a menudo. El más “triste” fue cuando en Carrefour me pidieron información sobre una nevera. Aunque los casos más repetitivos se producen en instalaciones aeroportuarias, donde me convierto en punto de información para todos los despistados, tanto en Las Vegas como en Tokio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La comodidad no es óbice para que un viaje se haga interminable. Madrid – Bangkok son casi 12 horas de vuelo, y a pesar de que un 747 tiene bastante espacio, no hay ser humano que aguante tantas horas despierto. No es el caso de imitar a Michael Jackson y anestesiarme durante todo el trayecto, pero una pequeña ayuda nunca viene mal. Busco en mi botiquín del señorito Pepis una buena combinación de pastillas (el 90% de venta libre en farmacia) que indiquen sobre todo “que no deben mezclarse entre sí dado que pueden potenciar su efecto”. Ahí voy, a potenciar su efecto, si no ¿para qué las voy a tomar? El cocktail lo traigo preparado de casa, tampoco es cuestión de montar un laboratorio a 10.000 metros de altura. A pesar de lo cual, mi compañero de viaje no sale de su asombro al ver la cantidad de pastillas que ingiero. Obviamente no dice nada, pero supongo que deduce que soy una especie de yonki. Doxepina, difenidramina, valeriana en cantidad, diazepam, hydroxizina, melatonina y siga usted contando. Pero en menos de una hora estoy en coma profundo. También incluye unos tapones de caucho y un antifaz para aislarme del mundo.&lt;br /&gt;Con cierto aturdimiento, no iba a ser para menos, me despierto pasadas unas siete horas, me encuentro con un emparedado (siempre me gustó esta palabra tan castellana) que una amable auxiliar de vuelo (aka azafata) me ha dejado delante. “¿Cuánto falta”? le pregunto a mi compañero de travesía, “un par de horas” me responde somnoliento. “Pues a mí se me han pasado volando” le digo con cierta sorna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya huele a croisán recién hecho, más bien recalentado, pero sabroso al fin y al cabo. Tras la ingesta de esta mezcla de desayuno y resopón, tiempo para una breve digestión mientras el comandante inicia las maniobras de aproximación.&lt;br /&gt;Tomamos tierra cuando todavía es de noche. Una vez estacionado el aparato, el pasaje se apresura en recuperar su equipaje de mano, mientras yo me debato con el mismo dilema de siempre: “¿Qué me llevo de recuerdo, una manta o un cojín?”. Me decanto por la segunda opción, tengo ya tantas mantas que se me podría denominar como el “Top manta” de la compañía.&lt;br /&gt;Parece ser que han llegado varios aviones simultáneamente a Bangkok, dada la cantidad ingente de pasajeros que circulan por la terminal. Ya me imagino haciendo cola una hora en inmigración. Pero va a ser que no. Conozco el aeropuerto, y en determinadas circunstancias, cara no me falta. Al tiempo que todos los recién llegados siguen las indicaciones de los agentes ahí apostados, me dirijo a la zona de entrada VIP, donde no hay nadie haciendo cola para sellar el pasaporte. Una amable señorita me pregunta de qué avión vengo. Le indico el vuelo pero le señalo que no estoy de servicio. “En este caso vaya donde está mi compañera” me dice amablemente. En menos de un minuto ya estoy esperando mis maletas.&lt;br /&gt;En la aduana ni me miran la cara, aunque lo cierto es que el único “contrabando” que llevo son jamones, chorizos, quesos y demás “delicatesen” españolas. &lt;br /&gt;Subo hasta la planta de salidas, otra vez para evitar colas en llegadas, y tomo el primer taxi que me está esperando justo en la puerta. Dado que es domingo, el tráfico es escaso. En menos de media hora ya estoy en casa. Hago lo esencial: enchufar la nevera, guardar los alimentos más sensibles al calor tropical, sacar las sábanas, darme una ducha y echarme a dormir otro rato porque tengo la impresión de que por mi sangre todavía circulan bastantes sustancias inductoras del sueño. Eso sí, antes me como el emparedado que amablemente me ha ofrecido la Thai Airways International, tras un desembolso de 1003 euros por el billete. La noche promete ser animada y hay que estar frescos. Tengo una corazonada.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18876237-7780796598211926637?l=herrpeter200506.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/feeds/7780796598211926637/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=18876237&amp;postID=7780796598211926637' title='12 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/7780796598211926637'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/7780796598211926637'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/2009/11/tengo-una-corazonada.html' title='Tengo una corazonada'/><author><name>Herr Peter</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_TOlMhgJwUhQ/SMBZgi7JsmI/AAAAAAAAAAM/G5n3ZEMk5MY/S220/petronasavatar.jpg'/></author><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18876237.post-772150433875289594</id><published>2009-10-31T12:20:00.004+07:00</published><updated>2009-10-31T12:38:06.760+07:00</updated><title type='text'>Cosas de Asia y una excentricidad, si me lo permiten...</title><content type='html'>El sudeste asiático ofrece multitud de posibilidades. Una de éstas es salir de un campo de tiro embadurnado en aceite y oliendo a pólvora. Bendita Camboya. Un país con todo un futuro por delante muy prometedor. Ya van quedando atrás las reminiscencias a país de pedófilos irreductibles. Que tenga cuidado Tailandia, porque los turistas están inclinándose cada vez más por un país que no les causa tantos problemas a la hora de gastarse sus euros, y SOBRE TODO no es tan tiquis miquis a la hora de permitir vivir pacíficamente en su territorio. ¿Una paradoja? SÍ. Pregunten si quieren saber más. Los thais sólo quieren nuestro dinero y no se preocupan de nuestro bienestar. Ahí queda dicho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/XrUxFhQMnJA&amp;amp;hl=en&amp;amp;fs=1&amp;amp;"&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/XrUxFhQMnJA&amp;amp;hl=en&amp;amp;fs=1&amp;amp;" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este vídeo no es más que una puesta en escena. Pero les aseguro que los tiros de AK-47 , M-16, M-9, etc. fueron reales. Este es uno más de los entretenimientos que ofrece Camboya.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18876237-772150433875289594?l=herrpeter200506.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/feeds/772150433875289594/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=18876237&amp;postID=772150433875289594' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/772150433875289594'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/772150433875289594'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/2009/10/cosas-de-asia-y-una-excentricidad-si-me.html' title='Cosas de Asia y una excentricidad, si me lo permiten...'/><author><name>Herr Peter</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_TOlMhgJwUhQ/SMBZgi7JsmI/AAAAAAAAAAM/G5n3ZEMk5MY/S220/petronasavatar.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18876237.post-1667031982867001092</id><published>2009-10-28T10:09:00.002+07:00</published><updated>2009-10-28T10:20:37.069+07:00</updated><title type='text'>Historia de un visado nonato</title><content type='html'>Llegadas estas fechas, el clima y mi reloj biológico interno me señalan que es hora de buscar climas más cálidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras la fantochada infantiles, impropias de un país que desea ser algo en este planeta, que dejó en tierra a miles de pasajeros el pasado año por estas fechas, y los tumultos callejeros del mes de abril 2009, el “sabio” gobiernos tailandés tomó la “sabia” decisión de ofrecer los visados de turista gratuitos. Bien. Nunca (excepto una vez hace algunos lustros) había pensado en meterme en los vericuetos de la pesada y cara burocracia. Sin  embargo, incentivado por esta generosa promoción destinada a fomentar el turismo en el país siamés, me lancé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/ima/pasaportedenegado.jpg"/img&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;El pasaporte de la discordia&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El primer paso consistió en contactar con el &lt;a href="mailto:madthai@wanadoo.es"&gt;Consulado de la Real Embajada de Tailandia en Madrid &lt;/a&gt;. En un primer momento me atendió una amable señorita, supongo que tailandesa por su acento, que me indicó que no había ningún problema. Solamente debía enviar mi pasaporte, dos fotografías y un impreso convenientemente cumplimentado. Todo era amabilidad y simpatía, como corresponde al autodenominado “país de las sonrisas”. La única pega era que había que enviar la documentación requerida por mensajero, es decir, había que gastarse alrededor de 20 euros, sólo por enviarlo.&lt;br /&gt;Haciendo cálculos, obviamente la oferta resultaba ventajosa dado que me evitaba tener que salir del país cada 30 días hasta un máximo de 90 días, o sea que me evitaba pagarme billete de avión y estancia en alguno de los países limítrofes.&lt;br /&gt;En principio, dado que el cónsul debía irse de viaje, los trámites pertinentes podían demorarse algo más de lo habitual, que suelen ser 48 horas. Pasadas algo más de dos semanas, y con la mosca tras la oreja, me decidí a contactar personalmente con el consulado. Tras marcar una veintena, o más veces. Me atendió una señorita ¿la misma? con voz de agobio. “Hola, soy el señor X. Hace más de dos semanas que envié mi pasaporte y no he sabido nada”. Oí como se alejaba del teléfono por sus pasos. “Faltan algunas cosas” me dijo. ¿Cómo que faltaban algunas cosas? Yo había enviado todo lo que se me había solicitado. “¿Pero qué cosas?” le pregunté. Siempre titubeando y poco segura de sus palabras me dice: “Pueeesss … una carta de invitación … un billete de avión … y además TIENE USTED MUCHOS SELLOS DE TAILANDIA EN SU PASAPORTE”. Dado que el cabreo en una embajada es tontería, me contuve, pero le expliqué amablemente que efectivamente tenía muchos sellos porque hace 22 años que visito su bonito país, tengo vivienda propia en su bonito país, tengo cuenta corriente en su bonito país, teléfono móvil de contrato en su bonito país, al margen de novia y familia, todo en un tono sosegado, como corresponde, pero con cierta indignación.  “Es que nos hemos vuelto más estrictos” añadió la empleada de la legación. “¿Tienen miedo a que me quede a vivir allí, verdad?” le repliqué. “Buenooo …  hehe”. Sí claro, me voy a ir al otro lado del mundo a ganar 800 euros, con suerte, cuando eso es lo que gasto en una semana.  Algo contrariado, le dije que enviaría al mensajero a recoger mi pasaporte dado lo absurdo de la situación.&lt;br /&gt;Pasado el enfado, llamé a Tailandia para ver si desde allí podían desbloquear la situación. Ya que había enviado el pasaporte, podía intentarlo de nuevo. A los dos días, mi contacto me dice que ha hablado con el consulado de Madrid y que no hay ningún problema. Bien. No entiendo muy bien cómo funcionan estas cosas, peor armado de valor, me pongo a marcar innumerables veces el número que ya me sabía de memoria 91 563 29 03. “Hola soy el señor X, y ayer el señor Y habló con alguien de ustedes y me dijo que no había problema alguno para expedirme el visado”.  “Un momento” me dice. “Usted dijo que vendrían a recoger el pasaporte” me espeta sin más. “Sí, pero …” y me pongo a explicar todo el proceso que estoy ya sufriendo. “Pues aquí no ha llamado nadie, y además debería enviarnos también su contrato de trabajo”. Si claro, y la próxima vez me pedirán el número de mi tarjeta de Carrefour. Absurdo, ridículo, esperpéntico. O sea que puedo viajar a los Estados Unidos de América y quedarme 90 días, y para ir a un país en vías de desarrollo con un visado de turista, me veo en la obligación de enviar un dossier completo sobre mi persona. Le digo que no entiendo nada de nada, pero que sí, que muy bien, que su país es muy bonito, pero que no entiendo que puedo ir 30 días sin visado, pero ellos no me pueden poner un sello para ir 60 días. ¡O me dejan entrar o no me dejan! Pero no ha lugar a este sinsentido.&lt;br /&gt;Deduzco que tanta pega se debe básicamente al hecho de que deben expedir el visado gratuitamente, cosa que no les hace gracia al quedarse sin su bocado, algo muy comprensible al tratarse de un organismo tailandés.&lt;br /&gt;Cuelgo el teléfono. Lo descuelgo seguidamente y llamo a la agencia de mensajería para que vayan a recoger mi pasaporte. A los dos días recibo un reembolso de 37 euros. Un total de 58 euros para nada, sólo para reafirmarme en las contradicciones e incongruencias en la que vive inmerso este bonito país, y que lo tiene ahí varado sin evolucionar.&lt;br /&gt;Sobra decir que no aconsejo a nadie que se acerque al consulado tailandés de Madrid para cualquier trámite, a no ser que esté ocioso y quiera hablar con alguna tailandesa igualmente ociosa. Y que no se olvide nadie de decirle que tiene un país muy bonito.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18876237-1667031982867001092?l=herrpeter200506.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/feeds/1667031982867001092/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=18876237&amp;postID=1667031982867001092' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/1667031982867001092'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/1667031982867001092'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/2009/10/historia-de-un-visado-nonato.html' title='Historia de un visado nonato'/><author><name>Herr Peter</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_TOlMhgJwUhQ/SMBZgi7JsmI/AAAAAAAAAAM/G5n3ZEMk5MY/S220/petronasavatar.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18876237.post-3721715595740802892</id><published>2009-09-18T07:25:00.000+07:00</published><updated>2009-09-18T07:26:20.694+07:00</updated><title type='text'>El bucle</title><content type='html'>Hace algo más de un año, cuando escribí mi última crónica, sonó una campana para mí. Lo malo es que en el momento en que dieron el mazazo para que sonara, estaba yo dentro. Fue un momento mágico, como diría un cursi romancero, pero lo cierto es que fue una auténtica bofetada en pleno rostro. Algo que te ves venir y sin embargo haces caso omiso de esos breves momentos de lucidez que te apartan de un mundo de fantasía para devolverte por unos instantes a la cruda, pero cierta, realidad.&lt;br /&gt;Todavía recuerdo el momento como si fuera ahora mismo. Ya atardecía en Bangkok, el sol ya no castigaba, y la temperatura era soportable. No sin cierto nerviosismo me dirigía yo hacia mi farmacia habitual, proveedora de las “pastillas de la felicidad”, es decir alprazolam o como se la conoce en el mundo hispánico TRANKIMAZÍN.  Como era ya habitual cada año, acudía al Señor X, farmacéutico titulado de pro, y hombre sin escrúpulos dispuesto a vender lo que sea para llenar sus arcas. Si no estaba él, hacía que lo llamaran por teléfono y cerrábamos el trato de esta forma. A las pocas horas o al día siguiente, me pasaba yo a recoger el encargo.&lt;br /&gt;Sin embargo, ese día de principios de 2008 o finales de 2007, sabe Dios, ya que uno de los efectos secundarios de este tipo de pastillas es distorsionar  la objetividad, lo que lleva a confundir el tiempo, sobre todo cuando se han pasado los 40 y parte de ellos han transcurrido bajo los efectos de psicotrópicos, el Señor X me hizo la X. No. No. NO. Ya no hay. Se acabó. Todavía recuerdo ese momento en la botica maldita, frente a la empleada, que no entendía nada, y yo, sudoroso y nervioso con el teléfono en la mano tratando de apiadar al Señor X para que me consiguiera lo que más necesitaba. Como decía antes, sonó la campana estando yo dentro. En vista de que no había nada que hacer, plegué velas y salí cabizbajo de la apoteca. Comencé a sentir dentro de mí un cúmulo de sensaciones contradictorias y paradójicas. Me sentía fatal, como si me hubieran dado una soberana paliza, pero al mismo tiempo me sentía liberado, a la fuerza, pero liberado.&lt;br /&gt;Me detuve un momento, por lo menos mentalmente, y me dije: ”muchacho, hoy es el primer día de tu nueva vida”. Lo cierto es que podía permitirme cierto sarcasmo conmigo mismo porque todavía contaba con una reserva considerable que me permitía sobrevivir un buen tiempo, no me veía todavía con el agua al cuello ni al borde de un acantilado.&lt;br /&gt;Pero fue entonces cuando me percaté de que mi vida en los últimos años había sido un auténtico bucle, agradable, pero bucle al fin y al cabo. Putas, alcohol y Trankimazines, putas, alcohol y Trankimazines, aderezados con olor a pólvora en mis escapadas por tierras khmer. Visto con cierta perspectiva, esto parecía que no iba a tener nunca fin, aunque cuando uno vive en la eterna Shangri-La poco le importa lo que suceda alrededor.&lt;br /&gt;Era hora de plantearse un cambio profundo, aunque como insufrible hedonista, aplacé el comienzo del cambio un par de meses. El que desee ver con más detalle como fue el proceso de cambio puede ir a mi otro blog www.diariodeunadesintoxicacion.blogspot.com , título bastante explícito y que requiere poca explicación. &lt;br /&gt;Aunque tierra de perdición para muchos, nunca he dejado de lado Tailandia, y mucho menos Bangkok, donde sigo residiendo gran parte del año.&lt;br /&gt;Sirva este breve post para señalar a mis seguidores que sigo vivo, y que este blog permanece abierto. Mi cuadernillo de viajes está repleto de apuntes preparados para ser reflejados en estas páginas.&lt;br /&gt;Hasta pronto.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18876237-3721715595740802892?l=herrpeter200506.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/feeds/3721715595740802892/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=18876237&amp;postID=3721715595740802892' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/3721715595740802892'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/3721715595740802892'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/2009/09/el-bucle.html' title='El bucle'/><author><name>Herr Peter</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_TOlMhgJwUhQ/SMBZgi7JsmI/AAAAAAAAAAM/G5n3ZEMk5MY/S220/petronasavatar.jpg'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18876237.post-1677126449054761320</id><published>2008-09-10T11:51:00.005+07:00</published><updated>2008-09-10T12:27:13.152+07:00</updated><title type='text'>Arrea con la gonorrea</title><content type='html'>Hay veces en las que uno no logra discernir entre realidad y fantasía. Son eso momentos en los que uno se siente inmune y no calibra los riesgos al considerarse un ser sobrehumano, o algo parecido.&lt;br /&gt;Y esto es lo que inconscientemente me pasa esta noche. Como es ya habitual en las noches de Phnom Penh, acabo de saciar mis ansias de alcohol en el Walk-about. Un lugar entrañable en el que acabamos los “restos de serie”. 24 horas abierto con comida, bebida y, dado el caso, habitación. El lugar perfecto para acabar una noche de desenfreno… mental.&lt;br /&gt;Como el que no quiere la cosa, observo a una damisela de pelo negro y corta estatura a cierta distancia. Como un ofidio, y a sabiendas de que le había echado un ojo, la lagarta alcanza el taburete que se encuentra a mi costado. Se entabla la clásica e insustancial conversación que no conduce a ningún lado, o sí. La cuestión es que charlamos durante un tiempo hasta que mi imaginario sensor de alcohol indica el punto máximo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/Blogarreagonorrea/puuinglaikhonkamen.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Bellezas khmer&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las normas básicas y elementales del putero asiático experimentado excluyen la posibilidad de que cualquier hetaira o similar tenga acceso a las dependencias privadas, pero mi amigo Johnnie me juega malas pasadas, y caigo en el error de proponerle pasar la noche conmigo. Obviamente, los primeros momentos son memorables, por una parte por poder despojarla de sus ropas, y por otra por percatarme de que ya no tengo 20 años y que las erecciones ya no son las de antaño, partiendo de la base de que pueda haber erección… &lt;br /&gt;Ente una cosa y otra llego a cumplir. Cumplir conmigo mismo, porque no sé, ni me importa, se la señorita llegó a percibir algo. La cuestión es que mi ingenuidad hizo que pensara que tras un breve reposo, mi acompañante ocasional iba a desalojar mi cueva. Al segundo ronquido, entendí que la cosa iba para largo. Por vicio o desconfianza no soporto que nadie duerma conmigo, no hablemos ya cuando nos referimos a putas. Ya veía por delante una noche, mejor dicho mañana, sin pegar ojo. Ordenador, móvil, cartera, cámara de vídeo, todo ahí a merced de una puta que podía resultar ladrona. ¡Madre de Dios! ¿Dónde me he metido por meterla? Cómo en las películas, intento dormir con un ojo abierto. Pasan pocas horas y ya esta la jovencilla pidiendo más guerra. Entre la resaca y la falta de benzodiacepinas en el cuerpo, no sé de qué manera alcanzo a  reaccionar. ¿Quieres guerra? Pues ahí estoy yo empujando como un jabato, eso sí, un jabato jubilado. Todo bien. Menos la conciencia. Estoy en plena faena y con la sangre casi limpia estoy cumpliendo bien. ¿Bien? Bien jodido estoy. Por pereza, inconsciencia o dejadez no me he puesto un condón. “Por una vez no pasa nada” es la clásica sentencia de los que se quieren engañar a sí mismos. Claro, no pasa nada si la fémina está sana. ¿Y si no lo está? Nunca es sido un temeroso del SIDA, pero existen múltiples enfermedades de contagio sexual que no son el SIDA. Pero en eso momento, cuando el “churro” está en caliente, quién piensa en estafilococos, hepatitis, gonorrea,  herpes, blenorragia, etc. . Nadie, lógico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/Blogarreagonorrea/ninascamion.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Estampas de la vida cotidiana en Phnom Penh&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, tras el patético polvo, sólo tengo una cosa en mente: “¡QUE SE VAYA YA!”. Pero mi educación como caballero (sí, putero, pero caballero), me impide echarla a gorrazos de la habitación. Aguanto, pongo la tele a un volumen considerable y en francés, abro las cortinas, en resumen de cuentas, hago todo lo posible para que se sienta incómoda. Obviamente no le hago cariñitos ni nada que se le parezca. No sé si por agotamiento o por ansias de ver a sus seres queridos, toma la decisión de marcharse. Aunque sea ateo le doy las gracias a Dios, por fin voy a poder dormir en condiciones, es decir: SOLO.&lt;br /&gt;Paso el resto de la mañana dormitando. Sólo quiero estar en condiciones de operatividad la noche venidera.&lt;br /&gt;Phnom Penh es un pueblo, grande, sí, pero un pueblo al fin y al cabo. Por ello no es de extrañar que en cualquier esquina te encuentres al que estuvo tomando copas contigo ayer o a la guarra que penetraste el día anterior.&lt;br /&gt;¡Tachán! Me paseo en los alrededores del nuevo centro comercial y ahí está Tawán (la de la noche maldita). Me hago el loco y sigo mi camino. Si le hago caso ya se me pega hasta el día del Juicio Final.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/Blogarreagonorrea/sexcrimePNH1.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Un dato a tener en cuenta&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sigo paseando hasta entrar en el nuevo centro comercial. Es asombroso. No por su tamaño, sin duda, ya que para nosotros no sería más que un emulo de hipermercado banal. Cómo ya es mi costumbre, me detengo a observar el comportamiento del vulgo. Lo primero que me llama la atención, algo ineludible a la vista de un foráneo, es el hecho de que en cada escalera automática haya una o dos personas a modo de instructores sobre la utilización de tamaños artefactos. Entiendo que para el neófito en estas tierras resulte el hecho irrisorio, sin embargo para los que estuvimos por estos lares hace una quincena de años, nos resulta algo llamativo, aunque totalmente lógico si recordamos que cuando llegamos apenas había cuatro calles asfaltadas en este país. Las “multinacionales” allí instaladas no son tales. Son empresas tailandesas que se están apoderando del país. Supongo que para los Mc Donald’s y compañía el negocio no resulta rentable, o son ellos mismos con otro nombre. ¡Vaya usted a saber!&lt;br /&gt;La cuestión es que el desfile de aspirantes a modelos que acabarán de putas, es incesante. Da gusto sentarse a tomar un batido de vainilla, e imaginarse a las sujetas en las posiciones más obscenas. Esto ya es síntoma de que me estoy volviendo viejo, jajaja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/Blogarreagonorrea/puuyingburii.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Figuras de la noche en el Heart of Darkness&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llega la noche, bueno, más que llegar es una constante en mi vida. Hago el ya habitual recorrido de bares “phnompenhnianos” y acabo en el “Walk-about” reducto de neófitos y deshechos de la vida camboyana, como es bien sabido, pertenezco a la segunda categoría, por llamarla de alguna forma. Ya sé cómo voy a terminar la noche. Miraré con lástima a los que son más viejos que yo (siendo consciente que en el mejor de los casos acabaré como ellos), contemplaré los cuerpos de las damiselas que juegan al billar poniendo su trasero en pompa y sus pechos en posición horizontal descendente, y me volveré a la habitación tratando de ubicar lo que sería una línea recta en un espacio indefinido (al asfalto de la calle me refiero). Pero algo interrumpe mi poco optimista previsión. Cómo las víboras, un ser se acerca sigilosamente hasta mi posición. Apenas me percato de ello, pero a estas horas, “todo el monte es orégano” y tanto me da ocho que ochenta. La cuestión es que aparece en escena y hace acto de presencia Tawán. Como es lógico, aspira a pasar una noche más en mi compañía, cosa que mi escaso raciocinio del momento no logra entender. Si ayer mi compañía le reportó 0 (cero) euros, dólares, riels o lo que sea, ¿para qué quiere pasar otra noche conmigo? De lo que estoy seguro es que no es por mis “dotes”, más bien lo contrario. No es mi propósito que se me tenga lástima, pero hay que contar las cosas como son. ¿Para qué nos vamos a engañar?&lt;br /&gt;La cuestión es que Tawan intenta camelarme una vez más. No, me niego. Cometí el error de llevar a una hetera a mi lugar de pernoctación. No volveré a caer en el mismo desatino. Mejor es irse a casa sólo que con la duda de amanecer con lo puesto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/Blogarreagonorrea/Tawan.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Tawán, sin comentarios&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si algo no falta en Phnom Penh, es la diversión. Obviamente no es Disneylandia, pero los que ya somos algo talluditos, el divertimento no es algo que nos deba preocupar. A pocos metros de mi hotel hay multitud de bares con chicas guapas dispuestas a todo por una módica suma. El “problema” está en que la cuestión de cortejar (aunque sea a una puta) se quedó para mí en algo de los ’80. Siento ser muy bruto, pero yo voy a meter con los preámbulos estrictamente necesarios. Aquí te pago aquí te mato (follo). Ni más ni menos.  Y en el fondo es lo que ellas esperan. No hablo sin conocimiento de causa.&lt;br /&gt;Si hay hoteles que te alojan por cinco dólares durante unas horas, para qué complicarse la vida.&lt;br /&gt;La vida en Camboya es muy dura. Uno no sabe nunca en qué bar reparar ni a qué fémina penetrar, es muy duro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/Blogarreagonorrea/dekdekkosana.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Publicidad khmer&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo cierto es que Phnom Penh, la capital, es realmente como un pueblo, sobre tod par alos extranjeros que nos movemos en áreas muy restringidas, y que además nos follamos a las mismas tías, cosa de la que nos percatamos unos días después. Menudo pueblo es Phnom Penh.&lt;br /&gt;Recuerdo la noche en que me robaron el móvil en el nuevo “mall”. Inocente yo, fui a pedir algo de comer en un sucedáneo de Mc Donald’s, y al alejarme de la caja, me percaté de que mi Nokia N70 había desaparecido de mi cinturón. Removí tierra y cielo, pero el hecho es que mi aparato no apareció por ningún lado. Incluso ofrecí una recompensa de 200 dólares a los pavos que siempre están delante del hotel. .Nada, resultado cero patatero. Hijo/a de puta el que me lo robó. Estaba hundido. Realmente los datos que había en el móvil estaban registrados ya en mi ordenador, pero era la rabia. No tenía ganas de nada, sólo quería quedarme en la habitación y dormir. ¿Iba a arreglar algo con esta actitud? Obviamente no.&lt;br /&gt;¡Me dio el punto! Mi desequilibrio mental me conduce a llevar a cabo ciertos actos que no serían de recibo en mentes biempensantes. Tonterías.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/Blogarreagonorrea/shooting.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Diversión al estilo khmer&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tumbado frente al televisor, viendo cualquier chorrada, pienso. “Basta ya, vámonos de marcha a ver lo que pasa”. Dicho y hecho. Me incorporo, me lavo y me visto. Peor hoy es una noche especial, más que nada porque así lo he decidido. Me enfundo mi uniforme de aviación, cosa que no hago a no ser que viaje. Me da todo igual y estoy de mala leche. Sólo espero que alguien se meta con mi uniforme para saltar.&lt;br /&gt;Me paseo de bar en bar, veo a ciertos individuos esbozar una sonrisa, que delata su envidia al no poder lucir galones de ningún tipo. Me da igual, lo único que quiero es olvidar que mi móvil ha sido robado. ¡Qué les den a los que quisieran tener algún uniforme digno de ser llevado!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/Blogarreagonorrea/kropkruamotosai.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Hale, toda la familia junta&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Camboya puede no ser tierra de perdición para el que llegue con cierto equilibrio mental y las ideas claras sobre qué viene a hacer. Caso que no es el mío, como bien sabe el que haya seguido mi carrera por estos lares. Yo ya sabía donde me metía, y no me equivoqué. No diré si para bien o para mal, la cuestión es que ya he incluido Phnom Penh en mi ruta de lugares de obligada visita., tanto para bien como para mal. Entiéndase el mal como un eufemismo para la buena vida malsana, creo que me explico suficientemente.&lt;br /&gt;Las “atracciones” turísticas de la ciudad ocupan, en la agenda del típico turista, apenas un día entero. Para el que gusta de investigar la noche, el límite lo determina la propia capacidad física. Cada año nacen nuevos lugares dignos de ser visitados, pero los habituales, solemos ceñirnos a los locales “de toda la vida”. El problema en Camboya no es si vas a copular o no; es con quién lo vas a hacer La verdad es que Phnom Penh puede ser denominada la Sodoma y Gomorra de este siglo. ¡Menuda lujuria! El que no penetra es tonto o está pasado de alcohol …&lt;br /&gt;Las noches pasan una tras otra. Y mi vida sigue degenerando a marchas forzadas, me da igual. Sé que adentrada la noche estaré hasta arriba de whisky, y todos mis dolores y penas quedarán anegados por el precioso líquido. Me dará igual ocho que ochenta.&lt;br /&gt;Cuando la vida es pura diversión, aunque muchos no lo crean, la cuesta resulta más pronunciada. Paradojas de la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/Blogarreagonorrea/puuyingmotosaiPNH.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Bellezas autóctonas&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy me paso por el nuevo centro comercial a encargar algo de comida en el sucedáneo de Mc Donald’s que han montado los tailandeses en tierra khmer. Lo cierto es que lo único que me interesa son los cartones Marlboro nueve (9) dólares., pero como adicto consumista que soy, me paseo por todo el supermercado en busca de productos. Mi s secciones favoritas son las de aperitivos (Cheetos) y refrescos “extraños”. En la primera me topo con unos Cheetos picantes jamás vistos en España, una delicia. En cuanto a refrescos, al margen de los habituales que se pueden encontrar en cualquier supermercado español, encuentro una lata de Fanta Lychee, una pura ambrosía que no creo que se llegue a catar en Europa. También encuentro  ”Coke Vainilla”, es decir , Coca-Cola con un regustillo final a vainilla, otra delicia que no creo se que se llegue a catar por las tierras del viejo continente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez hecha la compra sólo me queda volver al hotel, lo que supone “batallar” de nuevo con la legión de moto-taxis que me esperan a la salida. Visto desde una perspectiva lejana, resulta estúpido y vergonzoso regatear por 40 céntimos de euro, pero hay que hacerlo en pro de los que vendrán más adelante.&lt;br /&gt;Pero un percance se entrepone en mi feliz existencia. En la cola del Burger XXX me afanan el móvil. ¡Hijos de puta! Busco entre la morralla que me circunda, pero no. Le digo adiós a mi Nokia N70. Desesperadamente busco a los agentes de seguridad del centro comercial, reclamo la presencia de la policía. De paso aviso a otros extranjeros de que hay ladrones  por la zona, me consta de que toman cuenta del asunto. Todos mis movimientos son en vano. En el fondo lo sé, basta ver a los que nos “protegen”. Apenas me preguntan sobre el aspecto de los que me pueden haber robado. “Tenían cara-chinos como vosotros, hijo de puta” era lo que se me ocurría decirles, pero la corrección obliga a mantener la compostura hasta en los peores momentos. Hace unos años esto no pasaba en Camboya, pero la llegada de centros comerciales y su modernidad conlleva estos riesgos. Ya quedo sobre aviso. Y quien me lea ya sabe que debe levar el móvil a buen recaudo.&lt;br /&gt;¡Maldita sea! El obvio disgusto me hace dejar la comida encargada en su lugar. Lo único que quiero es volver al hotel y encerrarme en mi habitación a pensar lo gilipollas que he sido al dejarme robar el móvil. No quiero saber nada de nadie. Pongo la tele, creo que TVE, y me tumbo mientras me fumo un cigarrillo. &lt;br /&gt;Hay una verdad que con el paso de los tiempos he comprobado que es irrefutable: “La cabra tira al monte”, y no lo digo por nada. Si bien mi decisión es no salir por lo contrariado que me siento, poco a poco voy mascullando entretelas la posibilidad de hacer una escapada. Pero no va ser una excursión cualquiera, no señor. La mala hostia me sigue corroyendo por dentro, y cuando se da esta situación, sé que suelo hacer cosas "raras” aunque no peligrosas, ni para mí ni para mi entorno.&lt;br /&gt;¿Qué hago? Pues me voy a ir de parranda con mi uniforme de aviación. Soy consciente de que voy a ser el objetivo de múltiples chanzas y chascarrillos por parte de los occidentales, que vestidos como un turista propio de la Playa de Palma en pleno mes de julio, envidiará mi indumentaria. ¿Y qué más da? Estoy aquí para desahogarme y de paso reírme de todo el que me lance una mirada de desaprobación. Hago mi ronda habitual para acabar en el “Heart of Darkness”. Como tengo ya archicomprobado, un uniforme siempre impone. Pero claro, uno nunca sabe hasta qué punto una simple camisa y unos galones pueden resultar de utilidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/Blogarreagonorrea/notallowawut.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Todo local tiene sus normas&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo cierto es que hoy me lo he enfundado como un acto de rebeldía o más bien de reafirmación de mi vilipendiada seguridad. Sí, ya sé que voy  a ser el objeto de todas las miradas, pero tanto me da.&lt;br /&gt;Una vez e el local, trato de ubicarme en mi lugar habitual. Curiosamente todos mis movimientos resultan más fáciles que cuando voy de “paisano”. Pero las sorpresas inesperadas sólo acaban de comenzar. Parece mentira lo que hace un simple y vulgar  trozo de tela … En mi rincón predilecto se suelen ubicar negros (siempre he odiado el eufemismo “de color”), generalmente dedicados al tráfico, no al urbano precisamente. Y no lo digo en balde, sino por informaciones de los lugareños, conocedores de las actividades de cada uno. Para más INRI, dichos sujetos hacen gala de un poder económico nada propio del lugar, y se a esto le añadimos que siempre están rodeados de mujeres de aspecto impecable y de su raza, la conjunción de todo estos elementos nos lleva sospechar. Pero en el fondo me da igual, no he venido aquí a ver lo que hacen unos africanos en Camboya. Lo único que me llama la atención es que por el simple hecho de llevar un uniforme con galones, los negros que ayer no me miraban ni de reojo, hoy me acogen como un hermano de toda la vida. Me invitan a su mesa. Me ofrecen bebida. Uno de ellos, el jefe, supongo, me casi me conmina a llevarme a una de sus mujeres “gratis total”. Tanta amabilidad me abruma y me contraría a la vez. ¡Ojalá me hubiera encontrado en semejante circunstancia otro día en el que no estuviera del humor en el hoy me encuentro! “Gracias, gracias” no paro de repetir. Ahora ya lo sé. La próxima vez que salga, iré con mi uniforme. Seguro que “pillo cacho” sin tener que pasar por caja. No acabo de creerme que una simple prenda resulte tan determinante en tantas situaciones, lo último que me esperaba era tener putas gratis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/Blogarreagonorrea/yocallepnh.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Por las calles de Phnom Penh&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volvamos al asunto que centra nuestro relato de hoy: Tawán. &lt;br /&gt;Siempre he pensado, como la mayoría de los seres biempensantes y que se rigen por la lógica, que no hay nada gratis. Desde el primer instante me llamó la atención el hecho de que Tawán no me pidiera ni un real.  Bueno… puede ser que le haya caído en gracia y mis penosos “polvos” le hayan hasta hecho gracia, aunque tiendo a pensar que es más bien la comodidad de mi alojamiento, con su amplia cama y un baño con agua caliente, con el “bonus” añadido de tener la posibilidad de pasar unos días gozando de estas comodidades. No sé me da igual. Pero claro, la vida no es de color de rosa. Además de su extraña ninfomanía, comprensible hasta cierto punto, había algo más. Algo que le hacía cambiar de pareja con cierta asiduidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al igual que los huevos Kinder, Tawan guardaba una “sorpresa” en su interior. ¡Ah, claro! No podía ser otra cosa de otra índole. Llegó el día y la siempre inoportuna y repelente gonorrea hizo acto de presencia. Fue durante mi estancia en territorio nipón, en concreto frente a un ultramoderno retrete electrónico con chorros regulados, en intensidad y temperatura, según el gusto del cliente. Todo ello en plena ciudad de Osaka. ¡Maldita sea! Tanto ímpetu y pasión puso la camboyana ,para luego transmitirme unos estafilococos tan perniciosos. Afortunadamente (desdramatizando la situación), no era la primera vez que me sucedía, por lo que no me alarmé como un neófito en cuestiones venéreas, simplemente me indigné, no por ella (pobre criatura) sino por mí, por haber sido tan imbécil de copular sin protección. ¡Maldita sea mi suerte! Pensaba frente al ultra-moderno evacuatorio.  Ahora voy a ir paseando mi blenorragia por medio mundo, rumiaba en mi interior.&lt;br /&gt;Hasta cierto punto me da igual que se hagan campañas para la prevención del SIDA, porque la realidad es que se atrapan más enfermedades venéreas de otro tipo (véase mi caso) que no la enfermedad maldita.&lt;br /&gt;Muchos son los que predican la inexistencia del SIDA, allá ellos y que les vaya bien. Pero que no me vengan a predicar estos mismos sujetos la inexistencia de la gonorrea, la hepatitis, la sífilis y demás ETS, que acabaré agarrándolos por el cuello y les presentaré a un par de amigas para que las penetren sin preservativo, a ver si hay huevos. No los habrá, obviamente.&lt;br /&gt;No es la primera ni la segunda vez que por mi falta de raciocinio (a las seis de la mañana con más elementos químicos que leucocitos en la sangre) he cometido el error de “entrar en una casa en ruinas” y pagar las consecuencias.&lt;br /&gt;No quiero que mi discurso resulte moralizante. Me remito a MI propia experiencia. El que desee eyacular fuera de una bolsa de plástico, que lo haga en el rostro de una bella damisela, cosa que resulta enormemente gratificante.&lt;br /&gt;¡Cuánta gente he conocido que han pasado largos meses desesperados pensando en que podían haber sido contagiados de SIDA por una noche de locura! Lo curioso es que nadie me habla nunca de la hepatitis C que se queda permanentemente en el cuerpo humano y  limita las funciones hepáticas. Las enfermedades venéreas son múltiples y existen a ciencia cierta, ni los negacionistas del SIDA pueden rebatirlo, por ende es obligatorio el uso del preservativo. Pero “en casa del herrero, cuchara de palo”, y como es de suponer en mi caso, hago oídos sordos a mis propios consejos. Ahí cada cual con su conciencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="400" height="300"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/XrUxFhQMnJA&amp;hl=en&amp;fs=1"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/XrUxFhQMnJA&amp;hl=en&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowfullscreen="true" width="400" height="300"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé si es por mala suerte o es un designio divino, tanto me da por mi condición de ateo. Pero frente a los designios insondables que guían nuestras vidas, y a la más pura resignación que pueda asumir un ser humano, por putero incondicional que sea, y frente a la indeseada e involuntaria costumbre de contraer enfermedades propias de su condición, sólo me queda exclamar: ¡Arrea con la gonorrea!&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18876237-1677126449054761320?l=herrpeter200506.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/feeds/1677126449054761320/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=18876237&amp;postID=1677126449054761320' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/1677126449054761320'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/1677126449054761320'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/2008/09/arrea-con-la-gonorrea.html' title='Arrea con la gonorrea'/><author><name>Herr Peter</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_TOlMhgJwUhQ/SMBZgi7JsmI/AAAAAAAAAAM/G5n3ZEMk5MY/S220/petronasavatar.jpg'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18876237.post-5816723150143121539</id><published>2008-04-21T06:13:00.004+07:00</published><updated>2008-04-21T06:43:39.135+07:00</updated><title type='text'>Camboya, un país de rima fácil</title><content type='html'>Suerte tiene Camboya de no tener como idioma el español, de lo contrario, los compositores de himnos nacionales lo tendrían crudo para que el populacho no destrozara la letra haciendo la rima fácil. &lt;br /&gt;Pequeño país de grandes virtudes, es un “must” (perdón por el anglicismo) para mi y para el que quiera juerga, esparcimiento y diversión a todas horas, tanto en la selva como en la playa, sin dejar de lado su floreciente urbe que está viendo cómo se empiezan a construir fastuosos rascacielos patrocinados por los coreanos, mientras la población todavía está aprendiendo a utilizar las escaleras mecánicas del primer, digamos, gran centro comercial de la capital.&lt;br /&gt;¡Oh sí amigos! Camboya deja atrás su turbulento pasado como refugio de pederastas y gente de mal vivir, para convertirse en un importante centro turístico, aunque para que llegue a los niveles de su vecina Tailandia, todavía le quedan unos lustros. Tanto progreso conlleva indefectiblemente a una pérdida de encantos que residían en su primitivismo, visto desde una perspectiva positiva. Sin embargo, sin ser muy ducho en aventuras en países de tal carácter, todavía se puede encontrar la esencia khmer en muchas esquinas de cualquier pueblo de esta gran nación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogcamboyarimafacil/savechildren.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Las ONGs empiezan a ser objeto ya de burla en este país&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que me lleva a hacer regulares visitas a Camboya resulta de lo más prosaico. NO. Ya sé en qué piensan vuesas mercedes … bueno … un poquito sí. Pero no, lo cierto es que dicho país es el más cercano a Tailandia. La cuestión reside en que los que vivimos por temporadas en Bangkok debemos salir una vez cada 30 días del país por una cuestión de visados. ¿Birmania? Comunistas y militares, descartado. ¿Laos? No se han enterado de que el muro de Berlín ya cayó, descartado. ¿Malasia? Musulmanes y careros, descartado. ¿Qué queda? Pues el Reino de Camboya. No quiero decir que el resto de países que he mencionado no merezcan una visita, de hecho los he visitado todos, pero cuando uno ha cumplido con el rito de hacerse cuatro fotos y recorrer sudando la gota gorda los lugares más emblemáticos, una nueva incursión se hace innecesaria, sobre todo para mi que vivo más de noche que de día, y en estos países la vida acaba con la puesta de sol o casi.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogcamboyarimafacil/aannangsuu.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Y cuando no hay nada que hacer, pues se puede leer un libro&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por 80 euros, Air Asia ofrece un billete de ida y vuelta a Phnom Penh. ¿Qué más se puede pedir? Yo pedí el pasado año al buen Dios que pusiera vuelos por la tarde, y dciho y hecho. Te pegas la juerga padre en Bangkok, duermes la mona, te tomas un Alka-Seltzer, y al aeropuerto rumbo al país vecino. Comes algo, echas una siestecita y a vivir la noche “phnom peniana”.&lt;br /&gt;Como ya es costumbre en mí, en los vuelos continentales, me enfundo mi uniforme para gozar de esas pequeñas ventajas de las que no gozan los pasajeros comunes, algunos de los cuales no deberían ni poder subir a bordo por ir con chancletas y pantalón corto. ¡Por Dios! No pido que la gente vaya de etiqueta a la hora de hacer un viaje, pero un mínimo de decoro no perjudica a nadie. &lt;br /&gt;Este año, Air Asia ha introducido el llamado “boarding express”. Por una pequeña suma (unos 4 euros) los pasajeros “express” son llevados cómodamente al avión en minivan y suben los primeros con lo que pueden escoger los asientos a su gusto. Yo no he querido pagar nada y en principio debo ir con la masa en unos viejos autobuses destartalados y conformarme con los asientos que quedan libres. Pero ya son muchos los aeropuertos recorridos y los años trabajados en dependencias aeroportuarias, y de algo vale la experiencia. Comienza el embarque y los primeros en acudir son los VIPs, yo me sitúo cerca de la puerta a la vista del personal de embarque. Obviamente no estoy pidiendo nada de forma explícita, cosa que resultaría de una extrema vulgaridad y denotaría una gran mala educación por mi parte. Pero sé cómo funciona, o debería funcionar, la gran fraternidad aeronáutica mundial. Pasados los primeros pasajeros, observo cómo el personal de tierra murmulla algo mientras me mira, sólo acierto a entender la palabra “captain”. Me hacen una seña para que pase junto a los VIPs. Cómo es lógico ninguno de los ciento y pico pasajeros restantes protesta. ¡El poder del uniforme! Una vez más saco “rédito” de la ropa que muy gentilmente me cedió una compañía alemana que a su vez también sacó provecho de mi buen hacer. Una vez a bordo, dispongo de dos asientos para mí sólo. Tengo la impresión de que algunas personas tienen cierto reparo a sentarse junto a alguien uniformado … no sé, tal vez sean ideas mías.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogcamboyarimafacil/puuyingFD.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;La belleza caracteriza a las azafatas de Air Asia&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El primer cabreo lo tengo nada más salir por la puerta del aeropuerto. No hay nadie del hotel esperándome. Después de media hora, tomo un taxi, son apenas cuatro euros o dos whiskies, según se mire. Llego al establecimiento hotelero, el Flamingo de mi amigo el señor Kim, y pido explicaciones, algo que ya sé resulta inútil en esta parte del continente asiático. Se miran unos a otros hasta que digo: “Bueno Ok, venga, dame la llave de la habitación”. Subo, dejo mi equipaje, bajo a picar algo a la “cafetería”. Pido un sándwich de jamón y queso. Rebosa grasa por todo su perímetro, pero el hambre puede más que las ganas de conservar una salud medianamente aceptable. Sin terminarlo decido subir a la habitación a echar una cabezadita. Pongo la tele y me encuentro con que no está TVE sintonizada, segundo o tercer cabreo, ya ni me acuerdo. No importa, pondré la francesa que también va muy bien para dormir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mis “ansias copulatorias” me impiden conciliar el sueño de forma regular. Me despierto a cada momento pensando en quién o más bien cómo será mi víctima propiciatoria de mis fracasos anteriores. Algo que tengo claro, es que para no tener otro “fracaso”, llámese gatillazo, no debo ingerir más de una copa de whisky antes del intercambio de fluidos. Molestan los gatillazos, pero cuando son “previo pago”, molestan el doble aunque avergüenzan la mitad. Total, en un lupanar, uno no queda bien por lo mucho y/o bien que copula, sino por la celeridad con la que efectúa el pago, y cuanto mayor, mejor.&lt;br /&gt;Sigo en mi intento de conciliar el sueño mientras de fondo oigo las aventuras y desventuras de Sarkozy, mi mente se desplaza repetidamente hasta la entrada del Cyrcée, una cueva de meretrices muy conocida en la capital, y de la que ya he hablado en alguna ocasión. En estado de duermevela veo la puerta de cristal y las enormes cortinas que separan una calle, mal asfaltada llena de baches, de lo más parecido al paraíso que les prometen a los musulmanes si mueren inmolados, a diferencia de que las jovencillas del “paraíso” distan mucho de ser vírgenes e impolutas.&lt;br /&gt;¡Basta ya de soñar! Que nunca un sueño ha sido tan fácil de realizarse. Me pongo algo de la escasa ropa que he traído, reviso mi equipo básico de ave rapaz nocturna, véase: dólares en distintos bolsillos, cámara de fotos, móvil, alprazolam, tabaco, mechero, condón y una tarjeta de débito por si me da un calentón y tengo que acudir a algún cajero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la puerta del hotel hacen guardia los chavales de las motos, siempre dispuestos a ofrecerte, al margen del transporte, cualquier cosa que haga más placentera tu estancia en su país. Se arremolinan a mi alrededor como abejas en un panal. Escojo a uno al azar. Lo cierto es que el Cyrcée está a dos pasos, pero mi pereza es más grande que la misericordia de Dios. Además por 40 céntimos no voy a cansarme inútilmente, si me canso, que sea por una buena causa como el buen yacer. En apenas dos minutos ya me encuentro frente a la puerta del antro. Los porteros, llamémosles así, me dan la bienvenida y me dan paso.&lt;br /&gt;Este año observo cierto recato, tanto en la indumentaria como en el comportamiento de las “ladies”. Me reciben bien, como es costumbre, haciéndome una radiografía de arriba abajo. Supongo que hay un acuerdo tácito entre la docena de demoiselles  por el que se turnan a la hora de atender a los caballeros que acuden en busca de relajo. Es habitual que acudan en pareja e incluso en trío. En este caso se me acercan dos mozuelas, que antes de hacer las preguntas de rigor, que por otra parte son las únicas que saben en inglés (¿De dónde eres?, ¿Cómo te llamas?, ¿Cuánto tiempo te quedas?, y un par más), me echan mano al paquete y se refriegan contra mi cuerpo como gatas en celo. ¡Quietas! Les digo. Tanta afabilidad me agobia y acaba desconcertándome. Necesito mi espacio. El lugar es ya de dimensiones escasas, es una cochera reconvertida en puticlub, con esto lo digo todo. Yo necesito mi espacio para estar a gusto. Claro que tantas explicaciones no se las doy, me limito a gesticular. Con este idioma internacional que nos ha dado el Señor comprenden que tanto atosigamiento acabará por producir en mí un rechazo. Venga, una a cada lado y las manos se pueden pasear entre la cintura y la rodilla, el resto del cuerpo debe quedar incólume ante la pasión desenfrenada (y falsa) que exteriorizan las muchachitas. &lt;br /&gt;Dado que la conversación dura en torno al minuto y medio, aprovecho la pausa para saludar al dueño/encargado que tuve la ocasión de conocer la primera vez que acudí al local. Es un buen tipo, pero tiene pinta de ex-presidiario, es de los que más vale tener como amigos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogcamboyarimafacil/cyrcee.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Las mozuelas del Cyrcée,bueno, las que salen en su web&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sigo conversando con las chiquillas. Es obvio que nuestra conversación no versa sobre la última cotización del Dow Jones. La más experta intenta “venderme” a la recién llegada ( que no significa la más joven), eso es compañerismo y lo demás son mariconadas.&lt;br /&gt;Tengo claro que he venido a poner el churro en aceite (¿existe esta expresión?), por lo cual no demoro demasiado mi toma de decisión. Por educación, que la tienen, me preguntan con quién me quedo insinuando a la vez si me quedo con las dos. Consiente de mis posibilidades, designo a sólo una, la más novata, como candidata a ser penetrada por mi decadente órgano sexual.&lt;br /&gt;Dicho y hecho. Allí no se andan con tonterías. Subimos al primer piso, donde está la habitación VIP (por llamarla de alguna manera), está ocupada. No pasa nada, pienso yo. Seguimos subiendo por unas angostas escaleras hechas, a mi entender para asiáticos, si no, no se entiende que debas agachar la cabeza a cada momento para no fracturarte el hueso frontal o parietal.&lt;br /&gt;Llegados al segundo piso, me indica la mozuela de cuyo nombre no puedo, ni quiero, ni necesito acordarme, que puedo pasar a un habitáculo, casi un zulo, en el que sólo veo una cama y una mesita de noche. Bien, de acuerdo. ¿Y dónde nos limpiamos las gónadas y sus alrededores? La joven me proporciona una minúscula toalla, propia de sauna gay, y me indica que suba al piso superior. ¡De perdidos al río! Ya todo me da igual. A saber que me voy a encontrar allí. Así, en paños menores, al cabo de la escalera me encuentro a dos chavalillas comiendo sopa y enfrascadas en una disquisición sobre sabe Dios qué. Paso por allí, me saludan como uno más, y siguen con su conversación que presumo no iba sobre el futuro económico el país sino más bien sobre el suyo.&lt;br /&gt;¡Chof, chof, chof¡ Ya estoy limpio. Poder, hace menos de una hora que he salido del hotel, y poca cosa tengo que limpiarme. ¡Pim, pam! Para abajo que ya es hora de meter. ¡Vaya! Ahora le toca a ella hacerse una limpieza de bajos, mejor. No sé por qué “carreteras” ha circulado previamente. Cuanto más limpio mejor.&lt;br /&gt;“Gratia Deo” veo que el momento del ayuntamiento está próximo. Finalmente nos encontramos juntos sobre esa cama de repelente raso. Los dos con una toalla cubriendo nuestras partes pudendas, hasta que de “motu propio” me despojo de mi escasa vestidura para ofrecerle en todo su esplendor el máximo exponente de mi virilidad.&lt;br /&gt;No existe ninguna ley escrita, sin embargo es universal el hecho de que el falo, en primera instancia, debe ser sorbido, en cierta medida, hasta la consecución de un estado de excitación próximo al orgasmo sin llegar a éste. ¡Quieta, quieta, quieta! Le digo sin reparo. Ya sé que para ellas lo ideal es que el hombre eyacule sin llegar a la penetración, pero yo soy ESPAÑOL joder. Y tengo que meterla, aunque sea un par de segundos, si no, a ver como explico que he ido de putas y no he follado. ¡Ponte mirando pa’l techo! Le digo. Ahí va la primera embestida. ¡Pim, pam, pim pam! Vaya, parece que mi precioso líquido tiene cierta premura por salir. Cambio de posición. ¡Ahora te vas a poner mirando a Battambang! (Como puede suponer el lector, Cuenca es desconocida por las camboyanas, por lo que ha sido sustituida por una ciudad equivalente).&lt;br /&gt;¡Aaaaahhhhh! ¿¡Pero esto qué es!? Recuerdo a Matías Prats Jr. en un directo recogido por multitud de “zappings” diciendo la misma frase. El locutor no era capaz de asimilar lo que le estaba sucediendo. Lo mismo me pasaba a mí. ¿Qué era eso? ¡El pelo le iba del obligo hasta la rabadilla sin pausa alguna! ¡Santo Dios! Mi líbido pasa de 100 a 0 en menos que el coche de Alonso. Contengo mis emociones, no vaya a ser que la pobre chica se traumatice, y opto por una actuación rápida, como los GEOS. Le cierro las piernas, para perder de vista el horripilante espectáculo, y la sitúo de lado. Mis pretensiones de una penetración anal se diluyen como un azucarillo en un vaso de agua. La empitono en la posición que la he dejado, es decir, por atrás pero sin tener que contemplar el velloso ojete. Podría denominarlo un falso anal. ¡Pim, pam, pum, fuera1 O eyaculo ahora o no lo conseguiré en toda la noche. Gozo, no voy a negarlo. Pero esa escabrosa visión me persigue todavía hoy en día.&lt;br /&gt;¿Subes a lavarte? Me pregunta. “No ya me apaño con la toalla” le digo. Aprovecho el momento en que ella va a asearse para encender un pitillo y analizar la situación que acabo de vivir. ¡Santo Dios! Nunca había visto en una mujer tanto pelo junto. Me recordaba mi infancia en la escuela cuando aprendíamos los ríos: “Nace en tal y desemboca en cual”. Pues aquí era lo mismo: “nace en el ombligo y desemboca en la rabadilla” ¡Qué espanto! Pero la chica no tiene la culpa, aunque podría cuidarse un poco más.&lt;br /&gt;Le doy la última calada a mi Marlboro camboyano (70 céntimos de euro la cajetilla), me visto y nos vamos para abajo. Pido la cuenta. 17 dólares, copa, chica y cama incluidos. Me parece caro y pido explicaciones, más que nada por charlar un rato. Resulta que la tarifa  de la habitación ha subido un dólar. ¡Ah, ok, no problem! Les digo Lo cierto es que para estar dentro de la legalidad, en la cuenta sólo aparecen la copa y la habitación, el cambio se lo doy a la chica, pero éste no llega (por céntimos) a los 15 dólares (su tarifa), y de ahí la reclamación y todo el barullo, un barullo que se arregla con un dólar y muchas sonrisas. Una vez sacado de mi ser mi líquido más precioso, es hora de tomar otros rumbos. “Garçon, al Martini” le digo al mototaxi que espera en la puerta. Seguro que allí me esperan nuevas experiencias que son ¿calificadas para menores o protagonizadas por menores? ¡A saber! Yo no voy a ir al registro civil camboyano para saber si estoy incurriendo en una ilegalidad, me basta el sentido común, y confío en que no me engañe. Además, la dirección del Martini’s asegura que no hay menores en su local. Me fío, aunque en ciertos momentos llego a dudarlo, más que nada porque me da la impresión, por momentos, de estar en el patio de recreo de una escuela de secundaria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me tomo un par de copas, sin embargo me siento algo decaído, no triste, sino cansado. Ya he descargado mi simiente en un triste receptáculo de látex, por lo que mi líbido esta bajo mínimos. Estoy en el Martini’s, más que nada para hacer una primera inspección ocular en previsión de venideras incursiones con fines muchos más lúbricos. &lt;br /&gt;Echo un vistazo, tomo un par de copas y opto por regresar al hotel, más que nada porque mañana quiero hacer algo “útil” como ir de compras. Llego al hotel y veo que no hay nadie para darme la llave de la habitación. Hay alguien, sí. Pero está sobado en el sofá de la entrada. Hay una llave, sí. Pero está colgada en un panel tras el mostrador de la recepción, y me da cierta aprensión meterme donde no me corresponde. Siempre hay gente fuera del establecimiento, con señas y algunas palabras en inglés, les hago entender la situación. Serviciales como son, se apresuran a despertar al encargado de supuestamente atender a los turistas rezagados. Debo admitir que yo no soy un turista rezagado, SOY EL ÚLTIMO. En el momento en que me entrega mi llave, entre mil perdones, echo fugazmente un vistazo al panel de llaves correspondientes a las habitaciones, y me percato de que no queda ninguna. Sí, lo sé, lo asumo, soy el más perro del hotel, pero parafraseando a Jeannette puede proclamar a los cuatro puntos cardinales que: “Yo soy putero porque el mundo me ha hecho así, porque Johnnie Walker así lo dictó y mi mente nunca lo negó”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogcamboyarimafacil/howies.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Con las chicas del Howie's, la pasada navidad&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He empezado mal el día, tampoco es muy extraño tras la noche anterior. Sin embargo es algo extraño. No, no me ha pasado nada insólito, extraordinario, singular o excepcional, de momento. Pero algo flota en el ambiente (“energías negativas” dirían los crédulos) que hace que no me sienta a gusto en este contaminado cuerpo que la naturaleza me ha dado y yo me estoy encargando de destruir. Sólo una cosa puede poner remedio a esta desazón: ir de compras. No es, desde luego, el hecho de comprar o  gastar sumas astronómicas inabarcables en ciertas ocasiones, sino el pasear en de tienda en tienda fantaseando con lo que podría hacer si tuviera X. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogcamboyarimafacil/puuyingmotosai.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Chicas camboyanas "normales", alejadas del alboroto nocturno&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy voy a ir al Russian Market (no se si algún día hubo vendiendo, si lo que se vendían eran rusos, o se vendían productos originarios de dicho país). Además del mercado propiamente dicho, me interesan las diversas farmacias ubicadas en los derredores, porque ya saben mis lectores que el asombroso mundo de la farmacopea es una de mis debilidades, con fines investigativos, claro (como reza en las páginas dedicadas a reventar sistemas de encriptación de señal televisiva). Estoy interesado en saber qué me pueden vender, para mis investigaciones, repito. Para ser escueto, sólo diré que hubiera sido más fácil preguntar qué no me podían vender.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogcamboyarimafacil/puuyingpuuchai.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Estampas de la vida rural khmer&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mercado ruso, donde al final del nefasto período de la dictadura maomarxistaleninestalinista y de Pol Pot, se vendían los restos de la guerra, y no precisamente gorras y chapas. Desde AK-47 a “bazookas” o a sabe Dios qué, todo con sus respectivos complementos. Lo cierto es que hoy en día se siguen vendiendo, pero para qué ir armado si todos vamos armados, la gracia es ser el único del pueblo, digo yo.&lt;br /&gt;Toda la parafernalia militar a dado paso a la colección de la serie completa de “Los Soprano” en versión mandarina por 12 euros el pack completo, sí sí, un pack como Dios manda, de cartón duro y plástico, de hecho, creo que no son copias sino originales que se han despistado por la ruta de la seda. Obviamente lo he ingenuamente preguntado como si me pudiera fiar de la respuesta. ¡Si busca una serie, vaya al mercado ruso de Phnom Penh, y si le gustó “Alvin and the chumpkins”, pues también!  La práctica totalidad de series tiene la opción de cambio de idioma a español, lo que no indica es en qué parte del extenso mundo de habla hispana se ha hecho el doblaje; les aseguro que hay situaciones dramáticas que se tornan en cómicas por una simple cuestión fonética.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogcamboyarimafacil/puuyingtalaat.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Las chicas del mercado&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He venido sin apenas ropa, total en cuanto puedo me la quito, por lo que me voy al puestecillo que oferta buenas copias de Docker’s, Ralph Lauren, Camel, etc. Les aseguro que en más d una ocasión he pregutado: “¿No tiene lo mismo, pero sin marca?” Pues no, estamos condenados a ser hombres anuncio con Alonso, Pedrosa o Nadal, sólo que a nosotros nos cuesta una pasta gansa, bueno …. en este caso no puedo exagerar 24 euros por dos camisas y dos pantalones no es demasiado. Sin embargo aquí siempre hay pensar que es caro, no hay que hacer como algunos listos que están pagando a las putas sumas astronómicas y nos dejan a los demás a la altura del betún. “¿No estaba bien cuando les pagabas 10 dólares y se iban más contentas que unas Pascuas? ¿Pues para qué le das 30, tontolaba?” pienso yo cuando veo a uno de estos “benefactores” que desestabilizan mercados; aquí no hay euribor y las meretrices no pagan hipotecas. Y si u día las pagan tendrán que volver a venderse por 10 dólares gracias a aquél que le dio medios para entramparse en la compra de un piso. ¡Santo Dios, cómo hace desvariar el pasar cuatro días en este bendito país!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogcamboyarimafacil/puuyingdokmai.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Paseando por la ciudad te puedes encontrar "bellas flores"&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llega la noche, mi entorno natural. Como cada anochecer, me pongo algo de ropa, bajo hasta la puerta del hotel y allí se agolpan todos los que están dispuestos a acompañarme en mi aventura noctívaga. Así como el día en Phnom Penh ofrece escasas opciones, la noche es el reverso de la moneda. Desde hace pocos años, florecen bares a diestro siniestro, aunque los veteranos, como Sharky’s o Martini’s se llevan la parte del león. Los nuevos bares ofrecen compañía femenina a tutiplén , sin embargo la calidad deja mucho que desear, no en cuanto al físico de las féminas, que puede resultar espectacular, sino a la nula interacción verbal que pueda existir (salvo raras excepciones). Además, por aquí, solemos decir (¡es que somos malos!) que cuanto más inglés saben, más putas son. No nos basamos en meras especulaciones, pero he de reconocer que es un comentario malévolo.&lt;br /&gt;La cuestión está en que el que va a Phnom Penh por poco tiempo, debe visitar los dos bares antes mencionados, si no es como ir a Madrid y no visitar el Prado (sí, ya sé que muchos no lo hacen, pero estamos hablando de necesidades básicas y no de pinturas que estarán allí “at vitam eternam”).&lt;br /&gt;Esta noche toca el Martini’s. No es el mismo de antes, pero sigue siendo un clásico de visita obligada, y seguro que alguna sorpresa me depara.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18876237-5816723150143121539?l=herrpeter200506.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/feeds/5816723150143121539/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=18876237&amp;postID=5816723150143121539' title='24 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/5816723150143121539'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/5816723150143121539'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/2008/04/camboya-un-pas-de-rima-fcil.html' title='Camboya, un país de rima fácil'/><author><name>Herr Peter</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_TOlMhgJwUhQ/SMBZgi7JsmI/AAAAAAAAAAM/G5n3ZEMk5MY/S220/petronasavatar.jpg'/></author><thr:total>24</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18876237.post-6475254341320582348</id><published>2007-12-31T06:17:00.000+07:00</published><updated>2007-12-31T06:42:04.891+07:00</updated><title type='text'>“Una noche por delante, demasiadas por detrás…” (OVG dixit)</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;b style=""&gt;&lt;u&gt;&lt;span lang="ES"  style="font-size:14;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/u&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Tras un largo período de descanso en España, regreso al fin a la tierra prometida: Tailandia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Este país tiene un problema, y es que no trae prospecto. La posología varía de un individuo a otro, en mi caso, no sé a ciencia cierta cuándo me he pasado en la “dosis” a tomar y por ende es hora de regresar a la patria para retomar una “vida normal”, si es que alguna vez podría encuadrarme dentro del grupo de personas con “vidas normales” que yo, más bien llamaría anodinas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;La cuestión es que ya estoy de vuelta&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;por el reino de Siam. Una vez desintoxicado, es hora de volverse a intoxicar, eso sí, siempre por el camino de la legalidad que la justicia por estos lares no está para bromas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Dado que uno se vuelve comodón con los años, me gasto unos euretes de más y viajo con Thai Airways directo desde Madrid. Atrás quedaron los tiempos en los que por ahorrar 100 euros me pasaba horas tirado en los incómodos asientos de cualquier aeropuerto europeo. Por añadidura, siempre es un placer viajar con la compañía que más premios ha obtenido por el servicio a bordo, aunque hay que reconocer que ya va siendo hora de ir cambiando la flota, que el 747 con el que vine la primera vez sigue siendo el mismo, aunque lo hayan repintado y la hayan cambiado la moqueta. Que tomen ejemplo de Singapore Airlines, una compañía que en cuanto oye que se va a fabricar un avión nuevo, es la primera que grita: “¡Me lo pido!”&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogmuchasnoches/DSC01054.jpg" /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Servidor hablando directamente con Dios&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;El aparato está a rebosar, sin embargo, uno que está curtido en la materia procura ingeniárselas para viajar lo más cómodo posible, lo que implica disponer de más de un asiento. Cada vez soy más “asozial” (como gusta decir a los germanos) y no soporto estar sentado durante 13 horas al lado de alguien que no sé de donde viene ni a donde va, bueno no en “stricto sensu” porque estamos en el mismo avión, pero vaya, que igual es un tío de 120 kilos que ocupa asiento y medio (como me pasó el año anterior) o un pesado que hiperactivo, rara es la ocasión, por no decir nula, de que se siente a tu vera una espectacular joven que además desea conversación. Manejando pues las estadísticas he llegado a la conclusión de que era necesaria una estratagema que hiciera posible una apacible travesía sin compañía. No hay que ser ingeniero, pero sí haber pasado muchas horas en los aviones. Pongamos de ejemplo el 747, más conocido como Jumbo, el de la chepa. Sus tres últimas filas, en sus laterales, cuentan con dos asientos en cambio de tres, por lo que si se pide ventanilla, dispondremos de un espacio complementario que no tienen los que están encajonados entre la ventanilla y el que se sienta en medio (el que peor lo pasa, jajaja, no puede mirar por lo que pasa fuera y si quiere salir tiene que dar la brasa al del pasillo). Segundo punto a tener en cuenta: gran parte de las compañías dejan libre la última fila de asientos por diversos motivos que sería largo explicar. La cuestión es estar lo más cerca de éstos para poder ocuparlos a la mínima señal de que no van a subir más pasajeros a bordo. El que trabaja en esto sabe que basta con estar un poco atento a la megafonía y escuchar la frase: “Boarding completed”. En ese preciso instante, uno se levanta y se acomoda donde nadie se va a sentar. La última ocasión en que me salió bien, dispuse de cuatro asientos para dormir a pierna suelta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;En esta ocasión varío un poco mi estrategia. Junto a mi tengo a un joven francés o suizo que habla español. Como el que no quiere la cosa le comento lo de los cuatro asientos libres de atrás. Se queda algo sorprendido de mi conversación. Generalmente la gente habla del tiempo o de las vacaciones que va a pasar. Yo no, yo hablo de asientos libres. No quiero parecer grosero y hacerle creer que su presencia me incomoda, aunque así es. Voy leyendo las revistillas que encuentro en el bolsillo delantero del asiento mientras espero oír la frase esperada y ese sonido tan particular que se produce en el avión cuando se cierran las puertas y el aparato queda sellado hasta el destino. “Ahora, ahora, tira, tira para allá que se han quedado los asientos libres” le digo de sopetón. Algo sorprendido y sin saber muy bien qué hacer decide levantarse por la premura que se intuye en mis palabras. Deja todo lo que tiene ahí y se va a sentar. ¡Ya me he librado del parásito! Tengo dos asientos y medio para mí solito. Una vez alcanzada la altura de crucero, me giro para ver al chaval. Le miro y levanto disimuladamente el pulgar. Asiente con la cabeza. ¿Qué más quiere? Gracias a mí, dispone de cuatro asientos para dormir como un rey.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogmuchasnoches/DSC01065.jpg" /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Su Majestad el Rey de Tailandia. Se le quiere mucho por aquí.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Pasadas algo menos de dos horas, nos sirven el almuerzo, más o menos lo de siempre. Después de tomarme el té de rigor, saco mi cajita de “gominolas multicolores” y me tomo un cocktail químico que tumbaría a un elefante en plena savana. Antes de quedarme atontado, preparo el equipo completo: almohadilla hinchable para no levantarme con tortícolis, antifaz para que no me moleste la luz de algún amante de la lectura a horas intempestivas, tapones para los oídos para no oír a los emocionados turistas comentar sus próximos planes, mantita para que no vean que me duermo con la mano en los “güís” y evitar un espectáculo bochornoso en caso de erección involuntaria. El silencio absoluto me impide conciliar el sueño, por lo que me pongo los auriculares durante un rato hasta que mi cuerpo me indica que por mis venas hay más agentes químicos que glóbulos rojos y es hora de entrar en trance. Parece mentira, pero de este modo, y nunca mejor dicho, unas siete horitas se pasan volando.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Con el nuevo aeropuerto, en Bangkok se han acelerado un poco los tediosos trámites de inmigración. Aprovecho la cola para llamar a una amiga y refrescar mi thai que se ha oxidado un poco durante mi estancia en España. Con todo el equipaje en el carrito subo hasta la planta de salidas, donde pillar un taxi resulta algo más económico. En apenas media hora llego a mi nuevo hogar. Sí, me he mudado. Tengo una nueva vivienda en un barrio en el que los blancos somos tan pocos que cuando nos cruzamos nos miramos pensando “¿y ése quién será?”. El apartamento está como lo dejé cuando me lo entregaron, con tres muebles, las bolsas que dejé antes de marcharme y cuatro botellas de agua. Menuda pereza ponerme a hacer la cama, pero no me queda más remedio si quiero tumbarme un rato. Me tumbo, pero la cantidad de tareas que me quedan por delante me impiden conciliar el sueño. Me pongo algo fresco de ropa, cojo el papeleo que me hace falta, una bolsa y a la calle. Tengo que ir a cambiar los euros que he traído a una casa de cambio que siempre te da algo más que los bancos, por lo menos como para pagarte un par de putas o los whiskies de un par de noches. De ahí voy directo a mi banco a realizar el ingreso y a renovar mi VISA que ha caducado hace un tiempo. El cansancio&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;llega a ese punto en el que no notas ya nada, no sabes si estás medio dormido, estás soñando o estás dopado. Llamo a mi amigo Leo para ver si está en su oficina, le llevo unos embutidos de la tierra, que siempre vienen bien. Nos tomamos un café y comentamos las últimas novedades acaecidas por estos andurriales. Afortunadamente, a pesar de la situación socio-económica nada favorable que está atravesando el país, lo que a nosotros nos interesa (“Bangkok la nuit”), está como siempre o mejor. Quedo con Leo para salir el viernes, como es habitual, y me voy a ver&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;mi profesora de thai. Le llevo una botella de Patxarán, le gusta catar licores y me pidió uno español. Estamos de charleta media hora hasta que llega un alumno. La falta de sueño está empezando a hacerme perder la noción espacio-tiempo. Es hora de volver a casa. Cojo el metro y en menos de 15 minutos ya estoy a un tiro de piedra de mi casa. No sé cómo, saco fuerzas de donde no las hay y me desvío al Carrefour. Sí, efectivamente, aquí también hay Carrefour, y el ambiente es el mismo pero con “cara-chinos”. Lo curioso en Bangkok es que todos los centros de la cadena están en el centro de la ciudad, cosa prohibida en Europa. Compro lo más indispensable, ya que no recuerdo qué tengo en las bolsas que dejé, y me voy, está vez sí, a mi hogar, dulce hogar. Por no tener, no tengo ni perchas, bueno, tengo tres. Dejo la ropa colgada del pomo del armario porque no tengo ni sillas. Pongo el aire acondicionado el culpable de mis visitas al hospital), me tomo una pastillita y a dormir, que esta noche tengo que triunfar. Tengo un vecino “generoso” que tiene su conexión wifi abierta, lo que me permite escuchar Ondacero mientras procuro conciliar el sueño. Es curioso escuchar a Carlos Herrera decir “buenos días” mientras aquí está anocheciendo. Doy vueltas y más vueltas. Creo que no voy a llegar a dormir nada, pero por lo menos descansaré. ¡A la mierda! No es una noche más, es la primera de una nueva temporada por tierras asiáticas. Una noche en que hago un primer análisis que determinará el devenir de los próximos meses. Me atuso de nuevo, mientras en mi ordenador portátil, Amaya Montero, la de la &lt;i style=""&gt;Oreja de Van Gogh&lt;/i&gt; (¡NO &lt;b style=""&gt;“&lt;/b&gt;LA OREJA DE &lt;b style=""&gt;&lt;i style=""&gt;BANGKOK”&lt;/i&gt;&lt;/b&gt; COMO ME DICE TODO EL MUNDO!) canta una canción que dice: “muchas noches por delante, demasiadas por detrás”. Doy por hecho que en ningún momento se pensó en mí y en alguna tailandesa a la hora de componer la letra, pero quién sabe …&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogmuchasnoches/DSC01069.jpg"/&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Los de Wall Street&lt;/span&gt; &lt;span style="font-style: italic;"&gt;siguen funcionando por estas tierras&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Una vez aseado, me pongo la misma ropa que he dejado colgada antes, me echo mi Armani clásico, salgo a la calle y paro el primer taxi que veo. Una de las ventajas de esta ciudad es que hay casi más taxis que utilitarios particulares, al margen de sus tarifas que en rara ocasión llega a los dos euros. Como suele ser costumbre ya, los taxistas sólo por mi acento al indicarles el lugar al que quiero ir, deducen que hablo algo de thai, y aprovechan para saciar su curiosidad. Como ya me sé el diálogo de memoria, me sale tal cual nativo fuera. Basta para decir España para que te hablen del Real Madrid, el Barça, y alguno te comenta lo de los toros. Dado que no me interesa el fútbol en demasía y menos los toros procuro encaminar la conversación por otros derroteros, pero con tacto, no vaya a ser que toque un tema “molesto” más teniendo en cuenta que en estos momentos seguimos con un gobierno impuesto por los militares y el derrocado primer ministro lleva más de un año fuera chinchando todo lo que puede. La carrera no se alarga mucho, y la verdad es que se me da mejor practicar thai con las titis que con los chóferes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Llegamos a destino. Salgo exultante del vehículo. Parezco un niño recién llegado a Disneylandia, sólo que en cambio del Pato Donald, Pluto, la Bella Durmiente y la Cenicienta, me esperan y saludan con la mano y me agarran un grupo de putillas, tan cariñosas ellas siempre. Al igual que en el parque Disney, también hay espectáculos, y ahí me voy yo, a ver un show de los que animan a cualquiera. Hace unos meses el Sheba’s era uno de los mejores garitos para ver espectáculos amenizados por impresionantes damiselas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;La emoción me embarga por momentos, estoy a punto de volver a ver a las ninfas que tantas noches me han acompañado en mi soledad. Cruzo el umbral de la cueva y ahí están ellas, esplendorosas como de costumbre, bailando, la mayoría desacompasadas como si la música fuera un ruido de fondo, pero qué más da, en el fondo lo que menos importa aquí es la música. Las luces se apagan, las chicas bajan del escenario, y se encienden unos tenues focos rojos, suena una atronadora música que hace presagiar el inminente comienzo de algo espectacular. Cuatro jovenzuelas suben por la escalerilla y se sitúan estratégicamente a lo largo de la escena, la más ataviada lleva pendientes, un piercing y una goma para el pelo. Cambia la banda sonora y comienzan sus provocadores contoneos. No tardan en formar pareja de hecho. Dan rienda suelta a su “amor” como si en su alcoba estuvieran. “&lt;i style=""&gt;Lengua aquí y lengua allá, y mójate y mójate”&lt;/i&gt;, les canto parafraseando el “Maquíllate” de Mecano.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogmuchasnoches/DSC01175.jpg"/&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;El Sheba's. Es más grande la fachada que el local, o casi.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Lo más llamativo de lo que presencio, no es tanto el hecho en sí, sino que más que al alcance de mi mano, las tengo al alcance de mi lengua. Al margen del espectáculo que se desarrolla sobre las tablas, está el de los espectadores atónitos ante lo que están presenciando. Mi fijo particularmente en un japonés que está literalmente con la boca abierta y los ojos que se salen de sus órbitas, y me consta que no es una pose. Y lo entiendo, porque para el novato en estos parajes lo que aquí se ve es para quedarse boquiabierto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Las mozuelas cambian hasta una docena de veces de posición para que podamos verlo todo desde todos los ángulos, para que podamos verles bien el “mocarrón” (neologismo creado por Leo y yo para referirnos a toda la piel que sobresale los labios mayores). La apoteosis llega cuando siguiendo una casi perfecta coreografía se colocan, recostadas o a cuatro patas, una detrás de otra a modo de tren. Las “conexiones” entre un “vagón” y otro están a buen seguro bien lubricadas y si no, ahí están ellas lubricando. El ambiente está caldeado al máximo, unos anglosajones hacen la ola y nos conminan a todos a seguirles, silbidos, aplausos, gemidos, todo se entremezcla. Baja la música y el cuarteto se dispersa, se pone en pie y saluda a la fervorosa concurrencia. Éste es sin duda uno de los números más aclamados del Sheba’s, pero hay más a lo largo de la noche, si bien giran en torno al mismo tema: “yo te como, tú me comes”. No participan nunca elementos masculinos, cosa de agradecer por los agravios comparativos que pudieran llegar a producirse.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Es hora de cambiar de local y retomar viejas amistades. Para ello será necesario ir hasta el “Raw Hide”, sin duda el mejor bar del momento en soy Cowboy, de ello da fe la gran afluencia que se produce a diario. El secreto reside probablemente en la gran calidad tanto física como psíquica de las trabajadoras y jefas, por no hablar del los espectáculos continuos con los que deleitan a la clientela. No son, tal vez tan “hard-core” como en el Sheba’s, pero la calidad artística es muy superior. Allí es donde paso, casi a diario, por lo menos un par de horas. Obviamente hace tiempo que he pasado a ser considerado VIP.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Nada más entrar, ya soy reconocido por alguna jovenzuela. “¿Dónde estabas? ¿Qué hacías? ¿Cuándo has llegado”. Me bombardean a preguntas, entre respuesta y respuesta me pido un Johnnie Black, que cuando empiezo, sólo me detiene mi alcoholímetro interno. Hay muchas caras nuevas, cosa de agradecer en este tipo de locales, otras han desaparecido. No pregunto por las “perdidas en combate”, pues probablemente obtenga alguna mentira como respuesta, rara es la vez en que me han dicho que fulanita o menganita s ha ido a trabajar a la competencia, lo que supondría una potencial pérdida de un cliente si yo fuera fan de dicha persona.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogmuchasnoches/DSC01056.jpg" /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Preparado para el combate&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Por lo que veo a mi alrededor, vuelve a ponerse de moda el vello púbico, sin duda no con la frondosidad de los ’70, pero no parecen ya todas ranas, como hasta hace muy poco tiempo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Tras los pertinentes saludos, surge de mí ese ser perverso que analiza cualquier fémina que se le ponga por delante. Resulta obvio que la alimentación en Tailandia ha mejorado con los años, basta ver a las mozas más jóvenes. Las de más edad llegan a aparentar a pre-púberes (son las que utiliza El Mundo TV [y luego Antena 3 y Telecinco] para decir que hay prostitución de menores en Tailandia) y las que apenas alcanzan la mayoría de edad parecen mujeronas expertas en todo lo que se les ponga por delante, cosas de la vida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Los whiskies van cayendo uno tras otro. Saco mis manos a pasear y le doy la bienvenida a toda la que se acerca a mi radio de acción. ¡Alegría! Estoy en el Raw Hide, y aquí vale todo, mientras te sepas comportar. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Cuando pienso que mis amigos españoles pagan hasta 30 euros para, ÚNICAMENTE, invitar a una copa a una puta, se me cae el alma al suelo. Lo máximo que te pueden pedir aquí es una copa que cuesta dos (2) euros y están la mar de felices, sin esa cara de amargadas de &lt;i style=""&gt;“tengo que pagar a la mafia que me ha traído aquí XXX euros”.&lt;/i&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Pasan las horas y veo que la policía no cierra el local. Está bien claro que estamos en periodo electoral y nadie se quiere ganar enemigos, ciertamente no entre los extranjeros, que les importamos bien poco a efectos electorales. La cuestión está en que si el gobierno actual (impuesto por un golpe militar) molesta a nuestras niñas, nuestras niñas no les votaran. Es de cajón.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;En vista de que la hora de cierre no es cierta, opto por desplazarme hasta mi amado soi 13 de Sukhumvit. No sé qué encontraré allí, pero seguro que más de un conocido o conocida está allí tomando la penúltima copa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Por el camino, entre el soi 21 (soi Cowboy) y el soi 13 (el de las almas perdidas), se deben pasar varias fases, como si de un video-juego se tratara. Primera fase: bares de calle con atrayentes ninfas que te invitan sentarte. Segunda fase: niños mendigos que sólo espantas poniendo cara de mala hostia. Tercera fase: punto de la acera angosto en el que te asaltan travestidos con aparentes buenas intenciones y de paso te roban la cartera. Una de las opciones para superar dicha fase es hacerse el loco, hablar solo moviendo los brazos y/o hablar tailandés y amenazarles si se acercan a menos de un metro. Otra opción que también he utilizado para superar la prueba más difícil, es decir con voz profunda y cara de pocos amigos: “mecagoenlahostiaputomaricóndemirdaveteatomarporculo. Todo de un tirón. Resulta infalible. Sólo atacan a los turistas incautos que les siguen la corriente creyéndose Richard Gere por un momento. Todavía recuerdo lo que presencié el año pasado. Uno de estos desgraciados le robó la cartera a un blanco, éste se percató de inmediato y le soltó un derechazo en todo el careto al travelo, que hasta yo que estaba a cierta distancia, pude oírlo. ¡Bien! Grité en mi interior, mientras veía al engendro intentado recuperar el equilibrio con las manos en el rostro mientras alguna gota de sangre fluía entre sus dedos. No quiero decir con ello que la comunidad travestí sea un foco de delincuencia en Tailandia. Los seres de este género indefinido son legión en este país, y los que circulan prostituyéndose por Sukhumvit son minoría, pero una minoría a tener en cuenta si uno circula por esta zona.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Con el recuerdo de haber estado henchido de satisfacción por haber presenciado algo que me habría gustado protagonizar, pero que me impide mi escasa corpulencia y mi nula habilidad en la lucha cuerpo a cuerpo, me encamino presuroso a la estación &lt;i style=""&gt;terminus&lt;/i&gt;, el soi 13. Para mi sorpresa, la concurrencia es escasa, de acuerdo que las fechas no las de máxima afluencia pero no deja de ser extraño que apenas haya unas cuantas mesas ocupadas. Por otro lado, gracias a la mínima clientela, soy recibido tal cual alto dignatario en país extraño. Me traen de inmediato el asiento más mullido y confortable que encuentran. Inútil pedir la bebida, de hecho, no me conocen por mi nombre sino por la bebida que tomo, “Black Sprite, cuanto tiempo sin verte” me dice la jefa. “Sí he andado muy liado por mi país” le respondo como si fuera verdad lo que digo. Me acomodo en un lugar estratégico para controlar a los viandantes que pasean arriba y debajo de la calle Sukhumvit. De un momento a otro pasará a ciencia cierta algún conocido, o mejor, alguna conocida. Y efectivamente, apenas terminada mi primera copa, recordemos que aquí las copas miden la mitad que en España, aparece en la lontananza mi amiga Mickey Maow (más conocida por la gente como Nan). Aquí no se estila, afortunadamente, lo de los besos y abrazos, un trámite algo embarazoso en algunas ocasiones en que no sabes si toca beso o mano. Así que nos saludamos con un simple “Sabai dii mai?” (Hola qué tal).&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Por naturaleza, las féminas que pululan por estos andurriales son gorronas, o sea que la segunda frase que oigo es “¿me invitas a una cerveza?”. “Claro, cómo no. Pero no te acostumbres”. El primer día, por la euforia y la alegría soy más dadivoso, cosa que s me pasa a medida que los dígitos que aparecen en mi libreta me indican que mi economía va menguando a pasos agigantados, momento en el que las invitaciones disminuyen drásticamente y pasan a convertirse en “sobornos” para obtener favores.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogmuchasnoches/DSC01173.jpg" /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Mikcey Maow (Nan) y compañía&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Por lo que me cuenta, y averiguo yo posteriormente, los locales de ocio vuelven a cerrar a horas más tardías, de ahí la escasa afluencia de clientes en el soi. Supongo que la “generosidad” de la policía a la hora de permitir cierres más tardíos se debe a que las elecciones están próximas y el gobierno no quiere molestar demasiado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Transcurre la noche sin más novedad, los whiskies caen uno tras otro y el morro de Nan va en aumento al solicitar más bebidas. Un día es un día, y por dos euros que cuesta su litrona, tampoco es cuestión de ponerse a discutir.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Mi cuerpo dice ¡basta! y entre el desfase horario y lo que circula por mis venas es cuestión de pensar en una retirada digna, no vaya a ser que el primer día ya dé el espectáculo tragándome la acera o entrando con dificultades en el taxi. Rumbo a mi nuevo hogar que ya es hora de estrenar la cama en condiciones, a ver como se viven las resacas en el nuevo colchón un punto a tener en cuenta, vital para mi existencia.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18876237-6475254341320582348?l=herrpeter200506.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/feeds/6475254341320582348/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=18876237&amp;postID=6475254341320582348' title='24 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/6475254341320582348'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/6475254341320582348'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/2007/12/una-noche-por-delante-demasiadas-por.html' title='“Una noche por delante, demasiadas por detrás…” (OVG dixit)'/><author><name>Herr Peter</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_TOlMhgJwUhQ/SMBZgi7JsmI/AAAAAAAAAAM/G5n3ZEMk5MY/S220/petronasavatar.jpg'/></author><thr:total>24</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18876237.post-2704884323314061215</id><published>2007-07-04T10:09:00.000+07:00</published><updated>2007-07-17T14:07:11.892+07:00</updated><title type='text'>Yo soy puta, muy puta</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;La primera vez que intercambiamos unas palabras fue en un tono ciertamente airado. Ella, desde su perspectiva de profesional de la noche, exaltaba las virtudes de los japoneses en detrimento de los occidentales a quienes parecía despreciar. Yo la invitaba repetidamente a marcharse de una calle en la que la inmensa mayoría de los que por allí pululamos somos blancos. Se llama Kay, y nuestra historia no tiene desperdicio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogyosoyputa/IMG_3966.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;BELLEZA MESTIZA THAI&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;El soi 13 es un auténtico baúl de sorpresas y, en ocasiones, una caja de Pandora. Es la estación terminus, tras haberse paseado por “Pool-bars”, “Bier Gardens”, “Go-go Bars” y demás espacios suministradores de alcohol y sexo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Como cada noche, como si de un autómata se tratase, mi cuerpo se dirige a ese lugar en el que sabes con quién llegas, pero nunca con quién te vas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Esta noche echo anclas algo pronto. Todavía no han llegado los más asiduos, Peter el sueco, Martin el americano y el resto de mis contertulios nocturnos habituales. Las que sí están son las chicas. La alocada Nut va de mesa en mesa con su algo estridente voz contando sus historias. Nan, con un par de copas en el cuerpo, se atusa con una pequeña polvera con espejo que lleva en el bolso. A ellas las conozco desde hace un par de años. Curiosamente, nunca hemos tenido una relación carnal. Me sucede a menudo con la mayoría de putas con las que entablo cierta relación. A base de charlar cada noche se establece una especie de amistad que impide ir más allá. No es una regla de oro, por supuesto, pero es más frecuente de lo que uno puede llegar a pensar, porque las putas son &lt;i style=""&gt;personas humanas,&lt;/i&gt; como decía no sé quién.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogyosoyputa/DSC00240.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;NONG RATH, UNA AMIGA DEL RAW HIDE&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Hace varios días, mejor dicho noches, que vengo observando que Nan va acompañada de una mujerzuela nueva en el barrio. No sé si porque yo se lo digo o porque a ella le da la gana, pero la cuestión es que me las encuentro a las dos sentadas a mi mesa. La nueva, amiga de Nan o hermana como dice ella, desprende altivez por todos sus poros, probablemente para compensar su altura que apenas supera el metro y medio. No sé a cuento de qué, nos vemos enzarzados en una discusión sobre las excelencias de los japoneses y las miserias de los occidentales. Sus palabras son realmente muy insultantes para mi raza. Le pregunto serenamente que qué hace aquí, le señalo que la calle de los “japos” es otra y que debería dirigirse hacia allí si siente tanta aversión por los blancos, claro que su repulsión se debe únicamente a cuestiones pecuniarias, el vil metal. Kay se enerva por momentos, y su discurso se torna en un ataque personal. Nan, a pesar de las copas que lleva, se percata del exacerbado comportamiento de su hermana y la llama al orden echándole una bronca que la sume en un llanto que sólo se explica por la ingestión de alcohol. En Tailandia todavía existe el respeto por los que son mayores que uno, por ello Kay no discute las palabras de su hermana mayor y se limita a intentar explicar sus razones entre sollozos. Nan le señala que soy buena persona, que no soy el típico turista que viene dos semanas a tapar agujeros, y además tengo el estatus de VIP en el soi 13. No tardan en llegar las excusas, algo veladas, pero en cualquier caso, su actitud hacia mí cambia radicalmente.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogyosoyputa/DSC00261.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;SOI COW-BOY, DONDE LAS PUTAS CIRCULAN A SUS ANCHAS&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;En las noches que siguen, nuestros encuentros se desarrollan con aparente normalidad, dentro de la anormalidad que impera en el soi 13, sin la cual no sería lo que es. Nuestras conversaciones giran en torno a banalidades que se hacen soportables por el riego continuo de Black Label. Hay que tener en cuenta que la noche en general, y en Bangkok en particular, se basa en la mentira, el engaño y la ocultación. Nadie sabe a ciencia cierta quién es quién. Muchos, usamos nombres que no son los nuestros, en ocasiones cambiamos nuestras nacionalidades, por no hablar de las ocupaciones de cada uno. Nadie, o casi nadie, es quien dice ser. Incluso algunas chicas pretenden hacer creer que no son putas, el colmo. La única complicación que entraña este juego es tener buena memoria y recordar en cada momento qué nombre, qué nacionalidad y qué profesión se ha utilizado en tal o cual sitio. En alguna ocasión me he encontrado en la incómoda situación de encontrarme en el mismo sitio con dos personas conocidas en distintos lugares, y por ende con diversas referencias sobre mi persona. Generalmente, en lo que se refiere a mi nombre, lo arreglo diciendo: “Buenooo, X es mi segundo nombre, pero normalmente uso Y que es mi primer nombre, en mi país es habitual que la gente tenga varios nombres …” Entre los tailandeses la excusa cuela con facilidad ya que ellos raramente emplean su nombre real y según para quién tienen distinto nombre, uno para la familia, uno para el trabajo, otro para los amigos, etc. Los blancos siempre se quedan con la mosca detrás de la oreja, aunque, total, ¿qué mas da? En el fondo, estamos todos allí para lo mismo: poner el churro en remojo, o por lo menos pasar un buen rato. Una de las reglas de oro para mantener este secretismo es no ir NUNCA con una puta, real o camuflada, a la casa de uno. De ahí el juego de las personalidades, cuanto menos sepan de ti, mejor. Y si saben algo, que sea falso. Para jugar al juego de las personalidades hay que tener bases sólidas para no caer en la primera ronda de preguntas. Si no hablas francés, no digas que eres francés, y si no sabes informática, no digas que eres técnico en ofimática.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogyosoyputa/DSC00269.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;SERVIDOR CON JOHNNIE POR LAS VENAS&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;A lo tonto, y sin percatarme yo de ello, parece que la mozuela se va encaprichando de mi persona. Debo confesar que no entiendo muy bien qué ve en mí. En estado “normal” no creo parecer especialmente atractivo, pero allí, en el soi 13 y en un estado que roza el patetismo, mis posibles virtudes quedan diluidas en un vaso de whisky. Tal vez sea el hecho de que hablo thai con cierto desparpajo, no lo sé. Lo que está claro es que no va a por mi dinero, más que nada porque ya sabe que no pienso soltar un duro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Se acerca la hora fatídica, la hora en la que el sol empieza a asomarse entre los edificios de Bangkok, y sus rayos son cómo esos láseres de las películas galácticas, si te alcanzan, te matan. Antes de que eso suceda, Kai me coge de la mano, y como a un títere me conduce hacia un taxi sin preguntarme nada. A determinadas horas no soy partidario de irme acompañado, más que nada porque soy consciente de que es una perdida de tiempo y energías, bajo mínimos al amanecer. Pero la chica es muy mandona y no atiende a razones. Ahí me veo yo, metido en un taxi con un destino totalmente ignoto para mí. Me dejo llevar. Me lanzo a la aventura. Sabe Dios en qué parte de Bangkok voy a aterrizar. Vayamos donde vayamos, no pienso quedarme a dormir. Mis despertares son épicos, y más si tienen lugar en un lugar desconocido acompañado de alguien. La adicción a las benzodiacepinas tiene esas cosas, una carencia de éstas se convierte en una pesadilla que se traduce en temblores, dolores musculares, nauseas, cefaleas, que se añaden a los padecimientos propios de una resaca común y corriente. La cuestión es que no llevo encima más que la dosis justa para hacer frente a un imprevisto, y en este caso no creo que sea suficiente para aguantar una noche, mejor dicho, un día de sueño con la compañía de la tailandesa. La vida de un adicto gira siempre en torno a su “salvavidas”, un salvavidas que nos hunde más cada día y nos hace vivir pendientes sólo de una cosa, despreocupándonos de todo y todos los que nos rodean. ¡Que quede claro, que mis “suplementos”, han sido desde un inicio por prescripción médica! Cosas que tiene la vida. El consumo de drogas en Tailandia está muy penalizado, algo atener en cuenta por cualquier visitante ocasional. No quiero que nadie se piense que en las famosas “Full Moon Parties” la droga circula a tutiplén. Puede ser cierto, pero los policías camuflados también deambulan a tutiplén en espera de los incautos. ¡Al loro, que no todo el monte es orégano!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogyosoyputa/DSC00299.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;KAI Y NAT EN EL SOI 13&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;El taxi sigue un recorrido que no me es totalmente desconocido. Intento, al igual que un secuestrado, ir memorizando las calles por las que pasamos, por si en un momento dado debo abandonar su ¿grata? compañía y volver a casa solo. Pasamos delante de un Carrefour, me suena. ¡Sí! Es el hipermercado situado frente al apartamento que he adquirido recientemente. Ya no me encuentro desubicado. Dejamos la avenida principal y nos metemos por distintos callejones por los que no se ve ni un rostro blanco.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;¡Madre de Dios! ¿A dónde me llevan? El vehículo se detiene frente a un edificio de digna apariencia. Nos bajamos, y yo la sigo como perro faldero. Con lo que circula por mi sangre no tengo mucho criterio. Entramos en lo que es su residencia, y en la puerta me piden una identificación. OK, perfecto. Así debería ser por todo. El problema es que salgo por Bangkok sin identificación. Por si me sucede algo, llevo colgada una plaquita de identificación con mi nombre real, nacionalidad, grupo sanguíneo y mi condición de donante de órganos. Lo único que llevo encima, y puedo mostrar, es una tarjeta de crédito o débito. La cuestión es que les da igual. Un blanco en ese lugar es harto imposible que cometa un delito, pero las normas son las normas. Le dejo la VISA o la 4B, y tomo rumbo al ascensor. Lo único que pasa por mi cabeza es: “¿Qué coño hago aquí? ¿Quién me manda venir? y ¿Cómo salgo airoso de esta situación?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;De momento estoy en el ascensor subiendo hacia un futuro incierto, o no tan incierto, Yo ya sé de lo que soy capaz y de lo que no. Y esta noche, mañana ya, no voy a poder copular ni en el más remoto de los casos. Aprovecharé para quedar como un caballero respetuoso, eso impresiona en algunos casos. Entramos en un abarrotado apartamento. Allí no cabe un alfiler, hay que ver lo consumistas que son las putas con buena clientela. Me acomodo en un esponjoso edredón frente al televisor, nuevo y de 29 pulgadas, por supuesto. Tras un quehacer se me acerca y me muestra la amplia programación que ofrece su televisión por cable. Sí. Bien. Estupendo. Lo mismo que tengo yo en casa, pero con más mullidas almohadas. Por asombroso que parezca, por excesiva que sea la ingesta de alcohol, y algún aditivo de calibre menor o mayor, no pierdo la cordura. Sé hasta que punto llegar. Y antes que hacer el ridículo, más vale retirarse elegantemente como un caballero español. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Y así es. Muy a pesar de sus arrumacos y profundos besos varios, opto por la retirada, ante su asombro. ¿Cómo puede ser que unos tíos desconocidos paguen 80 euros por atravesarme y este tío (yo) no lo haga gratis? Piensa ella mientras observo su cara de incredulidad. Pues así es. Mi incapacidad se torna en virtud, sin yo quererlo. Y todo ello produce un cierto morbo en la fémina que no acaba de entender cómo un varón ha rechazado sus supuestos “encantos”.El secreto consiste en ocultar mi incapacidad, y maquillarla de caballerosidad. El resultado es espectacular. Mañana por la tarde, en condiciones óptimas (sin alcohol), mi hazaña puede resultar más que memorable.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Lástima que nuestro siguiente encuentro se produce en un “Bowling”, o sea, en un salón de bolos con la última tecnología en la materia. No piso una bolera desde mi tierna adolescencia. Hay que ver cómo han cambiado las cosas, todo computerizado, con luces parpadeantes e iluminación futurista. Más que una bolera parece el puente de mando de la nave del Enterprise, la nave de los buenos de Star Trek.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogyosoyputa/DSC00463.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;UNA POSE POCO VIRIL, CIERTAMENTE&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Nos acercamos a la recepción. Allí nos esperan unas amables azafatas que nos explican con suma amabilidad, el amplio abanico de ofertas de las que dispone el local. Hablo y entiendo tailandés, pero cuando los que hablan son dos tailandeses, mi nivel de comprensión disminuye notablemente. Me limito a asentir procurando evitar que en mi rostro se reflejen mis pensamientos: “¿Qué coño está diciendo la pava esta? Lo único que tengo claro es que en breves instantes tendré que empezar a sacar más billetes que un cajero situado en la Gran Vía de Madrid”. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;“¿Qué? ¿Qué hacemos?” le pregunto a Kai. “Dame 1500 bahts”, escueta y clara es su respuesta. En el fondo es el precio de un revolcón, pienso para consolarme en este extraño, para mí, dispendio. Vamos a por los zapatos que amablemente paga ella (50 bahts cada uno).&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;El local está hasta la bandera, pero Kai tiene muchas amistades, no sé si es por su profesión o por ser buena clienta, o más bien captadora de clientes. La cuestión es que no tardan en darnos pista. Si algo no falta en Tailandia es personal para atender a la clientela, sea donde sea, y la bolera no iba a ser una excepción. Se puede decir que cada pista dispone de camarero particular. Antes de que estén los bolos dispuestos ya tenemos la carta en nuestras manos. Por lo que veo a mi alrededor, lo habitual es pillar una cogorza mientras vas lanzando las bolas que acaban al final en la pista del vecino.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;A estas horas se impone la prudencia. Una naranjada para mí y un refresco con patatas fritas para la niña. ¿No se va a creer que me voy a gastar 2000 bahts en una botella de Chivas? ¡Sólo faltaba eso!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Con aires de experto en la materia, echo un vistazo a las distintas bolas que vomita la máquina que tenemos delante, descarto un par pesándolas y haciendo amagos de lanzamiento, como quien lleva todas las vidas pisando el parquet. ¿Para qué retrasar el fatídico momento del ridículo? Por si acaso, miro a izquierda y derecha para que el público sea el mínimo posible. Cojo carrerilla y lanzo. Me quedo inmóvil con la simple esperanza de que la bola no se vaya por alguno de los canales laterales y alcance por lo menos un par de bolos. Puedo girarme y mirar a Kai con una sonrisa sin tener que ruborizarme, no sé cuántos han caído y me da igual.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Lo cierto es que a medida que avanza la partida, nuestra puntuación se distancia notablemente. La tranquilidad y confianza me llevan a conseguir incluso algún “strike”, algo que parece estimularla a ella para conseguir dos seguidos. Mi ilusión no es ya ganar, cosa que doy por imposible. Además me duele el antebrazo como a un pajillero compulsivo. No sé si por casualidad o compasión suya, pero logro vencerla en una ocasión, una entre ocho o diez. Mientras descanso un rato, ella se va ala mesa de al lado y se pone a hablar con unas mozuelas de muy buen ver que están acompañadas de otros jóvenes también tailandeses. Se hacen unas fotos. A su vuelta, con toda mi inocencia, le pregunto si las conoce de algo. “Sí claro, ellas trabajaron conmigo en le salón de masajes y ellos son los cantantes de la discoteca X”. “Ah, vale. O sea que ellas son putas y se gastan el dinero con sus novios que no ganan ni para pipas, algo muy habitual en este entrañable país” pienso para mis adentros.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogyosoyputa/DSC00467.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;LAS AMIGAS PUTAS DE KAI&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Con la mano y el brazo hechos polvo, nos despedimos y quedamos para esta misma noche, no para salir de paseo juntos, nadie me priva de mis visitas a los go-go bars, sino para encontrarnos en el soi 13.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Sobre las dos suena la señal, en mi cerebro, para lanzarme a la puta calle, nunca mejor dicho. Arribo a puerto media hora después. Saludo a los habituales y me acomodo junto al Mart, el americano. Kai está en otra mesa con Nan y un “novio” que se ha echado para la noche. Me hacen señas para que me acerque hasta ellos. Dejo al estadounidense en compañía de unas damiselas, y me siento con mi acompañante ocasional. Comentamos con los demás contertulios como ha transcurrido el día. Todo va bien hasta que veo que Kai empieza a ir y venir de no sé donde. Finalmente veo que tanto ajetreo se debe a una visita inesperada. La veo, al otro lado de la calle sentada con un extranjero. No le doy importancia. Bien visto, ni siquiera he tenido acceso carnal con ella. El problema radica en que ella va predicando a diestro y siniestro que es mi novia, pero está sentada con otro. Lo peor está todavía por llegar.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Se me acerca una amiga que me dice: “¿Te importa si Kai se va un rato con el “farang”?” “Es que es un antiguo amigo (léase cliente) que no ve hace tiempo.” No salgo de mi estupor, y ante lo surrealista de la situación, respondo: “No, no, no me importa, que haga lo que quiera”. No pasan 30 segundos cuando veo a mi “novia” montada en un taxi saludándome desde la ventanilla. Me río y comento la jugada con los que me acompañan en ese momento. Nadie sale de su asombro. Todos sabemos que estas cosas pasan muy a menudo, pero no delante de las narices de los concernidos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;En ningún momento Kai me ha interesado mucho, ha sido más bien ella la que ha iniciado y querido nuestra “relación”. Me olvido del asunto y sigo dándole a la sin hueso, entre trago y trago de Johnnie Walter Black Label.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Pasadas un par de horas o menos, aparece lozana y radiante, y como si aquí no hubiera pasado nada, la, para mí, interfecta. Durante el espacio de tiempo en el que estamos acompañados de otras personas, no hacemos alusión a lo sucedido. Aunque mi rostro lo dice todo. Se me puede calificar de muchas maneras, pero ciertamente no de papanatas, y más ante un amplio auditorio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Cuando nos quedamos solos, empiezo a oír una retahíla de excusas y justificaciones que no se sostienen por ningún lado. “Es un amigo de hace mucho tiempo” “No hemos hecho nada, de verdad, te lo prometo”. Mi mirada perdida (realmente estaba mirando a las demás titis que pasean por a calle a esas horas) y mi adusta actitud tensan más el ambiente. Permanezco en silencio hasta que a ella se le acaban los vacuos argumentos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;“¿Tú te crees de verdad que soy tonto? Me da igual lo que hayas hecho, y si quieres puedes volver ahora mismo a la habitación de tu &lt;i style=""&gt;amigo&lt;/i&gt;.” Espeto con voz parsimoniosa. Hasta en estas situaciones, en Asia, se mantiene la compostura. “Perdón, perdón, perdón”, no para de repetir. “Venga, vámonos juntos” me dice con total desfachatez. “Esta noche no voy contigo a ningún lado, y mañana ya veremos” me permito decirle, una vez más como excusa a mi incapacidad sexual temporal por la ingesta de sustancias, que en ciertas dosis, son inhibidoras de la libido. Se va un tanto airada, pero consciente de que su “pecado” no tiene perdón. ¡Sólo me faltaba eso, ser el segundo plato de una velada!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Al día siguiente las aguas vuelven a su cauce. Nos vemos pero no nos saludamos. Los dos somos conscientes de que si estamos allí es por algo. El “amigo ocasional” no hace acto de presencia, no sé si por la negativa de la noche anterior o porque simplemente nole da la real gana. La cuestión es que a lo tonto nos vamos acercando Kai y yo. Pasan las horas y las copas, y una vez más me veo “secuestrado” en un taxi con destino ignoto, o no. Por un momento, tonto yo, intento tomar las riendas de la situación, y le doy al conductor las coordenadas de mi vivienda ocasional. Ya me da igual todo. Pero en el fondo sé que es una zorra, ¡una maldita zorra! Johnnie obra milagros. El maldito truhán de las botas y el bastón, consigue que cometa el mayor de los pecados: ¡llevarla a mi apartamento!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Lo cierto es que la situación me pilla algo desconcertado. Habrá que despelotarse, digo yo. En un plis-plas nos encontramos los dos sobre la cama como Dios os trajo al mundo. La muchacha no es muy activa. Si yo me pongo en marcha, supongo que ella pondrá algo de su parte. Vana esperanza la mía. Trabajo más que un catador de bivalvos gallegos. Su gozo parece infinito, pero mi impresión es la de ser un simple consolador con cuatro&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;pilas AAA. Mi estado me impide discernir entre sueño y realidad, sin embargo, el agotamiento me devuelve a la cruda realidad. Intento un par de incursiones en su ser, pero el milagro no se obra. ¿Qué puedo hacer a las siete la mañana tras haber ingerido 15 (contabilizados oficialmente y algún otro) whiskies más la medicación? Pues nada, lógico. Pero la cuestión radica en que la chavala no se vaya descontenta de mi humilde hogar bangkokiano. Y así es. Tras los amagos, vemos que la situación no lleva camino de prosperar. Lo mejor es que cada uno repose en su respectivo lecho. No despedimos efusivamente, tanto que ella me deja, muy conscientemente, un “chupón” en el cuello para marcarme y ahuyentar a posibles féminas que quisieran “gozar” de mi compañía. Quedamos para el día siguiente, como si fuéramos “novios formales”, jajaja. Pero Tailandia, y en especial sus habitantes, nunca paran en su empeño de sorprendernos. De hecho la noche en la que se debía reafirmar nuestro amor, por decir algo, sucede lo inesperado, o no tan inesperado …&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;El día transcurre con normalidad. Cine, compras, masajes podales, internet, sushi, CNN, bañito en la piscina, etc., lo habitual en un vividor radicado en el sudeste asiático. Llega la noche, y una vez más retomo mi rutina que, cada noche incluye alguna pequeña variación para no convertirse en monótona. Una copa aquí, un chochete aquí, dos copas allá, dos chochetes allá, la cuestión es que mi obligación moral es la de descubrir nuevos “paisajes” para los amigos que me acompañan de tanto en tanto. Soy el explorador, la avanzadilla que investiga cómo está el terreno objeto de una futura expedición realizada en profundidad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Pero es la estación terminus es siempre el soi 13. Allí acabamos los que no sabemos cómo acabarán nuestras vidas, a pesar de de algunos ya lo suponemos. En la entrada del callejón no figura la inscripción “Carpe Diem”, sin embargo, todos los que por allí pululamos llevamos inscrito el dicho latino en nuestros corazones.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;La inercia me lleva al soi 13. Pasan pocos minutos de las dos de la mañana, y ya estoy allí, sentado en mi silla de resina barata, frente a una mesa plegable que cojea por los cuatro costados, y esperando mi copa de Johnnie. ¡Qué triste es la vida del desocupado con recursos! No tardan en aparecer las amistades. “¿Qué has hecho hoy?” pregunta uno. “Pues nada”, responde el otro. Es la tónica habitual, salvo raras excepciones.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Como no podía ser de otro modo, aparece Kai. Charlamos un rato y luego cada uno se reúne con su grupo para seguir con las “profundas” disquisiciones que pueden tener lugar en tan peculiar espacio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Pasan pocos, a mi entender, pocos minutos, y ya me encuentro dentro de un taxi, así, de sopetón. Ya conozco a la hembra medianamente, y le indico al conductor que nos lleve hasta mi residencia. ¿Un error? Tal vez …&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Kai entra en mi apartamento como si hubiera estado allí toda la vida. Yo sigo mi rutina habitual como si nadie estuviera allí incomodándome. Me desvisto, me ducho, me ato la toalla a mi cintura y le digo hola a la “intrusa”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;No pasan dos minutos y ya estamos en plena acción. ¿Estamos? Más adecuado sería decir que YO estoy en plena acción. Ahí estoy yo, como un mariscador gallego, en busca del percebe. Consigo, a mi entender, que ponga máquinas a plena potencia, y por los signos físicos, así parece ser. Ante ciertas pruebas, no hay engaño, y ante Johnnie Walker tampoco. Mi gozo en un pozo. Mi auto-engaño podía llegar hasta cierto punto y yo lo sabía. Hago un amago de penetración que sonrojaría a cualquier pre-adolescente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Abatido por el alcohol, el alprazolam y la doxepina, opto por la retirada, en este caso la suya y no la mía. De la mejor forma que puedo le doy a entender que debe abandonar mi espacio vital. Como buena puta, lo entiende al instante, sin embargo, quiere dejarme un recuerdo. Me besa en los labios, en la mejilla, en la barbilla, y en el cuello. Allí se detiene. Bien, le habrá gustado mi cuello, siempre perfumado con Armani clásico. Pero las putas siempre llevan algo perverso en su interior. Comienza a succionar, pasan los segundos, pasan los minutos, y yo no reacciono. Sé lo que está haciendo, pero en mi estado, lo único que quiero es dormir. ¡Me está marcando como a una res!&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;No sé de qué forma le doy a entender que yo tengo que dormir solo. Un mantra se repite en mi cabeza: “Vete a tu puta casa, vete a tu puta casa, vete a tu puta casa, …”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Una vez logro desembarazarme de la amante obsesiva, me desplomo sobre mi lecho.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;La historia con Kai me está resultando estresante. Mi psiquiatra me obligaría a dejarla &lt;i style=""&gt;ipso facto&lt;/i&gt;. Mi paso por las más diversas consultas médicas ha hecho de mí un auténtico experto en trastornos mentales. Sé que mi relación, por llamarla de alguna forma, está siendo perjudicial para mí, como la mitad de las cosas que hago en la vida.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;A cualquiera le resultaría fácil romper con una puta, pero yo soy un caballero hasta para eso. Debo elaborar alguna estratagema que conduzca a la ruptura, si bien me temo que ella no tardará en facilitarme la labor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Una noche más aterrizo en el soi 13 y sigo el mismo ritual, tengo algo de autista también, todo tiene que ser igual cada día y si hay variaciones tienen que haber sido previstas con antelación, sino mi mente sufre una especie de cortocircuito con desenlace imprevisible.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Tomamos nuestras copas con nuestros respectivos amigos, nos juntamos un rato, la policía viene a desalojarnos, nos realojamos una vez la autoridad se marcha, todo como siempre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Hay que calentar la situación. Le recuerdo la infidelidad de hace un par de días. Se empieza a mosquear. Yo me río. Una de sus extrañas manías es hablarme en japonés cuando se cabrea. “Arigató” (gracias en japonés) es lo único que acierto a responderle. Mis conocimientos del idioma nipón son nulos, se limitan a las cuatro clásicas palabras.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Al tercer “arigató” me arrea una bofetada, una de esas que suenan, de las que te giran la cara, las típicas que en las películas repiten a cámara lenta. Mi semblante cambia de inmediato, dirijo la mirada hacia otro lado y la ignoro. ¡Perfecto, me ha dado el motivo ideal! Si bien, yo no esperaba que fuera de forma tan violenta. La que hace una par de horas mostraba orgullosa el chupón que ella me había hecho la noche anterior, ahora se torna en un compungido ser que no puede reprimir las lágrimas. Se percata de que su acción ha ido demasiado lejos. Por lo que sé, es de lágrima fácil y … falsa. No en vano, mientras llora y me suplica perdón, se acerca una amiga a preguntarle no sé qué. Entonces, repentinamente, ceja en su llanto y conversa con total normalidad con ella. Una vez marchada la amiga, reanuda la llantina en el punto donde lo había dejado. A duras penas mantengo el rostro impávido, de tanto en tanto esbozo una sonrisa que intento camuflar echando el humo del cigarrillo que estoy fumando. Lo único que le digo es: “A mí nadie me ha pegado nunca, y tu no vas a ser la primera”, una frase un poco “de manual”, pero en tailandés y a esas horas, no puedo hacer florituras con el idioma. Me levanto, y sin girarme, tomo el primer taxi que encuentro. Objetivo conseguido. ¡Me he librado de ella, y ella ha sido la culpable!&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Recapitulemos, porque todavía tengo fresco el recuerdo en mi mente, dado lo poco frecuente de la situación vivida con la tailandesa. Además, deseo profundamente que esta experiencia sirva de ejemplo a los lectores que quieran tomar un rumbo hacia el lejano sureste asiático, y entablar relaciones “estables” con súbditas del Reino de Siam. Es importante que reincida en la experiencia vivida, en este caso por mí, para que futuros aventureros no caigan en las garra de semejantes arpías.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;span style="font-size: 12pt; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;" lang="ES"&gt;Ahí está Kai charlando con sus amistades ocasionales. En vista de que no ha encontrado un cliente “jugoso” (supongo yo) se me acerca y comenzamos a charlar hasta que la conversación se torna en disputa por su parte (cosas del alcohol en las mujeres). Yo, a esas alturas, ya me río, veladamente, de todo. El palique llega hasta el punto en que recibo la mencionada, soberana y sonora bofetada en mi mejilla izquierda. Mi amigo Johnnie (el Black) me echa una mano y me sugiere tranquilidad. ¿Qué voy a hacer? ¿Responder de la misma forma? No, obviamente no. Y eso es lo que más le duele a Kai. Tal vez se esperaba la reacción airada de un novio celoso e iracundo. Pero no. Yo mientras tenga en mi mano mi copa de Black Label, poco caso le voy a hacer a una despendolada. Sin embargo, tonto no soy, y aprovecho la ocasión para finiquitar definitivamente, por si cabía la duda, lo que era nuestra “relación”, si algún día existió. Me libro de un peso de encima y además quedo bien. “Nadie me ha dado nunca una bofetada en plena calle y menos delante de la gente. Tú has sido la primera y la última.” Estas fueron las últimas palabras que oyó Kai de mí. Llantos, desesperación, perdones, arrepentimientos, etc., es lo que pude oír el tiempo que nos seguimos viendo. Me hizo especialmente gracia el día de la bofetada y la llantina, por este motivo lo vuelvo a remarcar. Se dio la peculiar circunstancia de que mientras hablaba conmigo, su llanto era algo conmovedor (para el advenedizo), pero en el momento en que se acercaba un amiga a charlar, súbitamente la pena desaparecía y se entablaba una conversación de lo más normal, algo que acabó por sacarme de quicio, y ¿a quién no? Una vez terminada la charleta, Kai proseguía con su llanto como si no hubiera habido interrupción alguna ni cosa grave que la perturbara. ¡Válgame Dios! No me importa que me consideren tonto, pero hasta cierto&lt;span style="font-weight: bold;"&gt; &lt;/span&gt;punto.&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Los días venideros nos seguimos viendo en el soi 13, nos saludamos y poco más. De tanto en tanto recibo una llamada suya que no atiendo. No me sabe mal. Ella siempre reconoció que era puta, muy puta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogyosoyputa/JohnnieGold.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;EN LA PRESENTACIÓN DE LO ÚLTIMO DE LA CASA J.WALKER &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Por muchos años que lleves circulando por Bangkok, la ciudad siempre te depara nuevas sorpresas. Somos muchos los que, por costumbre o vicio, tendemos a relacionarnos con mujeres de dudosa reputación.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Bueno, realmente su reputación solemos conocerla de antemano. Sin embargo, de tanto en cuanto, aparece una nueva que nadie conoce. Ahí surge el morbo. Es obvio que la mujer que circula por ciertos andurriales no es “trigo limpio”, pero atrae la atención de los que la vida nos empuja a nadar en aguas turbias.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18876237-2704884323314061215?l=herrpeter200506.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/feeds/2704884323314061215/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=18876237&amp;postID=2704884323314061215' title='32 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/2704884323314061215'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/2704884323314061215'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/2007/07/yo-soy-puta-muy-puta.html' title='Yo soy puta, muy puta'/><author><name>Herr Peter</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_TOlMhgJwUhQ/SMBZgi7JsmI/AAAAAAAAAAM/G5n3ZEMk5MY/S220/petronasavatar.jpg'/></author><thr:total>32</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18876237.post-1915555827762322248</id><published>2007-03-06T10:31:00.000+07:00</published><updated>2007-03-06T10:53:46.198+07:00</updated><title type='text'>Lady Diana’s brother</title><content type='html'>&lt;span style="" lang="ES"&gt;No cabe duda de que Camboya ofrece innumerables atractivos de lo más diverso. Uno de éstos es la venta libre de psicofármacos en las apotecas. Y es que por un puñado de dólares, casi cualquiera se vende en este bendito país. Es suficiente, y necesario en muchos casos, conocer el principio activo de lo que deseamos adquirir, y muy amablemente, en caso de no conocer lo que estamos buscando, indagan, mediante el “Vademécum” y encuentran su equivalente comercial. Lógicamente, como es de suponer, el Trankimazín se llama así sólo en España, sin duda, quien lo nominó debe de ser un cachondo mental. En el resto del planeta los nombres para este medicamento son algo más crípticos: retán, zolam, etc.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;La denominación que se lleva la palma es la que le puso su fabricante original: Xanax. Un palíndromo que evoca aventuras espaciales por planetas por explorar; “Cuando el hombre llegó al planeta Xanax” podría ser el título de alguna novela de ciencia-ficción.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Una práctica habitual en Asia es la de dispensar las pastillas, por lo general, por unidades. Es decir, si a uno le hacen falta cinco comprimidos, pues se le venden cinco, y no una caja de 20. Supongo que este sistema será de difícil implementación en España por presión de las poderosas industrias farmacéuticas que verían mermados sus ingresos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Mi inquietante interés por el suicidio me ha hecho ver que esto es el paraíso terrenal para cualquier suicida que quiera morir dignamente en un lugar que se puede asemejar al paraíso. Un edén semejante al prometido a los pobres ingenuos palestinos que se inmolan con la esperaza de alcanzarlo en un pispás, lo único que veo que entraña cierta dificultad es encontrar 40.000 vírgenes en Camboya.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/Lady_Di/airasiacrew.jpg" /&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;La siempre agradable tripulación de Air Asia&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Hace un par de años me llamó una escueta noticia aparecida en los medios de comunicación españoles: el hermanastro de Lady Di se había suicidado en un hotel de Phnom Penh. Bueno …, como suelen decir en estas ocasiones, “había fallecido en extrañas circunstancias en la habitación de su hotel” o también “tenía problemas de sueño y se excedió con las pastillas, unos bonitos eufemismos para ocultar una tormentosa historia de drogas y alcohol. Debo reconocerle el buen gusto al hombre; Phnom Penh es el lugar ideal para efectuar el tránsito: mujeres, drogas legales e ilegales, alcohol y todo lo que a uno se le antoje, un “pack” completo por un módico precio.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Mi retorcida mente me lleva a buscar el lugar del óbito a modo de homenaje a los suicidas famosos del mundo. Me planto en el “hall” de mi hotel y me acomodo frente a uno de los ordenadores puestos a disposición de los huéspedes. “Lady Diana brother Cambodia dead” escribo en el Google. Confío en que alguna de las noticias publicadas al respecto me dé pistas sobre el lugar en que el británico hizo el check-in para su último viaje. ¿Sería en primera clase o turista? Son pocos los hoteles de gran lujo en Phnom Penh, pero supongo que alguien de su alcurnia debía de alojarse en este tipo de establecimiento. A medida que leo las referencias me voy percatando de que el viaje lo hizo en clase turista. No encuentro en ninguna página el nombre del establecimiento, pero se deja entrever que era en algún hotel modesto donde se produjo el fallecimiento. No es cuestión de ir preguntando por ahí dónde murió el hermanísimo, más que nada porque es probable que nadie sepa de qué estoy hablando. Los moto-taxistas saben dónde conseguir todo, desde drogas hasta menores, pero me temo que la información que estoy buscando no me la puedan facilitar. Tampoco es cuestión de preguntar en el hotel donde me alojo, ya me imagino los cometarios posteriores: “Mira, mira, ahí va el putero necrófilo”. Abandono mi luctuoso objetivo y me lanzo a la calle. No sé si pasear por el puerto, ir de putas o ver un documental sobre el holocausto camboyano que proyectan en una improvisada “sala” de apenas 20 metros cuadrados situada sobre un bar ubicado frente al río. Eso sí fue una masacre que no se puede comparar ni con la de Hitler. En pocos años, el dirigente comunista Pol Pot pepetró un genocidio con el que eliminó a 2 millones de individuos. ¿Qué hubo más muertos en la Alemania nazi? Sin duda, pero el problema es que Camboya contaba con cuatro millones de habitantes, por lo que se cargó a la mitad de la población, cosa que no hizo el Führer … porque no le dejaron, supongo … &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Al final opto por darme una vuelta sin objetivo concreto. Pillo una moto y le indico la dirección a seguir. Por la tarde, el lugar más agradable para pasear es la ribera del Tonle Sap, parece que toda la población de Phnom Penh se desplaza hasta allí para pasar unas horas al fresco… bueno, fresco fresco no, pero se está bien.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/Lady_Di/mercado%20OT.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Por las calles de Phnom Penh&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Paseando llego hasta una explanada que parece un proyecto inacabado de plaza con árboles y césped; de los primeros queda algo de lo segundo apenas cuatros briznas que han soportado el paso de los viandantes y la ausencia de agua. Un enorme escenario situado en el medio concentra a varios centenares de personas que siguen con atención pero sin pasión alguna las evoluciones de los diversos artistas que por allí desfilan. Hay cámaras de televisión, por lo que deduzco que debe de tratarse de algún acontecimiento de cierta relevancia. No tardo en percatarme de que se trata de “Operación Triunfo” versión camboyana. En un monitor sigo la emisión. Veo la publicidad, las conexiones y todo lo que rodea el espectáculo. Recuerdo que desde mis primeros viajes a Asia me había llamado la falta de consideración de los espectadores hacia los artistas al no aplaudir nunca. Con el tiempo he aprendido que tal carencia es una muestra más de la reserva que caracteriza a los asiáticos, que rara vez exteriorizan sus sentimientos, sean estos buenos o malos. Tal inexpresividad se da también en las relaciones personales. Pueden pasar años sin reencontrarte con un amigo o familiar, que el día del encuentro no habrá abrazos, besos, ni mayores signos de alegría, todo quedará en un “Hola, ¿qué tal”, a lo sumo. No quiero decir que los asiáticos sean fríos sino que reservan sus pasiones a las cuatro paredes de la casa. En alguna ocasión he debido enfrentarme a la furia femenina de alguna amiga que no estaba muy de acuerdo con mi comportamiento. Eso sí, gritar no gritan pero si te pueden clavar un cuchillo, te lo clavan, eso sí, en silencio. No quiero hablar de las que optan por acciones más contundentes, y emplean los cuchillos para extirpar el apéndice masculino. Sólo con pensarlo, me dan escalofríos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Me paseo por la plaza que un día tuvo césped, hago fotos a diestro y siniestro. Resulta entrañable contemplar los juegos de la feria, esos juegos que ya han desaparecido de la geografía española: reventar globos con dardos, pescar patitos de goma con una caña, etc.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/Lady_Di/OP.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Los presentadores de Operación Triunfo versión camboyana&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Súbitamente, a mis espaldas oigo cierto tumulto. Me giro y veo a una mujer tendida en el suelo. El espectáculo, el del escenario, es malo, pero no hasta el punto de hacer perder el sentido a la gente. Como cualquier hijo de vecino, en cambio de ayudar en plan “soy médico, apártense, traigan agua”, que no habría estado mal para quedarme con el personal, me limito a contemplar el “show” alternativo que se me está ofreciendo, el hideputa que llevo dentro aflora en los mejores momentos. Una vez más se impone el estoicismo asiático y nadie grita, llora o se desespera. Esas manifestaciones histriónicas se quedan para otras latitudes del planeta, en especial los países árabes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Impera una serenidad que llega a ser preocupante. La mujer allí tendida, y la gente sin apenas inmutarse, salvo sus acompañantes que acaban cogiéndola en brazos. Qué bien, me han dado la alegría de la tarde. Me alejo del lugar del suceso pensando en lo cabrón que puede llegar a ser uno, ¿qué le voy a hacer?, me sale de dentro.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Los músicos se suceden uno tras otro y aquí no aplaude ni el Tato, si tuviera más cara para estas cosas, me habría puesto a aplaudir sonoramente para ver la reacción del respetable, pero al no mediar apuesta ni reto alguno, desestimo mi ocurrencia, por raro que parezca conservo algo de vergüenza.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Parece que el paseo me ha abierto un poco el apetito, cosa no muy frecuente durante las temporadas en que intensifico la ingesta de ansiolíticos y antidepresivos a causa del aumento de la ingesta de whisky, una pescadilla que se muerde la cola. Paseo por la fachada fluvial de la urbe, paso por delante de un bar que hace ya un par de años que me llama la atención por dos motivos. Primero, por la leyenda que luce bajo el cartel que indica su nombre y que reza lo siguiente: “Sex tourists are not welcome”; y segundo, porque siempre está cerrado, ¿será esto consecuencia de lo primero? ¡Que Dios le bendiga!&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/Lady_Di/nosextourist.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;El bar que nunca abre. ¿Falta clientela?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Sigo caminando mientras aparto cómo puedo a los niños mendigos que se me interponen, también me cruzo con vendedores de libros pirata, sí, cómo lo oyen, libros pirata, algo que sin duda fracasaría en España dado el nivel de lectura de los españoles. La práctica totalidad de los tomos versan sobre el propio país y, más concretamente, sobre el genocidio que vivió durante la primera mitad de los años 70.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Una vez superados los obstáculos humanos, llego a una zona en la que se ubican varios restaurantes. Reviso las cartas expuestas en el exterior y me decanto por uno francés, sobre todo por la amabilidad del servicio. Me acomodo en el interior para evitar el acoso de los mendicantes que acechan por la zona, además hace más fresco. Hace tiempo que dejé atrás mi disfraz de turista intrépido deseoso de conocer la gastronomía de los diversos países que visita, que una cosa es ir un par de semanas de vacaciones y otra muy distinta es pasar meses por estos lares por los que nunca ha paseado un cinco jotas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Una buena sopa de cebolla y una crêpe de jamón y queso componen mi menú. Durante la velada se va la corriente en un par de ocasiones, algo harto frecuente en esta ciudad; la cosa resultaría romántica de ir acompañado, pero estando solo, el asunto resulta algo incordiante. El propietario, un camboyano que ha residido muchos años en el país galo, se acerca a mi mesa para interesarse por mí y mi grado de satisfacción. Conversamos unos minutos antes de que yo me marche al hotel a hacer mi siesta habitual, una siesta que no tiene no hora ni duración determinada, ha habido siestas que se han prolongado hasta el día siguiente …&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Aprovechando que en mi alojamiento se recibe Televisión Española, pongo la tele y me voy adormilando mientras Anne Igartiburu va soltando su típica retahíla de noticias que me hacen ver que nada cambia en la madre patria por tiempo que pase. Cuando empieza el Telediario del mediodía (la noche en Camboya) ya estoy más pa’llá que pa’cá. Tras un buen yantar, nada mejor que un buen folgar. Sin embargo, antes es necesario un reconfortante sueño, tras el cual me siento en plenitud de facultades para afrontar una noche que sé cómo empieza pero nunca cómo acaba.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/Lady_Di/walkabout.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;La camarera del "Walk About". 24 horas abierto y buen ambiente&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Me levanto medio mareado, como siempre, me tomo mis fármacos de la alegría, me atuso lo justo para resultar mínimamente agradable y desciendo hasta la calle. Allí me esperan los omnipresentes moto-taxistas, que antes de que yo abra la boca me sueltan toda una retahíla con la panoplia de ofertas que ponen a disposición de todo el que quiera. “Ché, ché, ché, tranquilos” les suelto mientras les hago signos de apaciguamiento. Que uno acaba de levantarse y no me gusta que me avasallen nunca, aún menos cuando todavía no estoy despierto del todo. Mi cerebro ya me está enviando mensajes subliminales ordenando a mis glándulas que segreguen testosterona. Me monto en una moto y le digo al chaval: “¿Dónde era eso que decías de unas chicas?”. “¿Las quieres jóvenes?” me pregunta. Reflexiono un momento. ¿Me está llamando viejo o piensa que soy tonto? Sopeso la respuesta. Estoy de buen humor pero quiero que vea que nos soy un pardillo en estas lides. “No. ¡Quiero a la más vieja de Phnom Penh! No te jode”.&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;Se ríe, pero estoy seguro de que no ha captado la ironía. El humor en Asia es muy básico, la tarta de nata en la cara, la silla que se cae, el cubo de agua en la cabeza, etc. Espero por lo menos que no me lleve al asilo de ancianos de la ciudad. Circulamos por diversas calles hasta llegar a un lugar donde fabrican lápidas. ¡Huy, que mal rollo! Por lo visto, en la casa de al lado hay un prostíbulo. El jovenzuelo se encarga de las gestiones, por eso se lleva una comisión. Yo me quedo en el exterior. Eso es clandestino a todas luces, todavía estoy a tiempo de marcharme, pero mi espíritu aventurero me lo impide, sobre todo en estos asuntos. No miro mucho a los que entran y salen del garaje, porque en esta zona del globo, mirar a la gente a los ojos indica desafío, y lo último que se me ocurriría sería provocar a uno de estos chulos. Parece que hay algún problema, mi acompañante discute con uno de los jefecillos. Supongo que no les agrada en demasía que un blanco circule por su territorio. “Oye, que se hay algún problema nos vamos”, les digo desde la distancia. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;La proliferación de ONGs y otros organismos oficiales ha hecho que los responsables de la prostitución del país tomen medidas ante la posibilidad de que algún infiltrado les descubra el pastel.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;“Entra, entra” me dicen. Ahora no hay marcha atrás. Paso por el garaje/vivienda, donde hay un par de motos aparcadas. Me indican que suba por unas escaleras hasta el primer piso. ”¡Cuidado con la cabeza!”, no es que me la vayan a cortar si me porto mal, es que en este país, y otros de la zona, las casas parecen las de Pin y Pon, diminutas, bueno … hechas a su medida. Me acompaña un muchacho que no creo que llegue a la veintena, es el maestro de ceremonias. Me planta frente a una puerta abierta que da a una habitación, también diminuta ésta. Allí no cabe ni un alfiler. Eso está repleto de chicas que casi se amontonan las unas sobre las otras. “¿Y de precios cómo andamos?” le pregunto en voz baja como si estuviera disimulando, aunque bien mirado, no hay disimulo que valga: un putero (yo) está frente a unas chicas en un sitio llamado prostíbulo, está claro que no he ido allí para dar una conferencia sobre el impacto de la pesca indiscriminada de la anchoa en el Mediterráneo en el mercado pesquero internacional. “Esas 20 dólares, y aquellas 30” me dice escuetamente. “Ah, OK” acierto a decir mientras las contemplo con una sonrisa algo más que forzada. Las veo todas más menos iguales, no entiendo en que se basa la diferencia de tarifas. Con voz titubeante le pregunto: “¿Y por qué unas cuestan más que otras?” “Porque son mejores” y punto. Esta es la respuesta típica en muchos países de Asia cuando no se sabe qué responder. Yo me quedo igual y me siento cada vez más intimidado por la mirada de todas las féminas que me observan, algunas se atreven incluso a hacerme señas para que la escoja. No es cuestión de pasar allí, de pie, toda la noche. Por muy putero que sea uno, siempre es duro escoger a una, porque me da la sensación de que las demás se sienten despreciadas, por mí me las llevaría a todas, pero eso sólo pasa en los sueños. Selecciono a una de las “caras”, una de las que me hacían señas. Subimos los tres por una angosta escalera hasta el piso superior. Aquello es un desmadre, un burdel en toda regla. Gente que sube, que baja, que entra y sale de las “habitaciones”. Le pago al chulo y la chica desaparece un momento. Me quedo solo en el pasillo sin saber qué hacer y con cara de circunstancias. Detrás de mí aparece un adolescente camboyano acompañado de otra chica, los dos echando risas, obviamente no sé por qué, será porque lo ha desvirgado … Aparece la mozuela con una toalla en la mano y no metemos en el lugar del ayuntamiento, un espacio delimitado por tres paredes de contrachapado y sin techo, por lo que se oye todo lo que ocurre en el exterior. La cama, cubierta con una sabana de satén sintético, ocupa la práctica totalidad del habitáculo. Mi desconocimiento del camboyano y el vietnamita hace imposible la comunicación verbal, pero no la oral. Para romper el hielo intento preguntarle por su nombre, pero ni caso. En dos segundos ya se ha quitado el pijama que lleva. No hay un tiempo preestablecido, por lo que el encuentro puede transcurrir con relativa tranquilidad. No obstante el sosiego deseado tarda en llegar, o más bien, no llega en ningún momento. Me despojo de mis prendas, y mi acompañante ocasional pasa una toallita húmeda en&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;salva sea la parte, y nos tumbamos en la cama. Antes de recostarme, me cercioro de no reposar sobre los restos de una visita anterior porque no es la higiene lo que más destaca en este lugar de perdición. Los ruidos de la gente en el exterior no contribuyen precisamente a facilitar mi concentración, con los efectos que ello conlleva. Mi miembro más estimado parece una montaña rusa, ahora arriba ahora abajo. Y eso que he ido sobrio para evitar este tipo de situaciones embarazosas. No hay forma de aguantar en condiciones más que unos minutos, o tal vez debería decir segundos. La chica pone todo su empeño succionando con fruición, pero vistos los resultados, en cambio de tranquilizarme, la muy cabrona se ríe. ¡Joder, me cagontostusmuertos! Pienso. Cierro los ojos he intento abstraerme mientras pienso en situaciones agradables vividas con anterioridad. Parece que la cosa mejora. Llega el momento de ponerse el condón para pasar a la fase final. Momento crítico. Una vez puesto, me encuentro como si hubiera salido de una ducha fría. No hay forma. Pero yo he pagado y no me voy de aquí sin dejar un “regalito”. Con el preservativo puesto procuro rememorar mis mejores momentos para animar la fiesta. Le indico que se tumbe boca arriba, a ver si de este modo la vista le indica a mi cerebro que hay que ponerse en marcha y terminar triunfalmente dejando el pabellón bien alto. La lubricación de la susodicha es prácticamente nula, algo harto habitual en su profesión. Busco un lubricante a mi alrededor, pues en estas habitaciones es frecuente encontrar estos tubitos que ayudan en situaciones complicadas. Pero no, y el lubricante con sabor a frutas diversas que llevo en mi cartera está muy lejos para ir a buscarlo. La camboyana se percata de la situación y recurre al “lubricante” que emplea habitualmente: un escupitajo. Bien, de acuerdo, ya me da igual todo. Mi único objetivo en este momento es “descargar”. ¡Date la vuelta! A ver si ahora me inspiro. Estando el asunto a media potencia, empiezo a atravesarla, no sin cierta dificultad. Ella ni se inmuta, de su boca no sale ni un fingido gemido, que siempre anima, aunque se sepa que es más falso que un euro de madera. Me voy animando, y no voy a cometer la torpeza de intentar aguantar el máximo. A la primera señal de que estoy preparado para disparar, suelto la ráfaga, bastante me ha costado llegar a este punto y además mi físico no está ya para hacer grandes exhibiciones. Parece mentira, con el cuerpo libre de alcohol, y tantas dificultades para entregarme de lleno al libre jolgorio.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/Lady_Di/Lii.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;No sólo en Tailandia se encuentran cuerpos bonitos&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Pim, pam, pum, asunto concluido. Sólo pienso en salir de allí cuanto antes. Tardamos en vestirnos la mitad del tiempo que hemos empleado en despojarnos de nuestras ropas, que ya es decir. Enfilo la escalera hacia abajo como alma que lleva el diablo, “bye, bye” voy diciendo. No huyo de nadie, sólo huyo de lo que considero un fracaso. Claro que aquel prostíbulo no es el lugar donde debo demostrar nada a nadie, pero me he visto a mí mismo y eso me basta. Urge un whisky ya. El motorista me espera con una sonrisa de oreja a oreja, le respondo con una muesca aborto de sonrisa. Tras una eyaculación, Morfeo me tiende sus brazos. Es importante que empiece a beber y charlar con señoritas de mal vivir. “Al Zanzi-bar” le digo a mi transportista. “¿Qué, bien?” me pregunta el impertinente. “Huy, muy bien, perfecto, estupendo, pero tú mira pa’lante” le digo con más cabreo que otra cosa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;A los pocos minutos ya estamos a las puertas del bar escogido para empezar el tour “Phnom Penh La Nuit”. “Toma”, le doy un par de dólares, pero el se queda con cara de “quiero más”. Todavía no se me ha ido el mosqueo por mi estrepitosa actuación, y eso se refleja en mi rostro. No es prudente ni aconsejable discutir con ningún habitante de estos países, por muy mosquita muerta que parezcan, pero tampoco es cuestión de que nos tomen por tontos a los que los dólares les rebosan por los cuatro bolsillos. “Si quieres más, me vienes a buscar mañana” lo mismo que le digo a todos. “Es que te he acompañado y te he esperado, y te he traído aquí” replica él. “Pero allí te harán dado dinero por llevarme ¿no?” le digo con aire inquisitorial pero sin perder la sonrisa, forzada, eso sí. No se atreve a negarlo. Pienso fríamente, y lo cierto es que por un dólar no voy a poner mi integridad física en peligro. “Toma, pero te estoy dando mucho, que lo sepas” concluyo mientras me doy la vuelta para entrar en el local. No me molesto en darme la vuelta para ver su nivel de satisfacción. Prefiero olvidarme del tema y ponerme a charlar con las muchachitas khmers que trabajan en el bar. Las del Zanzi-Bar son putas, pero no mucho. A ver si me explico. Si las pagas, se van contigo a la cama, sin embargo no es su objetivo primordial. Están allí para entretener a los clientes, van vestidas con ropa muy modosita, ropa corriente, vamos que si te las cruzas por la calle no se te ocurre pensar que pueda vender su cuerpo por unos dólares. Dado que la conversación no alcanza un grado de fluidez por sus escasos conocimientos de inglés, opto por desplazarme a un territorio de “caza mayor”: el Martini’s. Allí la presa es fácil aunque debido a su popularidad y a la gran afluencia de clientes, cada vez es más difícil encontrar acompañantes que merezcan lo que piden. Se puede decir que este bar está muriendo por su fama, sin embargo conserva el glamour por haber sido uno de los pioneros en su modalidad. Además, es un buen lugar para hacer amigos de cualquier parte del mundo que te pueden aportar un amplio abanico de informaciones sobre distintos destinos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/Lady_Di/masajediscrimnacion.jpg" /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;No disimulan a la hora de discriminar. Si eres blanco pagas el doble.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Pegar tiros en Camboya es fácil, tanto metafóricamente como físicamente, y si ayer tarde estuve usando una M-16, esta noche sacaré el arma corta, y espero que con más éxito que esta tarde en el prostíbulo, válgame Dios, vaya bochorno.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;Y un consejo: quien quiera ver cómo era Asia hace 40 años, que no lo dude, Camboya es su sitio, y esto no va a durar siempre, o sea que arreando que esto se acaba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18876237-1915555827762322248?l=herrpeter200506.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/feeds/1915555827762322248/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=18876237&amp;postID=1915555827762322248' title='12 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/1915555827762322248'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/1915555827762322248'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/2007/03/lady-dianas-brother.html' title='Lady Diana’s brother'/><author><name>Herr Peter</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_TOlMhgJwUhQ/SMBZgi7JsmI/AAAAAAAAAAM/G5n3ZEMk5MY/S220/petronasavatar.jpg'/></author><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18876237.post-116406522801448239</id><published>2006-11-21T06:08:00.000+07:00</published><updated>2006-11-21T06:31:30.406+07:00</updated><title type='text'>¡No estaba muerta, estaba de parranda!</title><content type='html'>Dentro de la inmensidad que supone el sudeste asiático, Phnom Penh es un gran pueblo pero una pequeña ciudad. Lejos está de asemejarse a cualquier gran urbe de un país avanzado, todo ello, en gran parte, a la política del dirigente comunista radical Pol Pot que eliminó al 50 por ciento de la población, y al resto la sumió en la más profunda de las ignorancias.&lt;br /&gt;No en balde, ninguna gran multinacional (Mc Donald’s, KFC, o perico de los palotes) se ha atrevido a invertir en dicha urbe, por algo será. En este caso, “desgracia de muchos, consuelo de pocos”, de hecho existe un establecimiento de comida “rápida” en pleno centro de la ciudad. Se trata del ………….. , un establecimiento con un logotipo sospechosamente similar al de la cadena mundial. &lt;br /&gt;No quiero andar con descripciones aproximadas y prefiero que sea el lector que corrobore mi sospecha de plagio, evidente a todas luces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blognoestabamuerta/BBWorld.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Un logotipo sospechoso&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ya os conozco, malandrines lectores. Lo que queréis saber es lo que sucedió en el “Zanzi-bar” y en los demás locales nocturnos de la noche camboyana, frecuentados por un inefable Herr Peter.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los últimos dos años, ha surgido bares “de alterne” como setas. No son, propiamente dicho, bares de putas. Son establecimientos en los que se sirve alcohol, y de paso hay señoritas que te dan conversación. Lo que suceda luego, ya es cosa de los dos participantes en el contrato. Unas veces las señoritas están dispuestas al acercamiento, y en otras no. Nada que ver con lo que dicen ciertos periodistas mal informados acerca de la prostitución en el sudeste asiático, aquí nadie obliga a nadie. ¡Los reportajes se hacen con el tiempo necesario para la investigación! ¡No con una semana de vacaciones con los gastos pagados! ¡A ver si aprendemos, señores del Mundo TV! Parece mentira, tanto medios y tan poca cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Zanzi Bar es uno de los bares de nueva generación. Todas las “azafatas” apenas tienen poca experiencia en el negocio, cosa que se agradece. Su labor se limita a dar conversación y, en su caso, a jugar a alguno de estos juegos insoportables y odiosos como el “cuatro en raya”. No sé, o soy raro o los demás son gilipollas. Para ser bueno, optaré por la primera posibilidad, aunque no entiendo como se lo pueden pasar bien metiendo fichas por una ranura, cuando podrían meter otra cosa por otra ranura, y pasarlo la mar de bien. No quiero hablar del amplio repertorio de juegos con los que cuentan estos bares porque lo mío es ir al grano. Sí, ya sé. No es lo correcto, no soy un caballero. Para ser un caballero, que me inviten a la Zarzuela y verán cómo despliego mis artes protocolarias. Pero estamos hablando de un semi-burdel e Phnom Penh, soy correcto y amable, pero no me pliego ante las sugerencias de las anfitrionas, supuestas putas de profesión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blognoestabamuerta/zanzi-bar.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;El Zanzi- Bar, un lugar a visitar&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi compañero de la noche se acomoda en un sofá, frente a mí, junto a una supuesta “novia” suya. Yo me preocupo de lo mío, de lo que nunca me abandona, de mi compañero fiel: Johnnie Walter Black Label. Sí, alguna atrevida se sienta junto a mi regazo. Sin embargo, yo, sin faltar a mi corrección caballeresca, le doy conversación sin halo de esperanza de un encuentro cercano ni futuro. No vengo aquí a buscar una relación con visos de futuro. Mete, saca, y a casa. Éste es el lema que predomina en Camboya. No con ánimo de menosprecio, sino con una perspectiva de la vida lo más realista posible. Es de tontos llevarse a engaños fatuos que no conducen a ninguna parte. La conversación es limitada, más que nada por cuestiones idiomáticas. Hago el paripé hasta que decidimos cambiar de local. &lt;br /&gt;“Ahora vamos a un sito donde las tías son más marchosas, bailan incluso encima d ela barra” me dice mi acompañante. “¡Sorprendente …, eso lo veo cada día en Bangkok! Pienso en mis adentros.&lt;br /&gt;Nuevamente subidos en dos motocicletas, nos desplazamos unos cientos de metros hasta otro tugurio. El aspecto no es malo. Es uno más de los nuevos bares que se han abierto en estos últimos años, coincidiendo con la aparente estabilidad que está alcanzando el país. Lejos está la posibilidad de llegar a tener bares como los que se pueden encontrar en Bangkok o Pattaya, pero a falta de pan, buenas son tortas. &lt;br /&gt;Algunas de las jóvenes lucen una extraña indumentaria; una especie de vestiditos con minifalda pero mallas debajo, por lo que la visión de “paisajes interesantes” queda descartada.&lt;br /&gt;- “Ahora empezarán un show” me dice excitado el americano.&lt;br /&gt;- “¡Ah! ¡Qué bien! Le digo mientras miro algo extrañado a mi alrededor.&lt;br /&gt;“¿Qué show van a hacer? ¿Dónde? ¿Para quién?” me pregunto al observar que no hay ni algo que se asemeje a un escenario, y el público se reduce a nosotros dos y un par de extranjeros más que probablemente no tengan a nadie que les espere en casa.&lt;br /&gt;Yo, inmerso en mis pensamientos, me despreocupo de lo que sucede en mi entorno al tiempo que doy continuos sorbos a mi copa.&lt;br /&gt;Súbitamente, tres mozuelas se suben a la barra y comienzan una coreografía en la que, como es habitual en Asia, cada una baila según le da, a pesar de que la intención primaria es bailar conjuntamente. Ni que decir que ni siguen el ritmo y tanto les da que la música se pare; ellas saben que tienen que moverse allí encima, y eso hacen. Indudablemente, la constante amenaza de que la policía se presente en cualquier momento a interrumpir esta actividad ilegal ¿?, no contribuye a que el espectáculo resulte distendido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blognoestabamuerta/condonestuktuk.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Seguridad ante todo, los taxis nos lo recuerdan&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bueno, hacen el numerito y yo ya empiezo a hartarme del “puterío light”. Le comento al americano que me parece que ya es hora de cambiar de ambiente. Apuramos las copas y nos aprestamos a dirigirnos hasta lo que debería ser la estación terminal de la noche: el “Martini’s”, un bar ya mítico en las noches de Phnom Penh.&lt;br /&gt;El tan renombrado local ha cambiado de ubicación. Sin embargo, al entrar, apenas se perciben cambios. Todo parece igual: un patio central rodeado de chiringuitos con una oferta gastronómica diversa, una amplia barra, una mega-pantalla, diversos televisores, unos billares, y una reducida discoteca de la que entran y salen constantemente señoritas que buscan amigos.&lt;br /&gt;No son de mi agrado las discotecas pequeñas, oscuras y ruidosas, justo lo que es la disco del Martini’s, pero por deferencia a Ed, el americano, hago una excepción y me meto en la cueva. Pedimos las copas y ya empiezan los follones, habituales con el servicio en Asia. Pido un whisky con Sprite “as usual”, y el pobre camarero me trae un whisky y un Sprite.&lt;br /&gt;- “Muy bien chaval, pero te has equivocado”, le digo apelando a la paciencia que me infunde San Trankimazín.&lt;br /&gt;- “¿Qué pasa? Whisky y Sprite es lo que me pidió usted” responde algo cariacontecido.&lt;br /&gt;- “OK, OK, OK. Mira, ahora te llevas el vaso para el Sprite y me dejas la lata que yo me encargo de meterlo en el vaso del whisky y hago un whisky con Sprite. ¿Entiendes? ¿Sabes ahora lo que es un wisky con Sprite?” Le digo con cierto tono magistral.&lt;br /&gt;- “Sí, sí, sí” se va diciendo el joven al tiempo que supongo que piensa en lo raros que somos los blancos.&lt;br /&gt;Cierto es que tendemos a dar por obvio cosas que no tienen por qué serlo, aunque también es cierto que en ese local, el 99% de la clientela es occidental por lo que el joven debería estar acostumbrado a las “extravagancias” de los hombres blancos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras estaba con el toma y daca con el camarero, me ha parecido ver una cara conocida. Eso de que todos los asiáticos son iguales deja de ser cierto cuando uno lleva unos cuantos años por estas tierras. Es la bella Lii. La saludo haciéndole una seña tímidamente con la mano, pienso que es probable que no se acuerde de mí. No tarda ni dos segundos en aproximarse.&lt;br /&gt;- “Eres Lii, ¿verdad?” le pregunto retóricamente.&lt;br /&gt;- “Sííí, ¿qué tal estás?” me responde  algo nerviosa, sin parar de moverse.&lt;br /&gt;- “Bien, he llegado hoy y me quedaré unos días” le digo algo desconcertado por su extraña actitud. No me cuadra con la Lii que yo conocía.&lt;br /&gt;- “Es increíble que me acuerde de tu nombre y tú no del mío” sentencia alegremente.&lt;br /&gt;Su respuesta acaba dejándome totalmente desconcertado. Algo no va bien en su cabeza, y no tardaré en confirmarlo.&lt;br /&gt;Me pide que la invite a algo. No suelo acceder de buenas a primeras, pero en este caso es diferente, la conozco hace años y nunca me había pedido nada. Quiere una cerveza, y en cuanto la tiene en su mano, desaparece. Extraña actitud la suya. Aunque bien visto, ardua labor sería la de encontrar a alguien “normal” circulando por aquí. &lt;br /&gt;El local no está muy concurrido. Le digo a Ed que voy a dar una vuelta por fuera a ver qué me encuentro. Me acerco hasta la barra por tratarse de mi medio ambiente natural, el lugar donde me siento como en casa. Es un poco alta para mi gusto, incluso estando sentado en un taburete. El destino quiere que me sienta en casa más todavía, echan por la tele el partido Betis-Osasuna. Un encuentro que estando en España no despertaría en mí el más mínimo interés, pero que aquí viene a representar casi el cordón umbilical con la patria. Es curioso, cuanto más lejos y más tiempo estamos fuera de casa, más importancia adquieren las cosas más anodinas.&lt;br /&gt;A mi vera se encuentra un grupito de chicas. Mi interés futbolístico, apenas existente en España, tiene su límite, y éste termina cuando las hormonas se ponen a hervir. Le doy la espalda al Ruíz de Lopera e inicio un acercamiento con damiselas. Por las características propias del local, no procede la típica pregunta: “¿Estudias o trabajas?”. Sería muy retórica. Aquí se estila más preguntar: “¿Eres camboyana o vietnamita?”. Tan curiosa interrogante se debe a que las masivas inmigraciones debidas a la guerra conllevaron una presencia masiva de vietnamitas, que con el tiempo llegaron a obtener la nacionalidad y la condición de camboyanos. Por regla general, las meretrices son de origen vietnamita en su mayoría, no resulta imposible encontrar una puta camboyana, véase el ejemplo de Lii, pero son más raras y preciadas; algo parecido a lo que está sucediendo en España, donde las prostitutas inmigrantes han desplazado a las ibéricas.&lt;br /&gt;Afortunadamente, las muchachitas hablan algo de inglés. Observo que se quedan mirando mi pelo con cierta fijación, incluso intentan tocármelo un poco poniendo cara de asco. ¡Joder! ¿Qué pasa? Lo tengo peinado para atrás con cera. Entiendo entonces que para alguien que vive en un país donde los productos de cosmética más habitual son una pastilla de jabón y polvos de talco, el aspecto de mi cabello es el de una persona que no se ducha hace tres meses. Les explico que es gel (lo de la cera sería todavía más incomprensible para ellas), una cosa que se pone en el pelo para que esté duro. La más enteradilla, asiente y se lo explica a las demás. Es la primera vez que mi pelo sirve para iniciar una conversación, conversación que no tarda en derivar hacia otros derroteros. Como le que no quiere la cosa, nos ponemos a discurrir sobre el vello púbico. La mujer asiática, de escasa pilosidad por lo general, no es ajena a su importancia en la estética femenina. La escasa implantación de la cultura sexual occidental, es decir, las películas porno, hace que un pubis rasurado resulte una extravagancia inimaginable. “¡Poco pelo tengo, como para que quieran que me lo afeite!” Piensan ellas. Sin embargo, quiero ver hasta dónde llegan sus convicciones. “¿Y por 20 dólares no te afeitarías las partes pudendas?” inquiero. “No” responden al unísono. Pero es bien sabido que todos tenemos un precio. Sigo la puja hasta que llego a los 100 dólares de vellón. Ahí empieza a haber disensiones de pareceres. Una, por lo menos, afirma que por esa cantidad aceptaría. “Claro, haces muy bien. De todas formas el pelo vuelve a crecer” le digo para reafirmarla en su convicción. Otra se queda con la duda por si decido seguir subiendo. La tercera se ratifica en su decisión de no dejarse tocar un pelo, nunca mejor dicho, por nada del mundo. ¡Ni que le estuviera hablando de cortarse los dedos de una mano! Obviamente, todo se trata de un juego. No pienso gastar ni cinco centavos en ver un pubis rasurado, más que nada porque en Bangkok, casi hay que pagar para ver a alguna pilingui con vello.&lt;br /&gt;Dejo a las jóvenes hablando de sus asuntos, y vuelvo a entrar en la discoteca para decirle a Ed que aquí “ya huele”, que mejor si cambiamos de local. &lt;br /&gt;Salimos del Martini’s y se nos acercan los clásicos pesados que quieren vendernos lo que sea o trasladarnos hasta nuestro próximo destino. Dejo el asunto de transportes en manos del americano, no me apetece regatear. A pesar de ello no dejan de acosarme diversos motoristas. Me llama la atención uno de ellos. Es bizco. “¡Joder, hay que tener valor para montarse en la moto con él!” pienso en mis adentros. Es como pedirle a un manco que te cosa un botón. Tal vez lo consiga, pero no seré yo su cobaya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blognoestabamuerta/ChicasAfterD.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Las camboyanas, siempre alegres&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vamos hacia el “After Darkness”, el disco-pub más decente de la ciudad, allí donde van casi todos los occidentales residentes y turistas, incluidos los de las ONGs que tanto abundan en este país. Capítulo a parte merecería el comportamiento de los representantes de estas organizaciones humanitarias. Llama la atención ver los modernos 4X4 “humanitarios” aparcados frente a un local en el que el 90 por ciento de las mujeres son prostitutas, muchas de ellas con la mayoría de edad reciente.&lt;br /&gt;A la entrada, numerosos “seguratas” controlan que nadie entre con una pistola. Hasta hace no mucho tiempo, eran relativamente frecuentes los tiroteos en las noches de Phnom Penh. Recuerdo incluso una discoteca en la que se podía depositar el arma a la entrada, arma que se retiraba a la salida, igual que una guardarropía pero de armas cortas. Todo se ha calmado bastante, y las noches se caracterizan por ser tranquilas y animadas a la vez.&lt;br /&gt;Dado nuestro aspecto, ni siquiera nos cachean. No sé si tomármelo como un halago o un desprecio. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blognoestabamuerta/PuuyingAfterD.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;After Darkness, siempre se encuentra compañía&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El local está hasta la bandera. Mi necesidad de ingerir alcohol va en aumento a medida que pasa la noche. Me aproximo a trancas y barrancas hasta la barra. No me hacen mucho caso. Saco un billete de 20 dólares y lo agito para hacerme ver. No tarda en llegar la camarera. Pido mi copa, y ya reconfortado tras el primer sorbo, empiezo a recorrer el lugar para hacerme una idea de cómo está el ambiente. Me voy hacia los billares, luego la pista de baile, aprovecho para dar un par de saltitos como si estuviera bailando, y termino yendo hacia la zona más tranquila donde se sienta la gente a charlar. Yo, como ya es habitual, me acomodo en la barra. Ya he perdido a Ed, da igual, ya conozco el territorio. Entablar conversación no es muy difícil, si bien las prostitutas que allí se encuentran, oficialmente no lo son, de lo contrario no se les franquearía la entrada, por lo que no le entran descaradamente a nadie. Veo a una chica con su amiga. Inicio una conversación que tal vez me lleve a buen puerto. Mi dicción empieza a fallar, pero en esa torre de Babel, apenas se nota, si bien el “acento de borracho” es algo universal. Le hago las preguntas de rigor, las que se harían a cualquier señorita que se supone no se dedica al oficio más antiguo del mundo. Sus respuestas son breves, no obstante correctas. Sin embargo mi sexto sentido de putero me dice que algo falla. Con la falsa valentía que da el alcohol, me lanzo y le pregunto: “¿Pero tú eres un tío, no? Me arriesgo a que me tiren la bebida encima o me insulten, pero Johnnie tiene esos riesgos. Un silencio no muy prolongado desemboca en una respuesta desconcertante y abrumadora a la vez. “Sí” contesta mientras asiente tímidamente con la cabeza. No se me cae el alma a los pies porque ya estoy como estoy. Me quedo petrificado y con una sonrisa de gilipollas que no sabe cómo reaccionar. ¿Y ahora qué le pregunto? ¿Si todavía tiene polla o se la ha cortado ya? Como caballero que soy, mi mente hace un esfuerzo por seguir una conversación que se ha visto truncada por una respuesta que no quisiera haber oído. Permanezco con esa sonrisa de bobalicón durante unos eternos segundos. ¡Ella/él podría decir algo, hostias! No, se calla y espera a que yo reaccione. No puedo marcharme sin decir nada, iría en contra de mis principios morales. Sí, los tengo aunque muchos no lo crean. Sólo se me ocurre decir: “¿Y eso cómo se lleva aquí en Camboya?”. “Pues mal” responde lacónicamente. Ya puestos, me lanzo: “¿Y todavía tienes laaa …, eeeel …, eso de ahí?”. “Sí” vuelve a responder con el mismo entusiasmo. Para quitar hierro al asunto intento hablarle de los transexuales en Tailandia, que comparados con los camboyanos, tienen más facilidades, dentro de lo que cabe, para someterse a la operación que tanto ansían. Charlo un rato más y me desmarco, no sin dejar de mirarla/lo porque realmente no sé todavía qué ha sido exactamente lo que me ha indicado que aquello desprendía más testosterona que estrógenos. Realmente era muy guapa/o, y sobre todo fue sincero/a, cosa que siempre le agradeceré. No quiero imaginarme la situación en una habitación de un hostal cualquiera viéndolo/a salir de la ducha. La embajada española habría tenido que ocuparse de mi repatriación porque me habría quedado helado, de piedra, mudo, sordo, ciego, insensible a cualquier estímulo. Me entran escalofríos sólo con pensarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blognoestabamuerta/ambienteAfterD.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Nadie se aburre en el After Darkness&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como un flash, se me aparece la sonriente Lii. La daba por perdida, pero Phnom Penh, por mucha capital que sea, es un pueblo en el fondo. Me buscaba hace rato, según ella. Dado su cambio de comportamiento respecto a años pasados, no me apetece en demasía gozar de su compañía en un catre, pero en estos casos, no es siempre la razón la que rige. “¿Me vas a llevar contigo? , ¿me vas a llevar contigo?” me pregunta sin cesar. “Sí, pero antes me quiero tomar unas copas” le digo con aires de Padrino.&lt;br /&gt;Pasan ya de las cuatro de la mañana Ya he visto todo lo que quería ver y he oído todo lo que tenía que oír. Apuro la última copa y muerdo con gusto los trocitos de hielo que quedan. Lii está pendiente de mí a la espera de que el semáforo se ponga en verde. Le hago una señal con la mano y presta y veloz acude a la llamada. Ya no es esa joven ingenua que conocí hace unos años, pero algo se hará. Salimos juntos y acordamos desplazarnos a un hostal dedicado principalmente a dar cobijo a parejas ansiosas de conocerse, en el sentido bíblico del término. Nos montamos los dos en la misma moto, más que nada porque el recorrido es corto. Curiosamente, el hostal de marras es el que está situado justo encima del Mikado, el bar en que comencé mi ronda nocturna. Pago cinco o diez dólares y subimos a la habitación. Un cubículo pequeño, sin ventanas y con un cuarto de baño sin puertas que cuenta con un lavabo, una ducha y un inodoro. Me despojo de la escasa ropa que llevo y me ato a la cintura una toalla que, por sus dimensiones, parece una de manos. Decido ducharme, o más bien remojarme, el primero. Prefiero que sea ella la que se entretenga en la ducha mientras yo me fumo un cigarrillo y me pongo a pensar en la vida. Antes de que termine de asearse, preparo mi cámara de fotos para pillarla “in fraganti”. ¡Flash! Después de la cara de sorpresa, viene la de cabreo. “Son cinco dólares la foto” me espeta con arrogancia. Vaya, pues sí que ha cambiado la chica, ¿dónde está esa Lii inocente y afable que conocí tiempo atrás? “Yes, yes, later” le respondo con indiferencia mientras sigo disparando. Ya puestos, hay que aprovechar para que pierda la cuenta de las fotos que le hago. Dejo la cámara y me refresco la cabeza y la cabezita. Cuando regreso al cuarto, ya se encuentra ella tumbada a la espera de realizar su trabajito de la noche. El alcohol y las benzodiazepinas hacen estragos a la hora de mantener relaciones sexuales. Tras un par de intentos semi fallidos. Opto por la comodidad de las relaciones orales. “Antes de correrte, me avisas” me previene con firmeza. Y con firmeza agarra el mástil y empieza su “monólogo”. Cierro los ojos y me concentro en la labor. De tanto en tanto, levanto ligeramente los párpados para cerciorarme de que no estoy en un sueño. Siento por momentos que estoy a punto de alcanzar el clímax. Reprimo cualquier signo que le pueda dar pistas sobre mi nivel de excitación. Desde siempre me ha gustado gastar la clásica de “broma” de disparar a traición. “Torpedo uno”, “lanzado”, “torpedo dos”, “lanzado”, “torpedo tres”, “¡el enemigo se retira! Con indignación y malos modos, echa la cabeza hacia atrás mientras dirige el “lanzatorpedos” hacia el otro lado. Tras varios escupitajos y una corta visita al baño, empieza una sarta de insultos y reproches hacia mi persona. Lo único que acierto a entender es: “¡Te dije que me avisaras! “Sí, ya me acuerdo de queme lo dijiste, jejeje” le digo con una amplia sonrisa de una oreja a otra. Ella, nerviosa y contrariada se pone la ropa. Yo, henchido de satisfacción, me voy vistiendo parsimoniosamente. Le doy la cantidad acordada y cinco dólares por la foto, cantidad que le habría dado de igual modo como propina. Bajamos hasta la puerta del hostal y nos marchamos cada uno por nuestro lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blognoestabamuerta/LiiandYo.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Lii, ¿Quién te ha visto y quién te ve?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Phnom Penh todavía me depara muchas sorpresas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18876237-116406522801448239?l=herrpeter200506.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/feeds/116406522801448239/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=18876237&amp;postID=116406522801448239' title='33 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/116406522801448239'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/116406522801448239'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/2006/11/no-estaba-muerta-estaba-de-parranda.html' title='¡No estaba muerta, estaba de parranda!'/><author><name>Herr Peter</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_TOlMhgJwUhQ/SMBZgi7JsmI/AAAAAAAAAAM/G5n3ZEMk5MY/S220/petronasavatar.jpg'/></author><thr:total>33</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18876237.post-116191553627911111</id><published>2006-10-27T09:05:00.000+07:00</published><updated>2006-10-27T09:30:25.430+07:00</updated><title type='text'>En Camboya se me va la olla</title><content type='html'>Soy un culo de mal asiento. Estoy enamorado de Bangkok, sin embargo me urge salir de la metrópolis una vez al mes, no ya por el visado que me caduca, sino por la imperiosa necesidad de cambiar de aires. Tantas putas (casi siempre las mismas) y los mismos bares acaban agobiándome. Necesito cambiar. Y si algo no falta son las ofertas para viajar a países cercanos (Laos, Birmania, Camboya o Malasia a modo de ejemplo).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace un par de años que no circulo por territorio  khmer (Camboya). Recuerdo momentos muy agradables por esos lares, alguno de éstos rozando la legalidad. Tantas armas, tantas mujeres, tantas drogas, tantas tentaciones… nadie vive en Phom Penh sin incurrir en alguna ilegalidad, es imposible. Ni siquiera los miembros de las ONGs  se libran de caer en la tentación. Si no, qué pinta un coche de una de estas organizaciones frente a un bar de dudosa reputación a las cinco de la mañana.&lt;br /&gt;Tengo un conocido que ha trabajado para una de estas organizaciones humanitarias (española en este caso), que ha salido espantado al ver el nivel de corrupción, no monetaria sino sexual, al que llegaban ciertos miembros (nunca mejor dicho) de estos “benefactores”. Y hablo de pederastia, no de sexo más o menos consentido entre mayores. Sí, los que se visten de ángeles salvadores son, en muchas ocasiones, los peores demonios. Entre los soldados de la ONU tenemos algunos ejemplos. No iba a ser menos Camboya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por internet he encontrado un billete barato con Air Asia. Obviamente, la hora de salida es infernal, las ocho de la mañana. Pero la tarifa vale la pena. Con lo que me ahorro respecto a otras compañías, puedo pegar dos polvos o emborracharme una noche entera.&lt;br /&gt;Escojo un hotel que he encontrado en un foro de amantes de Tailandia (léase puteros). Parece que está bien, pero hasta que no lo vea no me fío. De entrada me vienen a buscar al aeropuerto, gran cosa, ya que me ahorro lo que supone un polvo, jajaja, parece que cuando uno va a Camboya no piensa en otra cosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogPNH/kruangbin.jpg"/&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Phnom Penh desde el aire&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llego con un vuelo Air Asia, una vez más. Los horarios son inhumanos, pero las tarifas valen el madrugón. El aeropuerto se ha modernizado. Afortunadamente, los precios de los visados siguen siendo los mismos, 20 dólares. ¡Y que nadie se olvide de la foto tamaño carnet! Si no, el trámite se retrasa un tiempo considerable. Por increíble que parezca, 11 (once) funcionarios se ocupan de la tramitación del pasaporte para permanecer en le país 30 días. Todo se ha agilizado mucho respecto a los trámites burocráticos que se debían pasar hace unos años. Hay que estar al loro. Cuando se ha dado el visto bueno, se limitan a pronunciar el nombre, a su manera, y a mostrar el pasaporte. Eso sí. Nunca hay que perder la sonrisa, estamos en Asia y somos inocentes turistas. El siguiente paso es el control de pasaporte. El funcionario de turno controla mediante un sofisticado ordenador que no estemos fichados. Sin embargo, allí falla algo. Todos los aeropuertos del mundo disponen de unas “webcams” situadas a la altura aproximada del rostro del recién llegado. Pero en Camboya, no. Los encargados de motar el sistema se olvidaron de las cámaras. ¿Resultado? Sus “sofisticadas” cámaras no son más que unas bolas con objetivo marca, supongo, Logitech. En el momento en que veo al funcionario de turno coger la bolita en la mano, acercándomela al rostro y diciendo “one moment”, me da la risa floja. &lt;br /&gt;¡Madre de Dios! ¿Os venden un supuesto sofisticado sistema de identificación y no os dais cuenta de que hace falta un trípode para sostener la cámara? Así es Camboya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogPNH/crew.jpg"/&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;La tripulación de Air Asia, siempre serviciales&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasados los trámites pertinentes, me acerco a la salida. Me topo con un atienda libre de impuestos. “Ya que estoy, voy a comprarme un cartón de Marlboro” pienso inocentemente. “¿Es más barato que ahí fuera? Le pregunto ingenuamente al empleado de turno. “Yes, yes” me responde. Obviamente, no sabe qué le pregunto o se hace el loco. Tonto de mí. Parece increíble que con los años que llevo en estos territorios, caiga en semejante engañabobos. Lo cierto es que 11 euros por un cartón no es nada, pero si en la calle lo encuentras por 8, te da rabia haber caído en la trampa de la tienda “libre de impuestos”. Si van a Camboya, ¡compren el tabaco en la calle!&lt;br /&gt;A la salida del aeropuerto me espera un hombre con mi nombre escrito en un cartel. Eso de ver el nombre de uno a la llegada de un aeropuerto no pasa todos los días. Levanto “chulescamente”, aunque amablemente y sonriendo, el dedo índice para indicar que soy la persona en cuestión. El empleado del hotel me recibe cordialmente y me señala que debemos esperar a otro cliente del establecimiento. Nos vamos los dos, sin intercambiar palabra alguna, hasta el furgón del hotel que no va a llevar a nuestra morada temporal. Los dos somos hombres jóvenes y solteros, en mi caso la soltería es cierta en un 100%, en el suyo no lo puedo certificar, aunque la supongo. Dado que los dos vamos al mismo hotel y suponemos a lo que vamos, no tardamos en entablar conversación. Obviamente no hablamos de las putas que pensamos follarnos esa misma noche. La conversación es más bien banal.&lt;br /&gt;Llegados al hotel Flamingo, que previamente había escogido en una página de puteros irredentos de internet, realizamos el “check-in” y quedamos para más tarde. Mi uniforme no pasa desapercibido en ningún momento, ¡por algo lo llevo! Antes de que presente mi documentación, se me acerca un chino (realmente es camboyano, pero es la costumbre de llamar a todos los asiáticos “chinos”) y se presenta como el propietario del establecimiento hotelero. Nos saludamos con suma cordialidad. Y aprovechando la ocasión le pido una habitación con conexión a internet. Pese a sus malabarismos con un hotel lleno hasta la bandera, mi deseo no se ve cumplido, sin embargo me invita gustosamente a tomar algo con él mientras acondicionan mis aposentos. Dado que me gusta conocer la vida de la gente, me presto gustosamente a su invitación a pesar del cansancio acumulado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogPNH/rongraem.jpg"/&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;¡Bienvenidos al hotel Flamingo!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estoy cansado, muy cansado. Me encuentro en ese punto en el que nivel de agotamiento es tal que impide conciliar el sueño. Hago “zapping” hasta que caigo en TVE internacional, tal vez oyendo mi idioma consiga dormirme. Ni las pastillas hacen efecto. Doy vueltas sobre una cama que dista de ser mullida. Apenas he dormido en las últimas 24 horas. Si quiero estar en condiciones para afrontar la intensa noche camboyana, debo estar en plenitud de facultades. Oigo a las mujeres de limpieza ir y venir por el pasillo mientras hablan y ríen. Me levanto por enésima vez para ir al baño. Mi mente está a punto de descarrilar.&lt;br /&gt;Pronuncio mi nombre y no me reconozco. Me da la impresión de estar llamando a otra persona, a pesar de que soy yo el que está frente al espejo. Soy consciente de que la situación se agrava por momentos, sin embargo siempre está el alprazolam para poner las cosas en su sitio, más o menos, o eso quiero creer yo. Un parche no es una solución definitiva, pero mientras consiga “parches”, no pienso en cambiar mi “modus vivendi”. El día que no pueda obtener mi elixir vital, cosa inimaginable a día de hoy, no puedo imaginar cuál será mi devenir, o sí, pero prefiero no pensar en ello.&lt;br /&gt;¡Santo Dios! Estoy donde cualquier putero y/o amante del sexo desearía estar, y me pongo a pensar en cuestiones metafísicas. Todos los que me rodean sólo piensan en una cosa, y en esa cosa debería estar pensando yo. Hago un “reset” en mi mente y me pongo a la altura de mis acompañantes. ¡Basta ya de pensar en cuestiones existenciales! Estoy rodeado de ninfas deseosas de ser poseídas por mí (es decir, mis dólares) y yo elucubrando sobre los devenires de mi vida. ¡Al carajo! La primera que resulte apetecible será la elegida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogPNH/puuyingkamen.jpg"/&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Poco que envidiar a las tailandesas&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé cómo, he logrado dormir unas horas. He quedado con el turista que me acompañó en el “transfer” entre el aeropuerto y el hotel, para ir a dar una vuelta por la tarde.&lt;br /&gt;Me siento algo aturdido. Me cuesta abrir los ojos. Mi cuerpo me pide que no abandone la horizontalidad, sin embargo, por una vez, el sentido común se impone y me levanto. Ni siquiera me ducho, me limito a remojarme la cabeza con agua fría. Bajo hasta el bar del hotel. No veo a nadie. La verdad es que aunque viera a la persona que espero, es posible que no la reconociera. El aspecto de estos americanos, todos iguales con sus bermudas y su camiseta desgastada, y el estado en el que me encuentro hacen difícil el reencuentro. Por ahí creo reconocer al dueño del establecimiento, un camboyano que ha pasado 20 años en Estados Unidos, y con el dinero ahorrado ha decidido invertir en la tierra que le vio nacer. Me invita a sentarme con él. No tarda en aparecer un amigo suyo, un occidental que parece conocer la zona, de hecho está construyendo un bar a pocas manzanas de allí. Todavía hay inconscientes que se lanzan a montar bares en países un tanto hostiles a la ingerencia de extranjeros en determinados tipos de negocio, en especial los bares con “azafatas”. ¡Allá él! No voy a desanimarle contándole lo que pasa con los extranjeros que se lanzan en similares aventuras en Tailandia.&lt;br /&gt;Tras las consuetudinarias presentaciones y el intercambio de las habituales frases de los primeros encuentros, empezamos a hablar con ciertos eufemismos de lo que nos trae básicamente a este hermoso país.&lt;br /&gt;En vista de que soy de la misma cuerda, me invitan directamente a ir a un bar de putas. ¡Joder, son las siete de la tarde y apenas he comido nada! En vista del amable ofrecimiento, ¿quién se puede negar? Hay que aprovechar el hecho de ir acompañado de un nativo y un conocedor de la zona. Vamos hasta el coche del camboyano y nos dirigimos por las tortuosas calles de Phnom Penh hacia un destino por mi ignoto.&lt;br /&gt;- “¿A dónde vamos?” Pregunto desde el asiento de atrás.&lt;br /&gt;- “Al Mikado” me responden casi al unísono.&lt;br /&gt;- “¿Y eso qué es? ¿Un salón de masajes, un bar?” Pregunto como el pueblerino recién llegado a la ciudad.&lt;br /&gt;- “Ya verás, ya verás. Seguro que te gusta. Hay muchas chicas” me responden antes de proseguir con su conversación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogPNH/naamman.jpg"/&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Gasolineras de fortuna&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La capital no es muy grande, por lo que los desplazamientos suelen ser muy breves. Apenas tardamos 10 minutos en llegar al “Mikado”, un bar con viejas cortinas raídas que impiden que lo que sucede en su interior sea visto por los transeúntes. Entramos por una puerta lateral. Una puerta que resulta ser la de una especie de pensión que se ubica en las plantas superiores. Bar de putas abajo y pensión arriba, una perfecta combinación.&lt;br /&gt;La entrada es todo menos triunfal. No es que quiera que se me reciba con vítores y aplausos, pero aquello es algo deprimente. Las chicas no están tristes, más bien lo contrario, están encantadas, pero no por nuestra presencia sino por la telenovela que están viendo en un viejo televisor que parece pegado al techo. Son una docena, de apariencia bastante juvenil, y algo timoratas ya que ninguna se acerca a nosotros, ni tan siquiera un amago hacen. Como mucho, a alguna se le escapa una mirada furtiva, sobre todo durante los espacios publicitarios. Cuchichean entre ellas como si fuéramos a entender algo de lo que dicen. Bueno, lo cierto es que Kim, el camboyano, sí podría entenderlas. &lt;br /&gt;Me sirven un whisky que bebo con cierta desgana. No son ni las ocho de la tarde, me he levantado hace menos de dos horas, y esto es prácticamente mi desayuno.&lt;br /&gt;- “Hoy no están bien. No nos dicen nada”. Comenta con aires de experto el otro occidental del grupo.&lt;br /&gt;- “Pues no. No sé. Sí, es raro. En un bar de estos, algo tendrían que decirnos, por lo menos pedirnos alguna bebida o algo”. Respondo por decir algo.&lt;br /&gt;- “Nos terminamos las copas y vamos a otro lado”. Afirma con rotundidad el Cicerón de la velada.&lt;br /&gt;- “De acuerdo, lo que digáis, a mi me da igual”. Les digo como un pelele sin personalidad propia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La verdad es que no me siento en plenitud de facultades. La sangre que fluye por mis venas todavía está muy limpia. Todo es cuestión de tiempo.&lt;br /&gt;Salimos del bar dejando atrás a las muchachas arremolinadas alrededor de una mesa como protegiéndose las unas a las otras, una visión algo descorazonadora, sin duda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos volvemos a meter en el coche, pero apenas recorremos unos centenares de metros. Entramos en otro antro de reducidas dimensiones. El recibimiento es bien distinto. Las trabajadoras, aquí, son unas profesionales, profesionales del amor como llaman eufemísticamente algunos a las putas.&lt;br /&gt;No somos los primeros, casi diría que somos de los últimos dada la escasez de espacio. Nos acomodamos en un extremo de la barra, algo que es ya una constante en mi vida. Vaya donde vaya, siempre acabo en el extremo de una barra. Antes de que nos hayan servido las copas ya estamos rodeados de estas maravillosas sílfides. Como casi todas las que se dedican a estos menesteres por estos pagos, rezuman juventud por todo su ser, hasta el punto de confundir a cualquier novato por tierras asiáticas, que podría llegar a pensar que no alcanzan la mayoría de edad. La posibilidad de confusión se duplica en el caso de ser periodista, algo paradójico si tenemos en cuenta que los profesionales de la información deben saber más que el común de los mortales, sobre todo cuando tratan temas tan delicados como la edad de las mujeres que ejercen la prostitución en los bares de Phnom Penh, no sólo por ellas sino por los que somos sus clientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogPNH/hongnaam.jpg"/&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Utilícese sólo en caso de urgencia&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras doy el primer sorbo a mi copa, siento una mano que me desabrocha el pantalón y suavemente introduce su pequeña mano dentro de mi ropa interior. Sin despegar la copa de mis labios, doy otro sorbo. A pesar de los años que vengo ejerciendo de putero, sigo siendo una persona con cierto pudor en determinadas circunstancias, y ésta es una de ellas. Lo cierto es que todos sabemos a lo que venimos, sin embargo la actitud de la mozuela, no deja de resultarme chocante. Hablo de “la mozuela” pero lo cierto es que son tres las que se dedican a mi persona, aunque es sólo una la que, nunca mejor dicho, tiene la vara de mando. Por turnos, me van mostrando sus encantos. Una de ellas, la del mando, chapurrea algo el inglés, cosa que facilita enormemente la comunicación en el cuarteto que formamos. Prosiguen con su seducción, tanto con la mirada como con los gestos. “¿Por qué hemos nacido los hombres con un solo cimbrel? Las serpientes tienen dos” pienso mientras se me aceleran las pulsaciones por momentos. Tras varias erecciones, que aborto voluntariamente suplicándole a mi nueva amiguita que se tenga la mano quieta un ratito, le pregunto a mi acompañante cómo funciona la cosa en este local.&lt;br /&gt;- “Pues mira. Aquí son unos 17 dólares con todo incluido. Subes con la chica por aquella escalera, os metéis en la habitación con aire acondicionado, y cuando hayas terminado pagas aquí, en la barra” me explica mientras es sobado por otras hetairas.&lt;br /&gt;- “¿No tengo que pagar antes, ni darle a ella nada, ni …? No termino mi frase. Mi masajista particular ya se ha puesto manos a la obra de nuevo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Está claro que quieren que me decida por una de ellas cuanto antes, ¿o no está tan claro?&lt;br /&gt;- “Es que no sé por cual decidirme, sois las tres muy guapas” No lo digo por cortesía, es bien cierto que cualquiera de ellas se merece ser la elegida.&lt;br /&gt;- “No tienes que elegir, nos puedes llevar a las tres” me dice la anglófona incipiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dios, Dios, Dios, no puede ser verdad lo que me está pasando. Si me tengo que morir que sea ahora, en el culmen de la felicidad, en la antesala del paraíso. La escasa ingesta de alcohol es beneficiosa, por partida doble, en esta ocasión. Por una parte me impide que cometa la barbaridad de encontrarme en la cama con tres bellezas y caer en el primer round, y por la otra podré gozar del sexo sin estar apenas anestesiado por las benzodiacepinas y el whisky.&lt;br /&gt;Esto es lo que debería hacer siempre, ir de putas a las siete de la tarde y emborracharme luego, y no irme a las cinco de la mañana a un motel de infierno, con una castaña del 15 y acompañado por un resto de serie de cualquier puticlub de tercera regional.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La elección y la erección son duras. Pero debo decidirme pronto, si tardo un poco más, ya no hará falta que suba, habré derramado mi precioso líquido a los pies de la barra o, todavía peor, en el interior de mi ropa.&lt;br /&gt;Aunque sigan mostrándome sus pequeños y no tan pequeños senos turgentes, ya tengo decidido a quién me voy a llevar. No podía ser otra que la que lleva la voz cantante, más que nada, como premio a la perseverancia.&lt;br /&gt;Para que la situación no parezca tan violenta, por lo menos para mí, hago el paripé de elegirlas por sorteo, un sorteo que parece haber sido montado por trileros.&lt;br /&gt;- “… y al final la afortunada eres túúúú!”. Digo señalándola y poniendo cara de sorpresa o de gilipollas, no sé.&lt;br /&gt;- “Ya nos lo imaginábamos”. Supongo que dicen las otras por la expresión de sus rostros, que no por sus palabras.&lt;br /&gt;- “Mañana vuelvo y me voy con vosotras”. Les digo intentado arreglar una situación que no tengo por que arreglar.&lt;br /&gt;- “Sí, sí. Que os vaya bien”. Intuyo que me dicen, aunque es posible que lo que saliera de sus bocas fueran sapos y culebras sobre mi persona, si bien no lo creo, este tipo de maldad todavía no ha llegado a este país.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Subimos por una escarpada escalera que nos conduce al primer piso. Allí nos espera la mujer encargada de tenerlo todo como los chorros del oro. Entramos en lo que se podría denominar habitación. Se trata de una especie de habitáculo de techo bajo instalado dentro de otra habitación más grande que ocupa toda la primera planta, algo muy extraño, una especie de zulo con cuarto de baño adosado.&lt;br /&gt;Una de las ventajas a la hora de viajar por estos países de clima caluroso, es que se lleva poca ropa, por lo que quedarse en pelota picada es cuestión de pocos segundos.  Mi acompañante eventual sigue mis pasos y se disculpa un momento para ir al baño. Yo, tumbado en la cama, miro al techo y pienso: “¡Qué mal repartido está el mundo! Yo, que no doy apenas golpe, aquí, a punto de beneficiarme a una sílfide, y mis amigos en España, toda la vida currando, y están pelándose de frío y pelándose la …”. &lt;br /&gt;Apenas pasados un par de minutos, aparece por mi izquierda la jovenzuela con una toalla enrollada al cuerpo, toalla que tarda pocos segundos en desaparecer de mi vista. Tengo cierto temor a que el atrevimiento, del que hacía gala en el bar, fuera una simple máscara para atraer a incautos que luego ven defraudadas sus expectativas, algo que, por desgracia, es harto frecuente en estos ambientes. &lt;br /&gt;Gracias a Dios, me equivoco. Todavía no han llegado las “malas costumbres”a Camboya, y aquí “lo que ves es lo que hay”, sin truco que valga. &lt;br /&gt;Desde el primer momento toma ella las riendas de la situación. Yo, sólo debo quedarme en posición horizontal y disfrutar de sus habilidades. Cierro los ojos. Pero no tardo en volver a abrirlos. Por extraño que parezca, estoy a punto de dormirme. ¡Y sólo faltaría eso! Que estando a punto de rozar el paraíso con las yemas de  mis dedos, me pusiera a roncar. Serán cosas de la edad … y del alprazolam, supongo. “Será cuestión de moverse un poco” pienso en mis adentros. Dado que el calentamiento empezó hace casi una hora, lo de subir a la habitación es sólo para rematar la faena. Toda su anatomía ha rozado ya en algún momento mi órgano más apreciado. La cosa está apunto de estallar. “¿Ves aquel cuadro?” le pregunto. “Sí” me responde algo sorprendida. “Pues ahora te pones a cuatro patas y lo miras hasta que yo te diga” le digo en un inglés básico. Pim, pam, pum, fuera. Hale, ya estoy listo. Las virguerías las dejo para cuando hay “gratis total”. Cuando tengo que pasar por caja, el que decide cuando empieza y cuando acaba la fiesta soy yo. Además, apenas ha empezado la noche, y algo me dice que hoy va a haber doblete, algo que, cómo los equinoccios, ocurre dos veces al año, a lo sumo…&lt;br /&gt;Vestidos y arreglados, y con la cara todavía sonrojada por el ejercicio desarrollado, bajamos hasta el bar, donde nos esperan mis amigos de la noche. Tomamos una copa más. Mi partenaire sigue a mi lado, pero no me pide nada, ¡bien por ella! &lt;br /&gt;El ambiente empieza a agobiarme. Ya he descargado, y estar en un bar de putas cuando tienes la libido por los suelos, es como irte al Carrefour después de haberte comido una lechona.&lt;br /&gt;Le doy 20 dólares a la cajera con los que pago chica y copas. Me despido de mis amigas ocasionales. Salimos del local. Kim, el camboyano, se desmarca. Mañana tiene que trabajar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogPNH/nosextour.jpg"/&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;¡Tampoco es para tomárselo así!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;- “¿Conoces el Zanzi bar?” Me pregunta el americano.&lt;br /&gt;- “Pueeesss, la verdad es que no me suena” le respondo con franqueza.&lt;br /&gt;- “Tengo allí unas amigas que te gustarán” asevera el hombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos hemos quedado sin coche, por lo que llamamos a un par de moto-taxis. El americano se encarga de negociar. Mejor. Hace tiempo que no ando por aquí, y no recuerdo ya las tarifas.&lt;br /&gt;- “Un dólar”&lt;br /&gt;- “Medio dólar”&lt;br /&gt;- “… OK”&lt;br /&gt;- “¡Zanzi baaar! ¡Allá vaaamooos!”&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18876237-116191553627911111?l=herrpeter200506.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/feeds/116191553627911111/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=18876237&amp;postID=116191553627911111' title='17 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/116191553627911111'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/116191553627911111'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/2006/10/en-camboya-se-me-va-la-olla.html' title='En Camboya se me va la olla'/><author><name>Herr Peter</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_TOlMhgJwUhQ/SMBZgi7JsmI/AAAAAAAAAAM/G5n3ZEMk5MY/S220/petronasavatar.jpg'/></author><thr:total>17</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18876237.post-115800204380306017</id><published>2006-09-12T01:53:00.000+07:00</published><updated>2006-09-12T02:14:03.860+07:00</updated><title type='text'>"One night in Bangkok makes a hard man humble"</title><content type='html'>“One night in Bangkok makes a hard man humble” (Una noche en Bangkok hace humilde a un hombre duro), cantaba en los ’80, Murray Head. Ciertamente, Khrung Thep Mahanakorn (126 palabras más conforman el nombre real de la ciudad), conocida como Bangkok por los extranjeros, sugiere multitud de sensaciones, una de ellas puede ser que eres humilde en el fondo de tu ser, allí ves que no eres nadie, o más bien que eres uno más entre este gentío multicultural. Indudablemente se la relaciona con el sexo, más que nada, por la imagen que la industria cinematográfica ha querido dar de ella. La realidad es muy distinta, si bien, no menos placentera. En una urbe de más de 11 millones de habitantes, la oferta sexual enfocada hacia los extranjeros queda reducida a cuatro calles que no suman ni tan siquiera los cinco kilómetros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogonenightinbkk/kfcpuuying.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;La belleza thai es indiscutible, ¿o no?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero, sin duda, esas pocas calles dan mucho que hablar. He visto incluso películas, en las que la trama se situaba en Filipinas o Vietnam, y estaban rodadas en esas famosas calles de Bangkok. Sin duda, Bangkok es una ciudad en la que se puede gozar del sexo, pero está lejos de lo que a cada momento proclaman las televisiones españolas (Antena 3, El Mundo TV, etc.): “La capital mundial del sexo”. Me irrito sobremanera cada vez que oigo estas palabras. ¿Alguien se ha dado una vuelta por las ciudades españolas de noche? Eso sí es deprimente. Prefiero no seguir hablando del tema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras mi aventura malaya regreso a Bangkok. ¡Estoy en casa! Exclamo interiormente. Resulta curioso que en un país que dista mucho de ser oficialmente el mío, perciba esta sensación de seguridad que supone el llegar a casa. Lo he comentado con varios amigos, y no soy el único que se percata de este sentimiento.&lt;br /&gt;Una vez instalado en casa, no me queda más que deshacer las maletas y reemprender mi “dura vida bangkokiana”. Las putas, mi punto de referencia en esta urbe, apenas se habrán percatado de mi ausencia. La más avispada me preguntará dónde he estado todo este tiempo. Dada mi supuesta, por ellas, condición de piloto, no se extrañan de que les diga que he pasado unos días en Malasia, como si les digo que he estado en Buthan, tanto les da. Lo importante para ellas es que estoy allí y, por ende, las puedo invitar a una copa. Aunque he de reconocer que no todas son tan interesadas, y tienen bien aprendida la lección: la que pide se queda sin copa, sólo invito a las que no lo solicitan. Saben ya bien, las veteranas, que sólo invito cuando quiero. Las invitaciones al tuntún quedan reservadas para los turistas deslumbrados ante tanta exhibición de lujuria. Los habituales estamos ya curados de espanto, y frente a una vulva rapada a escasos centímetros de nuestro rostro, apenas nos inmutamos. El único comentario que me atrevo a hacerles, si se tercia, a cualquiera de estas descarriadas, es que se afeite el vello púbico, que ya le ha crecido, y esos pelillos incipientes pueden molestar a sus potenciales clientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogonenightinbkk/godzilla.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;Hay sitio para todos en Bangkok&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siguiendo con mi, hasta cierto punto, rutinaria vida siamesa, salgo de Nana Plaza sorteando pedigüeños, niñas “vende rosas”, travestís, algún espontáneo elefante, y toda suerte de obstáculos, a cada cual más extraño. El más atractivo y llamativo para los advenedizos es el puestecillo de insectos (muertos, se entiende), preparados para ser degustados. Gracias a este carromato, ya mundialmente famoso, todo el mundo se empeña en que los tailandeses comen este tipo de “bichejos” habitualmente, cosa totalmente falsa. No digo que en alguna ocasión no lo hagan, de hecho incluso yo he comido, pero de ahí a considerarlo parte de su dieta habitual, hay mucha distancia. En vista de que los turistas sienten gran atracción por su negocio, pero no efectúan ninguna compra, han optado por poner un cartel con la bien explícita frase: “Take photo. Please tip” (Una foto. Propina por favor). Lo cierto es que nunca he visto a nadie dar propinas, pero si cae, cae.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los puestos ambulantes que se instalan en Sukhumvit a partir de las doce y media, están terminando sus preparativos para recibir a la riada de putas, puteros y espontáneos. Unos para reponer fuerzas comiendo cualquiera de los manjares sazonados con la inconfundible contaminación de una de las calles más importantes de Bangkok. Otros para seguir llenando su cuerpo con cualquiera de los escasos alcoholes que allí se sirven. Ceo que no hace falta decir a qué grupo pertenezco yo.&lt;br /&gt;Ese momento, el de la primera copa en la calle, es un breve descanso tras el ajetreo que se respira en los go-go bars.&lt;br /&gt;Comienzo con mis delirios en los que imagino que en cualquier isla de las que están a pocos kilómetros, encontraré a la persona de mi vida. Sé que no es cierto, pero aquí, en pleno Bangkok, con los buses rugiendo a mi espalda, pienso que eso puede ser posible. Obviamente, cualquier atisbo de fantasía se desvanece al día siguiente bajo los efectos de una resaca que reconduce a la realidad a cualquier ser viviente. Sí, he vivido, por unos breves instantes, “El Lago Azul”, pero ha sido una mentira más, fruto de los efluvios de Johnnie y la incansable labor de mi amigo Xanax. ¡Qué más da! Todo se cumplirá el día en que emprenda el viaje final. ¡NO! No me pregunten ni cuándo ni dónde, esto es Alto Secreto de Estado. Puede ser hoy o dentro de veinte años. Mi mente es totalmente anárquica, y nunca sé cuándo dará la orden definitiva. Que nadie se preocupe, los habituales seguidores de mis andanzas sabrán de mi devenir, más que nada, porque sin o publico pasados unos meses, significará que he emprendido el viaje sin retorno, probablemente en un país lejano … o no. Sin duda, una de las cualidades que tienen estos países, es que te permiten vivir realidades virtuales y al mismo tiempo reales. “Estoy, pero no es cierto lo que estoy viviendo” es una de las frases que más oigo entre los “newbies” (noveles, recién llegados). Y es cierto, incluso pasados los años, la esencia de esta sensación sigue siendo la misma. ¿Es verdad lo que me está pasando?&lt;br /&gt;¡Santo Dios! ¡Tantos pensamientos en tan poco tiempo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogonenightinbkk/lipton.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;Lo han adivinado, es Lipton en tailandés&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me distraen la atención un par de putas de mi burdel habitual que apenas reconozco con su indumentaria “de calle”. Me saludan, pero poco más quieren saber de mí. No sé si es por orden de la empresa o simplemente porque están agotadas de tanto mostrar el coño, y quieren descansar y mostrárselo a otro que no lo ha visto en toda la noche (¿su marido?). Tanto da. Para ellas soy casi el hermano mayor, por mi asiduidad en su lugar de trabajo, y no quieren saber nada de incestos.&lt;br /&gt;Tras mis copas habituales, mi comportamiento se convierte en algo autista, debo sentrme en un determinado lugar, tomar un número exacto de copas y cambiar de sitio a una determinada hora. Cosas que tiene uno. Desde mi lugar habitual (mismo bar, misma mesa, misma silla, etc.) me desplazo hacia la “estación terminal”, el soi 13. &lt;br /&gt;Por el camino doy con una joven con carrito de niño y, a cierta distancia, un hombre blanco. No salgo de mi asombro, es Nong Phim, la chica que aceptaba lo que fuera a cambo de unos euros. ¿Qué hace ella con un bebé y un marido? ¿Alguien se ha apiadado de ella y la ha sacado del camino equivocado por el que transcurría su vida? Por su bien, confío en que así haya sido. Cosa que no me impide recordar el chiste (resumido) que nos suele contar mi amigo Leo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Te la voy a meter donde nadie te la ha metido!&lt;br /&gt;- … Pues como no sea en el bolso …(dice ella)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sobran los comentarios y dejo a la imaginación de cada uno, los “numeritos”erotico-festivos que he montado con Nong Phim durante varios años, tanto en hoteles de mala muerte como en mis aposentos, cosa rara ya que no acostumbro a desvelar, y menos mostrar, mi lugar de residencia&lt;br /&gt;La verdad es que me alegro de que haya encontrado cierta estabilidad, y no se dedique a “pelandrusquear” con individuos como yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogonenightinbkk/sushipuuying.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;Comer, comer y comer, no se hace otra cosa en Tailandia&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegado a la estación terminal, donde los clientes también solemos ser individuos en fase terminal, una de las que ponen copas (no la llamo camarera porque no llega a tanto) se apresura en buscarme una silla VIP, que se distingue de los demás asientos por contar con respaldo. Soy VIP, mi ego se hincha por momentos, si bien el hecho de ser VIP en un callejón oscuro rodeado de putas y borrachos, no sé si tomarlo como un halago o como un insulto hacia mí mismo. Me da igual. Lo que quiero es que me traigan mi whisky ya.&lt;br /&gt;Pregunto por Thomas, un amigo sueco con el que solía conversar cada noche. Me dicen que hace días que no aparece por ahí. Probablemente se haya marchado a alguna isla perdida por el golfo de Siam, ya que hacía tiempo que me había comentado su intención.&lt;br /&gt;Otro que ha desaparecido es el vendedor de frutos secos hindú. Un curioso hombre que recorría la calle arriba y abajo con su cesta repleta de diversos frutos secos, algunos de ellos desconocidos para mí. Recuerdo las noches en que el pobre hindú se quedaba dormido en cualquier rincón de la calle, y las putas se le aproximaban sigilosamente para robarle un puñadito de anacardos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogonenightinbkk/manisero.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;El manisero hindú&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una de las características de Bangkok es la fugacidad de las amistades, y más si hablamos de las que se forjan durante las lujuriosas noches bajo los efluvios del alcohol. La gente viene y va. Desaparece y vuelve a aparecer al cabo de años o no vuelve a saberse nada nunca más.&lt;br /&gt;Al margen de los habituales del soi 13, aparecen espontáneos que, o bien la casualidad los ha llevado hasta allí, o bien la fama del callejón del vicio ha traspasado fronteras, y una visita es obligada por parte de cualquier noctámbulo que se precie.&lt;br /&gt;Esta noche, los “invitados de honor” son unos islandeses. Destacan entre el resto de clientes por su rubia, casi blanca, cabellera. Me siento a su mesa o ellos se sientan en la mía, que no es que sea mía porque hay otros contertulios, lo cierto es que el trasiego de mesas y sillas es continuo, en función de los corrillos que se van formando.&lt;br /&gt;Por lo general, las conversaciones son interesantes. Gentes de  los cuatro rincones del mundo se dan cita allí para intercambiar conocimientos sobre sus lugares de origen u otros lugares que han visitado en sus, en algunos casos, ajetreadas vidas.&lt;br /&gt;La noche transcurre con total relajo. Mis conocimientos sobre Islandia  se amplían más que con una sesión intensiva de reportajes del “Nacional Geographic”. Sin embargo, rara es la noche en que no se produce algún altercado en la infame calle. Mientras uno no sea protagonista y pueda contemplar el “espectáculo” a una distancia prudencial, el asunto puede llegar a ser hasta irrisorio. Pero hoy, el destino ha querido asignarme el papel de actor secundario, afortunadamente, en cierto modo.&lt;br /&gt;La presencia de un inglés menor de 30 años y en estado ebrio, comporta problemas, tarde o temprano. &lt;br /&gt;Voy a explicar la historia desde el principio. Hace un par de noches tuve la ocasión de conocer a uno de estos individuos, con el que en España habría rechazado cualquier contacto, pero al estar a 11.000 kilómetros de su tierra, pensaba, erróneamente , que podía ser distinto a sus congéneres que pululan por la isla en la que vivo gran parte del año. Craso error el mío. Un inglés “follonero y agresivo” lo es allí donde esté, lo lleva en sus genes.&lt;br /&gt;Volviendo a la noche que nos ocupa, en un pispás, y sin venir a cuento (a mi entender), el británico insulta y amenaza a uno de los islandeses. Empiezan a caer copas y botellas al suelo, los taburetes pierden su verticalidad y sólo se oyen gritos e insultos proferidos por el súbdito británico. Sólo acierto a entender “Fuck you, fuck you”. Todos los que allí estamos despertamos de ese semi-trance en que nso encontramos por la ingstión de alcohol. Estupefacto, no sé cómo reaccionar. Conozco a ambas partes e litigio, y no entiendo en qué radica el problema. Los islandeses, más sabios que nadie, optan por tomar el primer taxi que aparece por la zona y desaparecer acompañados de dos damiselas. Me sabe mal no poder despedirme de los islandeses en las condiciones adecuadas. Interrogo al británico sobre el motivo de la disputa. De sus palabras no saco ninguna explicación coherente, por lo que dejo pasar el asunto,  que pasa a ser una más de las anécdotas que constan en el imaginario archivo del soi 13. Pero la cuestión es que el puto inglés ha querido agredir, sin razón aparente a los dos pacíficos islandeses que han huido despavoridos ante semejante exhibición de agresividad injustificada, tan propia de los enfermos “hooligans” británicos. Ya lo digo hace tiempo: no habría que permitir a los británicos menores de 30 años salir se su país, son una fuente de problemas, en Mallorca y allí donde vayan.&lt;br /&gt;Los testigos involuntarios, nos quedamos allí, con aire de seres despendolados, sin saber a qué atenernos. El inglés gritando y nosotros sin saber a qué viene tanto alboroto. Inútil preguntarle al sujeto el motivo de su ira. Cualquier respuesta quedará invalidada por su estado de ánimo, su procedencia y su supuesto alto grado de alcohol en sangre. Intentamos zafarnos de esta persona tan indeseable y sin embargo tan amigable hace un par de noches. Nuestro empeño, basado en la ignorancia sobre la presencia de tal sujeto, da sus frutos. No tarda en abandonar el lugar acompañado de una pobre desgraciada, que doy por hecho no tardará en abandonarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alrededor de las cinco de la mañana, acuden puntualmente unos monjes de extraño aspecto. Los que conocemos Tailandia distinguimos a la perfección a los monjes budistas de la corriente “Theravada” (la que impera en el país) de otras corrientes distintas como la Zen, Mahayana, Tibetana, etc. Estos monjes, un hombre y una mujer, nos llaman poderosamente la atención, en primer lugar porque no hablan nada de tailandés, y sobre todo porque piden dinero con un pequeño cazo de alpaca dorada, cosa totalmente prohibida en el budismo. La tradición establece que los mojes salgan antes de que salga el sol con unos grandes recipientes que llevan colgado del cuello y la gente ofrece voluntariamente, ya sea comida o dinero, pero en ningún caso el monje lo solicita, ni tampoco lo agradece, por lo menos de forma explícita. La “recompensa” la tendremos nosotros en el esta vida o en la próxima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogonenightinbkk/monjechino.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;El monje "sospechoso"&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La actitud de estos “monjes” caídos del cielo, me irrita noche tras noche. Envalentonado por el alcohol, la rabia y el apoyo de lo que me acompañan, interpelo en tailandés con insistencia a uno de estos individuos. “¿De qué religión eres, budista?” le pregunto. Como única respuesta obtengo una amplia sonrisa y un leve movimiento de cabeza afirmativo. Prosigo con mi batería de preguntas: “¿De dónde sois?”, “¿Dónde está vuestro templo, vuestra casa?”. Su mutismo es inalterable. Sólo una palabra les hace reaccionar: “Falungong”, nombre de una prohibida y perseguida en China. “No falungong” dice con una actitud entre indignada y temerosa. Vamos aclarando las cosas. Uno de ellos, incluso me muestra su billete de avión y su pasaporte. Efectivamente son chinos y no quieren que se les relacione con la polémica secta por miedo a las posibles represalias. Otro hecho me llama poderosamente la atención. La monja, vestida de gris a diferencia de su compañero vestido de azafrán, se irrita a causa de mi interrogatorio, se da la vuelta y se marcha mascullando indescifrables palabras. Los auténticos monjes budistas son imperturbables, y en ningún momento expresan su estado de ánimo, como mucho esbozan alguna sonrisa. Igualmente me hace sospechar sobre la autenticidad de los religiosos el hecho de que circulen únicamente por una zona frecuentado por extranjeros que, lógicamente, no distinguen unos monjes de otros, y con todas las buenas intenciones del mundo, entregan el parné a los supuestos estafadores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Curiosamente, mientras estoy sentado frente a mi vaso de Black Label y medito sobre el hecho de que mi delirio va “in crescendo” a medida que pasa el tiempo, oigo algo que me resulta familiar. Un grupo de jóvenes con greñas y extraño aspecto pasa delante de mí hablando español. Mi ánimo no está para entablar nuevas relaciones y los dejo pasar sin dirigirme a ellos, y además ¿qué les voy a decir? “Hola, soy español como vosotros”. No es una tontería y una primada propia del que no ha salido en su vida de su casa. Sin embargo, me hacen recordar la primera vez que puse los pies en esta tierra. Por aquel entonces, la media de edad de los visitantes, españoles en especial, era mucho más alta. No había prácticamente nadie de 22 años circulando por tierras tailandesas. El abaratamiento de los vuelos y la mundialización han hecho que cualquiera pueda plantarse, sin despeinarse, en cualquier lugar del mundo en menos de 24 horas. Pero me consuelo pensando en que yo tengo casi 20 años más de experiencia que ellos, aunque en el fondo, qué más da.&lt;br /&gt;La noche ha sido intensa. La alarma interna, que me indica que el nivel tolerable de alcohol está a punto de ser alcanzado. Me despido de los contertulios que quedan. Me voy a la boca del soi contiguo, en el que yo vivo. Procuro caminar en línea recta para mantener la dignidad, aunque la verdad es que los que me observan están casi peor que yo. Confío en encontrar una moto (a parte de la que llevo encima) que me lleve hasta mi hogar. ¡Maldita sea! No hay ninguna. En el lugar donde se apostan los motoristas hay una silla de plástico. “Pues me sentaré y esperaré” me digo. Pasan los minutos y aquí no aparece nadie. La situación se agrava por momentos, ya hablo solo, y no por dentro precisamente. “¿Qué coño hago sentado en una cochambrosa silla de resina barata en una calle sin iluminar de Bangkok y además borracho como una cuba?” me pregunto de viva voz, sin vergüenza alguna. He perdido cualquier sentido del ridículo. Bien es cierto que es harto improbable que alguien conocido pase por allí y me reconozca. Mientras sigo enfrascado en mi soliloquio, veo surgir de la oscuridad imperante del soi una solitaria luz. Llegan a mi rescate “Cabrón. ¿Dónde estabas” acierto a decir, en español, obviamente.  Con lengua de trapo le indico que me lleve a casa. Me monto en la moto procurando no perder el equilibrio y, sobre todo, no hacérselo perder a él. El aire, todavía relativamente fresco de la mañana, me despeja un tanto. Llegado a destino, me bajo con cuidado para no acabar en el suelo, le pago los 10 bahts que cuesta la carrera, y entro con la cabeza alta en el portal donde se encuentran los guardas, que, conocedores de mis aficiones nocturnas, no se sorprenden en demasía del estado en que me encuentro y que infructuosamente intento disimular.  Una vez frente a los ascensores ya me siento a salvo de miradas inquisidoras. El único peligro, para mi dignidad, es encontrarme a algún vecino. ¡Ting! Se abre la puerta y no hay nadie. Bien. Sólo queda el tramo de pasillo que conduce hasta mi apartamento. ¡Ting! Se vuelve a abrir la puerta, y no hay ninguna presencia humana. Ni las mujeres de la limpieza, ni los árabes de los apartamentos del fondo, ni tampoco el occidental que vive con una joven tailandesa y que supongo que cuando se la ligó pensaba que no era puta, pero eso es otra historia. Sólo que la última prueba: acertar con la llave en la cerradura en el tiempo mínimo. ¡Esa sí que sería una buena prueba para el “Grand Prix”, y no lo de la vaquilla! Me imagino a cada pueblo llevando al borracho oficial de la localidad, y Ramón García animándolos a ver quien abre antes una puerta. ¡Delirios de una noche tropical regada con whisky! &lt;br /&gt;Finalmente accedo a mis dependencias y todavía tengo fuerzas para ponerme frente al ordenador y robar la señal wi-fi de algunos generosos y poco precavidos vecinos. Miro el correo y compruebo, una vez más, que nadie me echa de menos, tampoco me extraña mucho.&lt;br /&gt;No sé si subir a darme un baño a la piscina. No, mejor me quedo aquí, que bastante me ha costado llegar. Más vale no aventurarse en expediciones de incierto final.&lt;br /&gt;Como ya es habitual, pongo el aire acondicionado a tope, me tapo hasta el cuello, enciendo la radio para escuchar las noticias, unas noticias que surgen más de mi imaginación que de la realidad. Me explico. En la radio no hablan como en la calle, lógico. Yo entiendo gran parte de las palabras, sin embargo no logro juntarlas de forma adecuada para darles coherencia, por lo que con cuatro vocablos me fabrico yo el noticiario. Al día siguiente compruebo en la prensa escrita en inglés hasta dónde ha ido mi imaginación.&lt;br /&gt;En estado normal, tardo un tiempo en dormirme, pero en los días que el alcohol ha sido el rey, caigo fulminado, por lo que siempre digo que, en vez de dormirme, me anestesio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogonenightinbkk/yobyebye.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;Nos vemos en el soi 13&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se puede afirmar, sin temor a equivocarse, que uno nunca se puede aburrir en el soi 13. Tertulias, nuevas amistades, sexo, alcohol, peleas, personajes muy peculiares, todo tiene cabida en este pequeño rincón de Bangkok.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Nos vemos ahí?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18876237-115800204380306017?l=herrpeter200506.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/feeds/115800204380306017/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=18876237&amp;postID=115800204380306017' title='33 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/115800204380306017'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/115800204380306017'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/2006/09/one-night-in-bangkok-makes-hard-man.html' title='&quot;One night in Bangkok makes a hard man humble&quot;'/><author><name>Herr Peter</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_TOlMhgJwUhQ/SMBZgi7JsmI/AAAAAAAAAAM/G5n3ZEMk5MY/S220/petronasavatar.jpg'/></author><thr:total>33</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18876237.post-115345319310144194</id><published>2006-07-21T10:13:00.000+07:00</published><updated>2006-07-21T10:40:29.796+07:00</updated><title type='text'>¡Vaya par de gemelas!</title><content type='html'>Entre mis delirios oníricos, fruto de la química más avanzada, veo ante mí cómo pasan los días, los meses, los años, los lugares, las personas, las labores, y sigo sin encontrar ese hueco que rellenar y menos con qué rellenarlo. Sé donde está el punto final, pero me resisto a llegar hasta ese lugar, a sabiendas de que lo tengo, a diario, en las yemas de mis dedos. El viaje es rápido, en menos de una hora llego a destino. Pero por un motivo u otro, debo aferrarme a mi presente. Soy mi Dan Brown particular y cada día que pasa escribo una nueva página del “Código de Herr Peter”, en busca, de mi Santo Grial personal. Estas reflexiones suelen ser fruto de un exceso de sobriedad, no por llevar una vida sobria, que no es el caso, sino por estar sobrio, o sea sin alcohol por mis maltratadas venas. &lt;br /&gt;Esta soledad mía, ansiada por tantos (sobre todo casados), me plantea en determinados momentos ciertas dudas. ¿Es normal estar todo el día manteniendo conversaciones interminables conmigo mismo, para no llegar, en muchos casos a ninguna conclusión definitiva?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día soleado y un clima agradable siempre contribuyen a alejar estos oscuros fantasmas que se empeñan en acompañarme allá donde vaya. Sólo descorrer las gruesas cortinas de mi lujoso hotel malayo, me permite contemplar las majestuosas Torres Petronas, una maravilla de la arquitectura contemporánea. ¡Vaya par de gemelas!&lt;br /&gt;Hoy es día de cultura. ¡Ya está bien de tantas putas y whiskies! Hay que darle algo al intelecto para que no fenezca de inanición.&lt;br /&gt;Hace ya un par de horas que cerró el comedor donde se sirven los desayunos. Sobra decir que nunca desayuno en los hoteles. Por una parte, debido a que en muchas ocasiones, mi regreso al establecimiento coincide con la hora en que los turistas y gentes de bien bajan a desayunar, y no es plan entrar en el recinto borracho como una cuba, tropezando con las meas y sillas en las que se sientan familias con niños y parejas e luna de miel. No, eso no va conmigo. Además, uno no puede registrarse en recepción a las seis de la tarde elegantemente vestido de uniforme, y pocas horas después aparecer hecho una piltrafa desprendiendo olor a “Eau de Johnnie”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pocos metros del hotel se encuentra la oficina de turismo de Malasia. No me he informado demasiado con anterioridad sobre las particularidades de la ciudad. Consecuentemente, la mejor opción es acudir a dicha oficina e informarme acerca de lo que se puede hacer y ver durante unas horas. El lector puede suponer que las excursiones que comienzan a las ocho de la mañana, no caben en mi agenda, por lo que opto por las de medio día y que empiezan sobre la una.&lt;br /&gt;Unas bellas muchachas, como debe ser en este tipo de oficinas, atienden amablemente a todo el que quiera conocer más a fondo el país. &lt;br /&gt;Doy vueltas por el interior del local, más que nada porque hay un aire acondicionado muy agradable, y la humedad exterior es peor, si cabe, a la que hay en Tailandia.&lt;br /&gt;Aburrido de hojear todos los folletos que han caído en mis manos y ver todos los vídeos promocionales, me dirijo hacía una de las damiselas. “Hola, quisiera hacer una excursión para ver un poco la ciudad”. Le digo. “Tenemos excursiones de un día entero y de …”, no la dejo terminar. “¿A qué hora empiezan las de todo el día?” le pregunto. “A las 7,30 de la mañana” responde. “OK, pues esas no. Dígame cuáles tiene que empiecen después de las 12”, le expongo claramente con media sonrisa que denota una vida nocturna agitada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogpargemelas/guardiareal.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Impasible el ademán&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente me apunto a una excursión para ese mismo día, por unos 15 euros pasaré una tarde subido en un autobús con aire acondicionado y caminando lo mínimo.&lt;br /&gt;Recorro la ciudad durante unas pocas horas. Nuestro guía, el tigre de Malasia, no para de explicarnos las peculiaridades de un país sorprendente. Lo que más me llama la atención es su sistema político, una monarquía rotatoria. Cada X años, el sultán de una de las regiones pasa a ser rey de la nación. Vemos lo más destacable de la ciudad y regresamos a nuestro punto de partida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogpargemelas/tigremalasia.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;El Tigre de Malasia&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salgo de la oficina de turismo y me encamino hacia uno de los lugares que siempre he soñado con visitar, bueno … tal vez exagero, digamos que me hacía ilusión visitar porque habían aparecido en alguna película: las Torres Petronas. La distancia es corta pero la cuesta arriba y la humedad extrema hacen que el recorrido resulte un calvario. Espero no decepcionarme. No tengo ni idea de lo que hay allí, sin embargo, a medida que me acerco, deduzco que algo interesante debe de haber por el continuo ir y venir de gentes de todo pelaje. Cerca de una de las entradas, un gran panel metálico informa a los advenedizos sobre el origen y la breve historia de estas moles de reluciente aleación. No sé si tiene a mil chinitos sacando brillo todo el día, pero no hay rincón que no esté impoluto. &lt;br /&gt;Una gran puerta da acceso a la torre siniestra, no porque inspire pavor, sino porque está a la izquierda. Una bocanada de aire fresco me da la bienvenida a la vez que esos porteros que lucen más galones que un general inclinan la cabeza como signo de respeto por el honor que supone para ellos que yo visite su lugar de trabajo. Mi fantasía se desborda por momentos …&lt;br /&gt;Todavía no he desayunado, aunque por la hora que es podría decir que todavía no he almorzado. Confío en encontrar algún lugar en le que hay algo apetecible que llevarse a la boca. Recorridos apenas unos metros, me percato que el problema va ser elegir dónde voy a comer. Las dos torres conforman un gigantesco centro comercial, un “Mall” como dicen los anglófonos, que comienza varias plantas en el subsuelo y alcanza hasta los primeros pisos. Nunca había tantas tiendas juntas. Hay sale mi vena pueblerina. Ya sé dónde voy a pasar el día. Parece mentira, pienso, recorrer 12.000 kilómetros para acabar en un centro comercial, eso sí, todas las dependientas llevan velo, lo que le da cierto exotismo. A ver, ¿A cuánta gente le han servido un Big Mac con el velo puesto?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogpargemelas/burgervelo.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Una hamburguesa con queso y ... velo&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo cierto es que siempre he tenido más predilección por las grandes superficies que por el monumento a los caídos, de ahí que mi subconsciente me impulsa involuntariamente hasta este tipo de establecimientos. Un auténtico Edén para los consumidores compulsivos. ¿Quién podía imaginar que una edificación de tal calibre podía esconder en su interior un simple “Burger King”?&lt;br /&gt;Lo cierto, por mi afrancesamiento, es que me dirijo a un “Delifrance” (establecimiento dedica a la restauración francesa, en esencia) y pido algo para comer una tartaleta de frutas y un té, soy de los que reniegan del café. Aprovecho para leer un periódico local. Noticia de portada: “Han encontrado al Yeti de Malasia”. Acostumbrado a este tipo de noticias, leo con atención el artículo. Como ya es habitual en estos casos, resulta que una persona cree haber visto un ser  bípedo por las selvas de Malasia. No tardo en llegar a la conclusión de que ha sido “una serpiente de verano”, del verano malayo, claro. Pasa tanto tiempo que llego a dirigir el primer alimento sólido de la jornada. Pago y emprendo mi aventura por este macro complejo en el que ninguna multinacional del comercio no está presente. ¿Por dónde empiezo? No sé. Como en el fondo soy un niño, comenzaré por las jugueterías. Entro en la primera como un cliente cualquiera. Mi aspecto es corriente, aunque hay que reconocer que un hombre solo, de 40 años, en este tipo de establecimientos, resulta, cuanto menos, algo chocante. Recorro los pasillos de la tienda mirando si hay algo que me interese. Casi todos los artículos son referentes a películas de reciente estreno, los ignoro. Me dirijo hacia la parte dedicada a maquetas, en especial de aviación. Durante este lapso de tiempo, me percato de que una jovencilla, dependiente del lugar, me sigue los pasos. Eso me mosquea, me irrita. Da la impresión de que pensaran o supieran … bueno, mejor lo dejamos en que pensaran, que tengo la intención de apropiarme de algo suyo. Cansado de la implacable persecución a la que estoy sometido, decido empezar a divertirme. Súbitamente acelero el paso y me pierdo por los pasillos de la tienda. La chica no sabe muy bien qué hacer. Está algo turbada ante una situación que no se esperaba, pero parte de su trabajo es vigilar a los clientes, y no le queda más remedio que intentar seguirme los pasos. Yo la vigilo de reojo para despistarla en sus movimientos. Ya cansada, ella abandona mi persecución y yo abandono el negocio. Me voy a otra tienda en la que supongo que se va a volver  a producir una situación similar. Sin embargo, ahora he decidido invertir los papeles, yo voy a ser el perseguidor y los dependientes los perseguidos. Entro en un establecimiento de la cadena internacional Watson’s, una especie de supermercado donde se venden desde chocolatinas hasta medicamentos pasando por paraguas. Miro y tomo en mi mano diversos productos para llamar la atención de los avispados dependientes. No tarda en aparecer el primero. Un malayo rechoncho que se pone a mi lado a colocar productos que están bien en su sitio, por lo que no me cuesta deducir que su función, en este momento, es vigilar cada uno de mis movimientos. Harto ya de mi pasividad e inmovilidad, y habiendo puesto en línea todos los botecitos de vitaminas del estante, opta por dejarme solo. Se desplaza hasta el pasillo situado en paralelo respecto al que me encuentro yo. Llega la hora de la venganza. Me voy a por él. Me sitúo a su lado, a esa distancia en la que el ser humano siente violada su intimidad. El rollizo malayo no sabe qué hacer ni hacia donde mirar. Si da un paso, yo doy otro. “¿Qué tal? ¿Bien?” le digo en español. Como es habitual en Asia, cuando no entienden algo, sonríen y asienten con la cabeza. Su paciencia llega al límite y opta por dejarme definitivamente solo, para que yo pueda moverme a mis anchas por el establecimiento. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogpargemelas/petronasyo.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Siempre quise tener una foto como ésta&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como adicto al chocolate, el proveniente de la nuez de cacao, me compro toda suerte de chocolatina que me resulte llamativa o novedosa. Entre las mundialmente conocidas marcas, Nestlé, Ferrero, Hershey’s, etc. Me encuentro con un rostro familiar. ¡Es Conguito! El negrito emblema de los conocidos conguitos de chocolates Lacasa. Un trocito de España, junto a los omnipresentes “Chupa.Chups”, en un rincón perdido de la lejana Malasia. Resulta llamativa la reacción de algunas personas ante situaciones semejantes, dan ganas de decir: ¡Eh, que yo soy del país de esto! Son, sin lugar a dudas, restos de paletería que todos llevamos dentro y que afloran en los momentos más inesperados.&lt;br /&gt;Hecha la compra, que no incluye ningún alimento de los denominados “sanos”, decido ir a comer algo. Como ya he comentado en alguna ocasión, una de mis aficiones predilectas cuando visito países nuevos, es ir a los autodefinidos “restaurantes” de comida rápida. Aunque todos parecen iguales, no lo son. En cada país se adaptan a los gustos de la población, en eso radica, tal vez, gran parte de su éxito. La opción escogida para hoy es Burger King. Al margen de las universales hamburguesas, la oferta es bastante amplia, pero mi suerte no. Cada cosa que pido no está disponible. Acabo pidiendo un “filete” de pescado, unas patatas y una cola. Me lo traen todo excepto la bebida. Espero como un pasmarote a que me sirvan el refresco. Me choca que en la bandeja que me han entregado haya un vaso vacío. Miro a una de las chicas, todas ellas cubiertas con un velo negro que las hace indistinguibles, y le señalo el vaso. Su respuesta es escueta pero esclarecedora: “Allí” me dice, mientras me señala una enorme máquina con multitud de grifos. Entiendo que la bebida se paga una vez, o mejor dicho, se paga el recipiente. Luego, cada cliente se sirve tantas veces como quiera. Toda una fuente inagotable de sabores y colores. Curioso sistema que demuestra una confianza ciega en la clientela, o más bien, un buen plan de marketing. ¿Qué pasaría si en España se adoptara este sistema? Prefiero no imaginármelo. Familias enteras con garrafas aprovisionándose para todo el fin de semana, sería una estampa habitual. Pero aquí, en Malasia, tras casi una hora de observación junto al aparato en cuestión, no he visto repetir a nadie. Asia es otro mundo, no en balde paso gran parte del año por estas tierras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogpargemelas/maquinacoke.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Una fuente inagotable no apta para diabéticos&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es hora de hacer un pis. Ante tanta exhibición de lujo, llego a preguntarme si esta gente mea o simplemente vaporiza sus efluvios. Tras algunas indagaciones, localizo los W.C. (toilettes, para el novato que quiera orinar en las Petronas). Me dirijo hacia este lugar de solaz, y un hombre me interpela ante mi súbita “entrada en chiqueros”. Me demanda 50 céntimos de euro (o su equivalente en moneda local) por la utilización de las instalaciones de las que es responsable. Pago, no me queda otra. Eso sí, tras la pertinente micción, me recreo con todos los productos que están a mi abasto. Jabones, desodorantes, cremas, “alter-shaves”, me da igual, he pagado y tengo derecho a todo lo que se me antoje. Pasan los clientes , uno detrás del otro, y yo sigo probando cada bote que me encuentro sobre la repisa. Salgo del mejor urinario del mundo conservando la toallita perfumada que me dio el encargado al entrar. Estas cosas, se guardan como oro en paño. ¿A ver quién tiene una tollita perfumada de las “Petronas Towers”? Pues yo. ¿Quién iba a imaginar que por usar un baño había que pagar el equivalente a medio día de trabajo de un trabajador del país? No tengo los datos que puedan certificar tal afirmación, pero me temo que no ando muy lejos de la realidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogpargemelas/cosmeticpetronas.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Uno no se cansa de contemplar bellezas malayas&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras un buen rato en los mingitorios más costos con los que me he topado en mi vida, decido cambiar de escenario. He oído hablar de un gran centro comercial. Me han comentado que es uno de los más grandes de Asia, pero la verdad, es que hasta que no veo las cosas en primera persona, no me creo nada. Salgo de las Petronas y pido un taxi, que llega raudo y veloz. “To Times Square, please” le indico, como si de un ejecutivo que llega tarde a una reunión se tratara. Craso error el mío el de pedir un taxi. Todo por la pereza de mirar un mapa y animarse a utilizar los servicios de transporte públicos.&lt;br /&gt;Empieza a llover, y no poco. Las lluvias de los países tropicales, son lluvias como Dios manda, a chorro limpio, nada de mariconadas de cuatro gotas. Apenas converso con el conductor, pues lo veo muy enfrascado en la lectura de un libro. Por la edad y el tipo de lectura, que creo adivinar, tiene todo el aspecto de tratarse de un estudiante que trabaja de taxista en sus horas libres. Escucho la radio y me veo metido de nuevo en uno de esos momentos que tan poco me gustan, el momento de pensar. ¿Qué hago aquí? ¿Voy a estar toda la vida igual, de un lado para otro? ¿Sentaré la cabeza? ¿Por qué no lo hago ya? La mayoría de preguntas quedan sin respuesta, cosa que me pone de mal humor. Llevo casi media y apenas he avanzado unos kilómetros. Como no conozco la ciudad, desconozco la distancia que todavía me separa de mi destino. Sí, ya sé que podría preguntárselo al taxista, pero no lo hago, supongo que porque su respuesta me resultaría ambigua y me quedaría igual. Nadie me espera en ningún sitio, una constante en mi vida, por lo que tampoco tengo prisa.&lt;br /&gt;Inmerso en mis oscuros pensamientos, a través de la empañada ventanilla adivino una enorme construcción con profusión de escaparates en su planta baja. El conductor parece animarse, gira a la izquierda y sube por una rampa. ¡Salvado! Ya no tengo que pensar en nada. Frente a mi se encuentra un auténtico palacio de la diversión y el consumo. Mi primer objetivo es ir al cine, otra de las actividades que suelo llevar a cabo en todos los lugares que visito, salvo en los que simplemente no hay o proyectan películas que carecen de interés, especialmente cintas hindúes.&lt;br /&gt;El “Times Square” es bastante más grande de lo que imaginaba. Recurro a un punto de información, en el que una bella indígena me indica la ubicación de las diversas salas. Busco en primer lugar las taquillas para informarme sobre los horarios para poder organizarme un poco. Veo, “grosso modo”, que las cintas proyectadas son prácticamente las mismas que en Bangkok o cualquier otra capital occidentalizada del mundo. Por el horario, más que por otra cosa, me decido por una comedia americana de bajo presupuesto, protagonizada por Steve Martin, un filme que curiosamente será proyectado en España meses más tarde. Nunca he entendido la lógica de los distribuidores. ¿Por qué la mayoría de películas, excepto las mega-produccciones, se estrenan antes en Asia que en España? En algún caso, muy raro, se ha dado el caso a la inversa. ¡Me lo expliquen!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo tiempo para ir a pegar un bocado. Dejo a un lado mi sibaritismo y me voy al Mc Donald’s, más que nada porque me hace gracia que las trabajadoras lleven todas ese velo negro que cada vez me da más morbo. ¿Tendrá el pelo largo o corto? ¿Liso u ondulado? ¿Será calva? Curiosa costumbre, y más cuando la ubicas en el símbolo por excelencia del imperialismo yanqui.&lt;br /&gt;Hay demasiada gente. Me limito a hacer un par de instantáneas, sin flash, no vaya a ser que se mosqueen y salga por detrás de la freidora un integrista con sable y me saque los ojos por haber tomado una imagen de una mujer musulmana. ¡Hay que ver los resultados que está dando en nuestro subconsciente la disimulada propaganda anti-islamista, sobre todo en personas con cierta paranoia como yo!&lt;br /&gt;Me alimentaré con lo que suelo comer a menudo en Bangkok: palomitas, coca-cola y un helado. ¿No dicen que los cereales son muy sanos? Pues los “pop-corns” no son más que maíz en el fondo, el refresco contiene bastante azúcar, y el helado es un derivado lácteo, una comida sana donde las haya.&lt;br /&gt;Antes de que llegue la hora de inicio de la sesión, me doy una vuelta por el complejo. Cruzo una puerta y me quedo boquiabierto. Estoy frente a una montaña rusa. Sí, sí, una montaña rusa en toda regla, nada que ver con esas que montan en las ferias de los pueblos. Huelga decir que el techo, en esa zona del “Times Square”, alcanza varios pisos de altura. Me quedo unos momentos observando cómo evolucionan los vagones de la atracción. Otras instalaciones complementan esta obra de ingeniería, pero no tengo más tiempo, quedan algunos minutos para que empiece la película, y no soy de los que llegan tarde.&lt;br /&gt;Me planto el último en la fila para comprar lo que va a ser mi cena. Junto a la máquina de palomitas detecto un extraño artilugio con una inscripción que me resulta familiar. Me acerco un poco y acierto a leer: MAGGI. ¿Qué pinta esta marca en un cine? ¿Qué saldrá de esa máquina? ¿No será lo que todos imaginaríamos? Dirijo la vista hacia esos clásicos paneles luminosos que informan de los productos que los cinéfilos pueden comprar para disfrutar mientras contemplan su película. No. Lo que leo, debe de referirse a otro local:&lt;br /&gt;puré de patatas, pescado y patatas fritas, maíz, ternera, sándwich de huevo. “nugget “ de pollo, albóndigas de pollo, etc. Pero no. Es cierto. Nosotros somos unos simples que nos contentamos con unas tristes palomitas, pero en Kuala Lumpur se puede ir a cenar al cine. Además, si así lo deseas, te llevan el pedido hasta tu asiento. ¡Alucinante! Todavía hoy no salgo de mi asombro. ¿Qué dirían los puristas del cine que se molestan porque la gente se regala con unas sabrosas palomitas?  Si un día tengo la ocasión, le recomendaré a Carlos Pumares que se dé una vuelta por Malasia. Sería algo apoteósico y orgásmico verlo despotricar contra los responsables de las salas por permitir tales desatinos contra el séptimo arte.&lt;br /&gt;Yo, con mi humildad occidental, me compro un cartoncillo de “pop corns”.  “Una de palomitas y una coca-cola” le pido al chaval. “Aquí tiene, son 7 ringgits”. Pruebo una. Es dulce. “¿No tiene saladas?” Le pregunto. “No. Sólo dulces” responde escuetamente. Disponen de un menú digno de cafetería, ¡y no tienen palomitas saladas! Cosas veredes, amigo Sancho.&lt;br /&gt;Me pierdo por los laberínticos pasillos que llevan a  las distintas salas. Finalmente encuentro un joven que me indica el camino a seguir. Llego con la película comenzada, eso me cabrea. &lt;br /&gt;Las sorpresas no han terminado. Me acomodo en mi, algo desgastado, asiento y me apresto a disfrutar de una cinta que “priori” ya sé que es mala. Parece una contradicción y es posible que lo sea, porque yo mismo soy una contradicción viviente, cosa que siempre achaco a la auto-medicación.&lt;br /&gt;Como es habitual en estos países, las proyecciones son en versión original, en este caso inglés. Para contentar a toda la población, ponen subtítulos en malayo y en chino. Consecuencia: si las frases son muy largas, la mitad de la pantalla son letras e ideogramas. No quiero imaginar una película en francés, porque habría que añadirle la subtitulación inglesa.&lt;br /&gt;No han pasado cinco minutos, y ya entra una empleada con una bandeja para alguno de los que habrá encargado pollo, pescado o albóndigas con puré de patatas. Sobra decir que los efluvios de tales manjares no quedan limitados al asiento del espectador hambriento. No quiero imaginar un fin de semana con algún estreno en cartelera. La mezcla de aromas debe de llevar a más de uno a una situación próxima a la pérdida de conciencia.&lt;br /&gt;Mi periplo por la sala malaya no tiene desperdicio. Tres asientos a mi izquierda está sentado uno de estos elementos que siempre me han fascinado. Van siempre solos, y se meten tanto en la trama que sueltan sonoras carcajadas y se retuercen de risa en su asiento. La película es una comedia. Yo todavía no he esbozado una simple sonrisa, y este hombre roza el ataque epiléptico. Lo miro más a él que a la propia película. En el fondo, si llegara a despertar mi interés la proyección, podría recurrir a internet, pero a este hombre sólo lo voy a ver una vez en mi vida, a no ser que me haga colega y lo invite a un par de sesiones más, cosa harto imposible ante mi inminente partida.&lt;br /&gt;Se encienden las luces. Ya sé qué película no tengo que ir a ver en España cuando se estrene. Echaré de menos al “risitas de Malasia”.&lt;br /&gt;Todas las tiendas de Times Square están cerrando. Busco la salida que lleva al monorraíl, he estudiado el asunto y ya sé que con este medio de transporte puedo llegar hasta la puerta de mi hotel. Antes de cruzar la pasarela que conduce a la estación doy con una especie de panadería. Me compro un par de bollos y trozos de ¿pizzas? Que me vana servir de cena.&lt;br /&gt;La estación y el monorraíl parecen de juguete. Hasta yo, que apenas mido 1,70 tengo que agacharme en algunos momentos. Silencioso, rápido y limpio. ¿Veremos algún día algo parecido en España? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todavía tengo que hacer las maletas para regresar a Bangkok, pero la pereza me corroe. Me doy una ducha en el más lujoso baño visto hasta la fecha, y me meto en la cama. Abro los paquetes comprados en la panadería y pego cuatro bocados. Ciertamente, una pizza fría no resulta muy apetitosa. Saciado mi apetito. Me doy fuerzas a mí mismo y recojo las cuatro cosas que había sacado de las maletas.&lt;br /&gt;El vuelo no es demasiado pronto, pero para mí cualquier hora anterior al mediodía supone madrugar. De todas formas, “nolens volens”, debo abandonar la habitación antes de esa fatídica hora. &lt;br /&gt;Pongo el despertador y dispongo todo de forma que los esfuerzos para levantarme, lavarme y vestirme queden reducidos al mínimo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En pocas horas ya estaré de nuevo en casa, la de Bangkok. ¿Qué habrá sucedido durante mi larga ausencia?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18876237-115345319310144194?l=herrpeter200506.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/feeds/115345319310144194/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=18876237&amp;postID=115345319310144194' title='13 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/115345319310144194'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/115345319310144194'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/2006/07/vaya-par-de-gemelas.html' title='¡Vaya par de gemelas!'/><author><name>Herr Peter</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_TOlMhgJwUhQ/SMBZgi7JsmI/AAAAAAAAAAM/G5n3ZEMk5MY/S220/petronasavatar.jpg'/></author><thr:total>13</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18876237.post-114913088511847962</id><published>2006-06-01T09:44:00.000+07:00</published><updated>2006-06-01T10:07:05.883+07:00</updated><title type='text'>Operación Malaya</title><content type='html'>Una vez más la línea aérea escogida es Air Asia. No son muchas las que cubren el trayecto Had Yai-Kuala Lumpur y en todo caso es la compañía más económica con diferencia. Como ya he expuesto en otras ocasiones, un uniforme resulta muy útil en determinadas circunstancias. Air Asia utiliza el sistema de “free skating”, es decir: corre si quieres sentarte donde más te gusta. Un hombre con uniforme no se cuela, accede a los lugares por derecho adquirido en virtud de su indumentaria. ¡Todavía hay clases! La cuestión es que suelo ser de los primeros en acceder a la aeronave. Me sitúo en el tercio posterior y en asiento de ventanilla. Desde allí puedo observar el paisaje, hacer fotografías y ser el primero en ver que el motor se incendia, llegado el caso. Las tripulaciones de estas nuevas compañías de bajo coste son extremadamente jóvenes, no porque las compañías quieran dar una oportunidad a la juventud sino porque son más baratos. Puedo escribirlo en mayúsculas pero no más claro. La vista lo agradece, pero no sé lo que sucedería en un caso de emergencia. No quiero crear inquietud entre los pasajeros, pero es un elemento a tener en cuenta. Que algunos tripulantes sean jóvenes me parece estupendo, sin embargo, que la media de edad de toda la tripulación (comandantes incluidos) no supere los 25 años da que reflexionar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogopermalaya/avoairasia.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;KLIA Kuala Lumpur International Airport&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Aparto de mi mente estos pensamientos, no por temor, sino más bien por no estar cada día de mi vida pensando en aviones. Me acomodo en mi estrecho y no muy confortable asiento. Por los 30 euros que he pagado, no puedo esperar gran cosa. Antes de despegar tengo la costumbre de leer u ojear todo lo que tengo a mi alcance. En este caso lo primero que leo es la consabida etiqueta adherida a la mesa plegable “Su chaleco salvavidas se encuentra bajo su asiento …”, pero me hace gracia la versión en malayo, porque el avión es malayo, no tailandés. El idioma malayo escrito emplea nuestro alfabeto con diversos acentos para pronunciarlo adecuadamente. La cuestión es que en esa frase leo la palabra “kemelamatan”. ¡Joder! Bonita palabra para alguien que está ya rodando a 300 kilómetros por hora y a punto de levantar el vuelo. &lt;br /&gt;La travesía transcurre sin novedad, aunque debo destacar la amabilidad del personal de vuelo que me ofrece de balde una botella de agua sin haberla solicitado. Gracias. Y gracias a la compañía alemana que me facilitó estas camisas, lo que no pudo pagarme en metálico lo estoy recuperando yo con creces por otro lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El aeropuerto de la capital malaya o KLIA (Kuala Lumpur Internacional Airport) como lo llaman ellos, es considerablemente moderno. La riqueza del país, a pesar del crack de 1997, se palpa en el aire. Las flamantes instalaciones dan una idea bastante precisa de las condiciones del país. Lo más engorroso en cualquier viaje es la espera frente a los mostradores de inmigración. La eficiencia del funcionariado malayo se demuestra desde la llegada. Apenas tengo que hacer cola. Me planto frente a la repisa, a la distancia adecuada para que la “webcam” capte bien mi rostro. Un rostro neutro. En estas circunstancias conviene adoptar una actitud estoica. Cualquier muestra de disconformidad por el tiempo esperado o por el motivo que sea resulta contraproducente. De igual modo que una excesiva alegría, por estar de vacaciones, por ejemplo, puede interpretarse como nerviosismo por algo que se quiere ocultar. Hay un hombre, que es quien me atiende, y una mujer que me llama poderosamente la atención. Porta un velo sobre su uniforme. Es algo que choca hasta que llegas a acostumbrarte. El funcionario me mira. Lo veo de reojo porque en Asia está mal considerado mirar fijamente a los ojos, se considera un desafío. Habla con su compañera y pronuncia algo como: “Sala kera xxjjyjx SPANIA jjkxhxlt”. Tras consultar el ordenador y sellar mi pasaporte, me lo entrega mientras me dice: “Bienvenido a Malasia, tiene usted tres meses para estar aquí”. A lo que yo respondo: “Gracias, pero sólo me voy a quedar unos días”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogopermalaya/chicamalaya.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Belleza malaya&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenía entendido por mi amigo Paco, que vive entre Bangkok y Kuala Lumpur, que daban únicamente un mes. ¿Será otra ventaja de la indumentaria? Mientras voy a recoger mi maleta, llamo a Paco. “Shiquillo, ¿por dónde andas?” oigo por el móvil, “pues ya he llegado a Kei El” (KL en inglés, que es como llaman a la ciudad los anglófonos). “Oye que me han dado tres meses pa’ quedarme. Tú me dijiste que sólo daban un mes” le digo yo. “¿Y eso?, pos a mí siempre me dan un mes” me replica con cierta indignación. “Paquillo, lo que tienes que hacer es cortarte le pelo, las barbas, ponerte un buen traje y viajar en avión, ya verás como te dan tres meses” le indico con cierto tono académico. “Pues será eso” acierta a decir. Quedamos para ir a cenar esta noche. Mi maleta ya está dando vueltas por la cinta. La recojo. Salgo algo de dinero del cajero y me voy hasta el quiosco que vende los billetes de tren hasta el centro de la ciudad. Enseguida se me acerca un amable caballero. “¿En qué hotel se aloja, señor?” inquiere. “Pueeesss, el Renaissance, creo” respondo yo. “Le puedo ofrecer billete de ida vuelta hasta la estación central y luego taxi por 100 ringgit”. 1 ringgit son 0,20 céntimos de euro. No es caro, pero si él me lo ofrece a ese precio significa, sin lugar a dudas, que si me busco mínimamente la vida, me va a costar la mitad o menos. Dejo al hombre plantado. Justo al otro lado del mismo mostrador circular hay una joven. Me dirijo a ella como el que lleva allí toda la vida, “un billete de ida a la estación central, por favor”. “Serán 15 ringgit, señor”. ¡Joder! Y el otro ya me quería clavar 100, aunque fuera ida y vuelta y con taxi incluido, eso era una puñalada trapera. Además, llevo años trabajando en un aeropuerto y sé muy bien que todo lo que contrates en un chiringuito allí ubicado, es más caro por necesidad.&lt;br /&gt;Antes de salir compro un cartón de tabaco y Armani, mi perfume de toda la vida. Me hacen descuento, como ya es habitual, por ser de aviación. Los precios son similares a los de Tailandia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogopermalaya/KLcity.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Kuala Lumpur en su esplendor&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con mi billete en la mano, bajo hasta el subsuelo del aeropuerto, lugar donde se encuentra la estación de trenes. En menos de media hora ya me encuentro en pleno centro de la capital. Me contraría que durante todo el trayecto, no me ha dado la sensación de estar en Asia. Edificios modernos, autopistas, y toda una serie de elementos que podrían ubicarse en cualquier ciudad occidental. No es que llevara una idea preconcebida de lo que podía ser Malasia, pero tanta occidentalización me sorprende. Tengo la impresión de que KL es una ciudad a medio camino entre la ultra-moderna Singapur y la más “primitiva” Bangkok, cierto es que geográficamente está ahí, a medio camino entre una y otra.&lt;br /&gt;Me bajo del tren y voy en busca de un taxi. Como cualquier hijo de vecino, salgo, veo una fila de personas que esperan ordenadamente los taxis que van llegando y me pongo el último. Llegado mi turno, me monto en el que me corresponde. “Hola, ¿a dónde le llevo?” me pregunta. “Al hotel Renaissance, en la calle …”. “Sí, sí y asé donde está. ¿Me da el ticket?” dice el hombre. En un primer momento no lo entiendo, “¿cómo, qué ticket?” acierto a decirle tras hacerle repetir la pregunta un par de veces. “¡El ticket! ¡El ticket del taxi!” insiste ya cabreado. “No sé de qué me está hablando” digo balbuceante sin saber de qué me está hablando. “¿Usted no ha comprado un ticket para el taxi en la estación, en el mostrador al lado de la puerta?” me pregunta con ciertos aspavientos. “Pues no. A mí nadie me ha dicho nada y yo no he visto ningún chiringuito de venta de billetes. Es la primera vez que vengo aquí y si nadie me dice nada, yo no puedo saberlo”, esta vez soy yo el que está cabreado. Mientras el taxi sigue avanzando. En vista de que discutiendo no vamos a llegar, figuradamente, a ninguna parte, el hombre ya se calma y me explica lo que nadie me había explicado antes. La cuestión es que al llegar se debe comprar un ticket para utilizar un taxi. Una medida muy sabia que evita la picaresca a la hora de tratar con turistas. El precio es fijo (12 ringgit) de este modo no cabe la posibilidad de timar al incauto recién llegado. “Mire, le llevo porque ya estamos en marcha” me anuncia. Toda la conversación se desarrolla con cierta fluidez, no porque mis conocimientos lingüísticos lleguen hasta el malayo, sino porque la práctica totalidad de la población habla inglés, un inglés más que decente. Llegados al hotel, me encuentro sin cambio. El taxista, se esmera en su trabajo y va él mismo a buscar cambio al interior del hotel, igualito que en España. No le doy propina porque no procede en ese país, o eso creo. La cuestión es que el cabreado taxista, se ha convertido en cuestión de segundos en un hombre amable y servicial. Menos mal. Las primeras impresiones en un país nuevo son fundamentales.&lt;br /&gt;El hotel es de un lujo que echa para atrás. ¡Madre mía! Todo lleno de botones a la vieja usanza, techos altos, columnas dóricas, mármoles y metales pulidos que dañan los ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogopermalaya/petronasyounif.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Las famosas Torres Petronas. Una visita obligada&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me temo que voy a tener que buscar otro sitio, esto parece prohibitivo. No soy de los que se alojan en la pensión más barata de la ciudad, pero uno tiene sus límites. Pero ya que estoy allí, preguntaré en recepción cuáles son las tarifas. “Hola, ¿tienen alguna habitación individual libre para unas noches?” pregunto con seguridad, como si estuviera en mi salsa. “¿Es usted tripulante de aviación?” inquiere ella. “Sí, claro” le respondo señalando mis galones en las hombreras. “Un momento …, mire si quiere una habitación con cama doble le va a salir más caro. Las de camas individuales son más económicas.” Me comenta la chica. “Bueno, yo quería una cama grande, pero me conformaré con la sencilla, y … ¿cuánto cuesta?” pregunto algo temeroso de oír una respuesta que me obligue a inventar una excusa para marcharme a otro sitio. “La tarifa es de 350 ringgit (70 Eur.) Pero para el personal de aviación es de 180 (36 Eur.)”. “Ah, bien, me quedaré cuatro noches” respondo con aire de potentado acostumbrado a manejar grandes cifras, pero por dentro me digo: “Joder, joder joder, ¿cómo puede ser? Si esto es un cinco estrellas con toda clase de lujos y en pleno centro de la ciudad. Esto es alucinante”.&lt;br /&gt;Formalizado el registro, viene un mozo de botones relucientes que me acompaña hasta mi nuevo aposento. La moqueta es tan gruesa que se hunde medio zapato a cada paso. Los ascensores están forrados de madera y las partes metálicas están tan pulidas que parecen un espejo. Entramos en la habitación y lo primero que veo son las camas individuales. Si éstas son las individuales, ¿cómo serán las dobles? Allí se puede hacer un combate de pressing-catch sin caerse de la cama. Un escritorio de ejecutivo con conexión a internet completa el mobiliario que cuenta, lógicamente con un gran televisor. ¡Pero no hay TV5MONDE, joder! Pero bueno, tanto lujo podrá suplir esta falta, me contentaré con el Discovery channel y alguno de películas. La vista no tiene desperdicio. Desde el gran ventanal contemplo en todo su esplendor las torres Petronas. Voy al cuarto de baño para darme una ducha. Aquello también es de película, bañera para baloncestistas, ducha con paredes de cristal, grandes espejos y al lado uno de estos con efecto lupa para verse la cara en toda su amplitud, cosa que me recuerda la cara que tengo al usar uniforme en horas no laborales.&lt;br /&gt;Me doy una ducha, uso todos los potingues que ponen a mi disposición y me meto en la cama para echar un sueñecillo antes de ir a reunirme con Paco. Estando tumbado, algo me llama la atención en el techo. Parece una mancha. Pero no es posible en un lugar tan impoluto. Me levanto y me pongo de pie sobre la cama contigua. No alcanzo a ver esa extraña cosa. Como cuando era niño, me pongo a saltar sobre la mullida cama, para ver si de este modo mi vista logra descubrir de qué se trata tan extraño signo, porque forma irregular de mancha no tiene. Si se trata de una cámara espía, no se han esmerado mucho en disimularla. No sé. Los saltos que doy procuran un efecto de reactivación de mis neuronas. Parece una flecha, una flecha que señala hacia algún lugar. En “El Código da Vinci” no dicen nada de flechas en  las habitaciones de los hoteles, o sea que no creo que me encuentre ante un gran misterio que deba descifrar. En mi último salto, que uno tiene un límite para cualquier esfuerzo, por mínimo que sea, acierto a ver unas letras: N y S.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogopermalaya/flechameca.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;¿Hacia dónde miro?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con las neuronas a pleno rendimiento, ato los cabos. Estoy en un hotel de un país de mayoría musulmana, los huéspedes son en gran parte musulmanes. ¿Y qué hacen todo el día los musulmanes? ¡Pues rezar! O así debería ser, como ellos preconizan. Misterio resuelto: la “mancha”, es una flecha que indica en qué dirección está la Meca, algo que me trae a la mente la famosa frase: “… y ahora te voy a poner mirando hacia la Meca”.&lt;br /&gt;Ya lo he dicho antes, este hotel está repleto de detalles, y éste es uno más de éstos. Cierto es que para el profano, aquello más bien parecía una cucaracha pegada al techo. Pero que no se sulfuren los lectores mahometanos, que lo digo con todo respeto. Hoy en día no está el mundo para enmendarles la plana a los seguidores de esta religión.&lt;br /&gt;Por el ejercicio realizado y el cansancio acumulado me introduzco en la acolchada cama poniendo el aire acondicionado a nivel suficiente para tener la cara fresca y el resto del cuerpo caliente. Pongo el Discovery Channel y mientras “disfruto” de una interesante documental, interrumpido cada 10 minutos por anuncios de auto-promoción, sobre cómo los norteamericanos trasladan enormes casas de un sitio a otro sobre camiones que circulan por carreteras y pueblos de EEUU., no me extraña que luego, con un poco de viento, esas casas salgan volando como cajas de cartón. Cuando van por la segunda casa, el cansancio puede conmigo. Sin apenas haber tomado ninguna sustancia estupefaciente, logro conciliar el sueño, pero creo que me he pasado con el aire acondicionado, tengo la cara como un témpano. Espero la llamada de Paco, pero como ya me lo conozco, pongo el despertador para que suene a las 8, de la noche, obviamente.&lt;br /&gt;Suena el teléfono. Me despierto. Abro los ojos. Los flashes de los anuncios de la televisión son el colofón a un despertar con tintes de película surrealista. ¿Dónde estoy? ¿Qué pasa? ¿Quién llama? “Shiquillo, que voy a tardar un poco, que he tenido musho trabajo” oigo al otro lado del hilo telefónico. “Nada, no te preocupes. Yo estoy ya casi listo” miento sin pudor ni motivo. “Cuando llegue al hotel te llamo a la habitación” termina diciéndome Paco. Tambaleándome, no por haber ingerido nada extraño, sino por el “jet-lag” que supone para mí haberme levantado antes de las dos de la tarde para ir al aeropuerto, voy hasta el baño, no voy a decir que para refrescarme la cara, pero sí para despejarme un poco dándome una rápida ducha. Tan rápida que dura 10 segundo y consiste en mojarme el pelo. No sé qué ponerme. Tengo el uniforme colgado en el armario. ¡Pues uniforme que me pongo! Total que más da. ¿Qué más da? No tardo en averiguarlo. Recibo la llamada de Paco. Está en el hall esperándome. Tomo el ascensor y bajo hasta la planta baja. Ahí está mi amigo esperándome, y junto a él, la tripulación completa de un 767 (supongo) de Austrian Airlines. La cortesía obliga a que salude, aunque sea someramente inclinando la cabeza. “Paco, vámonos de aquí” le digo algo nervioso. No estoy cometiendo ningún delito, pero no vaya a ser que la numerosa tripulación quiera entablar conversación conmigo. Después averiguaré que justamente este hotel es el que utilizan la mayoría de tripulaciones para sus días de pausas, de ahí el gran descuento que me han hecho sin apenas preguntarme nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogopermalaya/paco&amp;younif.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Paco y yo en el restaurante callejero&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al otro ad de la calle nos espera un amigo chino-malayo de Paco, bueno, según palabras de Paco, es un discípulo suyo, pero eso es una historia muy larga que se merece otro capítulo. La cuestión es que tenemos transporte por la patilla para toda la noche. El chino no habla español, y aunque lo hablara no entendería nada. Intentamos hablar inglés para que el chaval no se sienta discriminado. Pero ese inglés bético nos acaba llevando a la lengua cervantina a cada momento. Por la ventanilla del micro-coche de marca indefinida, contemplo ojiplático “Kuala-Lumpur la nuit”. Paco me va explicando grosso modo cómo es la ciudad, los barrios, las calles, los puntos de interés tanto para el turista como para el putero. “¿Dónde quieres ir a cenar?” me pregunta. “Pues, la verdad, como no conozco nada, pues me da igual” respondo ingenuamente. Paco y el chino, que tiene nombre pero ¿quién se acuerda de un nombre chino?, hablan entre ellos y acuerdan ir a una calle jalonada de puestecillos que hacen la función de restaurantes. Aparcamos y caminamos por esta larga calle en la que se aprovecha hasta el último centímetro cuadrado para colocar una mesa. Nada me resulta apetecible. Hace tiempo que dejé atrás mi espíritu de gastrónomo aventurero deseoso de probar cosas nuevas, si es que alguna vez lo tuve. Tomamos sitio en un restaurante, llamémoslo así, que según Paco, está muy bien. Confío en que sus virtudes residan en sus platos, porque lo que es mobiliario y decoración…&lt;br /&gt;Se acerca un chino con cara prisas y cara de mala hostia. Nos entrega, como de mala gana, la carta. Afortunadamente son fotos, pero algo descoloridas. Carece de texto o si lo hay no lo entiendo. Paso las páginas como el que mira el álbum de fotos de una boda, mostrando escaso interés. “Paco, escoge tú, que yo no conozco nada de esto” acabo diciendo. El “chino mala-hostia” nos monta la mesa. Platos de plástico duro, cubiertos de metal blando y desgastados hasta lo inimaginable, y unos vasos metálicos con asa con más golpes y arañazos que mi coche, que ya es decir. Todo muy apetecible. Reconozco unas gambas con algo por encima entre las fotos y las encargo. Paco pide pollo al limón y el amigo algo no identificado.&lt;br /&gt;Sentados en unos taburetes cojos por donde los pilles y con los brazos apoyados en una mesa igualmente coja, esperamos a que lleguen los manjares. “¿Y para beber?” pregunta el camarero, obviando cualquier palabra que denote cortesía. “Coca-Cola y un par de cervezas” respondemos. Con pocas ganas de ganarse clientes nos trae una lata de cola y un par de botellas de cerveza. No tardan en llegar los platos acompañados de un gran recipiente lleno de arroz. ¡Joder! En las fotos no apetecían mucho, pero en la mesa no apetecen nada. Por cortesía, me como una gamba y un trocito de pollo. Como algo tengo que comer para seguir la noche, me pongo a comer arroz con la salsa de limón del pollo, es lo único decente que hay sobre la mesa. No es que sea muy sibarita en lo que a comidas se refiere, pero tengo mis manías a la hora de ingerir alimentos. Mientras estamos en la labor, se presenta otro amigo de Paco, chino también. Mejor, así los dos chinos pueden hablar tranquilamente mientras Paco y yo hablamos en español. &lt;br /&gt;No hay servilletas. Le pedimos al encargado de atendernos que nos traiga un par. “Hay que comprarlas” dice con total desfachatez y sin inmutarse. O sea, te pones las manos hechas una mierda comiendo esa bazofia y luego tienes que comprar las servilletas. Ni en un restaurante del barrio más ortodoxo de Tel-Aviv se atreverían a cometer tal desatino. Uno de los comensales saca unas monedas y se las entrega al rata, quien a cambio le da una bolsita con unos kleenex más finos que el papel de fumar. Como en Asia no se usa lo de “postre, café y copa”, terminada la cena decidimos a dónde vamos a ir a tomar un par de copas. Ya me he informado con anterioridad y sé que existen dos bares donde se mueve lo más interesante de Kuala-Lumpur, “The Beach Club Café” y  el “Thai bar”, uno enfrente al otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogopermalaya/chicasparque.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;El Islam es omnipresente&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Antes de levantarnos ya empiezan a decidir. “¿Vamos a the Beach?” dice uno, “donde queráis dice el otro”, así un buen rato repitiendo las mismas frases. Yo me callo, porque soy el último invitado de la fiesta. Pasan cinco minutos, y ya en el coche, se entabla de nuevo este absurdo diálogo a tres bandas. Mis nervios empiezan a alterarse, sin embargo mantengo la calma. Aparcamos el coche en un garaje, y ya en la calle surge de nuevo la pregunta. Ahí ya no puedo más y salto. “¡Bueno. Pues primero vamos a uno y luego vamos al otro, y ya está. No hay problema!” suelto con un tono un tanto irritado. “OK, ¿y a cuál vamos primero? Dice uno del grupo, tan tranquilo. “¡Dios, Dios, Dios! Esto no es verdad, es una pesadilla y me voy a despertar ahora”, pienso mientras contengo la furia ibérica que recorre mis entrañas. No aguanto más y me erijo en director de expedición. “OK, OK,OK vamos a The Beach y luego al Thai bar. ¿OK?” sentencio con cierta firmeza. Recibo la callada por respuesta. Pasados un par de minutos, cuando estamos en el cruce donde se encuentras los bares de marras, oigo una voz que dice: “¿Entonces a dónde vamos?”. No, no y no. Tiro la toalla y me dejo llevar. Se me han quitado hasta las ganas de beber. Como el primero que nos encontramos en el camino es The Beach, pues vamos al Thai Bar. Me está dando la impresión de que me están vacilando, pero no, es que son así. Nos sentamos enana mesa en el exterior. Dentro, la música es atronadora y no estoy dispuesto a que me martilleen los tímpanos después de la irritante situación vivida.&lt;br /&gt;“¿Qué quieres beber?” me pregunta uno de los chinos. “Un Johnnie con Sprite” respondo con la esperanza de que la noche sea más distendida de lo que ha sido hasta ahora saboreando mi bebida predilecta. Charlamos un buen rato. Me comentan las fechorías de los islamistas en Malasia, entre ellas el intento de cambiar la grafía romana actual del idioma malayo por la árabe, cosa que ha irritado tanto a la población (en gran parte de origen no malayo) que han tenido que echarse atrás. Intento sacar algo de provecho de tan peculiar compañía. La casualidad quiere que uno de los contertulios sea trabajador en un “Spa”. En el resto del mundo, un “Spa” es un centro de belleza y cuidado del cuerpo. En Malasia es un puticlub. El chaval es el encargado de informar a los potenciales clientes de las habilidades y tarifas de las distintas hetairas. Por lo que me cuenta, para alguien que viene de Tailandia, la oferta no resulta nada interesante. Gran parte de las chicas son tailandesas y las tarifas pueden llegar a duplicarse. Sus palabras no resultan muy alentadoras, por lo que ni me molesto en preguntarle dónde trabaja. Pedimos la cuenta, que es muy salada, y nos vamos. Cruzamos ala calle y nos plantamos en la entrada de “The Beach”. Una multitud de armarios 2X2 hacen las veces de seguridad del local. Blancos y bien vestidos, no hay problema. Ni se molestan en cachearnos. Por lo que había leído en Internet, el local era de lo mejorcito de la ciudad para encontrar pareja ocasional, tanto de pago como gratis. Me llama la atención un mini-tiburón vivo que hay en una gran pecera situada sobre una de las barras. El nivel sonoro de la música no llega hasta la estridencia del “Thai Bar”, sin embargo opto por sentarme en una mesa de las que están situadas en la terraza exterior. Desde allí se puede ver el ambiente de la calle, que en muchas ocasiones es más atractivo que lo que se puede encontrar en el interior. Llega la camarera y con ella regresa la pesadilla, no por la muchacha sino por mis acompañantes. “¿Y tú qué bebes?” preguntan. A lo que yo siempre respondo lo mismo. Pero ellos dan comienzo a un diálogo propio de los Hermanos Marx. “Pues yo, lo mismo que tú”. “¿Y tú qué has pedido?”. “Pues lo mismo que él”. “Pues yo me pediré una cerveza”, dice otro. Ahí ya tengo que intervenir yo antes de que acaben una vez más con mi paciencia y la de la camarera. “¿Entonces: tres whiskies y una cerveza, no? “No, yo he pedido lo mismo que él, y él ha pedido una cerveza”. “No, no, yo he pedido un whisky también”. “Ah bueno, pues yo lo mismo”. Es una conversación a la que no le veo fin, y mi cuerpo, que ya ha catad el preciado líquido, reclama su dosis. Le digo a la camarera que traiga dos “Johnnies” y dos cervezas. Que se apañen luego a la hora de repartirse lo que llegue a la mesa. Desde mi posición contemplo tanto al las putillas que bailan dentro como a los travestís tailandeses y mendigos que circulan por la calle. Se acercan dos chicas atraídas seguramente por mi uniforme. Están tan borrachas que me causan cierto repelús. No les hago caso y se marchan rápido por donde han venido. &lt;br /&gt;Debo reconocer que mi entrada en la noche “kuala-lumpuriense” no es un éxito. El cansancio me vence y opto por la retirada. Otro día saliendo solo, sin la compañía del trío calavera, tal vez mi visión sea distinta, aunque ya se sabe que la primera impresión es la que cuenta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogopermalaya/torrerara.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Auténticas maravillas arquitectónicas están sembradas por toda la ciudad&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me acompañan hasta el hotel. Les agradezco su grata compañía y quedo con Paco en llamarnos cuando vaya  Bangkok.&lt;br /&gt;Por el alcohol ingerido, la resaca será apenas perceptible, cosa que me permitirá gozar más tiempo de esta ciudad que promete ofrecerme grandes momentos de esparcimiento.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18876237-114913088511847962?l=herrpeter200506.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/feeds/114913088511847962/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=18876237&amp;postID=114913088511847962' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/114913088511847962'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/114913088511847962'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/2006/06/operacin-malaya.html' title='Operación Malaya'/><author><name>Herr Peter</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_TOlMhgJwUhQ/SMBZgi7JsmI/AAAAAAAAAAM/G5n3ZEMk5MY/S220/petronasavatar.jpg'/></author><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18876237.post-114680215043436981</id><published>2006-05-05T10:55:00.000+07:00</published><updated>2006-05-05T11:09:10.463+07:00</updated><title type='text'>Un trocito de España</title><content type='html'>Es mi última noche “oficial” en Songkhla. Por “oficial” se entiende simplemente que en el programa nocturno no se incluyen ni alcohol ni mujeres. La verdad es que ya estoy algo cansado de visitar cada noche los mismos bares, pero este pueblo no da para más. ¿O me equivoco? Tal vez. Será cuestión de salir en plan aventurero y adentrarse por parajes ignotos.&lt;br /&gt;Tomo mi habitual moto-taxi. No hace falta que le diga ya a dónde voy. Seguro que a estas alturas, mi fama de alcohólico putero irredento ha recorrido todo el hotel. No me extraña que luego, todos los occidentales tengamos esa fama. Por uno que cae por el hotel y resulta que se dedica a dormir de día y a beber de noche.&lt;br /&gt;Hago el recorrido habitual y no encuentro nada que me llame la atención. Para más INRI veo a la policía haciendo una redada en un local porque han pasado algunos minutos de la una, hora oficial de cierre. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src=http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogtrocitoesp/yo.jpg&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Amanezco a las 5 de la tarde&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desesperado deambulo arriba y abajo por la única calle que cuenta con “establecimientos de diversión”. Ando más perdido que Llamazares en Génova 13. Recurro a los únicos que pueden sacarme de mi momentánea crisis existencial. ¿Qué hago? ¿Quién soy? ¿Dónde estoy? El camino para encontrar las respuestas me lo pueden indicar esos extraños seres que pululan por toda la geografía tailandesa: los conductores de moto-taxi. Están sentados sobre una tarima de madera que hace las funciones de parada. Allí charlan, juegan, beben, en definitiva ven pasar la vida en ese cruce de dos calles de un pequeña urbe tropical.  “¿Qué pasa por aquí?” les digo a modo de saludo. “Pues nada” responden sorprendidos, no tanto porque yo hable su idioma, sino porque me apalanco sobre su tarima y enciendo un cigarrillo. Charlamos un rato sobre lo de siempre para acabar en mi pregunta de siempre: ¿”Aquí dónde hay whisky y putas a estas horas?”. Barajan varios nombres pero no acaban de ponerse de acuerdo. “¡Eh! Que me da igual, que yo voy a todos lados”. Empezamos por … por … no acierto a definirlo. Podría ser una casa particular, una especie de cabaña, no sé, algo con cuatro paredes y un techo y unas guirlandas luminosas junto al obligado karaoke presente en cualquier casa o establecimiento asiático que se precie. Hay una barra, por lo que deduzco que se sirven bebidas. Nada más entrar, todas las miradas de los presentes se centran en mi persona. Me siento algo incómodo, pero por un whisky, no me importa pasar por ese momento de cierto bochorno. “Un Black Label con Sprite, por favor” le digo a la camarera. “No servimos alcohol después de la una, está prohibido. Sólo refrescos y cerveza” me responde. “Joder, cagonlahostia” pronuncio en claro castellano pero sin poner cara de cabreo, no vaya a ser que se crea que la he insultado y me saquen dos maromos a palos. Lo que más me indigna es que me digan que no venden alcohol pero sí cerveza. ¿Y la cerveza qué lleva? ¿Aguarrás? En España también he oído a veces frases como: “Hoy no voy a beber, sólo tomaré cerveza”. Están tan idiotizados que se quieren engañar a sí mismos pensando que la cerveza es coca-cola clarita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src=http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogtrocitoesp/barco.jpg&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;El tránsito de barcos es contínuo&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la puerta me esperan los dos “taxi-drivers”, sí uno me lleva y el otro me hace de escolta. Les animo: “Venga, pensad otro sitio”. No sé qué dicen, la cuestión es que me subo en la moto y nos dirigimos con rumbo desconocido para mí.&lt;br /&gt;En apenas unos minutos, porque en Songkhla todo está a pocos minutos, me encuentro frente a un local con la típica iluminación que no lleva a engaño. Realmente es un garaje transformado, como muchos negocios en este país. Por fortuna, el alcohol en sangre es la suficientemente alto como para soportar lo que voy a ver. Los neones blancos, esas luces traidoras que siempre nos enseñan la verdad, ya están encendidos. Todos los que por allí andan se me quedan mirando como si Cristo se les hubiera aparecido. Me siento en una incómoda silla de resina frente a una mesa de formica. Las chicas, todas juntas, están sentadas en otra mesa. Las miro de reojo para no parecer maleducado. Estoy borracho pero lo que veo por el rabillo del ojo no me gusta nada. Celulitis, pechos que probablemente les llegan al ombligo en cuanto son liberados, y caras de asco. Ni siquiera el whisky me hace ver un atisbo de belleza. Pero mi prioridad en ese momento es el líquido precioso. La camarera me da la triste nueva. Tampoco venden alcohol. Su puta madre, además de feas, no venden alcohol. ¿Cómo quieren que un hombre se las lleve si no es en un estado próximo al coma etílico?&lt;br /&gt;Salgo en busca de mis guías de la noche. Vuelven a hablar entre ellos. “Bueno, ¿qué?” les digo con cierto nerviosismo por la falta de Black Label. “Hay un sitio, pero no es un bar de chicas” me dice uno de ellos. “OK, OK, vamos, vamos”.&lt;br /&gt;Tres minutos tardamos en llegar al “TI-KI bar”. El moto-taxista me pregunta si puede esperarme. “Como tú lo veas, pero como sirvan whisky, me voy a quedar un buen rato” le señalo. “No importa, yo le espero” me indica.&lt;br /&gt;La duda me corroe. Estoy como aquél que abre el periódico para ver si le ha tocado la ONCE. Con tranquilidad y seguridad aparente pido una consumición, pero en voz baja, como si comprara alguna sustancia ilegal. El joven que me atiende no se inmuta ante la comanda. Va directo a la zona donde se encuentran los vasos y el hielo. Coge la botella de Johnnie y con ese meticuloso cuidado sirve la cantidad justa, para él, en el dosificador y lo sirve sobre los cubitos de hielo de la copa. Abre una botella de Sprite y me lo trae todo a la barra. ¡Baco a escuchado mis plegarias!  El primer trago me sabe a gloria, pero … hay un pero. Eso parece un simple refresco. Lo atribuyo a mi ansia acumulada. Enciendo un pitillo y me pongo a mirar a mi alrededor. Efectivamente, no es un bar de putas, lo que no quiere decir que no haya putas. Pero en un lugar así y en tierra extraña, es aconsejable no mirar a ninguna fémina si no es que antes ella te ha mirado y ha mostrado cierto interés en entablar conversación. El establecimiento es más bien un restaurante. La gente se sienta en las mesas y encarga comida. Claro que los puti-clubs tailandeses típicos, donde no hay turistas, también son así. Eso de tomar copas sin comer sólo lo hacemos los occidentales. Por lo que pueda ser, me limito a mirarme en el espejo que tengo frente a mí y meditar sobre esas cosas que se piensan con una tasa de alcohol en sangre un tanto elevada. También miro las botellas expuestas en las estanterías de cristal que hay frente al espejo. Como si hubiera atravesado una de esas puertas que dicen que te transportan por el espacio y el tiempo, veo frente a mí una botella de Larios. ¿Qué extraño recorrido habrá hecho la ginebra para llegar hasta este remoto lugar del Asia más profunda? Su visión me recuerda a una buena amiga que me acompañó en España durante una larga temporada en un tiempo en que mi capacidad para ingerir líquidos espirituosos era casi asombrosa, y la de ella, si cabe, más. Lo pasamos bien juntos, pero mejor lo hubiéramos pasado por estos lares, aunque ella no habría podido beber su habitual Larios con mucho hielo y sin limón … excepto en este perdido pueblo del sur tailandés. Es un trocito de España en el extranjero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src=http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogtrocitoesp/playa.jpg&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Día de asueto en la playa&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La bebida sigue sin saberme a nada. “¡Chaval! Ven aquí” le digo al camarero levantando la mano derecha, en posición de borracho desesperado y meditabundo o sea, con la frente reposando sobre la palma de la mano izquierda y el codo clavado en la barra. “¿Tú me has echado whisky en esta copa o te has olvidado?” le suelto con total desparpajo. Se me queda mirando algo estupefacto. “Sí, claro. Si quiere le pongo uno doble la próxima vez” me responde mientras se repone de la pregunta que ha puesto en duda su honestidad. “Pues sí, ponme uno doble. Es que si no, no noto nada” replico. El joven diligente hace todos los preparativos delante de mí para que vea que efectivamente hay dos dosis de Johnnie Walker en la copa. Me la sirve mientras asiento y sonrío. “Un whisky doble para el de la barra le dice al de la caja”. Me traen el ticket y compruebo lo que siempre había sabido: las copas son más baratas que en España pero hay que beber el triple. Por una parte está bien por el efecto diurético y por otra parte, nunca se llegan a derretir los cubitos.&lt;br /&gt;Al no ser un bar de putas, nadie viene a hablar conmigo. Pero cuando voy por la tercera copa, doble también, se me acerca una chica. Me saluda. Me suena de algo, pero no acabo de ubicarla. Si la conozco, lo más probable es que sea puta, pero a riesgo de equivocarme, con las posibles consecuencias, dejo las manos quietas. Por la conversación llego a la conclusión de que es la dueña del Captain’s Boat, uno de los puti-clubs del pueblo.&lt;br /&gt;En vista de que esta noche no va a pasar nada, y estando ya mi nivel de alcohol en sangre lo suficientemente alto como para quedarme dormido sin mucha dificultad, opto por la retirada. Pago la abultada cuenta y salgo del local. Han pasado casi dos horas pero ahí está mi moto-taxista. “Al hotel” le indico. La brisa marina me despeja un poco por el camino. Llegamos al hotel. La entrada está situada en la cima de una pequeña colina que formada por la construcción misma del establecimiento. Generalmente, cuando llego en moto, me paro abajo y subo caminando, más que nada por una cuestión de imagen. No es plan que el primer día llegue en coche de lujo y de uniforme, y luego aparezca en una moto destartalada y en bermudas. Pero esta noche haré una excepción. No me veo con ánimos suficientes como para subir esa cuesta. En el fondo, sólo me verá el portero si no es que está dormido. A duras penas, la motocicleta alcanza la cima a una velocidad próxima a la inmovilidad. Le doy un billete azul de 50 bahts (1 euro) al chaval. Se me queda mirando con una extraña mirada, no sé si de aprobación o de reproche. No espero a aclarar mi duda y, raudo y veloz, me meto en el hotel mientras le digo: “Mañana donde siempre”. De este modo no le permito hablar y le reconforto en cierto modo haciéndose la ilusión de que mañana tendrá un cliente seguro. Sólo que no habrá un mañana. En el ascensor sigo dándole vueltas a lo procedente que ha sido darle sólo un euro por estar pendiente de mí tres horas o más. Me auto-justifico haciendo cálculos sobre los baremos, las ponderaciones, las rentas per cápita nacionales y demás historias para sentirme bien habiendo pagado 1 euro. Pero qué cabrón soy, podría haberme estirado un poco más, pero por otro lado si se les acostumbra mal, acabarán subiéndose a la parra. Nada, nada, 1 euro está bien. Una ducha, algo para comer, TV5MONDE y a dormir, que todavía me queda un día para aprovechar en la costa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src=http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogtrocitoesp/naufragos.jpg&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;No han naufragado, se bañan así&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy es domingo. Hace ya dos horas que oigo a las camareras de mi planta hablar y reír cerca de mi puerta. Me decido a ponerme en pie. Me cuesta, como siempre. Afortunadamente hace un día espléndido. Salgo a la terraza a respirar aire fresco proveniente del mar. Observo como la playa está salpicada de domingueros. Iré a verlos de cerca, a analizar sus costumbres. Antes me paso por la piscina del hotel. Una mujer occidental en tanga siembra el estupor entre resto de huéspedes orientales. Los niños se la quedan mirando sin ruborizarse en absoluto, supongo que se preguntan por qué sus connacionales no llevan esta prenda. La verdad es que no tengo ni idea de cómo ha llegado hasta aquí una occidental, que muestra, a todas luces, desconocer los usos y costumbres del país, y una falta de respeto por éstos. Aunque más de uno se alegra de su desfachatez. Un par de japonesas se dan un chapuzón enfundadas en un bañador tipo años 30, de esos con faldita incorporada para tapar algo que no se vería aunque no existiera la faldita dichosa.&lt;br /&gt;Paso menos de una hora, el sol es insoportable. Opto por ir a pasear por la playa, Samila Beach. Ya me bañaré cuando el sol se haya puesto y el agua no tenga “temperatura urinaria”. Un caminito de tierra lleva hasta el principio de una playa de varios kilómetros, sobra decir que mi recorrido alcanzará un máximo de un kilómetro. Sobre unas rocas que conforman un pequeño entrante en el mar diviso a los primeros thais. Como la tradición obliga, se bañan vestidos con pantalón largo y camiseta, tanto ellos como ellas. La imagen no puede resultar más irrisoria. Para el que no esté al tanto de dicha costumbre, la estampa le puede llevar a pensar que se ha hundido un barco en las proximidades y los supervivientes están alcanzando la costa. No puedo resistirme. Saco la cámara de fotos y empiezo a hacer instantáneas que a la velocidad que cambia el mundo, pronto serán un entrañable recuerdo del pasado, aunque ciertamente, en esta zona del país, las costumbres más liberales tendrán más dificultades a la hora de asentarse. Estamos en zona musulmana y eso también se refleja en las estadías domingueras de los lugareños en la playa. Mujeres, tanto adultas como adolescentes se pasean por la orilla con su velo negro sobre la cabeza. ¡Menudo calorazo! Sólo verlas me hace sudar. Eso sí, como máxima concesión, enseñan los tobillos y los pies, más que nada para no mojarse los zapatos, supongo. &lt;br /&gt;La afición de los asiáticos por las cometas se hace aquí también patente. Hay que ir mirando por donde vas para no tragarte un invisible hilo de cometa. La arena es fina y blanca pero se nota que no cuidan mucho la playa, la basura y algunos pegotes de alquitrán denotan la falta de cultura ecológica que todavía impera por esta parte del mundo. Unos pescadores lanzan sus redes desde la orilla. Nunca he visto a nadie pescar desde la orilla de una playa, máxime cuando está repleta de gente. Me detengo un buen rato para ver el fruto de su aparente infructuosa labor. Harto de verlos lanzar y recoger sus redes, como si de un simple ejercicio físico se tratara, prosigo mi caminar. A mi izquierda y sentado sobre la arena veo a un occidental. Raro, muy raro. Aquí no hay occidentales y los que hay no van a la playa. Éste busca algo. No tardo en ver lo que busca. “Mariconsón” le diría Castro. Es el típico cincuentón en busca de carne en barra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src=http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogtrocitoesp/parejavelo.jpg&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Con velo hasta la muerte&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sigo caminando pero las fuerzas flaquean. Es hora de sentarse y contemplar el paisaje y su paisanaje. Me quito la camiseta y me siento a unos metros de la orilla. Pasan pocos minutos y, sin venir a cuento, se me sienta un tailandés a mi lado. Por naturaleza soy desconfiado, y ya pienso lo que él piensa que yo pienso. Pero me equivoco. Es un padre de familia que ha venido con su prole y unos amigos a pasar el domingo a la playa. Contentos de que hable thai se acercan otros y se ponen a charlar conmigo. Se empeñan en invitarme a beber “Mekhong” (whisky de arroz), pero me reitero una y otra vez en mi negativa. No sé como pueden ingerir bebidas espirituosas bajo un tórrido sol. El hombre se dedica al cultivo de aloe vera, y de ello dan fe sus manos. Me habla de su vida, de su trabajo, de su familia. Me pregunta cómo es mi país. Me escucha atento como el que escucha un documental sobre países que sabe que nunca visitará. “¿Te vienes a nadar?” me pregunta. “No gracias, no me apetece” le respondo. Aquí no vale la excusa “no llevo bañador”, porque aquí nadie tiene bañador, de hecho, no he visto ninguna tienda que venda bañadores. Mientras va a reunirse con su familia y amigos para darse un chapuzón, me quedo pensando en cuánto nos gusta complicarnos la vida a los que tenemos más de lo necesario. Tras nuestra conversación, se reafirma mi convicción de que en Tailandia, la inmensa mayoría de las chicas que se dedican a la prostitución, lo hacen como una salida rápida y fácil de su precariedad económica. Las chicas normales se dedican a labores menos gratificantes y peor remuneradas. Pero en este país no falta trabajo para nadie.&lt;br /&gt;Como es habitual en Asia, mis contertulios desaparecen como han aparecido. Ni un saludo, ni nada parecido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src=http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogtrocitoesp/cometas.jpg&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Las cometas, deporte nacional&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde mi posición, veo mi hotel en la lejanía. Menuda pereza volver a recorrer el camino que me ha traído hasta aquí. Tomo una ruta más distante de la orilla para ver cosas distintas. Ya cerca de mi destino, contemplo con asombro el colmo de lo absurdo. Un par de mujeres con bañador y … bragas y sujetador puestos. Me detengo y miro con cierto disimulo para cerciorarme de lo que mis ojos están contemplando. No, no me equivoco. No me atrevo a hacerles una fotografía. Si son tan pudorosas como para llevar ropa interior junto al bañador, no quiero imaginarme lo que harían si ven una cámara apuntándolas, bueno … más que ellas, son sus acompañantes los que me preocupan. Sigo caminando mientras no para de darle vueltas a la caricaturesca visión que acabo de presenciar. Sólo me gustaría saber qué hay en sus cabezas para vestirse de esta guisa, con las bragas y el sujetador rebosando el bañador por todas partes. Y menuda incomodidad. Vivir para ver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src=http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogtrocitoesp/pescadores.jpg&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;¿Pescarán algo?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llego a la piscina del hotel. El sol casi se ha puesto. Ahora si que da gusto darse un baño. Reconfortado ya por el chapuzón, decido irme a la habitación. Paso por el mostrador donde se dejan las toallas. Allí dos chicas muy monas atienden a los clientes del hotel. “¿Hablas tailandés porque tienes novia thai?” me suelta una de ellas con total desparpajo. Sonriendo le respondo lo de siempre: “No. Hablo thai porque he estudiado y he ido a la escuela”. “¿Y no quieres una chica que te acompañe?” me dice mientras se ríe con su compañera. Me quedo algo atónito. Este no es el lugar ni el momento. Este es un hotel de cuatro estrellas y se supone que los empleados no tienen más contacto con lo clientes que el necesario. Sonrío y trato de salir airoso. “Mira, en el cuaderno de las toallas está el número de mi habitación. Estaré allí toda la noche” le digo a modo de sugerencia mientras me dirijo hacia el ascensor enseñándole la tarjeta con la que se abre la puerta de mi estancia.&lt;br /&gt;Ya en mi aposento, me desprendo de la húmeda ropa que llevo. Llamo para encargar la cena y me doy una ducha.&lt;br /&gt;El tiempo pasa y nadie llama a mi puerta. Bueno, sí, el camarero que me trae la manduca.&lt;br /&gt;Mi gozo en un pozo. Habría tenido que insistir yo por mi parte. Me parece que la mozuela no vio suficiente entusiasmo por mi parte. No importa, estoy en Tailandia, y circunstancias como ésta son harto frecuentes. &lt;br /&gt;Tras la pitanza, me meto en la cama, me tapo bien y le doy al aire acondicionado, algo que sólo se debe hacer en los hoteles, teniendo en cuenta lo que consume el aparato. Pongo mi cadena de televisión favorita y espero a que las sustancias estupefacientes, y legales, que he ingerido hagan su efecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi despertar es apacible. No es lo mismo una resaca de Johnnie que una de doxilamina, hidroxizina, doxepina y alprazolam juntos. No puedo negar que se nota cierto atontamiento, pero creo que es más fruto de la temprana hora, las once, a la que he tenido que levantarme que no de los efectos secundarios de los fármacos ingeridos.&lt;br /&gt;La noche anterior, mi escaso equipaje ya ha sido recogido, por lo que únicamente me queda ponerme el uniforme  y bajar a reopción para hacer el “check-out”. Me atienden con la exquisitez típica de los hoteles tailandeses. Desde mi móvil intento contactar con la parada de taxis estrambóticos pero baratos. No me apetece pagar lo que me pide el hotel por el transporte hasta el aeropuerto. Bien mirado es una tontería, hay una diferencia de apenas cuatro euros, pero cuando uno vive una temporada por estos lares, cambia el valor de las cosas. En España, por esa diferencia, ni te lo piensas. Pero aquí las cosas cambian, quizás sea también porque utilizamos bahts y las cifras no son las mismas, 200 bahts es mucho pero cuatro euros, o sea lo mismo, no es tanto. ¿Es una gilipollez? ¡Sí! Pero es así. &lt;br /&gt;La cuestión es que no logro dar con la maldita mafia del taxi. Vuelvo a recepción y pido un taxi. “¿Tendría que haberlo pedido ayer?” me dice la amable empleada. “Sí, ya lo sé. No lo hice pero ahora tengo que irme al aeropuerto” replico yo. “Serán 400 bahts” oigo detrás de mí. “OK, pero me tengo que ir ya” insisto. La verdad es que no hay ninguna prisa. Siempre me tomo los viajes con mucho tiempo. Quizás sea por defecto profesional, he visto tanta gente perder el avión …  Por otra parte me gusta ver los aeropuertos y tomarme mi tiempo para analizar todo lo que en éstos sucede.&lt;br /&gt;Llega el coche. Cargamos el escaso equipaje y nos encaminamos hacia el campo de aviación. Arribados a destino pregunto: “¿Cuánto es?”. “350 bahts, señor” me responde el taxista. ¿Por qué me diría la del hotel que eran 400 o 450? Así funciona el país, por eso le pregunto al taxista, porque puede sonar la campana y ahorrarme un dinerillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src=http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogtrocitoesp/veloblanco.jpg&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Blanco o negro, velo se queda&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde que el año pasado hicieran explosión un par de bombas de los independentistas islamistas, las medidas de seguridad se han extremado. Sólo pueden entrar los pasajeros y empleados, por eso está medio desierto. Un par de mochileros por aquí, un par de hombres de negocios por allá y poco más. Facturo sin problema. Pago la tasa aeroportuaria y subo al primer piso, donde se halla el control de pasaportes. Had Yai no es muy grande y su aeropuerto, aún siendo internacional, es de reducidas dimensiones. Los mostradores de inmigración no son más de ocho. Entrego mi pasaporte. Sé que me paso de un día, pero no pasa nada. ¿No pasa nada? “Coja el pasaporte y acompañe a mi compañero hasta la oficina” me dice el funcionario. ¡Joder! Espero que sea sólo para decirme que me he pasado de 24 horas, o sea que tengo un “overstay” en lenguaje técnico. Lo más absurdo en estas situaciones es poner mala cara y pedir explicaciones. No lo entiendo. El año pasado, en Bangkok, me pasé y no ocurrió nada. Además en los paneles informativos del aeropuerto de Bangkok indicaba claramente que un día lo perdonaban pero que a partir del segundo había que pagar 200 bahts por día.&lt;br /&gt;Yo espero a ver lo que pasa, y lo que pasa es que el funcionario bajito y con cara de chino empieza a sacar blocs de formularios. Coge mi pasaporte y empieza a tomar datos. Con el tiempo que lleva eso, tenemos tiempo de entablar una conversación, la de siempre. Por qué hablo su idioma, qué hago en la vida, etc. Ya me la sé como si de una poesía se tratara. Me hace firmar un par de documentos y me pide 200 bahts. Con la confianza que nos hemos tomado tras la conversación, le pido explicaciones y le digo que en Bangkok no había que pagar nada por un día. Como única respuesta obtengo un “pues aquí es así. Charlo con los otros empleados de inmigración un ratillo y compuesto y con 200 bahts menos en el bolsillo me voy hacia la puerta de embarque, que está allí mismo, a diez pasos. Hago la correspondiente compra de tabaco con el pertinente descuento por ser de aviación, y me siento a esperar a que nos llamen para embarcar en el avión que me va a llevar hasta una tierra ignota para mí: Malasia.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18876237-114680215043436981?l=herrpeter200506.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/feeds/114680215043436981/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=18876237&amp;postID=114680215043436981' title='21 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/114680215043436981'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18876237/posts/default/114680215043436981'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://herrpeter200506.blogspot.com/2006/05/un-trocito-de-espaa.html' title='Un trocito de España'/><author><name>Herr Peter</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://2.bp.blogspot.com/_TOlMhgJwUhQ/SMBZgi7JsmI/AAAAAAAAAAM/G5n3ZEMk5MY/S220/petronasavatar.jpg'/></author><thr:total>21</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18876237.post-114403444613969858</id><published>2006-04-03T10:07:00.000+07:00</published><updated>2006-04-03T10:23:36.560+07:00</updated><title type='text'>Born to be putero</title><content type='html'>Tras los fastos de bienvenida al nuevo año, Had Yai retorna a su peculiar tranquilidad bulliciosa. La mezcolanza de musulmanes y budistas resulta atractiva. Todavía es de día, por ende decido adentrarme en uno de los mercados cubiertos que pueden encontrarse en la urbe sureña. ¡Dios! Menudo calor. Por allí no se ha renovado el aire desde hace una hora por lo menos. Voy en busca de un artilugio que me ha encargado un amigo que reside en Bangkok. No se trata de nada extraño: un vibrador, algo sofisticado, pero vibrador al fin y al cabo. Más de uno se preguntará por qué motivo no se lo compra mi amigo mismo en la capital. Pues la respuesta es sencilla y bastante elocuente para describir cómo funciona este país. En Tailandia, este tipo de objetos está prohibido. Algo curioso en una nación en la que se adoran, veneran y decoran falos gigantescos que se distribuyen a lo largo y ancho de su geografía. Sin ir más lejos, en el Wat Pho, en el que se ubica el archifamoso Buda reclinado, se puede encontrar una de estas esculturas. Recuerdo que en uno de mis primeros años por estas tierras, visité dicho templo acompañado por un amigo español y dos tailandesas. En aquella época, mis conocimientos sobre las costumbres autóctonas eran bastante reducidas. Todos mis actos los efectuaba por mimetismo. Si se ponían de rodillas, me ponía de rodillas, si hacían una reverencia al monje, pues otro tanto de lo mismo. Pero el día que se me ocurrió tocar el “pollón”, nuestras acompañantes comenzaron a gritar haciendo grandes aspavientos. Mi compañero y yo no entendíamos a qué venía tanto alboroto, sobre todo en gente que es calmada por naturaleza. Por lo visto, estos magnos cipotes sólo pueden ser tocados por las mujeres para pedir fertilidad, lo curioso es que lo tocan hasta las que toman píldoras anticonceptivas ¿eso cómo se come?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogborntobeputero/castanera.JPG"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;La castañera del mercado&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el tiempo, he visto que se pueden encontrar cimbreles de madera con diversas utilidades, como por ejemplo abridores de botellas o llaveros. Resulta curioso que uno se pueda pasear con uno de estos objetos por la calle si están hechos de madera y responden a la tradición, pero si son de látex y se mueven solos te puedes pasar un tiempo a la sombra. Por desgracia, no es la única paradoja que hace de este país un lugar peculiar.&lt;br /&gt;El motivo por el que se me ha hecho tan singular encargo es que en Had Yai, por su condición de ciudad fronteriza, existe una extensa oferta de “cosas prohibidas”.&lt;br /&gt;Me paseo de puesto en puesto por unos largos y estrechos pasillos que apenas permiten el paso de dos personas juntas. Porras eléctricas, “walkie-talkies”, grilletes, estrellas de ninja, Pringles, extrañas hierbas, pistachos, y montones de cajas de Ferrero Rocher. Pienso en la extraña campaña publicitaria que hace la compañía Ferrero cada año con el rollo de que en verano no vende bombones, que se reserva al otoño para volver a ponerlos en las estanterías. ¡Pero si aquí están a más de 40 grados! ¿No hay nadie de esta empresa que venga a decirles que están cometiendo un crimen vendiendo estos bombones en un estado prácticamente líquido? Como buen amante del chocolate, no se me ocurre ni remotamente comprar una caja, por baratas que sean.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;img src="http://www.herrpeter.com/viaje200506/blogborntobeputero/ferrero.jpg"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Los Ferrero Rocher en estado casi líquido&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno de los puestecillos me llama poderosamente la atención, tanto que me detengo un rato para intentar descifrar algo que mis entendederas no alcanzan comprender, tal vez por el calor, no sé. Sobre la mesa, se exponen diversas bolsas que parecen contener legumbres y frutos secos. Encima se sitúa un cartoncillo, no muy grande, con unas palabras manuscritas con un rotulador azul: USA, japanese, thai, gay. ¿Habrá garbanzos para gays o será que están cultivadas por moñas? La curiosidad me corroe. No puedo reprimirme. Le pregunto a la encargada por tan insólito hecho. “Oiga, ¿qué es lo que es para gays, los pistachos o los garbanzos?” Se me queda mirando con cara de “¿eres gilipollas o te lo haces?”. Sin llegar a indignarse por lo que ella considera una pregunta improcedente, me responde: “Son dvds”. ¡Ahí va la hostia! Resulta que la señora se hace un extra vendiendo porno. No puedo más que ponerme a reír mientras ella no cambia su cara de estupefacción y rabia por tener que explicarme que además de legumbres y frutos secos, dispone de un video-club porno.&lt;br /&gt;Reemprendo la marcha en busca del encargo sin poder reprimir la risa, algo horrible cuando alguien va solo. Si vas con un amigo y te ríes, pues no pasa nada, pero si estás solo, la cosa cambia. Pero da igual, yo sigo buscando el falo con cinco velocidades, marcha atrás y luces halógenas de serie. &lt;br /&gt;Paso delante de un par de establecimientos que lucen, sin pudor, en sus estanterías tres o cuatro vibradores, pero hay un pequeño problema: están regentados por mujeres. Y la verdad, me da cierto reparo entrar en cuestiones técnicas, con féminas, sobre semejantes artilugios, a sabiendas de que serían las mejores consejeras. Además, conociéndome, si me dan un poco de confianza, sería capaz de preguntarles si los han probado, qué han sentido, si prefieren uno de verdad y demás lindezas que se me pueden ocurrir en el momento.&lt;br /&gt;Un micro puesto regentado por un hombre me da la suficiente confianza como para comenzar la negociación. Entre reproducciones de 9mm. Parabellum, M-16 y otras armas, se disponen diversos juguetes no aptos para niños, por lo menos niños de cuando yo era niño. Muñecas hinchables comprimidas en cajas de 20X20, vaginas solitarias, bolas, que aquí no las llaman chinas, y demás artículos estimulantes conforman la oferta de este “proto-sexshop”. La verdad es que no sé cómo entrarle al hombre. Hablo tailandés, pero no sé cómo se dice vibrador. Y no quiero empezar la conversación diciendo: “Buenas, venía buscando una polla”. “Hola, ¿eso cuánto cuesta?” le pregunto mientras señalo una verga de dos palmos. “1.800 bahts (36 euros), pero espere, espere” me dice mientras saca una enorme bolsa de plástico azul de debajo del mostrador. Y aquello se convierte en una megaproducción porno. Hace calor, pero los sudores que me están entrando no son debidos a la temperatura. Me preocupo más de lo que pasa a mi alrededor quede lo que me está mostrando el hombre. “¿Y éste qué le parece? Mire, da vueltas y tiene un cacharrín para estimular el clítoris” prosigue el hombre. “Bien, bien, me parece todo muy bien, pero tengo que consultarlo con un amigo porque no es para mí” le digo. Suena a excusa barata, pero es una de las pocas veces en que es cierto. Quedo con “Vibratorman” en que volveré dentro de un rato. Mientras me marcho oigo: “Pero se los puedo rebajar …”  Llamo a mi amigo para contarle cómo me van las cosas por Had Yai y para ponerle al tanto del amplio abanico de vibradores para que él elija el que más le conviene. Vuelvo a la tienda. No hace falta que le
